Francesc Comas (1938) - El valle






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El valle es una obra original al óleo sobre lienzo de Francesc Comas (1938), pintor español del Impresionismo, creada entre 1980 y 1990, firmada a mano y vendida con marco, con dimensiones de 80 × 95 cm (con marco).
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesc Comas, que representa un tranquilo paisaje rural de praderas verdes, pequeñas construcciones y montañas lejanas bajo un cielo lleno de nubes, símbolo de paz, armonía y conexión con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 80x95x5 cm.
· Dimensiones sin marco: 65x81 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos presenta un paisaje rural lleno de serenidad y atmósfera, donde la naturaleza y la presencia humana conviven en perfecta armonía bajo un cielo amplio y cambiante. La composición se abre hacia una extensa llanura verde que se extiende suavemente hasta alcanzar una serie de colinas y montañas lejanas, creando una sensación de profundidad y amplitud que invita al espectador a adentrarse visualmente en el paisaje. La escena transmite una calma especial, como si estuviera capturando uno de esos momentos silenciosos en los que la naturaleza parece detenerse por unos instantes antes de la llegada de la lluvia o tras el paso de una tormenta. Todo el entorno está envuelto en una atmósfera suave y luminosa que aporta un carácter profundamente poético a la obra.
En el lado izquierdo de la composición destaca la presencia de un árbol que se alza sobre una pequeña elevación del terreno. Su silueta elegante y ligeramente inclinada aporta equilibrio visual y sirve como marco natural para el resto del paisaje. Las ramas y el follaje aparecen iluminados por una luz delicada que resalta los matices verdes y ocres de la vegetación. Este árbol no solo cumple una función compositiva, sino que también actúa como un símbolo de permanencia y arraigo, ofreciendo una sensación de refugio frente a la inmensidad del cielo y de los espacios abiertos. Su presencia aporta intimidad a una escena dominada por horizontes amplios y paisajes lejanos.
En la zona central se despliega una extensa pradera de tonalidades verdes luminosas que constituye el corazón visual del cuadro. Este espacio abierto transmite una sensación de frescura y fertilidad, sugiriendo campos cultivados o pastos que se extienden hasta los límites del horizonte. Entre la vegetación aparecen discretamente algunas construcciones rurales, pequeñas casas que parecen integradas de forma natural en el entorno. Estas edificaciones aportan una escala humana al paisaje y evocan una vida tranquila, vinculada al ritmo pausado del campo. La combinación entre naturaleza y arquitectura crea una atmósfera acogedora y llena de autenticidad.
Las colinas y montañas que se elevan al fondo añaden profundidad y majestuosidad a la composición. Sus perfiles suaves se dibujan en tonos azulados y verdosos que contrastan delicadamente con los colores más vivos del primer plano. La distancia suaviza sus formas y las envuelve en una ligera bruma atmosférica que aumenta la sensación de espacio. Estas elevaciones actúan como una barrera natural que protege el valle y aportan al paisaje un carácter sereno y equilibrado. La transición entre las praderas, las colinas y el cielo se realiza de manera fluida, creando una sensación de continuidad que refuerza la armonía general de la obra.
El cielo ocupa una parte muy importante de la composición y se convierte en uno de los elementos más expresivos del paisaje. Grandes masas de nubes dominan la escena, creando una atmósfera dinámica y cambiante. Los tonos grises, blancos y azulados se mezclan con delicados matices luminosos que sugieren la presencia del sol tras las nubes. Esta riqueza atmosférica aporta emoción al paisaje y transmite la sensación de estar contemplando un instante concreto de la naturaleza, donde la luz cambia constantemente y transforma cada rincón del entorno. El cielo no aparece como un simple fondo, sino como una presencia viva que influye en toda la escena y define su carácter emocional.
En conjunto, este cuadro es una evocación delicada y poética del paisaje rural, donde la amplitud de los campos, la presencia de las montañas lejanas y la belleza de un cielo cargado de matices crean una escena llena de tranquilidad y profundidad. La armoniosa relación entre naturaleza, luz y arquitectura transmite una sensación de paz, libertad y equilibrio que invita a la contemplación. La obra captura la esencia de esos paisajes donde el ser humano convive respetuosamente con el entorno natural, convirtiendo un rincón aparentemente sencillo en una imagen cargada de emoción, belleza y serenidad atemporal.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Francesc Comas, que representa un tranquilo paisaje rural de praderas verdes, pequeñas construcciones y montañas lejanas bajo un cielo lleno de nubes, símbolo de paz, armonía y conexión con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 80x95x5 cm.
· Dimensiones sin marco: 65x81 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro nos presenta un paisaje rural lleno de serenidad y atmósfera, donde la naturaleza y la presencia humana conviven en perfecta armonía bajo un cielo amplio y cambiante. La composición se abre hacia una extensa llanura verde que se extiende suavemente hasta alcanzar una serie de colinas y montañas lejanas, creando una sensación de profundidad y amplitud que invita al espectador a adentrarse visualmente en el paisaje. La escena transmite una calma especial, como si estuviera capturando uno de esos momentos silenciosos en los que la naturaleza parece detenerse por unos instantes antes de la llegada de la lluvia o tras el paso de una tormenta. Todo el entorno está envuelto en una atmósfera suave y luminosa que aporta un carácter profundamente poético a la obra.
En el lado izquierdo de la composición destaca la presencia de un árbol que se alza sobre una pequeña elevación del terreno. Su silueta elegante y ligeramente inclinada aporta equilibrio visual y sirve como marco natural para el resto del paisaje. Las ramas y el follaje aparecen iluminados por una luz delicada que resalta los matices verdes y ocres de la vegetación. Este árbol no solo cumple una función compositiva, sino que también actúa como un símbolo de permanencia y arraigo, ofreciendo una sensación de refugio frente a la inmensidad del cielo y de los espacios abiertos. Su presencia aporta intimidad a una escena dominada por horizontes amplios y paisajes lejanos.
En la zona central se despliega una extensa pradera de tonalidades verdes luminosas que constituye el corazón visual del cuadro. Este espacio abierto transmite una sensación de frescura y fertilidad, sugiriendo campos cultivados o pastos que se extienden hasta los límites del horizonte. Entre la vegetación aparecen discretamente algunas construcciones rurales, pequeñas casas que parecen integradas de forma natural en el entorno. Estas edificaciones aportan una escala humana al paisaje y evocan una vida tranquila, vinculada al ritmo pausado del campo. La combinación entre naturaleza y arquitectura crea una atmósfera acogedora y llena de autenticidad.
Las colinas y montañas que se elevan al fondo añaden profundidad y majestuosidad a la composición. Sus perfiles suaves se dibujan en tonos azulados y verdosos que contrastan delicadamente con los colores más vivos del primer plano. La distancia suaviza sus formas y las envuelve en una ligera bruma atmosférica que aumenta la sensación de espacio. Estas elevaciones actúan como una barrera natural que protege el valle y aportan al paisaje un carácter sereno y equilibrado. La transición entre las praderas, las colinas y el cielo se realiza de manera fluida, creando una sensación de continuidad que refuerza la armonía general de la obra.
El cielo ocupa una parte muy importante de la composición y se convierte en uno de los elementos más expresivos del paisaje. Grandes masas de nubes dominan la escena, creando una atmósfera dinámica y cambiante. Los tonos grises, blancos y azulados se mezclan con delicados matices luminosos que sugieren la presencia del sol tras las nubes. Esta riqueza atmosférica aporta emoción al paisaje y transmite la sensación de estar contemplando un instante concreto de la naturaleza, donde la luz cambia constantemente y transforma cada rincón del entorno. El cielo no aparece como un simple fondo, sino como una presencia viva que influye en toda la escena y define su carácter emocional.
En conjunto, este cuadro es una evocación delicada y poética del paisaje rural, donde la amplitud de los campos, la presencia de las montañas lejanas y la belleza de un cielo cargado de matices crean una escena llena de tranquilidad y profundidad. La armoniosa relación entre naturaleza, luz y arquitectura transmite una sensación de paz, libertad y equilibrio que invita a la contemplación. La obra captura la esencia de esos paisajes donde el ser humano convive respetuosamente con el entorno natural, convirtiendo un rincón aparentemente sencillo en una imagen cargada de emoción, belleza y serenidad atemporal.
