Alberto Ricardo (XXI) - El Padrino Silencio de poder

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Descripción del vendedor

Obra creada sobre lienzo profesional mediante la técnica de impresión giclée. Arte digital que utiliza medios contemporáneos e inteligencia artificial.
Obra del arte del artista Alberto Ricardo, realizada en la técnica Impresión Giclée, sobre lienzo profesional de alta calidad, 100% algodón, máxima resistente a manipulación y agentes exteriores de la marca Eco Canvas Roma Glossy, satinado.
Garantizamos un producto duradero y de calidad visual.
Dimensión de 65 x 70 cm de pintura con 5 cm de profundidad.
Edición limitada 2/5 firmada a mano en la parte frontal.
En el dorso de la pieza podrá encontrar los datos sobre la obra.
El envío se realizará a través de la Cia. United Parcel Service (UPS), para España y Europa, y a través de la Cia. Fedex para el resto del mundo.
La obra irá enrollada y estará protegida mediante varias capas de embalaje, nailón burbuja y colocada en un tubo resistente.
Una vez pagada la obra, se requieren tres días para el proceso de embalaje y entrega a la compañía de envió.
La pieza le llegará al termino de diez días, según el país de destino.

Hay imágenes que no se escuchan, pero imponen silencio. Esta es una de ellas. Frente a esta representación del mítico Don Vito Corleone, la palabra cede espacio a la mirada detenida, al humo que se eleva como una oración pagana, al peso invisible de una autoridad que no necesita proclamarse. Esta obra, impresa en lienzo, no es solo un retrato: es una atmósfera. Es el instante antes del juicio, el suspiro antes de una sentencia, el eco de una voz que no necesita alzarse para ser escuchada.

Desde el punto de vista técnico, la ejecución es de una fineza pictórica que recuerda a los grandes maestros del retrato barroco, pero con una estética cinematográfica contemporánea. La textura de la piel, el juego de luces sobre la frente, los pliegues del rostro marcados por la gravedad del pensamiento, todo ha sido construido con una técnica que privilegia la profundidad psicológica tanto como la fidelidad visual. La luz, cálida y suave, modela con respeto, sin dramatismos, dejando que el poder emerja del gesto y no del artificio.

El fondo, sin embargo, es un sutil giro conceptual. Donde podría esperarse un entorno oscuro y austero, aparece una maraña de grafitis simbólicos —palabras como “LOVE”, coronas, estrellas— que, lejos de romper la solemnidad, la enriquecen con una lectura contemporánea. Es como si el personaje, construido en la tradición del poder patriarcal y la mafia clásica, fuese absorbido ahora por el lenguaje urbano, por la cultura visual del presente que lo transforma en ícono pop, en símbolo reinterpretado por nuevas generaciones.

El cigarro, sostenido con parsimonia, es más que un accesorio: es extensión del carácter. No hay alarde ni nerviosismo en la mano que lo porta, solo un ritual de control. Cada dedo, cada pliegue, cada sombra tiene peso, tiene historia. El humo que asciende en espiral parece un susurro visual, una meditación hecha imagen. Y el traje —negro absoluto, con la camisa blanca como única ruptura— enmarca la figura con la sobriedad de quien no necesita adornos para proyectar poder.

Conceptualmente, esta imagen impresa en lienzo trasciende la simple referencia cinematográfica. Es, más bien, una canonización laica. Don Vito, interpretado por Marlon Brando, se convierte aquí en figura religiosa del poder masculino, de la palabra que no se desperdicia, del juicio que se pronuncia solo cuando es necesario. La inserción de símbolos contemporáneos en el fondo sugiere que el mito ya no pertenece solo al cine, sino a la memoria visual colectiva, reinterpretada una y otra vez.

El lienzo como soporte es clave para que esta tensión entre lo clásico y lo urbano funcione. La rugosidad de la tela otorga una materialidad que refuerza la nobleza del retrato, mientras que las pinceladas visibles en el fondo grafican la espontaneidad de una nueva lectura. En un muro, esta imagen no se cuelga: se instala. Genera presencia, impone pausa, exige contemplación.

En resumen, este retrato de “El Padrino” no es una simple evocación de un personaje célebre. Es una conversación entre épocas, entre códigos visuales, entre tradiciones que conviven y se desafían. Técnica, simbólica y emocionalmente, es una obra que no representa el poder: lo encarna. Y desde el lienzo, nos recuerda que hay silencios que pesan más que mil palabras.

Obra creada sobre lienzo profesional mediante la técnica de impresión giclée. Arte digital que utiliza medios contemporáneos e inteligencia artificial.
Obra del arte del artista Alberto Ricardo, realizada en la técnica Impresión Giclée, sobre lienzo profesional de alta calidad, 100% algodón, máxima resistente a manipulación y agentes exteriores de la marca Eco Canvas Roma Glossy, satinado.
Garantizamos un producto duradero y de calidad visual.
Dimensión de 65 x 70 cm de pintura con 5 cm de profundidad.
Edición limitada 2/5 firmada a mano en la parte frontal.
En el dorso de la pieza podrá encontrar los datos sobre la obra.
El envío se realizará a través de la Cia. United Parcel Service (UPS), para España y Europa, y a través de la Cia. Fedex para el resto del mundo.
La obra irá enrollada y estará protegida mediante varias capas de embalaje, nailón burbuja y colocada en un tubo resistente.
Una vez pagada la obra, se requieren tres días para el proceso de embalaje y entrega a la compañía de envió.
La pieza le llegará al termino de diez días, según el país de destino.

Hay imágenes que no se escuchan, pero imponen silencio. Esta es una de ellas. Frente a esta representación del mítico Don Vito Corleone, la palabra cede espacio a la mirada detenida, al humo que se eleva como una oración pagana, al peso invisible de una autoridad que no necesita proclamarse. Esta obra, impresa en lienzo, no es solo un retrato: es una atmósfera. Es el instante antes del juicio, el suspiro antes de una sentencia, el eco de una voz que no necesita alzarse para ser escuchada.

Desde el punto de vista técnico, la ejecución es de una fineza pictórica que recuerda a los grandes maestros del retrato barroco, pero con una estética cinematográfica contemporánea. La textura de la piel, el juego de luces sobre la frente, los pliegues del rostro marcados por la gravedad del pensamiento, todo ha sido construido con una técnica que privilegia la profundidad psicológica tanto como la fidelidad visual. La luz, cálida y suave, modela con respeto, sin dramatismos, dejando que el poder emerja del gesto y no del artificio.

El fondo, sin embargo, es un sutil giro conceptual. Donde podría esperarse un entorno oscuro y austero, aparece una maraña de grafitis simbólicos —palabras como “LOVE”, coronas, estrellas— que, lejos de romper la solemnidad, la enriquecen con una lectura contemporánea. Es como si el personaje, construido en la tradición del poder patriarcal y la mafia clásica, fuese absorbido ahora por el lenguaje urbano, por la cultura visual del presente que lo transforma en ícono pop, en símbolo reinterpretado por nuevas generaciones.

El cigarro, sostenido con parsimonia, es más que un accesorio: es extensión del carácter. No hay alarde ni nerviosismo en la mano que lo porta, solo un ritual de control. Cada dedo, cada pliegue, cada sombra tiene peso, tiene historia. El humo que asciende en espiral parece un susurro visual, una meditación hecha imagen. Y el traje —negro absoluto, con la camisa blanca como única ruptura— enmarca la figura con la sobriedad de quien no necesita adornos para proyectar poder.

Conceptualmente, esta imagen impresa en lienzo trasciende la simple referencia cinematográfica. Es, más bien, una canonización laica. Don Vito, interpretado por Marlon Brando, se convierte aquí en figura religiosa del poder masculino, de la palabra que no se desperdicia, del juicio que se pronuncia solo cuando es necesario. La inserción de símbolos contemporáneos en el fondo sugiere que el mito ya no pertenece solo al cine, sino a la memoria visual colectiva, reinterpretada una y otra vez.

El lienzo como soporte es clave para que esta tensión entre lo clásico y lo urbano funcione. La rugosidad de la tela otorga una materialidad que refuerza la nobleza del retrato, mientras que las pinceladas visibles en el fondo grafican la espontaneidad de una nueva lectura. En un muro, esta imagen no se cuelga: se instala. Genera presencia, impone pausa, exige contemplación.

En resumen, este retrato de “El Padrino” no es una simple evocación de un personaje célebre. Es una conversación entre épocas, entre códigos visuales, entre tradiciones que conviven y se desafían. Técnica, simbólica y emocionalmente, es una obra que no representa el poder: lo encarna. Y desde el lienzo, nos recuerda que hay silencios que pesan más que mil palabras.

Datos

Artista
Alberto Ricardo (XXI)
Vendido por
Directamente del artista
Edición
Edición limitada
Edition number
2/5
Título de la obra
El Padrino Silencio de poder
Técnica
Giclée, IA, Impresión digital
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Año
2020
Estado
En excelente estado
Alto
70 cm
Ancho
65 cm
Estilo
Contemporáneo
Periodo
Posterior a 2020
Se vende con marco
No
Vendido por
EspañaVerificado
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