Candelero - Latón plateado - Querubín





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Candelabro antiguo de latón plateado, procedente de Francia, fechado entre 1850 y 1900, con figura de querubín y base decorativa, altura 26 cm, anchura 15 cm y profundidad 15 cm, en buen estado de uso con ligeros signos de envejecimiento.
Descripción del vendedor
Es un candelabro del siglo XIX que concentra toda esa teatralidad íntima y delicada que caracteriza a las piezas con figura de querubín. Aquí el latón plateado no es solo un material: es un lenguaje. Su brillo suave, ligeramente matizado por el tiempo, envuelve la figura infantil en una luz casi ceremonial, como si el metal quisiera imitar la pureza que tradicionalmente se atribuye a estos seres alados.
El querubín, modelado con gracia y proporción, se alza sobre una esfera decorativa que funciona como pequeño mundo simbólico. La postura es serena, casi juguetona, con ese equilibrio entre inocencia y solemnidad que tanto gustaba en la imaginería decorativa del XIX. Las alas, pequeñas y bien definidas, aportan dinamismo; los pliegues del paño que lo cubre añaden textura y movimiento; el gesto del rostro, dulce y contenido, completa la escena con un aire de ternura clásica.
Sobre la figura se eleva el portavelas acanalado, que abre en forma de copa y recoge la luz con elegancia. Es un remate que dialoga con el cuerpo inferior sin competir con él, manteniendo la jerarquía visual centrada en el querubín. La base, rica en volutas y hojas estilizadas, ancla la pieza con firmeza y aporta ese toque barroquizante que el siglo XIX reinterpretó con libertad.
En conjunto, es un candelabro que combina escultura, simbolismo y función, perfecto para interiores que buscan un acento romántico, histórico o simplemente lleno de carácter. Su presencia es cálida, narrativa, y el latón plateado le da una luminosidad discreta que realza cada relieve.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es un candelabro del siglo XIX que concentra toda esa teatralidad íntima y delicada que caracteriza a las piezas con figura de querubín. Aquí el latón plateado no es solo un material: es un lenguaje. Su brillo suave, ligeramente matizado por el tiempo, envuelve la figura infantil en una luz casi ceremonial, como si el metal quisiera imitar la pureza que tradicionalmente se atribuye a estos seres alados.
El querubín, modelado con gracia y proporción, se alza sobre una esfera decorativa que funciona como pequeño mundo simbólico. La postura es serena, casi juguetona, con ese equilibrio entre inocencia y solemnidad que tanto gustaba en la imaginería decorativa del XIX. Las alas, pequeñas y bien definidas, aportan dinamismo; los pliegues del paño que lo cubre añaden textura y movimiento; el gesto del rostro, dulce y contenido, completa la escena con un aire de ternura clásica.
Sobre la figura se eleva el portavelas acanalado, que abre en forma de copa y recoge la luz con elegancia. Es un remate que dialoga con el cuerpo inferior sin competir con él, manteniendo la jerarquía visual centrada en el querubín. La base, rica en volutas y hojas estilizadas, ancla la pieza con firmeza y aporta ese toque barroquizante que el siglo XIX reinterpretó con libertad.
En conjunto, es un candelabro que combina escultura, simbolismo y función, perfecto para interiores que buscan un acento romántico, histórico o simplemente lleno de carácter. Su presencia es cálida, narrativa, y el latón plateado le da una luminosidad discreta que realza cada relieve.
Envío certificado y buen embalaje.

