Figura - Aves Doradas - Bronce





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Descripción del vendedor
Son dos aves de bronce dorado de principios del siglo XX que condensan esa mezcla tan característica entre naturalismo decorativo y elegancia escultórica que marcó la metalistería de la época. Lo primero que transmiten es presencia: cuerpos alargados, colas extendidas con un gesto casi teatral, y una atención minuciosa al detalle que convierte cada pluma en un pequeño relieve trabajado con paciencia de taller.
El modelado es claramente naturalista, pero no busca la reproducción exacta del animal; más bien persigue una idealización elegante, propia de los objetos decorativos de salón. Las aves —probablemente faisanes estilizados— se presentan en actitud serena, con el cuerpo ligeramente inclinado y la cola proyectada hacia atrás como una línea de fuga que aporta dinamismo. Las texturas del plumaje están marcadas con precisión: estrías finas, superposición de capas, un juego de luces y sombras que el bronce dorado acentúa con gran belleza.
El dorado, cálido y profundo, no es un brillo nuevo: tiene ese matiz envejecido que habla de décadas de vida, de interiores clásicos, de vitrinas y aparadores donde estas figuras funcionaban como símbolos de refinamiento. Los ojos, pequeños y definidos, aportan un punto de viveza que equilibra la serenidad del conjunto.
Son piezas que encajan en la tradición decorativa del primer tercio del siglo XX, cuando el gusto por lo exótico, lo natural y lo ornamental convivía con una sensibilidad moderna que buscaba líneas claras y objetos con carácter. Funcionan muy bien como acentos escultóricos en ambientes clásicos, eclécticos o contemporáneos que buscan un toque histórico sin rigidez.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Son dos aves de bronce dorado de principios del siglo XX que condensan esa mezcla tan característica entre naturalismo decorativo y elegancia escultórica que marcó la metalistería de la época. Lo primero que transmiten es presencia: cuerpos alargados, colas extendidas con un gesto casi teatral, y una atención minuciosa al detalle que convierte cada pluma en un pequeño relieve trabajado con paciencia de taller.
El modelado es claramente naturalista, pero no busca la reproducción exacta del animal; más bien persigue una idealización elegante, propia de los objetos decorativos de salón. Las aves —probablemente faisanes estilizados— se presentan en actitud serena, con el cuerpo ligeramente inclinado y la cola proyectada hacia atrás como una línea de fuga que aporta dinamismo. Las texturas del plumaje están marcadas con precisión: estrías finas, superposición de capas, un juego de luces y sombras que el bronce dorado acentúa con gran belleza.
El dorado, cálido y profundo, no es un brillo nuevo: tiene ese matiz envejecido que habla de décadas de vida, de interiores clásicos, de vitrinas y aparadores donde estas figuras funcionaban como símbolos de refinamiento. Los ojos, pequeños y definidos, aportan un punto de viveza que equilibra la serenidad del conjunto.
Son piezas que encajan en la tradición decorativa del primer tercio del siglo XX, cuando el gusto por lo exótico, lo natural y lo ornamental convivía con una sensibilidad moderna que buscaba líneas claras y objetos con carácter. Funcionan muy bien como acentos escultóricos en ambientes clásicos, eclécticos o contemporáneos que buscan un toque histórico sin rigidez.
Envío certificado y buen embalaje.

