Candelabro Neogóticos (2) - Ormolu - Gárgolas Doradas





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Posee títulos en Derecho e Historia del Arte y diploma de subastadora de École du Louvre.
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Descripción del vendedor
Son dos candelabros neogóticos del siglo XIX que despliegan toda la teatralidad fantástica propia del historicismo decimonónico, donde la artesanía en bronce bañado en oro al ormolu se utilizaba para recrear criaturas simbólicas y arquitecturas imaginadas. Aquí, las gárgolas se convierten en protagonistas absolutas: figuras híbridas, tensas, con alas plegadas y cuerpos alargados que parecen surgir de un templo medieval reinventado por la sensibilidad romántica del XIX.
Cada gárgola sostiene el portavelas como si fuera una extensión natural de su anatomía. El cuello curvado, casi serpentino, asciende con un gesto vigilante, mientras las alas, trabajadas con textura minuciosa, aportan profundidad y dramatismo. El dorado al ormolu acentúa los relieves y da a las criaturas un brillo solemne, casi litúrgico, que contrasta con la ferocidad contenida de sus formas.
Las bases, compactas y equilibradas, anclan las figuras con firmeza, reforzando la sensación de escultura funcional. No son simples candelabros: son pequeñas arquitecturas fantásticas, objetos que parecen extraídos de un coro gótico o de un bestiario medieval reinterpretado por un broncista del Segundo Imperio. La simetría entre ambas piezas crea un diálogo visual poderoso, como dos guardianes enfrentados, protectores de la luz.
En conjunto, estos candelabros neogóticos son un ejemplo magnífico del gusto del XIX por lo medieval, lo mítico y lo ornamental, combinando artesanía virtuosa, imaginación histórica y un dorado que realza cada detalle.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Son dos candelabros neogóticos del siglo XIX que despliegan toda la teatralidad fantástica propia del historicismo decimonónico, donde la artesanía en bronce bañado en oro al ormolu se utilizaba para recrear criaturas simbólicas y arquitecturas imaginadas. Aquí, las gárgolas se convierten en protagonistas absolutas: figuras híbridas, tensas, con alas plegadas y cuerpos alargados que parecen surgir de un templo medieval reinventado por la sensibilidad romántica del XIX.
Cada gárgola sostiene el portavelas como si fuera una extensión natural de su anatomía. El cuello curvado, casi serpentino, asciende con un gesto vigilante, mientras las alas, trabajadas con textura minuciosa, aportan profundidad y dramatismo. El dorado al ormolu acentúa los relieves y da a las criaturas un brillo solemne, casi litúrgico, que contrasta con la ferocidad contenida de sus formas.
Las bases, compactas y equilibradas, anclan las figuras con firmeza, reforzando la sensación de escultura funcional. No son simples candelabros: son pequeñas arquitecturas fantásticas, objetos que parecen extraídos de un coro gótico o de un bestiario medieval reinterpretado por un broncista del Segundo Imperio. La simetría entre ambas piezas crea un diálogo visual poderoso, como dos guardianes enfrentados, protectores de la luz.
En conjunto, estos candelabros neogóticos son un ejemplo magnífico del gusto del XIX por lo medieval, lo mítico y lo ornamental, combinando artesanía virtuosa, imaginación histórica y un dorado que realza cada detalle.
Envío certificado y buen embalaje.
