Candelabro Ormolu - Bronce dorado - Querubines






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Dos candelabros de bronce dorado en ormolu, estilo Luis XV antiguo, siglo XIX, cada uno con un querubín sentado y una copa floral para vela, altura 20 cm, base 10 × 10 cm.
Descripción del vendedor
Son dos candelabros que encarnan a la perfección el espíritu Luis XV reinterpretado en pleno siglo XIX, donde el gusto por lo ornamental, lo curvilíneo y lo teatral se fusiona con la técnica francesa del bronce en ormolu para producir piezas luminosas, cálidas y profundamente decorativas. Cada candelabro se articula en torno a la figura de un querubín sentado, modelado con una gracia infantil que no es ingenua, sino deliberadamente cortesana: cuerpos redondeados, rostros dulces, cabellos ondulados que parecen moverse con la luz.
Los querubines sostienen sobre sus cabezas una copa floral que actúa como portavelas, un gesto que recuerda a las figuras atlantes y cariátides del mobiliario rococó, pero llevado aquí a un registro más íntimo y juguetón. La base, profusamente decorada con roleos, hojas de acanto y volutas, crea un pequeño escenario donde la figura infantil se integra con naturalidad, como si emergiera de un jardín dorado. Las curvas son suaves, las transiciones fluidas, y el dorado del ormolu —todavía brillante, uniforme y sin pérdidas visibles— aporta ese resplandor cálido que solo se encuentra en piezas bien conservadas y trabajadas con esmero.
El conjunto transmite lujo amable, fantasía cortesana y una sensualidad decorativa muy propia del rococó tardío reinterpretado por el XIX, cuando los talleres recuperan la iconografía del querubín como símbolo de alegría, inocencia y belleza lúdica. Son piezas que no solo iluminan: cuentan una pequeña historia, añaden movimiento al espacio y aportan ese toque de teatralidad dorada que define el estilo Luis XV.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Son dos candelabros que encarnan a la perfección el espíritu Luis XV reinterpretado en pleno siglo XIX, donde el gusto por lo ornamental, lo curvilíneo y lo teatral se fusiona con la técnica francesa del bronce en ormolu para producir piezas luminosas, cálidas y profundamente decorativas. Cada candelabro se articula en torno a la figura de un querubín sentado, modelado con una gracia infantil que no es ingenua, sino deliberadamente cortesana: cuerpos redondeados, rostros dulces, cabellos ondulados que parecen moverse con la luz.
Los querubines sostienen sobre sus cabezas una copa floral que actúa como portavelas, un gesto que recuerda a las figuras atlantes y cariátides del mobiliario rococó, pero llevado aquí a un registro más íntimo y juguetón. La base, profusamente decorada con roleos, hojas de acanto y volutas, crea un pequeño escenario donde la figura infantil se integra con naturalidad, como si emergiera de un jardín dorado. Las curvas son suaves, las transiciones fluidas, y el dorado del ormolu —todavía brillante, uniforme y sin pérdidas visibles— aporta ese resplandor cálido que solo se encuentra en piezas bien conservadas y trabajadas con esmero.
El conjunto transmite lujo amable, fantasía cortesana y una sensualidad decorativa muy propia del rococó tardío reinterpretado por el XIX, cuando los talleres recuperan la iconografía del querubín como símbolo de alegría, inocencia y belleza lúdica. Son piezas que no solo iluminan: cuentan una pequeña historia, añaden movimiento al espacio y aportan ese toque de teatralidad dorada que define el estilo Luis XV.
Envío certificado y buen embalaje.
