Antonio Riera (1947) - Rosas de verano






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Rosas de verano es una pintura al óleo original de Antonio Riera (1947), fechada entre 1980 y 1990, con una medida de 61 cm de alto por 50 cm de ancho, firmada a mano, originaria de España y puesta a la venta por Galería.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Antonio Riera, que representa a una joven pensativa descansando en un jardín florido, rodeada de rosas y vegetación en una escena llena de elegancia, serenidad y belleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 61x50x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta el elegante retrato de una joven sentada en un jardín, rodeada por una abundante vegetación y por un hermoso conjunto de rosas que trepan sobre una pared de ladrillo. La figura ocupa el centro de la composición y aparece envuelta por una atmósfera cálida, luminosa y serena. Su postura relajada, la suavidad de sus facciones y la armonía de su vestimenta transmiten una sensación de calma y refinamiento, mientras la naturaleza que la rodea convierte la escena en un pequeño refugio apartado del mundo exterior.
La protagonista aparece sentada de frente, aunque su cuerpo se encuentra ligeramente girado hacia un lado. Mantiene la espalda erguida sin mostrar rigidez y apoya delicadamente las manos sobre el regazo. Esta posición transmite elegancia y naturalidad, como si la joven hubiera hecho una pausa durante un paseo por el jardín. Su actitud no parece preparada de manera solemne, sino captada en un momento tranquilo de descanso y contemplación.
El rostro constituye uno de los principales centros de atención. Sus facciones son alargadas y delicadas, con una expresión pensativa que evita establecer un contacto directo con el espectador. La mirada se dirige ligeramente hacia un lado y parece concentrada en algún pensamiento o acontecimiento situado fuera de la escena. Los labios cerrados y la serenidad de los ojos intensifican el aire introspectivo, haciendo que la protagonista parezca inmersa en su mundo interior.
La cabellera rizada cae libremente alrededor del rostro y sobre los hombros. Los cabellos combinan tonos dorados, castaños, cobrizos y oscuros, iluminados de manera desigual por la claridad del entorno. Algunas zonas reciben reflejos cálidos que aportan luminosidad, mientras otras quedan envueltas en sombras profundas. Esta riqueza de matices da volumen al cabello y crea un marco natural alrededor del rostro.
La joven viste una blusa clara de escote amplio, adornada con pequeños detalles que aportan delicadeza sin distraer la atención. La tela se adapta suavemente a la parte superior del cuerpo y deja los hombros parcialmente descubiertos, reforzando el carácter fresco y veraniego de la escena. La claridad de la prenda ilumina el centro de la composición y contrasta con los verdes intensos de la vegetación y con los tonos más cálidos de la falda.
Sobre los brazos lleva un chal o una prenda ligera de tonalidades amarillas y verdosas, decorada con pequeñas notas azuladas, oscuras y rojizas. La tela cae de manera informal alrededor de los codos y parece haberse deslizado ligeramente durante el descanso. Sus colores establecen una transición entre la blusa blanca y la falda dorada, unificando la indumentaria. Además, su disposición contribuye a crear una sensación de comodidad y espontaneidad.
La falda ocupa una gran parte de la zona inferior y se convierte en uno de los elementos más llamativos del retrato. Está compuesta por una amplia combinación de amarillos, ocres, marrones, naranjas y reflejos claros. Sus numerosos pliegues descienden desde el regazo y crean un movimiento vertical que alarga la figura. Las zonas oscuras y rojizas distribuidas por la tela aportan profundidad y evitan que el color dorado resulte uniforme.
Las manos descansan suavemente sobre la falda y refuerzan la tranquilidad de la postura. Una de ellas cruza el regazo mientras la otra permanece apoyada cerca de la rodilla. Los dedos, largos y relajados, no sujetan ningún objeto, permitiendo que toda la atención recaiga en el gesto natural. Esta ausencia de tensión en las manos transmite quietud y contribuye a la sensación de que la protagonista se encuentra cómoda dentro de su entorno.
La parte derecha está ocupada por una pared de ladrillos en tonos rosados, rojizos, blancos y marrones. La disposición horizontal de los ladrillos aporta estructura y estabilidad a la composición, contrastando con las formas libres y orgánicas de la vegetación. Sobre esta pared crece un rosal exuberante, cuyas ramas se extienden desde la parte superior hasta casi alcanzar la zona inferior. La arquitectura y la naturaleza aparecen así íntimamente unidas.
Las rosas presentan una gran variedad de tonalidades rosadas, desde matices pálidos y delicados hasta rojos más profundos. Algunas flores están completamente abiertas, mientras otras parecen conservar una forma más recogida. Las hojas verdes y oscuras enmarcan cada flor y crean pequeños contrastes de luz y sombra. Esta abundancia floral aporta belleza, romanticismo y una intensa vitalidad al entorno de la joven.
La disposición del rosal establece una relación simbólica con la protagonista. Las flores rodean su rostro y su cuerpo sin invadir completamente el espacio central, como si la naturaleza acompañara silenciosamente su presencia. La juventud y delicadeza de la mujer encuentran un reflejo en las rosas, mientras que las ramas y hojas más oscuras sugieren la complejidad escondida detrás de esa belleza. Esta correspondencia concede al retrato una dimensión poética.
En el lado izquierdo se extiende una vegetación abundante formada por hojas, arbustos y plantas de diferentes tamaños. Los verdes varían desde tonalidades profundas y azuladas hasta amarillos luminosos que parecen recibir directamente la luz. Las formas vegetales se superponen y generan una sensación de profundidad, haciendo que el jardín parezca continuar mucho más allá de los límites visibles. La joven queda así protegida entre la vegetación y la pared florida.
El fondo superior es claro y luminoso, con zonas amarillas, beige, verdes y rosadas que sugieren la presencia de una construcción o un sendero bañado por el sol. Los detalles se vuelven menos definidos conforme se alejan, permitiendo que la atención permanezca sobre la figura. Esta claridad aporta aire a la composición y evita que la abundante vegetación genere una atmósfera cerrada. Todo parece iluminado por una suave luz de primavera o verano.
La combinación cromática contribuye decisivamente al carácter de la obra. Los amarillos dorados de la falda dialogan con los reflejos del cabello y con las zonas iluminadas del jardín. Los rosas de las flores se relacionan con los ladrillos y con los delicados matices del rostro, mientras que los verdes envuelven a la protagonista y equilibran los tonos cálidos. Esta armonía crea una escena acogedora, elegante y llena de vida.
El retrato invita a imaginar la historia de la mujer. Podría encontrarse descansando en el jardín de su hogar, esperando la llegada de alguien o simplemente disfrutando de un instante de soledad. Su mirada distante introduce una nota de misterio y melancolía dentro de un entorno lleno de color. Aunque la escena parece luminosa y agradable, la expresión contenida de la protagonista sugiere pensamientos más profundos que no llegan a revelarse.
La obra combina la belleza del retrato con la riqueza de un jardín en plena floración. La figura humana no aparece separada del paisaje, sino completamente integrada en él mediante los colores, las formas y la luz. La cabellera parece compartir los tonos dorados de la vegetación, la falda recoge la calidez del entorno y las rosas acompañan la delicadeza del rostro. Esta unidad convierte la escena en una celebración de la juventud, la naturaleza y la contemplación.
En conjunto, la obra representa a una joven elegante y pensativa descansando en un jardín lleno de vegetación, junto a una pared cubierta de rosas rosadas. Su postura serena, la delicadeza de su mirada, la luminosidad de su vestimenta y la exuberancia de las flores crean una escena romántica y profundamente armoniosa. El cuadro transmite belleza, tranquilidad y una suave melancolía, convirtiendo un instante cotidiano de reposo en una evocación poética de la juventud y la naturaleza.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Antonio Riera, que representa a una joven pensativa descansando en un jardín florido, rodeada de rosas y vegetación en una escena llena de elegancia, serenidad y belleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 61x50x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta el elegante retrato de una joven sentada en un jardín, rodeada por una abundante vegetación y por un hermoso conjunto de rosas que trepan sobre una pared de ladrillo. La figura ocupa el centro de la composición y aparece envuelta por una atmósfera cálida, luminosa y serena. Su postura relajada, la suavidad de sus facciones y la armonía de su vestimenta transmiten una sensación de calma y refinamiento, mientras la naturaleza que la rodea convierte la escena en un pequeño refugio apartado del mundo exterior.
La protagonista aparece sentada de frente, aunque su cuerpo se encuentra ligeramente girado hacia un lado. Mantiene la espalda erguida sin mostrar rigidez y apoya delicadamente las manos sobre el regazo. Esta posición transmite elegancia y naturalidad, como si la joven hubiera hecho una pausa durante un paseo por el jardín. Su actitud no parece preparada de manera solemne, sino captada en un momento tranquilo de descanso y contemplación.
El rostro constituye uno de los principales centros de atención. Sus facciones son alargadas y delicadas, con una expresión pensativa que evita establecer un contacto directo con el espectador. La mirada se dirige ligeramente hacia un lado y parece concentrada en algún pensamiento o acontecimiento situado fuera de la escena. Los labios cerrados y la serenidad de los ojos intensifican el aire introspectivo, haciendo que la protagonista parezca inmersa en su mundo interior.
La cabellera rizada cae libremente alrededor del rostro y sobre los hombros. Los cabellos combinan tonos dorados, castaños, cobrizos y oscuros, iluminados de manera desigual por la claridad del entorno. Algunas zonas reciben reflejos cálidos que aportan luminosidad, mientras otras quedan envueltas en sombras profundas. Esta riqueza de matices da volumen al cabello y crea un marco natural alrededor del rostro.
La joven viste una blusa clara de escote amplio, adornada con pequeños detalles que aportan delicadeza sin distraer la atención. La tela se adapta suavemente a la parte superior del cuerpo y deja los hombros parcialmente descubiertos, reforzando el carácter fresco y veraniego de la escena. La claridad de la prenda ilumina el centro de la composición y contrasta con los verdes intensos de la vegetación y con los tonos más cálidos de la falda.
Sobre los brazos lleva un chal o una prenda ligera de tonalidades amarillas y verdosas, decorada con pequeñas notas azuladas, oscuras y rojizas. La tela cae de manera informal alrededor de los codos y parece haberse deslizado ligeramente durante el descanso. Sus colores establecen una transición entre la blusa blanca y la falda dorada, unificando la indumentaria. Además, su disposición contribuye a crear una sensación de comodidad y espontaneidad.
La falda ocupa una gran parte de la zona inferior y se convierte en uno de los elementos más llamativos del retrato. Está compuesta por una amplia combinación de amarillos, ocres, marrones, naranjas y reflejos claros. Sus numerosos pliegues descienden desde el regazo y crean un movimiento vertical que alarga la figura. Las zonas oscuras y rojizas distribuidas por la tela aportan profundidad y evitan que el color dorado resulte uniforme.
Las manos descansan suavemente sobre la falda y refuerzan la tranquilidad de la postura. Una de ellas cruza el regazo mientras la otra permanece apoyada cerca de la rodilla. Los dedos, largos y relajados, no sujetan ningún objeto, permitiendo que toda la atención recaiga en el gesto natural. Esta ausencia de tensión en las manos transmite quietud y contribuye a la sensación de que la protagonista se encuentra cómoda dentro de su entorno.
La parte derecha está ocupada por una pared de ladrillos en tonos rosados, rojizos, blancos y marrones. La disposición horizontal de los ladrillos aporta estructura y estabilidad a la composición, contrastando con las formas libres y orgánicas de la vegetación. Sobre esta pared crece un rosal exuberante, cuyas ramas se extienden desde la parte superior hasta casi alcanzar la zona inferior. La arquitectura y la naturaleza aparecen así íntimamente unidas.
Las rosas presentan una gran variedad de tonalidades rosadas, desde matices pálidos y delicados hasta rojos más profundos. Algunas flores están completamente abiertas, mientras otras parecen conservar una forma más recogida. Las hojas verdes y oscuras enmarcan cada flor y crean pequeños contrastes de luz y sombra. Esta abundancia floral aporta belleza, romanticismo y una intensa vitalidad al entorno de la joven.
La disposición del rosal establece una relación simbólica con la protagonista. Las flores rodean su rostro y su cuerpo sin invadir completamente el espacio central, como si la naturaleza acompañara silenciosamente su presencia. La juventud y delicadeza de la mujer encuentran un reflejo en las rosas, mientras que las ramas y hojas más oscuras sugieren la complejidad escondida detrás de esa belleza. Esta correspondencia concede al retrato una dimensión poética.
En el lado izquierdo se extiende una vegetación abundante formada por hojas, arbustos y plantas de diferentes tamaños. Los verdes varían desde tonalidades profundas y azuladas hasta amarillos luminosos que parecen recibir directamente la luz. Las formas vegetales se superponen y generan una sensación de profundidad, haciendo que el jardín parezca continuar mucho más allá de los límites visibles. La joven queda así protegida entre la vegetación y la pared florida.
El fondo superior es claro y luminoso, con zonas amarillas, beige, verdes y rosadas que sugieren la presencia de una construcción o un sendero bañado por el sol. Los detalles se vuelven menos definidos conforme se alejan, permitiendo que la atención permanezca sobre la figura. Esta claridad aporta aire a la composición y evita que la abundante vegetación genere una atmósfera cerrada. Todo parece iluminado por una suave luz de primavera o verano.
La combinación cromática contribuye decisivamente al carácter de la obra. Los amarillos dorados de la falda dialogan con los reflejos del cabello y con las zonas iluminadas del jardín. Los rosas de las flores se relacionan con los ladrillos y con los delicados matices del rostro, mientras que los verdes envuelven a la protagonista y equilibran los tonos cálidos. Esta armonía crea una escena acogedora, elegante y llena de vida.
El retrato invita a imaginar la historia de la mujer. Podría encontrarse descansando en el jardín de su hogar, esperando la llegada de alguien o simplemente disfrutando de un instante de soledad. Su mirada distante introduce una nota de misterio y melancolía dentro de un entorno lleno de color. Aunque la escena parece luminosa y agradable, la expresión contenida de la protagonista sugiere pensamientos más profundos que no llegan a revelarse.
La obra combina la belleza del retrato con la riqueza de un jardín en plena floración. La figura humana no aparece separada del paisaje, sino completamente integrada en él mediante los colores, las formas y la luz. La cabellera parece compartir los tonos dorados de la vegetación, la falda recoge la calidez del entorno y las rosas acompañan la delicadeza del rostro. Esta unidad convierte la escena en una celebración de la juventud, la naturaleza y la contemplación.
En conjunto, la obra representa a una joven elegante y pensativa descansando en un jardín lleno de vegetación, junto a una pared cubierta de rosas rosadas. Su postura serena, la delicadeza de su mirada, la luminosidad de su vestimenta y la exuberancia de las flores crean una escena romántica y profundamente armoniosa. El cuadro transmite belleza, tranquilidad y una suave melancolía, convirtiendo un instante cotidiano de reposo en una evocación poética de la juventud y la naturaleza.
