Escuela catalana (XX) - Cadaqués

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Caroline Bokobza
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Cadaqués, óleo sobre tela de la Escuela Catalana (XX) de 1970–1980, España, original, con marco 71,5 × 93 cm, firmado a mano, en buen estado y vendido con marco.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela catalana, que representa un pueblo costero y sus pequeñas barcas contemplados desde un exuberante jardín en flor, en una escena llena de color, serenidad y belleza natural. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 71,5x93x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 60x81 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una espléndida vista costera contemplada desde un jardín elevado y completamente cubierto de flores. En primer plano se extiende una exuberante combinación de plantas amarillas, rojas, violetas, blancas y rosadas, mientras que, más allá, una tranquila extensión de agua conduce la mirada hacia un pueblo blanco situado en la orilla opuesta. Detrás de las viviendas se levantan colinas oscuras y onduladas bajo un cielo cubierto de nubes luminosas. La escena transmite una sensación de abundancia, serenidad y belleza, uniendo la alegría de un jardín en plena floración con la calma de una pequeña localidad marítima.

El primer plano constituye una auténtica explosión de color. Numerosas flores se agrupan sin dejar apenas espacios vacíos, formando una franja vegetal que ocupa toda la parte inferior. Algunas aparecen grandes y claramente visibles, mientras otras se reducen a pequeñas notas luminosas entre los tallos y las hojas. Esta abundancia crea una sensación de naturaleza libre y generosa, como si el jardín hubiera crecido de manera espontánea frente al mar.

En el extremo inferior izquierdo predominan las flores de tonalidades rosadas, violetas y blancas. Sus colores claros contrastan con los verdes oscuros de las hojas y con las sombras situadas entre los tallos. Algunas flores parecen inclinarse hacia el agua, guiando suavemente la mirada desde la vegetación hasta la bahía. Los pequeños reflejos amarillos y rojizos distribuidos entre ellas aportan ritmo y evitan que esta zona resulte uniforme.

Hacia el centro se abre una gran masa de flores amarillas y doradas que ilumina todo el jardín. Este grupo constituye uno de los puntos más brillantes de la composición y parece recoger la claridad del cielo. Los amarillos se mezclan con ocres, naranjas y verdes, produciendo una transición cálida hacia las flores rojas situadas a la derecha. La intensidad de este color aporta alegría y transmite la plenitud de una jornada primaveral o veraniega.

La zona derecha está dominada por flores rojas de gran viveza. Estas forman un conjunto denso que destaca sobre la vegetación más oscura y atrae inmediatamente la mirada. A su alrededor se distribuyen pequeñas flores amarillas, blancas, anaranjadas y rosadas, creando una rica combinación cromática. El rojo introduce energía y pasión dentro de un paisaje caracterizado principalmente por la calma.

Entre las flores se elevan tallos finos, hojas alargadas y ramas que aportan movimiento. Algunas plantas parecen inclinarse ligeramente, como si una brisa procedente del agua atravesara el jardín. Las formas vegetales se entrecruzan y forman una red natural llena de pequeños detalles. Esta riqueza convierte el primer plano en un espacio vivo y permite imaginar los aromas, los sonidos y la frescura del lugar.

En el lado derecho se levanta un gran árbol de ramas colgantes que enmarca la vista. Su copa oscura desciende mediante largas masas verdes salpicadas de pequeños reflejos blancos y claros. El árbol proporciona sombra y crea un fuerte contraste con la luminosidad de las flores y del pueblo. Su presencia funciona como una cortina vegetal que protege el jardín y dirige la mirada hacia la parte central.

Las ramas descendentes del árbol parecen mezclarse con las flores situadas bajo ellas. Los verdes profundos, casi negros en algunos puntos, otorgan profundidad y estabilidad a esta zona. Entre el follaje aparecen pequeñas notas rosadas, amarillas y anaranjadas que sugieren flores o reflejos de luz. El árbol actúa así como un gran marco natural que equilibra visualmente la amplitud abierta del agua.

La bahía ocupa el centro de la composición y se extiende mediante tonalidades azules, verdes y grisáceas. Su superficie aparece tranquila, con ligeras variaciones que sugieren ondulaciones suaves. No existen grandes olas ni señales de agitación, por lo que el agua transmite reposo y estabilidad. La amplitud de esta zona ofrece un descanso visual frente a la abundancia de detalles del jardín.

Sobre el agua se observan pequeños reflejos claros procedentes de las barcas y de las construcciones de la orilla. Algunas zonas parecen iluminadas por el cielo, mientras otras adquieren tonos más oscuros y profundos. El mar o el lago funciona como un espacio de transición entre el jardín cercano y el pueblo distante. Su serenidad unifica todos los elementos y aporta una atmósfera fresca.

Junto a la orilla opuesta se distribuyen numerosas embarcaciones de colores variados. Se distinguen barcas rojas, amarillas, marrones, verdes y blancas, alineadas frente al pueblo. Algunas parecen estar amarradas, mientras otras podrían encontrarse ligeramente alejadas de la costa. Su presencia introduce actividad humana sin romper el silencio general del paisaje.

Las pequeñas barcas aportan una sucesión de puntos cromáticos que animan la franja central. Sus tamaños reducidos permiten comprender la distancia existente entre el espectador y la otra orilla. Los reflejos que aparecen bajo algunas de ellas prolongan sus colores sobre el agua. Aunque no se observan personas, las embarcaciones sugieren la vida pesquera o marítima de la localidad.

El pueblo se extiende horizontalmente al pie de las colinas. Las construcciones, representadas mediante tonalidades blancas, cremas y ligeramente amarillentas, forman una franja luminosa que contrasta con la montaña oscura. Los edificios aparecen muy próximos entre sí, creando una pequeña comunidad compacta junto al agua. La sencillez de sus formas refuerza la sensación de una localidad tradicional.

En el centro del pueblo destaca una iglesia con una torre esbelta. Su silueta vertical sobresale por encima de los tejados y se convierte en el principal referente arquitectónico de la escena. La torre aporta identidad a la localidad y establece un delicado contraste con las líneas horizontales de la orilla y del agua. Su presencia permite imaginar una vida comunitaria tranquila, organizada alrededor del puerto y de la iglesia.

Detrás del pueblo se elevan varias colinas cubiertas por una vegetación oscura. Sus formas redondeadas recorren el horizonte de izquierda a derecha y protegen visualmente la localidad. Los verdes profundos, marrones y violetas de las montañas contrastan con la claridad de las casas. Esta oposición hace que el pueblo parezca iluminado desde dentro del paisaje.

Las colinas no presentan grandes elevaciones, sino suaves ondulaciones que acompañan la serenidad del conjunto. Algunas zonas aparecen más claras y sugieren senderos, terrenos descubiertos o cambios en la vegetación. La montaña central adquiere una tonalidad especialmente oscura que realza la torre de la iglesia. Hacia los extremos, el relieve desciende y permite que el paisaje se abra gradualmente.

El cielo ocupa una amplia franja superior y está cubierto por grandes nubes de tonos blancos, cremas, amarillos y grisáceos. Entre ellas aparecen pequeños espacios azulados que aportan profundidad y sugieren un clima cambiante. Las nubes no resultan amenazantes, sino voluminosas y luminosas. Su presencia ayuda a distribuir una luz suave sobre el pueblo, el agua y el jardín.

La composición está organizada mediante una clara sucesión de planos. Primero aparece el jardín exuberante; después, la bahía tranquila; a continuación, las barcas y el pueblo; finalmente, las colinas y el cielo. Este recorrido conduce la mirada desde los detalles más cercanos hasta la amplitud del horizonte. El espectador parece encontrarse en un mirador privilegiado, rodeado de flores y protegido por la sombra del árbol.

El paisaje evoca un lugar dedicado al descanso y a la contemplación. Podría tratarse del jardín de una casa situada frente a una pequeña población costera, desde donde sus habitantes observan diariamente las barcas y el movimiento del puerto. La escena permite imaginar una mañana fresca o una tarde luminosa, acompañada por el aroma de las flores y el sonido lejano del agua. Todo transmite una conexión profunda entre la vida doméstica, la naturaleza y el mar.

La combinación de colores fríos y cálidos crea un equilibrio especialmente atractivo. Los azules de la bahía aportan calma; los verdes unen el jardín con las montañas; los amarillos iluminan el primer plano; y los rojos introducen intensidad y vitalidad. Los blancos del pueblo y de las nubes actúan como puntos de luz. Esta armonía convierte el paisaje en una imagen alegre, acogedora y llena de profundidad.

En conjunto, la obra representa una hermosa localidad costera contemplada desde un jardín exuberante, donde las flores multicolores y un gran árbol enmarcan una bahía tranquila llena de pequeñas embarcaciones. El pueblo blanco, la iglesia, las colinas oscuras y las nubes luminosas completan una escena equilibrada y profundamente evocadora. El cuadro transmite la alegría de la naturaleza en flor, la serenidad de la vida junto al agua y el privilegio de contemplar un paisaje lleno de armonía, frescura y belleza.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela catalana, que representa un pueblo costero y sus pequeñas barcas contemplados desde un exuberante jardín en flor, en una escena llena de color, serenidad y belleza natural. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 71,5x93x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 60x81 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una espléndida vista costera contemplada desde un jardín elevado y completamente cubierto de flores. En primer plano se extiende una exuberante combinación de plantas amarillas, rojas, violetas, blancas y rosadas, mientras que, más allá, una tranquila extensión de agua conduce la mirada hacia un pueblo blanco situado en la orilla opuesta. Detrás de las viviendas se levantan colinas oscuras y onduladas bajo un cielo cubierto de nubes luminosas. La escena transmite una sensación de abundancia, serenidad y belleza, uniendo la alegría de un jardín en plena floración con la calma de una pequeña localidad marítima.

El primer plano constituye una auténtica explosión de color. Numerosas flores se agrupan sin dejar apenas espacios vacíos, formando una franja vegetal que ocupa toda la parte inferior. Algunas aparecen grandes y claramente visibles, mientras otras se reducen a pequeñas notas luminosas entre los tallos y las hojas. Esta abundancia crea una sensación de naturaleza libre y generosa, como si el jardín hubiera crecido de manera espontánea frente al mar.

En el extremo inferior izquierdo predominan las flores de tonalidades rosadas, violetas y blancas. Sus colores claros contrastan con los verdes oscuros de las hojas y con las sombras situadas entre los tallos. Algunas flores parecen inclinarse hacia el agua, guiando suavemente la mirada desde la vegetación hasta la bahía. Los pequeños reflejos amarillos y rojizos distribuidos entre ellas aportan ritmo y evitan que esta zona resulte uniforme.

Hacia el centro se abre una gran masa de flores amarillas y doradas que ilumina todo el jardín. Este grupo constituye uno de los puntos más brillantes de la composición y parece recoger la claridad del cielo. Los amarillos se mezclan con ocres, naranjas y verdes, produciendo una transición cálida hacia las flores rojas situadas a la derecha. La intensidad de este color aporta alegría y transmite la plenitud de una jornada primaveral o veraniega.

La zona derecha está dominada por flores rojas de gran viveza. Estas forman un conjunto denso que destaca sobre la vegetación más oscura y atrae inmediatamente la mirada. A su alrededor se distribuyen pequeñas flores amarillas, blancas, anaranjadas y rosadas, creando una rica combinación cromática. El rojo introduce energía y pasión dentro de un paisaje caracterizado principalmente por la calma.

Entre las flores se elevan tallos finos, hojas alargadas y ramas que aportan movimiento. Algunas plantas parecen inclinarse ligeramente, como si una brisa procedente del agua atravesara el jardín. Las formas vegetales se entrecruzan y forman una red natural llena de pequeños detalles. Esta riqueza convierte el primer plano en un espacio vivo y permite imaginar los aromas, los sonidos y la frescura del lugar.

En el lado derecho se levanta un gran árbol de ramas colgantes que enmarca la vista. Su copa oscura desciende mediante largas masas verdes salpicadas de pequeños reflejos blancos y claros. El árbol proporciona sombra y crea un fuerte contraste con la luminosidad de las flores y del pueblo. Su presencia funciona como una cortina vegetal que protege el jardín y dirige la mirada hacia la parte central.

Las ramas descendentes del árbol parecen mezclarse con las flores situadas bajo ellas. Los verdes profundos, casi negros en algunos puntos, otorgan profundidad y estabilidad a esta zona. Entre el follaje aparecen pequeñas notas rosadas, amarillas y anaranjadas que sugieren flores o reflejos de luz. El árbol actúa así como un gran marco natural que equilibra visualmente la amplitud abierta del agua.

La bahía ocupa el centro de la composición y se extiende mediante tonalidades azules, verdes y grisáceas. Su superficie aparece tranquila, con ligeras variaciones que sugieren ondulaciones suaves. No existen grandes olas ni señales de agitación, por lo que el agua transmite reposo y estabilidad. La amplitud de esta zona ofrece un descanso visual frente a la abundancia de detalles del jardín.

Sobre el agua se observan pequeños reflejos claros procedentes de las barcas y de las construcciones de la orilla. Algunas zonas parecen iluminadas por el cielo, mientras otras adquieren tonos más oscuros y profundos. El mar o el lago funciona como un espacio de transición entre el jardín cercano y el pueblo distante. Su serenidad unifica todos los elementos y aporta una atmósfera fresca.

Junto a la orilla opuesta se distribuyen numerosas embarcaciones de colores variados. Se distinguen barcas rojas, amarillas, marrones, verdes y blancas, alineadas frente al pueblo. Algunas parecen estar amarradas, mientras otras podrían encontrarse ligeramente alejadas de la costa. Su presencia introduce actividad humana sin romper el silencio general del paisaje.

Las pequeñas barcas aportan una sucesión de puntos cromáticos que animan la franja central. Sus tamaños reducidos permiten comprender la distancia existente entre el espectador y la otra orilla. Los reflejos que aparecen bajo algunas de ellas prolongan sus colores sobre el agua. Aunque no se observan personas, las embarcaciones sugieren la vida pesquera o marítima de la localidad.

El pueblo se extiende horizontalmente al pie de las colinas. Las construcciones, representadas mediante tonalidades blancas, cremas y ligeramente amarillentas, forman una franja luminosa que contrasta con la montaña oscura. Los edificios aparecen muy próximos entre sí, creando una pequeña comunidad compacta junto al agua. La sencillez de sus formas refuerza la sensación de una localidad tradicional.

En el centro del pueblo destaca una iglesia con una torre esbelta. Su silueta vertical sobresale por encima de los tejados y se convierte en el principal referente arquitectónico de la escena. La torre aporta identidad a la localidad y establece un delicado contraste con las líneas horizontales de la orilla y del agua. Su presencia permite imaginar una vida comunitaria tranquila, organizada alrededor del puerto y de la iglesia.

Detrás del pueblo se elevan varias colinas cubiertas por una vegetación oscura. Sus formas redondeadas recorren el horizonte de izquierda a derecha y protegen visualmente la localidad. Los verdes profundos, marrones y violetas de las montañas contrastan con la claridad de las casas. Esta oposición hace que el pueblo parezca iluminado desde dentro del paisaje.

Las colinas no presentan grandes elevaciones, sino suaves ondulaciones que acompañan la serenidad del conjunto. Algunas zonas aparecen más claras y sugieren senderos, terrenos descubiertos o cambios en la vegetación. La montaña central adquiere una tonalidad especialmente oscura que realza la torre de la iglesia. Hacia los extremos, el relieve desciende y permite que el paisaje se abra gradualmente.

El cielo ocupa una amplia franja superior y está cubierto por grandes nubes de tonos blancos, cremas, amarillos y grisáceos. Entre ellas aparecen pequeños espacios azulados que aportan profundidad y sugieren un clima cambiante. Las nubes no resultan amenazantes, sino voluminosas y luminosas. Su presencia ayuda a distribuir una luz suave sobre el pueblo, el agua y el jardín.

La composición está organizada mediante una clara sucesión de planos. Primero aparece el jardín exuberante; después, la bahía tranquila; a continuación, las barcas y el pueblo; finalmente, las colinas y el cielo. Este recorrido conduce la mirada desde los detalles más cercanos hasta la amplitud del horizonte. El espectador parece encontrarse en un mirador privilegiado, rodeado de flores y protegido por la sombra del árbol.

El paisaje evoca un lugar dedicado al descanso y a la contemplación. Podría tratarse del jardín de una casa situada frente a una pequeña población costera, desde donde sus habitantes observan diariamente las barcas y el movimiento del puerto. La escena permite imaginar una mañana fresca o una tarde luminosa, acompañada por el aroma de las flores y el sonido lejano del agua. Todo transmite una conexión profunda entre la vida doméstica, la naturaleza y el mar.

La combinación de colores fríos y cálidos crea un equilibrio especialmente atractivo. Los azules de la bahía aportan calma; los verdes unen el jardín con las montañas; los amarillos iluminan el primer plano; y los rojos introducen intensidad y vitalidad. Los blancos del pueblo y de las nubes actúan como puntos de luz. Esta armonía convierte el paisaje en una imagen alegre, acogedora y llena de profundidad.

En conjunto, la obra representa una hermosa localidad costera contemplada desde un jardín exuberante, donde las flores multicolores y un gran árbol enmarcan una bahía tranquila llena de pequeñas embarcaciones. El pueblo blanco, la iglesia, las colinas oscuras y las nubes luminosas completan una escena equilibrada y profundamente evocadora. El cuadro transmite la alegría de la naturaleza en flor, la serenidad de la vida junto al agua y el privilegio de contemplar un paisaje lleno de armonía, frescura y belleza.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Datos

Artista
Escuela catalana (XX)
Se vende con marco
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
Cadaqués
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
71,5 cm
Ancho
93 cm
Estilo
Impresionismo
Periodo
1970-1980
Vendido por
EspañaVerificado
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