Joan Torres de Torres (1953) - Bodegón






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Bodegón, óleo sobre lienzo de Joan Torres de Torres (1953), España, periodo 1970–1980, edición original, firmado a mano, vendido con marco por Galería, medidas 63 × 85 cm con marco y 60 × 81 cm sin marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Torres de Torres, que representa una mesa preparada con una vajilla blanca y un frutero, rodeada por una abundante planta, en una escena íntima que evoca calma, espera y belleza cotidiana. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 63x85x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 60x81 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un íntimo bodegón dispuesto sobre una mesa, donde un delicado servicio de café o té comparte protagonismo con un frutero y una abundante planta de hojas retorcidas. La escena está envuelta por una atmósfera cálida y silenciosa, dominada por tonos marrones, verdes apagados, blancos y ocres. Los objetos parecen haber sido reunidos para un momento tranquilo de descanso, aunque no aparece ninguna figura humana. Esta ausencia permite imaginar que alguien acaba de abandonar la mesa o está a punto de sentarse ante ella.
En el primer plano se encuentra una bandeja clara sobre la que se distribuyen una cafetera, una jarra, una taza con su platillo y un pequeño recipiente con tapa. La blancura de estas piezas contrasta intensamente con el fondo oscuro y con la superficie terrosa de la mesa. Cada objeto posee una forma diferente, pero todos comparten una apariencia delicada y luminosa. La disposición crea un pequeño conjunto doméstico lleno de equilibrio.
La bandeja ocupa buena parte de la zona inferior izquierda y se extiende hacia el centro mediante una silueta irregular. Sus bordes curvos enmarcan las distintas piezas y las reúnen visualmente. Aunque predomina el blanco, aparecen numerosas sombras grises, azuladas y violetas que permiten distinguir su profundidad. La claridad de la bandeja funciona como una base luminosa que atrae inmediatamente la mirada.
En el extremo izquierdo aparece una cafetera o tetera de cuerpo redondeado. Su asa se proyecta hacia fuera formando una curva amplia, mientras el pico se orienta hacia el centro de la composición. La tapa está coronada por un pequeño detalle que completa su silueta. Sus tonos blancos y grisáceos se enriquecen con sombras que sugieren el volumen y el peso del objeto.
Junto a la cafetera se encuentra un recipiente más pequeño con tapa, posiblemente destinado al azúcar. Su forma compacta contrasta con la altura de la jarra situada detrás. El objeto aparece parcialmente oculto, como si hubiera sido colocado de manera espontánea entre las demás piezas. Esta superposición contribuye a crear profundidad y refuerza la sensación de una mesa preparada para ser utilizada.
La jarra central se eleva por encima del resto del servicio y constituye uno de los principales focos de atención. Su cuerpo ancho se estrecha ligeramente en la parte superior hasta formar un pico suave. El asa se dibuja a un lado mediante una curva delicada, mientras la abertura superior aparece iluminada. Su gran superficie clara introduce una pausa visual dentro del conjunto de tonalidades oscuras.
Frente a la jarra aparece una taza pequeña colocada sobre su correspondiente platillo. La taza está decorada con sutiles notas azuladas y violáceas que aportan delicadeza a su blancura. Su tamaño reducido y su posición central le conceden una especial cercanía, como si esperara a la persona que va a utilizarla. El platillo recoge una sombra gris que la separa de la bandeja.
La vajilla transmite una sensación de orden doméstico y de intimidad cotidiana. No parece tratarse de una gran celebración, sino de un momento sencillo, posiblemente el desayuno o la merienda. La presencia de una sola taza puede sugerir una pausa solitaria y tranquila. También puede interpretarse como la preparación de un espacio destinado a recibir a alguien.
A la derecha se alza un frutero blanco sobre un pie estrecho. Su forma elevada lo diferencia claramente del servicio situado en primer plano y le concede una presencia casi ceremonial. El borde del recipiente se curva alrededor de varias frutas grandes y redondeadas. La base proyecta una sombra suave sobre la mesa, reforzando su estabilidad.
Dentro del frutero aparecen tres piezas de fruta en tonos amarillos, verdes, rojizos y ocres. La fruta central es la más llamativa debido a su color cálido y a los matices rojos que recorren su superficie. Las otras dos, situadas detrás, muestran tonalidades más claras y verdosas. Esta combinación aporta una nota de frescura y color natural dentro del ambiente sobrio de la habitación.
Las frutas representan un contraste interesante con la vajilla. Mientras los recipientes blancos sugieren objetos fabricados y ordenados, las formas redondeadas e irregulares de la fruta remiten a la naturaleza. Ambas realidades conviven de manera armoniosa sobre la misma mesa. El frutero completa la escena y convierte el sencillo servicio en una composición más abundante y acogedora.
Detrás de los objetos se extiende una planta de gran tamaño, formada por numerosas hojas alargadas y curvadas. Sus formas se entrecruzan mediante verdes grisáceos, blancos, marrones y tonalidades oscuras. Las hojas parecen descender, elevarse y girar en diferentes direcciones, generando un movimiento que contrasta con la estabilidad de la vajilla. La vegetación ocupa gran parte del fondo y envuelve los objetos.
Entre las hojas aparecen pequeñas flores o brotes rojizos y rosados. Estos detalles, aunque discretos, aportan vida y atraen la mirada hacia distintos puntos de la zona superior. Algunas notas rojas parecen ocultarse entre la vegetación, mientras otras destacan con claridad. Su distribución irregular crea un ritmo visual y dialoga con los tonos cálidos de las frutas.
La planta no se presenta como un elemento decorativo secundario, sino como una presencia poderosa que domina el fondo. Sus hojas parecen crecer libremente y formar una especie de cortina vegetal detrás de la mesa. La abundancia de formas orgánicas intensifica el contraste con la geometría sencilla de las tazas y los recipientes. De este modo, la naturaleza y los objetos domésticos quedan unidos dentro de una misma atmósfera.
El fondo está compuesto por tonos marrones, violetas, grises y verdosos que aportan profundidad y recogimiento. No se distinguen con claridad paredes, ventanas u otros muebles, por lo que el espacio permanece indefinido. Esta oscuridad favorece la luminosidad de la vajilla y de las frutas. La escena parece desarrollarse en un rincón tranquilo, protegido de la luz intensa del exterior.
La mesa posee una superficie rica en tonalidades terrosas. Los marrones se combinan con ocres, grises y pequeños reflejos rosados que crean variaciones de luz. Sobre ella se proyectan las sombras de la bandeja, el frutero y los demás objetos. Estas sombras ayudan a relacionar todos los elementos y evitan que parezcan aislados.
La composición se organiza mediante un equilibrio entre las masas claras y oscuras. La bandeja blanca ocupa la zona inferior izquierda; el frutero ilumina el lado derecho; y la planta forma una gran estructura oscura en la parte superior. Entre estas áreas se establece un recorrido visual que conduce desde la taza y la jarra hasta las frutas y las hojas. La escena mantiene así una armonía tranquila a pesar de la abundancia de elementos.
La ausencia de personas introduce una dimensión narrativa. Los objetos parecen conservar la huella de una presencia cercana, como si la mesa hubiera sido preparada hace unos instantes. La taza vacía, la jarra y las frutas invitan a imaginar una conversación, una espera o un momento de soledad. El bodegón se convierte así en una representación silenciosa de la vida cotidiana.
La combinación cromática refuerza la emoción recogida de la obra. Los blancos aportan pureza y claridad; los marrones y violetas crean intimidad; los verdes conectan la escena con la naturaleza; y los amarillos y rojos introducen calidez. Ningún color domina por completo, sino que todos se integran dentro de una atmósfera serena. La imagen transmite una belleza sencilla y profundamente doméstica.
En conjunto, la obra representa una mesa preparada con una delicada vajilla blanca, una taza, una jarra y un frutero lleno de piezas coloridas, todo ello acompañado por una gran planta de hojas ondulantes. La armonía entre los objetos cotidianos, las frutas y la vegetación crea una escena cálida, íntima y silenciosa. El cuadro celebra la belleza de los pequeños rituales domésticos y convierte un sencillo momento de descanso en una imagen llena de serenidad, equilibrio y nostalgia.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Torres de Torres, que representa una mesa preparada con una vajilla blanca y un frutero, rodeada por una abundante planta, en una escena íntima que evoca calma, espera y belleza cotidiana. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 63x85x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 60x81 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un íntimo bodegón dispuesto sobre una mesa, donde un delicado servicio de café o té comparte protagonismo con un frutero y una abundante planta de hojas retorcidas. La escena está envuelta por una atmósfera cálida y silenciosa, dominada por tonos marrones, verdes apagados, blancos y ocres. Los objetos parecen haber sido reunidos para un momento tranquilo de descanso, aunque no aparece ninguna figura humana. Esta ausencia permite imaginar que alguien acaba de abandonar la mesa o está a punto de sentarse ante ella.
En el primer plano se encuentra una bandeja clara sobre la que se distribuyen una cafetera, una jarra, una taza con su platillo y un pequeño recipiente con tapa. La blancura de estas piezas contrasta intensamente con el fondo oscuro y con la superficie terrosa de la mesa. Cada objeto posee una forma diferente, pero todos comparten una apariencia delicada y luminosa. La disposición crea un pequeño conjunto doméstico lleno de equilibrio.
La bandeja ocupa buena parte de la zona inferior izquierda y se extiende hacia el centro mediante una silueta irregular. Sus bordes curvos enmarcan las distintas piezas y las reúnen visualmente. Aunque predomina el blanco, aparecen numerosas sombras grises, azuladas y violetas que permiten distinguir su profundidad. La claridad de la bandeja funciona como una base luminosa que atrae inmediatamente la mirada.
En el extremo izquierdo aparece una cafetera o tetera de cuerpo redondeado. Su asa se proyecta hacia fuera formando una curva amplia, mientras el pico se orienta hacia el centro de la composición. La tapa está coronada por un pequeño detalle que completa su silueta. Sus tonos blancos y grisáceos se enriquecen con sombras que sugieren el volumen y el peso del objeto.
Junto a la cafetera se encuentra un recipiente más pequeño con tapa, posiblemente destinado al azúcar. Su forma compacta contrasta con la altura de la jarra situada detrás. El objeto aparece parcialmente oculto, como si hubiera sido colocado de manera espontánea entre las demás piezas. Esta superposición contribuye a crear profundidad y refuerza la sensación de una mesa preparada para ser utilizada.
La jarra central se eleva por encima del resto del servicio y constituye uno de los principales focos de atención. Su cuerpo ancho se estrecha ligeramente en la parte superior hasta formar un pico suave. El asa se dibuja a un lado mediante una curva delicada, mientras la abertura superior aparece iluminada. Su gran superficie clara introduce una pausa visual dentro del conjunto de tonalidades oscuras.
Frente a la jarra aparece una taza pequeña colocada sobre su correspondiente platillo. La taza está decorada con sutiles notas azuladas y violáceas que aportan delicadeza a su blancura. Su tamaño reducido y su posición central le conceden una especial cercanía, como si esperara a la persona que va a utilizarla. El platillo recoge una sombra gris que la separa de la bandeja.
La vajilla transmite una sensación de orden doméstico y de intimidad cotidiana. No parece tratarse de una gran celebración, sino de un momento sencillo, posiblemente el desayuno o la merienda. La presencia de una sola taza puede sugerir una pausa solitaria y tranquila. También puede interpretarse como la preparación de un espacio destinado a recibir a alguien.
A la derecha se alza un frutero blanco sobre un pie estrecho. Su forma elevada lo diferencia claramente del servicio situado en primer plano y le concede una presencia casi ceremonial. El borde del recipiente se curva alrededor de varias frutas grandes y redondeadas. La base proyecta una sombra suave sobre la mesa, reforzando su estabilidad.
Dentro del frutero aparecen tres piezas de fruta en tonos amarillos, verdes, rojizos y ocres. La fruta central es la más llamativa debido a su color cálido y a los matices rojos que recorren su superficie. Las otras dos, situadas detrás, muestran tonalidades más claras y verdosas. Esta combinación aporta una nota de frescura y color natural dentro del ambiente sobrio de la habitación.
Las frutas representan un contraste interesante con la vajilla. Mientras los recipientes blancos sugieren objetos fabricados y ordenados, las formas redondeadas e irregulares de la fruta remiten a la naturaleza. Ambas realidades conviven de manera armoniosa sobre la misma mesa. El frutero completa la escena y convierte el sencillo servicio en una composición más abundante y acogedora.
Detrás de los objetos se extiende una planta de gran tamaño, formada por numerosas hojas alargadas y curvadas. Sus formas se entrecruzan mediante verdes grisáceos, blancos, marrones y tonalidades oscuras. Las hojas parecen descender, elevarse y girar en diferentes direcciones, generando un movimiento que contrasta con la estabilidad de la vajilla. La vegetación ocupa gran parte del fondo y envuelve los objetos.
Entre las hojas aparecen pequeñas flores o brotes rojizos y rosados. Estos detalles, aunque discretos, aportan vida y atraen la mirada hacia distintos puntos de la zona superior. Algunas notas rojas parecen ocultarse entre la vegetación, mientras otras destacan con claridad. Su distribución irregular crea un ritmo visual y dialoga con los tonos cálidos de las frutas.
La planta no se presenta como un elemento decorativo secundario, sino como una presencia poderosa que domina el fondo. Sus hojas parecen crecer libremente y formar una especie de cortina vegetal detrás de la mesa. La abundancia de formas orgánicas intensifica el contraste con la geometría sencilla de las tazas y los recipientes. De este modo, la naturaleza y los objetos domésticos quedan unidos dentro de una misma atmósfera.
El fondo está compuesto por tonos marrones, violetas, grises y verdosos que aportan profundidad y recogimiento. No se distinguen con claridad paredes, ventanas u otros muebles, por lo que el espacio permanece indefinido. Esta oscuridad favorece la luminosidad de la vajilla y de las frutas. La escena parece desarrollarse en un rincón tranquilo, protegido de la luz intensa del exterior.
La mesa posee una superficie rica en tonalidades terrosas. Los marrones se combinan con ocres, grises y pequeños reflejos rosados que crean variaciones de luz. Sobre ella se proyectan las sombras de la bandeja, el frutero y los demás objetos. Estas sombras ayudan a relacionar todos los elementos y evitan que parezcan aislados.
La composición se organiza mediante un equilibrio entre las masas claras y oscuras. La bandeja blanca ocupa la zona inferior izquierda; el frutero ilumina el lado derecho; y la planta forma una gran estructura oscura en la parte superior. Entre estas áreas se establece un recorrido visual que conduce desde la taza y la jarra hasta las frutas y las hojas. La escena mantiene así una armonía tranquila a pesar de la abundancia de elementos.
La ausencia de personas introduce una dimensión narrativa. Los objetos parecen conservar la huella de una presencia cercana, como si la mesa hubiera sido preparada hace unos instantes. La taza vacía, la jarra y las frutas invitan a imaginar una conversación, una espera o un momento de soledad. El bodegón se convierte así en una representación silenciosa de la vida cotidiana.
La combinación cromática refuerza la emoción recogida de la obra. Los blancos aportan pureza y claridad; los marrones y violetas crean intimidad; los verdes conectan la escena con la naturaleza; y los amarillos y rojos introducen calidez. Ningún color domina por completo, sino que todos se integran dentro de una atmósfera serena. La imagen transmite una belleza sencilla y profundamente doméstica.
En conjunto, la obra representa una mesa preparada con una delicada vajilla blanca, una taza, una jarra y un frutero lleno de piezas coloridas, todo ello acompañado por una gran planta de hojas ondulantes. La armonía entre los objetos cotidianos, las frutas y la vegetación crea una escena cálida, íntima y silenciosa. El cuadro celebra la belleza de los pequeños rituales domésticos y convierte un sencillo momento de descanso en una imagen llena de serenidad, equilibrio y nostalgia.
