Frederic Suñer (1954) - Intimidad

Empezar a pujar
€ 1

Añádelo a tus favoritos para recibir una alerta cuando empiece la subasta.

Caroline Bokobza
Experto
Seleccionado por Caroline Bokobza

Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.

Estimación  € 450 - € 500
Protección del Comprador de Catawiki

Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles

Trustpilot 4.4 | 138076 valoraciones

Valoración Excelente en Trustpilot.

Descripción del vendedor

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Frederic Suñer, que representa a una mujer desnuda sentada de espaldas en un instante íntimo de reflexión, como símbolo de vulnerabilidad, serenidad y recogimiento interior. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 55x38x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

------------------------------------------------------------------

Este cuadro presenta una escena íntima y contemplativa protagonizada por una mujer desnuda sentada sobre un pequeño taburete. La figura, representada de espaldas y ligeramente inclinada hacia delante, ocupa el centro de la composición y se convierte en el foco absoluto de la mirada. Su postura natural, alejada de cualquier rigidez, transmite una sensación de recogimiento y serenidad, como si la protagonista hubiera sido sorprendida durante un instante privado de reflexión. El entorno carece de elementos narrativos precisos, permitiendo que el cuerpo, el color y la atmósfera construyan por sí solos el significado de la obra.

La mujer aparece orientada hacia la izquierda, con el rostro inclinado y parcialmente oculto. Esta disposición impide establecer un contacto directo con el espectador y refuerza el carácter reservado de la escena. La mirada baja parece dirigirse hacia el suelo o hacia un punto situado fuera de la composición, sugiriendo concentración, cansancio o una reflexión silenciosa. Al no mostrar completamente sus facciones, la figura conserva cierto anonimato y puede ser entendida como una representación universal de la intimidad humana.

El cabello oscuro está recogido en un moño bajo y voluminoso que deja despejada la nuca. Su tonalidad casi negra contrasta intensamente con los matices cálidos de la piel y con la luminosidad amarillenta del fondo. Algunas variaciones grisáceas y azuladas recorren el cabello, aportándole profundidad y movimiento. El peinado sencillo contribuye a la naturalidad de la escena y acentúa la delicada curva que une la cabeza con los hombros.

La inclinación de la cabeza constituye uno de los elementos más expresivos de la composición. El rostro se dirige hacia abajo, mientras el cuello se prolonga con suavidad hasta el hombro izquierdo. Esta línea descendente introduce una sensación de introspección y vulnerabilidad, como si la protagonista se encontrara completamente absorbida por sus pensamientos. La ausencia de gestos exagerados permite que la emoción se manifieste a través de la postura corporal.

La espalda ocupa una parte fundamental de la obra y se presenta como una amplia superficie recorrida por numerosos matices. Los hombros se encuentran ligeramente encorvados, y la columna queda sugerida mediante una sucesión de sombras cálidas que descienden hacia la cintura. La anatomía no aparece idealizada de forma artificial, sino observada con cercanía y sinceridad. El cuerpo conserva sus volúmenes naturales, sus tensiones y sus pequeñas irregularidades.

La luz parece alcanzar con mayor intensidad el hombro izquierdo y la parte superior del brazo, creando una franja clara que delimita la figura frente al fondo oscuro. A medida que avanza hacia el centro de la espalda, la luminosidad se transforma en marrones, rosados, tierras y matices violáceos. Esta gradación concede volumen al cuerpo y permite percibir la curvatura de los omóplatos, la cintura y las caderas. Las sombras no endurecen la figura, sino que la envuelven con calidez.

El brazo izquierdo desciende casi verticalmente y termina apoyándose sobre el asiento. Su posición funciona como un punto de estabilidad y revela que parte del peso del cuerpo recae sobre la mano. La línea alargada del brazo contrasta con las curvas de la espalda y de las caderas, introduciendo una estructura firme en el centro de la escena. La claridad que recorre su contorno ayuda a separar la figura de la gran zona verde situada a la izquierda.

La mano aparece discretamente representada junto al borde del taburete. Aunque no constituye el elemento más llamativo del cuadro, cumple una función expresiva importante: su apoyo refuerza la sensación de pausa y de reposo. Los dedos parecen sujetar ligeramente el asiento, como si la mujer buscara equilibrio mientras mantiene el cuerpo inclinado. Este pequeño gesto dota a la postura de credibilidad y humanidad.

El otro brazo queda parcialmente oculto por el torso y por la perspectiva. Su presencia se intuye a través de algunas sombras que recorren el costado, contribuyendo a la sensación de profundidad. Esta ocultación concentra todavía más la atención en la espalda y evita que la composición resulte excesivamente simétrica. El cuerpo se organiza así mediante una combinación de zonas visibles y sugeridas que invita a una observación pausada.

La cintura forma una transición delicada entre la amplitud de la espalda y el volumen de las caderas. Una línea sinuosa desciende por el costado y define la silueta con naturalidad. Las sombras más profundas se concentran alrededor de esta zona, mientras algunos reflejos rosados y ocres destacan los planos cercanos a la luz. Esta alternancia cromática aporta una gran riqueza visual al cuerpo y evita cualquier sensación de uniformidad.

Las caderas, situadas en el centro inferior de la composición, constituyen uno de los principales puntos de equilibrio visual. Su volumen redondeado contrasta con la estrechez de la cintura y con la verticalidad del taburete. La postura sentada genera pequeñas tensiones y cambios anatómicos que han sido observados con atención, subrayando la naturalidad del momento. La figura no parece posar para exhibirse, sino permanecer ajena a la mirada exterior.

Una de las piernas desciende hacia la parte inferior derecha y se prolonga hasta quedar fuera o muy cerca del límite de la imagen. Su dirección diagonal introduce dinamismo y compensa la inclinación de la cabeza hacia el lado contrario. Los tonos más oscuros se concentran en la parte superior, mientras la zona inferior recibe una claridad cálida que perfila la rodilla, la pantorrilla y el tobillo. Esta extensión de la pierna aporta elegancia y alarga visualmente la figura.

La otra pierna permanece más próxima al taburete y aparece parcialmente oculta por el cuerpo y por el propio asiento. Sus sombras profundas ayudan a crear distancia entre los diferentes planos. La alternancia entre ambas piernas proporciona estabilidad a la postura y refuerza la sensación de peso corporal. La protagonista se muestra firmemente asentada, aunque la inclinación del torso introduce una cierta fragilidad emocional.

El taburete es una estructura sencilla y estrecha cubierta por una tela clara. Sus patas oscuras forman varias líneas verticales que descienden hasta el suelo y contrastan con las formas curvas del cuerpo. Los travesaños aportan estabilidad y crean una pequeña arquitectura geométrica bajo la figura. Su austeridad evita distraer la atención y sirve como soporte visual para la presencia humana.

La tela extendida sobre el asiento cae de forma irregular por los bordes y presenta tonalidades beige, crema, ocre y gris verdoso. Sus pliegues suaves contrastan con la firmeza de las patas y con la calidez de la piel. El borde deshilachado aporta un detalle cotidiano y ligeramente humilde, alejando la escena de cualquier ambientación lujosa. Este elemento acentúa la sencillez y la autenticidad del momento representado.

El suelo ocupa una franja grisácea en la parte inferior de la imagen. Sobre él se proyectan sombras azuladas y violáceas procedentes de las patas del taburete y de la figura. Estas sombras sitúan físicamente los elementos dentro del espacio y aportan una sensación de profundidad. La sobriedad del suelo permite que los tonos cálidos del cuerpo destaquen con mayor intensidad.

El fondo se divide en grandes campos cromáticos que rodean a la protagonista. A la izquierda domina un verde oscuro, profundo y terroso, mientras el centro y la derecha están ocupados por amarillos, ocres, verdes claros y turquesas. Esta organización establece un contraste entre una zona sombría y otra más luminosa. La figura queda situada precisamente entre ambas, como si se encontrara en el límite entre la oscuridad y la claridad.

La gran superficie verde del lado izquierdo crea una atmósfera recogida y misteriosa. Su profundidad cromática hace destacar el perfil del rostro, el cabello y el contorno iluminado del brazo. También puede interpretarse como una presencia simbólica vinculada al silencio, al pensamiento o a aquello que permanece oculto. Frente a ella, la mujer parece inclinarse hacia un espacio interior y desconocido.

En el lado derecho, las pinceladas verticales de color turquesa, verde y azul introducen una sensación de frescura. Estas formas podrían recordar vagamente una cortina, una abertura o simplemente un espacio bañado por la luz, aunque no se definen de manera literal. Su verticalidad prolonga las líneas del taburete y contrasta con la curva de la espalda. Los tonos fríos equilibran los amarillos intensos y los marrones de la figura.

La zona amarillenta situada detrás del cuerpo actúa como una fuente de luminosidad. Sus tonalidades doradas y verdosas rodean la silueta y permiten distinguir con claridad los hombros, la cintura y las caderas. La luz no parece proceder de un punto concreto, sino expandirse por el ambiente de forma difusa. Esta cualidad convierte la escena en un espacio casi mental, suspendido fuera de un lugar y un tiempo determinados.

La combinación de colores desempeña un papel esencial en la expresión emocional de la obra. Los marrones, rosados y tierras del cuerpo transmiten calidez y humanidad; los verdes oscuros introducen profundidad y recogimiento; los amarillos aportan claridad; y los turquesas refrescan el conjunto. Todos estos tonos se relacionan sin romper la armonía, creando una atmósfera de gran riqueza y sensibilidad.

La composición está construida alrededor de la verticalidad de la figura, aunque las curvas del cuerpo evitan cualquier rigidez. La cabeza inclinada, la línea de los hombros, la espalda, las caderas y la pierna extendida forman un recorrido continuo que guía la mirada desde la parte superior hasta el suelo. Las patas del taburete prolongan este movimiento descendente y otorgan estabilidad a la imagen. El resultado es una estructura equilibrada en la que cada elemento contribuye a destacar la presencia silenciosa de la mujer.

La desnudez se presenta con naturalidad y sobriedad, alejada de una interpretación abiertamente provocadora. El cuerpo aparece como vehículo de emociones humanas relacionadas con la vulnerabilidad, el descanso y la introspección. La protagonista no busca ser contemplada, pues su rostro oculto y su postura recogida sugieren que permanece encerrada en su propio mundo. Esta distancia convierte al espectador en testigo discreto de un momento profundamente privado.

La escena puede interpretarse como una reflexión sobre la soledad y el diálogo interior. La mujer parece haberse detenido durante unos instantes, dejando que el silencio la envuelva. No sabemos qué piensa ni qué ha sucedido antes o después, y precisamente esa ausencia de información amplía las posibilidades narrativas. El cuadro captura una emoción indefinida que puede oscilar entre la serenidad, la melancolía y el cansancio.

También se percibe un interesante contraste entre la fuerza física del cuerpo y la fragilidad de la postura. La espalda y las caderas poseen una presencia sólida, pero la cabeza inclinada y los hombros encorvados sugieren vulnerabilidad. Esta dualidad concede profundidad psicológica a la figura: la mujer puede parecer firme y, al mismo tiempo, emocionalmente recogida. El cuerpo se convierte así en un lenguaje silencioso capaz de expresar aquello que el rostro no revela.

En conjunto, la obra representa a una mujer desnuda sentada de espaldas sobre un sencillo taburete, inclinada en un instante de silencio e introspección. La naturalidad de su postura, la cálida presencia de su cuerpo y el contraste entre los verdes profundos, los amarillos luminosos y los matices turquesas crean una escena íntima y profundamente humana. El cuadro transmite serenidad, vulnerabilidad y una suave melancolía, convirtiendo un momento cotidiano de reposo en una reflexión poética sobre la soledad, el cuerpo y el mundo interior.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Frederic Suñer, que representa a una mujer desnuda sentada de espaldas en un instante íntimo de reflexión, como símbolo de vulnerabilidad, serenidad y recogimiento interior. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 55x38x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

------------------------------------------------------------------

Este cuadro presenta una escena íntima y contemplativa protagonizada por una mujer desnuda sentada sobre un pequeño taburete. La figura, representada de espaldas y ligeramente inclinada hacia delante, ocupa el centro de la composición y se convierte en el foco absoluto de la mirada. Su postura natural, alejada de cualquier rigidez, transmite una sensación de recogimiento y serenidad, como si la protagonista hubiera sido sorprendida durante un instante privado de reflexión. El entorno carece de elementos narrativos precisos, permitiendo que el cuerpo, el color y la atmósfera construyan por sí solos el significado de la obra.

La mujer aparece orientada hacia la izquierda, con el rostro inclinado y parcialmente oculto. Esta disposición impide establecer un contacto directo con el espectador y refuerza el carácter reservado de la escena. La mirada baja parece dirigirse hacia el suelo o hacia un punto situado fuera de la composición, sugiriendo concentración, cansancio o una reflexión silenciosa. Al no mostrar completamente sus facciones, la figura conserva cierto anonimato y puede ser entendida como una representación universal de la intimidad humana.

El cabello oscuro está recogido en un moño bajo y voluminoso que deja despejada la nuca. Su tonalidad casi negra contrasta intensamente con los matices cálidos de la piel y con la luminosidad amarillenta del fondo. Algunas variaciones grisáceas y azuladas recorren el cabello, aportándole profundidad y movimiento. El peinado sencillo contribuye a la naturalidad de la escena y acentúa la delicada curva que une la cabeza con los hombros.

La inclinación de la cabeza constituye uno de los elementos más expresivos de la composición. El rostro se dirige hacia abajo, mientras el cuello se prolonga con suavidad hasta el hombro izquierdo. Esta línea descendente introduce una sensación de introspección y vulnerabilidad, como si la protagonista se encontrara completamente absorbida por sus pensamientos. La ausencia de gestos exagerados permite que la emoción se manifieste a través de la postura corporal.

La espalda ocupa una parte fundamental de la obra y se presenta como una amplia superficie recorrida por numerosos matices. Los hombros se encuentran ligeramente encorvados, y la columna queda sugerida mediante una sucesión de sombras cálidas que descienden hacia la cintura. La anatomía no aparece idealizada de forma artificial, sino observada con cercanía y sinceridad. El cuerpo conserva sus volúmenes naturales, sus tensiones y sus pequeñas irregularidades.

La luz parece alcanzar con mayor intensidad el hombro izquierdo y la parte superior del brazo, creando una franja clara que delimita la figura frente al fondo oscuro. A medida que avanza hacia el centro de la espalda, la luminosidad se transforma en marrones, rosados, tierras y matices violáceos. Esta gradación concede volumen al cuerpo y permite percibir la curvatura de los omóplatos, la cintura y las caderas. Las sombras no endurecen la figura, sino que la envuelven con calidez.

El brazo izquierdo desciende casi verticalmente y termina apoyándose sobre el asiento. Su posición funciona como un punto de estabilidad y revela que parte del peso del cuerpo recae sobre la mano. La línea alargada del brazo contrasta con las curvas de la espalda y de las caderas, introduciendo una estructura firme en el centro de la escena. La claridad que recorre su contorno ayuda a separar la figura de la gran zona verde situada a la izquierda.

La mano aparece discretamente representada junto al borde del taburete. Aunque no constituye el elemento más llamativo del cuadro, cumple una función expresiva importante: su apoyo refuerza la sensación de pausa y de reposo. Los dedos parecen sujetar ligeramente el asiento, como si la mujer buscara equilibrio mientras mantiene el cuerpo inclinado. Este pequeño gesto dota a la postura de credibilidad y humanidad.

El otro brazo queda parcialmente oculto por el torso y por la perspectiva. Su presencia se intuye a través de algunas sombras que recorren el costado, contribuyendo a la sensación de profundidad. Esta ocultación concentra todavía más la atención en la espalda y evita que la composición resulte excesivamente simétrica. El cuerpo se organiza así mediante una combinación de zonas visibles y sugeridas que invita a una observación pausada.

La cintura forma una transición delicada entre la amplitud de la espalda y el volumen de las caderas. Una línea sinuosa desciende por el costado y define la silueta con naturalidad. Las sombras más profundas se concentran alrededor de esta zona, mientras algunos reflejos rosados y ocres destacan los planos cercanos a la luz. Esta alternancia cromática aporta una gran riqueza visual al cuerpo y evita cualquier sensación de uniformidad.

Las caderas, situadas en el centro inferior de la composición, constituyen uno de los principales puntos de equilibrio visual. Su volumen redondeado contrasta con la estrechez de la cintura y con la verticalidad del taburete. La postura sentada genera pequeñas tensiones y cambios anatómicos que han sido observados con atención, subrayando la naturalidad del momento. La figura no parece posar para exhibirse, sino permanecer ajena a la mirada exterior.

Una de las piernas desciende hacia la parte inferior derecha y se prolonga hasta quedar fuera o muy cerca del límite de la imagen. Su dirección diagonal introduce dinamismo y compensa la inclinación de la cabeza hacia el lado contrario. Los tonos más oscuros se concentran en la parte superior, mientras la zona inferior recibe una claridad cálida que perfila la rodilla, la pantorrilla y el tobillo. Esta extensión de la pierna aporta elegancia y alarga visualmente la figura.

La otra pierna permanece más próxima al taburete y aparece parcialmente oculta por el cuerpo y por el propio asiento. Sus sombras profundas ayudan a crear distancia entre los diferentes planos. La alternancia entre ambas piernas proporciona estabilidad a la postura y refuerza la sensación de peso corporal. La protagonista se muestra firmemente asentada, aunque la inclinación del torso introduce una cierta fragilidad emocional.

El taburete es una estructura sencilla y estrecha cubierta por una tela clara. Sus patas oscuras forman varias líneas verticales que descienden hasta el suelo y contrastan con las formas curvas del cuerpo. Los travesaños aportan estabilidad y crean una pequeña arquitectura geométrica bajo la figura. Su austeridad evita distraer la atención y sirve como soporte visual para la presencia humana.

La tela extendida sobre el asiento cae de forma irregular por los bordes y presenta tonalidades beige, crema, ocre y gris verdoso. Sus pliegues suaves contrastan con la firmeza de las patas y con la calidez de la piel. El borde deshilachado aporta un detalle cotidiano y ligeramente humilde, alejando la escena de cualquier ambientación lujosa. Este elemento acentúa la sencillez y la autenticidad del momento representado.

El suelo ocupa una franja grisácea en la parte inferior de la imagen. Sobre él se proyectan sombras azuladas y violáceas procedentes de las patas del taburete y de la figura. Estas sombras sitúan físicamente los elementos dentro del espacio y aportan una sensación de profundidad. La sobriedad del suelo permite que los tonos cálidos del cuerpo destaquen con mayor intensidad.

El fondo se divide en grandes campos cromáticos que rodean a la protagonista. A la izquierda domina un verde oscuro, profundo y terroso, mientras el centro y la derecha están ocupados por amarillos, ocres, verdes claros y turquesas. Esta organización establece un contraste entre una zona sombría y otra más luminosa. La figura queda situada precisamente entre ambas, como si se encontrara en el límite entre la oscuridad y la claridad.

La gran superficie verde del lado izquierdo crea una atmósfera recogida y misteriosa. Su profundidad cromática hace destacar el perfil del rostro, el cabello y el contorno iluminado del brazo. También puede interpretarse como una presencia simbólica vinculada al silencio, al pensamiento o a aquello que permanece oculto. Frente a ella, la mujer parece inclinarse hacia un espacio interior y desconocido.

En el lado derecho, las pinceladas verticales de color turquesa, verde y azul introducen una sensación de frescura. Estas formas podrían recordar vagamente una cortina, una abertura o simplemente un espacio bañado por la luz, aunque no se definen de manera literal. Su verticalidad prolonga las líneas del taburete y contrasta con la curva de la espalda. Los tonos fríos equilibran los amarillos intensos y los marrones de la figura.

La zona amarillenta situada detrás del cuerpo actúa como una fuente de luminosidad. Sus tonalidades doradas y verdosas rodean la silueta y permiten distinguir con claridad los hombros, la cintura y las caderas. La luz no parece proceder de un punto concreto, sino expandirse por el ambiente de forma difusa. Esta cualidad convierte la escena en un espacio casi mental, suspendido fuera de un lugar y un tiempo determinados.

La combinación de colores desempeña un papel esencial en la expresión emocional de la obra. Los marrones, rosados y tierras del cuerpo transmiten calidez y humanidad; los verdes oscuros introducen profundidad y recogimiento; los amarillos aportan claridad; y los turquesas refrescan el conjunto. Todos estos tonos se relacionan sin romper la armonía, creando una atmósfera de gran riqueza y sensibilidad.

La composición está construida alrededor de la verticalidad de la figura, aunque las curvas del cuerpo evitan cualquier rigidez. La cabeza inclinada, la línea de los hombros, la espalda, las caderas y la pierna extendida forman un recorrido continuo que guía la mirada desde la parte superior hasta el suelo. Las patas del taburete prolongan este movimiento descendente y otorgan estabilidad a la imagen. El resultado es una estructura equilibrada en la que cada elemento contribuye a destacar la presencia silenciosa de la mujer.

La desnudez se presenta con naturalidad y sobriedad, alejada de una interpretación abiertamente provocadora. El cuerpo aparece como vehículo de emociones humanas relacionadas con la vulnerabilidad, el descanso y la introspección. La protagonista no busca ser contemplada, pues su rostro oculto y su postura recogida sugieren que permanece encerrada en su propio mundo. Esta distancia convierte al espectador en testigo discreto de un momento profundamente privado.

La escena puede interpretarse como una reflexión sobre la soledad y el diálogo interior. La mujer parece haberse detenido durante unos instantes, dejando que el silencio la envuelva. No sabemos qué piensa ni qué ha sucedido antes o después, y precisamente esa ausencia de información amplía las posibilidades narrativas. El cuadro captura una emoción indefinida que puede oscilar entre la serenidad, la melancolía y el cansancio.

También se percibe un interesante contraste entre la fuerza física del cuerpo y la fragilidad de la postura. La espalda y las caderas poseen una presencia sólida, pero la cabeza inclinada y los hombros encorvados sugieren vulnerabilidad. Esta dualidad concede profundidad psicológica a la figura: la mujer puede parecer firme y, al mismo tiempo, emocionalmente recogida. El cuerpo se convierte así en un lenguaje silencioso capaz de expresar aquello que el rostro no revela.

En conjunto, la obra representa a una mujer desnuda sentada de espaldas sobre un sencillo taburete, inclinada en un instante de silencio e introspección. La naturalidad de su postura, la cálida presencia de su cuerpo y el contraste entre los verdes profundos, los amarillos luminosos y los matices turquesas crean una escena íntima y profundamente humana. El cuadro transmite serenidad, vulnerabilidad y una suave melancolía, convirtiendo un momento cotidiano de reposo en una reflexión poética sobre la soledad, el cuerpo y el mundo interior.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Datos

Artista
Frederic Suñer (1954)
Se vende con marco
No
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
Intimidad
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
55 cm
Ancho
38 cm
Estilo
Impresionismo
Periodo
1980-1990
Vendido por
EspañaVerificado
2547
Objetos vendidos
100%
protop

Objetos similares

Para ti en

Arte clásico e impresionismo