Enrique Munné (1880-1949) - Paisaje

Empezar a pujar
€ 1

Añádelo a tus favoritos para recibir una alerta cuando empiece la subasta.

Caroline Bokobza
Experto
Seleccionado por Caroline Bokobza

Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.

Estimación  € 900 - € 1.000
Protección del Comprador de Catawiki

Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles

Trustpilot 4.4 | 138076 valoraciones

Valoración Excelente en Trustpilot.

Descripción del vendedor

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Enrique Munné, que representa un camino rural rodeado de árboles y vegetación que conduce hasta una tranquila iglesia de aldea, evocando serenidad, memoria y armonía con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 68x83x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 46x60 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

------------------------------------------------------------------

Este cuadro presenta un evocador paisaje rural dominado por un camino que avanza desde el primer plano hasta una pequeña iglesia situada en el centro de la composición. La escena se encuentra rodeada por árboles esbeltos, vegetación abundante y construcciones discretamente integradas en el entorno, creando la imagen de una aldea tranquila y apartada. La combinación de verdes intensos, amarillos luminosos, ocres, violetas y tonos azulados transforma el paisaje en una visión llena de energía y emoción. Aunque no aparecen figuras humanas, todo parece conducir hacia el núcleo habitado del fondo, invitando al espectador a recorrer el sendero y adentrarse en este rincón silencioso.

El camino constituye el gran eje visual de la obra. Nace amplio en la zona inferior y se estrecha gradualmente a medida que se aproxima a la iglesia, generando una profunda sensación de distancia. Su trazado ligeramente irregular parece adaptarse a las formas naturales del terreno y queda definido mediante tonalidades cálidas de beige, arena, ocre, rosado y marrón claro. Las pequeñas variaciones cromáticas que recorren su superficie sugieren desniveles, huellas y zonas de tierra más compacta, dotándolo de una apariencia viva y transitada.

La amplitud del sendero en el primer término hace que el espectador se sienta situado dentro del paisaje. No se contempla la escena desde una posición distante, sino desde el propio camino, como si se estuviera a punto de iniciar una caminata hacia la población. Esta disposición crea una relación inmediata con el entorno y convierte el recorrido en una experiencia casi personal. La mirada avanza de manera natural desde la tierra cercana hasta las construcciones centrales, descubriendo a ambos lados una extraordinaria riqueza de colores y formas vegetales.

En el corazón de la composición se levanta una iglesia de aspecto sencillo y recogido. Su torre, estrecha y vertical, se eleva por encima de los edificios vecinos y actúa como principal punto de referencia del paisaje. La fachada reúne tonalidades malvas, violetas, grises azulados y suaves reflejos rosados, que contrastan con los colores cálidos de los tejados y con los verdes del terreno. Su presencia transmite serenidad y concede a la escena un carácter espiritual, como si el pequeño templo protegiera silenciosamente a toda la aldea.

La torre destaca por su forma vertical y por la delicada definición de su parte superior. Se distinguen varias aberturas oscuras que aportan profundidad y sugieren el espacio interior del campanario. Sobre ellas se eleva una cubierta de perfil angular, rematada por un pequeño elemento que refuerza el movimiento ascendente. A pesar de sus reducidas dimensiones dentro del paisaje, la iglesia domina la composición gracias a su ubicación central y a la claridad que la rodea.

Junto al templo aparecen otras construcciones de menor altura, posiblemente casas rurales o dependencias vinculadas a la vida del pueblo. Sus tejados inclinados se despliegan mediante ocres, naranjas, marrones y tonos rojizos, creando un cálido contraste con los muros violáceos y azulados. Algunas fachadas quedan parcialmente ocultas por árboles y arbustos, lo que aumenta la sensación de que la aldea ha crecido de manera natural entre la vegetación. Los edificios parecen formar una unidad compacta y acogedora al final del sendero.

A la izquierda de la iglesia se distingue una sucesión de construcciones más discretas, cuyos perfiles se confunden con las laderas del fondo. Sus tejados azulados y grisáceos se extienden horizontalmente bajo el cielo y proporcionan continuidad al pequeño núcleo rural. También aparecen algunas formas verdes y redondeadas que podrían corresponder a árboles, depósitos o elementos propios de la vida agrícola. Estos detalles enriquecen la escena y sugieren un lugar habitado, aunque momentáneamente sumido en una profunda calma.

Los árboles desempeñan un papel esencial en la organización del paisaje. Dos grandes troncos, situados a ambos lados de la composición, enmarcan el camino y conducen la mirada hacia el centro. El árbol de la derecha posee una presencia especialmente poderosa: su tronco oscuro asciende desde la vegetación del primer plano y se divide en numerosas ramas que se extienden por la parte superior. Su silueta negra y firme contrasta intensamente con la claridad azulada del cielo.

En el lado izquierdo aparece otro árbol de tronco sinuoso, ligeramente inclinado hacia el camino. Sus ramas delgadas se abren en diferentes direcciones y crean una delicada red de líneas oscuras sobre el cielo. La forma curvada del tronco aporta movimiento y rompe la estabilidad horizontal del terreno. Entre sus ramas pueden apreciarse pequeñas notas ocres, rojizas y verdosas que sugieren hojas escasas, quizá propias de una estación de transición entre el final del otoño y el comienzo de la primavera.

La relativa desnudez de muchos árboles concede a la escena una atmósfera particular. Las ramas descubiertas permiten contemplar el cielo y las construcciones sin ocultarlas completamente, mientras la vegetación del suelo conserva una sorprendente intensidad cromática. Esta convivencia entre los árboles desnudos y los verdes luminosos produce una interesante ambigüedad estacional. El paisaje parece encontrarse en un momento de cambio, cuando la naturaleza todavía guarda colores cálidos y al mismo tiempo anuncia una nueva etapa.

La vegetación del primer plano se extiende con gran vitalidad a ambos lados del camino. En la zona izquierda predominan los amarillos, verdes claros, ocres y pequeños acentos violetas, mientras a la derecha se concentran verdes profundos, marrones, rojizos y negros. Estas masas cromáticas no forman límites rígidos, sino que se entrelazan y avanzan unas sobre otras, transmitiendo la sensación de un terreno espontáneo, cubierto por hierbas, arbustos, hojas caídas y flores silvestres.

El lado derecho resulta especialmente intenso por la presencia de una franja de vegetación oscura que acompaña el gran árbol. Entre los verdes casi negros aparecen destellos naranjas, rojos, blancos, amarillos y violetas que animan la zona y evitan que quede sumida por completo en la sombra. Estas pequeñas notas de color pueden evocar hojas secas, frutos, flores o reflejos luminosos sobre el terreno. La variedad de matices hace que cada fragmento del paisaje parezca poseer su propio ritmo.

En contraste, la parte izquierda ofrece una mayor sensación de apertura. El terreno se extiende hacia las construcciones mediante zonas verdes y amarillas iluminadas, interrumpidas por pequeñas piedras, arbustos y árboles de troncos finos. A lo lejos se adivinan montañas o elevaciones azuladas que quedan parcialmente ocultas por la iglesia y por la vegetación. Sus perfiles suaves ayudan a situar la aldea dentro de un entorno más amplio y refuerzan la impresión de aislamiento rural.

El cielo ocupa gran parte de la zona superior y envuelve toda la escena en una claridad cambiante. Los azules celestes y turquesas se mezclan con blancos, grises suaves, amarillos pálidos y delicados reflejos lilas. Las nubes se distribuyen de manera irregular, formando grandes superficies luminosas que parecen moverse lentamente sobre el paisaje. Esta variedad atmosférica aporta profundidad y evita que el cielo se perciba como un fondo uniforme.

La luz parece filtrarse entre las nubes y repartirse de manera fragmentada sobre el terreno. Algunas zonas del camino y de la vegetación brillan con amarillos y verdes claros, mientras otras permanecen protegidas por sombras azuladas, violetas y marrones. Esta alternancia crea la sensación de una jornada fresca en la que el sol aparece y desaparece entre las nubes. El paisaje cambia así ante la mirada, como si cada nueva claridad revelara un color distinto.

La gama cromática posee una extraordinaria riqueza. Los tonos cálidos del sendero y de los tejados encuentran su contrapunto en los azules del cielo y de las montañas, mientras los violetas de la iglesia establecen una conexión entre ambos grupos. Los amarillos y verdes aportan luminosidad; los rojizos introducen calidez; y los negros de los troncos proporcionan estructura y firmeza. Todos estos colores se distribuyen de forma equilibrada, dando lugar a una imagen vibrante que conserva, al mismo tiempo, una profunda armonía.

La composición establece un delicado diálogo entre naturaleza y arquitectura. Los árboles parecen abrirse para dejar visible la iglesia, mientras el camino actúa como un vínculo directo entre el espectador y el pequeño núcleo construido. Las casas no dominan el paisaje, sino que se adaptan a él y quedan rodeadas por la vegetación. Esta integración transmite la idea de una vida rural pausada, profundamente conectada con la tierra, las estaciones y el entorno.

La ausencia de personas refuerza la sensación de silencio, pero no convierte el lugar en un espacio abandonado. El camino, las viviendas y la iglesia sugieren una comunidad cercana, quizá recogida en el interior de las casas o dedicada a tareas fuera del campo visual. Parece que en cualquier momento podría escucharse una campana, aparecer un caminante o abrirse una de las puertas del pueblo. Esta presencia humana insinuada concede a la obra un carácter narrativo y permite imaginar numerosas historias.

La iglesia también puede interpretarse como símbolo de refugio, permanencia y destino. Situada al final del camino, parece representar un punto de llegada después de atravesar el paisaje. El sendero adquiere así un significado que va más allá de su función física y puede entenderse como una metáfora del recorrido vital, de la búsqueda de calma o del regreso a un lugar conocido. La pequeña aldea aparece como un espacio protegido en medio de una naturaleza poderosa y cambiante.

La obra despierta una intensa sensación de memoria. El camino de tierra, los árboles desnudos, los tejados cálidos y la torre de la iglesia evocan pueblos antiguos, paseos tranquilos y paisajes contemplados durante la infancia. No se trata únicamente de la representación de un lugar concreto, sino de una imagen capaz de reunir recuerdos universales relacionados con el hogar, el paso del tiempo y la serenidad de la vida rural. Su atmósfera invita a detenerse y contemplar cada rincón con calma.

En conjunto, la obra representa un camino rural que conduce hacia una pequeña iglesia y las casas de una aldea, rodeadas por árboles esbeltos, vegetación exuberante y montañas lejanas. La profundidad del sendero, la poderosa presencia de los troncos oscuros, la riqueza de verdes, amarillos, ocres y violetas, y la amplitud del cielo azul construyen una escena llena de movimiento y sensibilidad. El paisaje transmite silencio, recogimiento y una profunda conexión con la naturaleza, convirtiendo el recorrido hacia el pueblo en una evocadora imagen de refugio, memoria y armonía.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Enrique Munné, que representa un camino rural rodeado de árboles y vegetación que conduce hasta una tranquila iglesia de aldea, evocando serenidad, memoria y armonía con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 68x83x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 46x60 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

------------------------------------------------------------------

Este cuadro presenta un evocador paisaje rural dominado por un camino que avanza desde el primer plano hasta una pequeña iglesia situada en el centro de la composición. La escena se encuentra rodeada por árboles esbeltos, vegetación abundante y construcciones discretamente integradas en el entorno, creando la imagen de una aldea tranquila y apartada. La combinación de verdes intensos, amarillos luminosos, ocres, violetas y tonos azulados transforma el paisaje en una visión llena de energía y emoción. Aunque no aparecen figuras humanas, todo parece conducir hacia el núcleo habitado del fondo, invitando al espectador a recorrer el sendero y adentrarse en este rincón silencioso.

El camino constituye el gran eje visual de la obra. Nace amplio en la zona inferior y se estrecha gradualmente a medida que se aproxima a la iglesia, generando una profunda sensación de distancia. Su trazado ligeramente irregular parece adaptarse a las formas naturales del terreno y queda definido mediante tonalidades cálidas de beige, arena, ocre, rosado y marrón claro. Las pequeñas variaciones cromáticas que recorren su superficie sugieren desniveles, huellas y zonas de tierra más compacta, dotándolo de una apariencia viva y transitada.

La amplitud del sendero en el primer término hace que el espectador se sienta situado dentro del paisaje. No se contempla la escena desde una posición distante, sino desde el propio camino, como si se estuviera a punto de iniciar una caminata hacia la población. Esta disposición crea una relación inmediata con el entorno y convierte el recorrido en una experiencia casi personal. La mirada avanza de manera natural desde la tierra cercana hasta las construcciones centrales, descubriendo a ambos lados una extraordinaria riqueza de colores y formas vegetales.

En el corazón de la composición se levanta una iglesia de aspecto sencillo y recogido. Su torre, estrecha y vertical, se eleva por encima de los edificios vecinos y actúa como principal punto de referencia del paisaje. La fachada reúne tonalidades malvas, violetas, grises azulados y suaves reflejos rosados, que contrastan con los colores cálidos de los tejados y con los verdes del terreno. Su presencia transmite serenidad y concede a la escena un carácter espiritual, como si el pequeño templo protegiera silenciosamente a toda la aldea.

La torre destaca por su forma vertical y por la delicada definición de su parte superior. Se distinguen varias aberturas oscuras que aportan profundidad y sugieren el espacio interior del campanario. Sobre ellas se eleva una cubierta de perfil angular, rematada por un pequeño elemento que refuerza el movimiento ascendente. A pesar de sus reducidas dimensiones dentro del paisaje, la iglesia domina la composición gracias a su ubicación central y a la claridad que la rodea.

Junto al templo aparecen otras construcciones de menor altura, posiblemente casas rurales o dependencias vinculadas a la vida del pueblo. Sus tejados inclinados se despliegan mediante ocres, naranjas, marrones y tonos rojizos, creando un cálido contraste con los muros violáceos y azulados. Algunas fachadas quedan parcialmente ocultas por árboles y arbustos, lo que aumenta la sensación de que la aldea ha crecido de manera natural entre la vegetación. Los edificios parecen formar una unidad compacta y acogedora al final del sendero.

A la izquierda de la iglesia se distingue una sucesión de construcciones más discretas, cuyos perfiles se confunden con las laderas del fondo. Sus tejados azulados y grisáceos se extienden horizontalmente bajo el cielo y proporcionan continuidad al pequeño núcleo rural. También aparecen algunas formas verdes y redondeadas que podrían corresponder a árboles, depósitos o elementos propios de la vida agrícola. Estos detalles enriquecen la escena y sugieren un lugar habitado, aunque momentáneamente sumido en una profunda calma.

Los árboles desempeñan un papel esencial en la organización del paisaje. Dos grandes troncos, situados a ambos lados de la composición, enmarcan el camino y conducen la mirada hacia el centro. El árbol de la derecha posee una presencia especialmente poderosa: su tronco oscuro asciende desde la vegetación del primer plano y se divide en numerosas ramas que se extienden por la parte superior. Su silueta negra y firme contrasta intensamente con la claridad azulada del cielo.

En el lado izquierdo aparece otro árbol de tronco sinuoso, ligeramente inclinado hacia el camino. Sus ramas delgadas se abren en diferentes direcciones y crean una delicada red de líneas oscuras sobre el cielo. La forma curvada del tronco aporta movimiento y rompe la estabilidad horizontal del terreno. Entre sus ramas pueden apreciarse pequeñas notas ocres, rojizas y verdosas que sugieren hojas escasas, quizá propias de una estación de transición entre el final del otoño y el comienzo de la primavera.

La relativa desnudez de muchos árboles concede a la escena una atmósfera particular. Las ramas descubiertas permiten contemplar el cielo y las construcciones sin ocultarlas completamente, mientras la vegetación del suelo conserva una sorprendente intensidad cromática. Esta convivencia entre los árboles desnudos y los verdes luminosos produce una interesante ambigüedad estacional. El paisaje parece encontrarse en un momento de cambio, cuando la naturaleza todavía guarda colores cálidos y al mismo tiempo anuncia una nueva etapa.

La vegetación del primer plano se extiende con gran vitalidad a ambos lados del camino. En la zona izquierda predominan los amarillos, verdes claros, ocres y pequeños acentos violetas, mientras a la derecha se concentran verdes profundos, marrones, rojizos y negros. Estas masas cromáticas no forman límites rígidos, sino que se entrelazan y avanzan unas sobre otras, transmitiendo la sensación de un terreno espontáneo, cubierto por hierbas, arbustos, hojas caídas y flores silvestres.

El lado derecho resulta especialmente intenso por la presencia de una franja de vegetación oscura que acompaña el gran árbol. Entre los verdes casi negros aparecen destellos naranjas, rojos, blancos, amarillos y violetas que animan la zona y evitan que quede sumida por completo en la sombra. Estas pequeñas notas de color pueden evocar hojas secas, frutos, flores o reflejos luminosos sobre el terreno. La variedad de matices hace que cada fragmento del paisaje parezca poseer su propio ritmo.

En contraste, la parte izquierda ofrece una mayor sensación de apertura. El terreno se extiende hacia las construcciones mediante zonas verdes y amarillas iluminadas, interrumpidas por pequeñas piedras, arbustos y árboles de troncos finos. A lo lejos se adivinan montañas o elevaciones azuladas que quedan parcialmente ocultas por la iglesia y por la vegetación. Sus perfiles suaves ayudan a situar la aldea dentro de un entorno más amplio y refuerzan la impresión de aislamiento rural.

El cielo ocupa gran parte de la zona superior y envuelve toda la escena en una claridad cambiante. Los azules celestes y turquesas se mezclan con blancos, grises suaves, amarillos pálidos y delicados reflejos lilas. Las nubes se distribuyen de manera irregular, formando grandes superficies luminosas que parecen moverse lentamente sobre el paisaje. Esta variedad atmosférica aporta profundidad y evita que el cielo se perciba como un fondo uniforme.

La luz parece filtrarse entre las nubes y repartirse de manera fragmentada sobre el terreno. Algunas zonas del camino y de la vegetación brillan con amarillos y verdes claros, mientras otras permanecen protegidas por sombras azuladas, violetas y marrones. Esta alternancia crea la sensación de una jornada fresca en la que el sol aparece y desaparece entre las nubes. El paisaje cambia así ante la mirada, como si cada nueva claridad revelara un color distinto.

La gama cromática posee una extraordinaria riqueza. Los tonos cálidos del sendero y de los tejados encuentran su contrapunto en los azules del cielo y de las montañas, mientras los violetas de la iglesia establecen una conexión entre ambos grupos. Los amarillos y verdes aportan luminosidad; los rojizos introducen calidez; y los negros de los troncos proporcionan estructura y firmeza. Todos estos colores se distribuyen de forma equilibrada, dando lugar a una imagen vibrante que conserva, al mismo tiempo, una profunda armonía.

La composición establece un delicado diálogo entre naturaleza y arquitectura. Los árboles parecen abrirse para dejar visible la iglesia, mientras el camino actúa como un vínculo directo entre el espectador y el pequeño núcleo construido. Las casas no dominan el paisaje, sino que se adaptan a él y quedan rodeadas por la vegetación. Esta integración transmite la idea de una vida rural pausada, profundamente conectada con la tierra, las estaciones y el entorno.

La ausencia de personas refuerza la sensación de silencio, pero no convierte el lugar en un espacio abandonado. El camino, las viviendas y la iglesia sugieren una comunidad cercana, quizá recogida en el interior de las casas o dedicada a tareas fuera del campo visual. Parece que en cualquier momento podría escucharse una campana, aparecer un caminante o abrirse una de las puertas del pueblo. Esta presencia humana insinuada concede a la obra un carácter narrativo y permite imaginar numerosas historias.

La iglesia también puede interpretarse como símbolo de refugio, permanencia y destino. Situada al final del camino, parece representar un punto de llegada después de atravesar el paisaje. El sendero adquiere así un significado que va más allá de su función física y puede entenderse como una metáfora del recorrido vital, de la búsqueda de calma o del regreso a un lugar conocido. La pequeña aldea aparece como un espacio protegido en medio de una naturaleza poderosa y cambiante.

La obra despierta una intensa sensación de memoria. El camino de tierra, los árboles desnudos, los tejados cálidos y la torre de la iglesia evocan pueblos antiguos, paseos tranquilos y paisajes contemplados durante la infancia. No se trata únicamente de la representación de un lugar concreto, sino de una imagen capaz de reunir recuerdos universales relacionados con el hogar, el paso del tiempo y la serenidad de la vida rural. Su atmósfera invita a detenerse y contemplar cada rincón con calma.

En conjunto, la obra representa un camino rural que conduce hacia una pequeña iglesia y las casas de una aldea, rodeadas por árboles esbeltos, vegetación exuberante y montañas lejanas. La profundidad del sendero, la poderosa presencia de los troncos oscuros, la riqueza de verdes, amarillos, ocres y violetas, y la amplitud del cielo azul construyen una escena llena de movimiento y sensibilidad. El paisaje transmite silencio, recogimiento y una profunda conexión con la naturaleza, convirtiendo el recorrido hacia el pueblo en una evocadora imagen de refugio, memoria y armonía.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Datos

Artista
Enrique Munné (1880-1949)
Se vende con marco
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
Paisaje
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
68 cm
Ancho
83 cm
Estilo
Impresionismo
Periodo
1920-1930
Vendido por
EspañaVerificado
2547
Objetos vendidos
100%
protop

Objetos similares

Para ti en

Arte clásico e impresionismo