Candelabro Luis XVI (2) - Bronce





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Descripción del vendedor
Son dos candelabros que representan con claridad el espíritu Luis XVI reinterpretado en pleno siglo XIX, trabajados en bronce dorado con esa mezcla de sobriedad clásica y riqueza ornamental que define el estilo. La estructura es vertical, equilibrada, casi arquitectónica: un fuste central que asciende con firmeza y del que se abren cinco brazos en curvas elegantes, cada uno rematado en copas bien definidas que mantienen la proporción y la serenidad propias del lenguaje neoclásico.
El dorado, cálido y profundo, realza los relieves finos que recorren toda la pieza: hojas de acanto, roleos discretos, pequeñas guirnaldas y motivos clásicos que evocan el retorno al orden y la pureza formal del siglo XVIII, pero con la mano artesana y la sensibilidad decorativa del XIX. Las bases cuadradas, apoyadas sobre pies en forma de garra, aportan presencia y estabilidad, además de ese toque de teatralidad que tanto gustaba en la decoración historicista.
Son candelabros que combinan elegancia cortesana y artesanía sólida, piezas pensadas para vestir mesas, consolas o salones con una luz que no solo ilumina, sino que ennoblece el espacio. Su pátina, suave y auténtica, añade carácter sin restar refinamiento, confirmando que se trata de objetos con historia y calidad.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Son dos candelabros que representan con claridad el espíritu Luis XVI reinterpretado en pleno siglo XIX, trabajados en bronce dorado con esa mezcla de sobriedad clásica y riqueza ornamental que define el estilo. La estructura es vertical, equilibrada, casi arquitectónica: un fuste central que asciende con firmeza y del que se abren cinco brazos en curvas elegantes, cada uno rematado en copas bien definidas que mantienen la proporción y la serenidad propias del lenguaje neoclásico.
El dorado, cálido y profundo, realza los relieves finos que recorren toda la pieza: hojas de acanto, roleos discretos, pequeñas guirnaldas y motivos clásicos que evocan el retorno al orden y la pureza formal del siglo XVIII, pero con la mano artesana y la sensibilidad decorativa del XIX. Las bases cuadradas, apoyadas sobre pies en forma de garra, aportan presencia y estabilidad, además de ese toque de teatralidad que tanto gustaba en la decoración historicista.
Son candelabros que combinan elegancia cortesana y artesanía sólida, piezas pensadas para vestir mesas, consolas o salones con una luz que no solo ilumina, sino que ennoblece el espacio. Su pátina, suave y auténtica, añade carácter sin restar refinamiento, confirmando que se trata de objetos con historia y calidad.
Envío certificado y buen embalaje.
