Alfredo Soressi (1897–1982) - Alla Corte di Re Salomone






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Descripción del vendedor
Alfredo Soressi (Piacenza, 30 de marzo de 1897 – Piacenza, 1º de marzo de 1982) En la Corte del Rey Salomón. dimensiones con marco cm 97x76
Biografía
Alfredo Soressi nació el 30 de marzo de 1897 en Mucinasso di San Lazzaro, un suburbio a las puertas de Piacenza, hijo único de cuatro hermanos, de Emilio Soressi, un pequeño agricultor que complementaba sus magras entradas haciendo de calderero, y de Palmira Civardi, ama de casa.
Ya de niño demostró una marcada aptitud para el dibujo y al terminar la escuela solía frecuentar la canonica donde el párroco don Pietro Leoni (él mismo dotado de cierta capacidad artística) impartía lecciones de dibujo a algunos alumnos especialmente talentosos[1]. Tras terminar la escuela elemental, tras un breve periodo como mozo carretero (que sin embargo fue importante para su formación artística, haciéndole tomar familiaridad con las sogas y bridas de los animales que tanto protagonizan su producción pictórica) se inscribió en el Instituto de Arte Gazzola de Piacenza, teniendo como maestro de pintura y escultura a Francesco Ghittoni: aquí se dedicó principalmente al estudio del dibujo que él siempre consideró (como también le repetía su maestro) la base de las artes figurativas y de la perspectiva.
En 1915 Italia entra en la Primera Guerra Mundial y en septiembre de 1916 Soressi tuvo que interrumpir los estudios para ir al frente: estuvo en la trinchera de la Bainsizza y luchó en el Monte Grappa donde tuvo un pie mutilado por la explosión de una granada. Como consecuencia de ello, una vez terminada la convalecencia en el hospital, ingresó en una sección especial de la Academia de Brera de Milán creada para mutilados e inválidos de guerra y allí obtuvo el diploma de profesor de dibujo y arquitectura. Permaneció dentro del ámbito de la Academia y en 1921 participó en el concurso[2] para el plan regulador de la Isla Comacina y luego, al año siguiente, se fue al Valle Camónico con el encargo de reorganizar las escuelas profesionales locales.
Regresa a Piacenza donde en 1925 gana el concurso para la cátedra de Ornamentación en el Instituto Gazzola, del que había sido estudiante, y donde enseñará hasta 1958, formando a numerosos artistas entre los que se encuentra Cinello Losi[3]. Muy pronto edificó su casa-estudio en la Via San Sepolcro de la cual él mismo diseñó la fachada y donde residirá toda su vida. Sus primeras obras pictóricas datan de 1923 (Capricho, Viejos olivos) en las que se aprecia una fuerte impronta impresionista, pero esperó hasta 1926 para presentarse en su ciudad exponiendo ante los Amigos del Arte algunos cuadros que tuvieron buena aceptación de público y crítica[4]; y ya en esa ocasión se destacó que en su arte «la fantasía abundante no traspasa el límite del buen juicio y del decoro honesto que muy a menudo es violado por las centinelas del siglo XX»[5].
A esto le siguieron otras exposiciones a las que Soressi participó: dos años después, en 1928, también ante los Amigos del Arte de Piacenza y en la Galería ex Corradi de Milán en pareja con el Livornés Mario Menichetti[6], y luego al año siguiente en Roma en la Casa d'Arte Baldi: ambas tuvieron buena acogida y muchas obras se vendieron, cosa no trivial lejos de su propio mercado habitual y con un género pictórico que estaba lejos de cualquier impulso de modernidad. De hecho el pintor repetía que «el informel, lo abstracto es nada... Cuando algo no se puede medir, leer, entender, no significa nada. El arte es siempre algo bello, armonioso, instructivo».[7] Exponía nuevamente en Milán en la Galleria Micheli junto a Luigi Mantovani y prácticamente anualmente en su ciudad, ahora en los Amigos del Arte, ahora en la Bottega degli Artisti, ahora en el Palazzo Gotico.
En 1932 Alfredo Soressi se casa con Giuseppina Bracchi, también ella acuarelista que sin embargo renunciará a la carrera tras el matrimonio por voluntad del marido.[8]. Activo también como grabador, cuida las ilustraciones del volumen Fantasie teatrali de Fulvio Provasi.[9]). En calidad de arquitecto gana en 1938 el proyecto para la Casa del Mutilado de Piacenza, que se edificará entre 1939 y 1941. En 1937 es nombrado Director del Museo Cívico, cuyas colecciones estaban en ese entonces conservadas en el Instituto Gazzola, cargo que conservará hasta 1950.
Después de la Segunda Guerra Mundial, en febrero de 1945 participa junto a otros artistas piacenteses, entre ellos Luciano Ricchetti, Luigi Arrigoni, Ernesto Giacobbi y Sergio Belloni, en una muestra en las locales de la Galería de Arte Moderno Ricci Oddi, vacía de las obras que habían sido desplazadas a la provincia para protegerlas de los peligros de la guerra, luego el año siguiente a la exposición en el salón de la Filodrammática y luego en 1954 a la de la que se celebra en el Palazzo Gotico. También continúa exponiendo fuera de Piacenza, en Milán, Venecia, Bari, en el Maschio Angioino de Nápoles en 1957, en la Antibienal de Roma celebrada en agosto de 1958 en el Palazzo delle Esposizioni, organizada por el sindicato de arte pura figurativa, recibiendo certificados y premios (Medalla de Oro en la Mostra d'arte pura de Nápoles y en la Antibiennale de Roma).
En 1956 intenta realizar un «pueblo para artistas» en Bosconure, junto a Ferrière en alta val Nure, lugar de origen de su esposa; sin embargo, ninguno de los colegas acoge la invitación a mudarse y así solo se construirán una capilla, un albergue y un par de casetas. «Una buena idea, pero un poco estrafalaria» comentará el crítico Ferdinando Arisi en 1984 en su libro I Soressi della Ricci Oddi.
Proseguirá entonces su labor en su estudio, hasta la muerte ocurrida el 1º de marzo de 1982. Por testamento del pintor, veinte cuadros son donados a la Pinacoteca Ricci Oddi de Piacenza, que le dedica una muestra retrospectiva. Sus obras se encuentran también en las pinacotecas de Ferrara, Forlì y Bari[10].
Los cuadros
Ya desde sus primeras obras pictóricas y luego a lo largo de toda su actividad Alfredo Soressi demostró que su principal interés y fuente de inspiración era el campo, como antes habían hecho Stefano Bruzzi y Filippo Palizzi, y en ese ámbito se centró en el trabajo de los caballos y los carreteros a lo largo de los ríos que bañan Piacenza, el Po y la Trebbia, y de ello derivó una serie de obras con tal tema (Carretero, el vado, Tiro a dos, a tres, Lleno de carga, El gran esfuerzo, por citar solo algunas); además representó a los diversos animales de los campesinos, los bueyes, los burros, las cabras, las ovejas, los conejos. A menudo dio a estos últimos títulos humorísticos, de modo que un grupo de burros se convierte en El Parlamento, y La camarada, otros tres asnos atados a la barra son Los ganadores del Palio, un desfile de conejos Los leones, o Los valientes, algunas ovejas Las amigas, y así sucesivamente. Junto a estas representaciones más numerosas, especialmente en la primera parte de su producción, encontramos también vistas de rincones característicos de Piacenza, tanto contemporáneas (Via Cantarana, en tres versiones, Via S. Andrea, La sombra de S. Margarita, y los vivos La salida de la Misa de S. Francisco, y Los novios en S. Sepolcro), como del pasado (El Mercado de Pascua en la Piazza Cavalli en 1780, Santa Eufemia, S. Sepolcro en 1720). Y luego paisajes, especialmente del alto valle Nure donde el artista pasaba los veranos (Molino del Gnocco, Le Molinos, Felino, Mareto, Pradello, La Musa de Bettola, Monte cinco dedos, Groppallo), pero también del Castillo de Rivalta (en dos versiones a veinte años de distancia), y aún escenas de la antigua Roma (Termas romanas, Apeles y la modelo, Mercado de esclavos) o desnudos ingenuos (La guardia del cuerpo, Diana, El descanso de Diana, La urraca curiosa, Susanna, Ninfas, Mujeres al baño, Las Fuentes), bellas Flores, sobre todo rosas, y luego algunos retratos (de la esposa, de amigos y comitentes), escenas de la vida cotidiana (la estupenda tabla Niña con las ocas), temas religiosos (el Tórcio de la infancia de Jesús, varios Ángeles y Querubines), de los deliciosos pajaritos sobre la rama. A destacar también, única por dramatismo y tamaños (100x300 cm) la Carga de caballería cerca de Sacile[11].
Desde su primera aparición ante el público, Alfredo Soressi gozó de la aprobación de la clientela y del favor de la crítica, que apreciaba su “senso finísimo de proporciones de masas y de medida y precisión de dibujo y de toque”[12], y lo definía “un animalista lleno de cualidades”[13]. Sin embargo, con el paso del tiempo, mientras el público y los compradores en Piacenza como en el resto de Italia siguieron apreciando (garantizándole estabilidad económica) esa pintura tradicional que había tenido en el piacentino Stefano Bruzzi a su máximo intérprete, y de la que él había obtenido inspiración (el otro había sido Filippo Palizzi), una parte de la crítica comenzó a reprocharle que fuera “sordo ante cualquier atractivo de orientaciones modernas... y podría decirse un pintor del primer siglo XIX llegado tarde”[14]. Y no sin algo de fundamento: de hecho “el desprecio de Alfredo Soressi por las experiencias de su siglo fue total”[15], y siempre rechazó todas las investigaciones de vanguardia.
Sin embargo, la definición reductora de “pintor de caballos” debió disgustarle, de aquí la producción de gratos desnudos y de ambientaciones históricas que se apartan de su iconografía habitual. También realizó obras exitosas de gusto decididamente impresionista, a la manera de Corot, como el cuadro sobre tabla (cm. 66x124) Chi labora y quién come donde el fondo, el paisaje no es algo accesorio sino que envuelve con pinceladas amplias y decididas al grupo de bueyes en el centro de la escena, estos realizados en cambio con la meticulosidad habitual[16]. Siguió siendo, no obstante, el pintor de una Arcadia que se prolonga, bastante insensible a los cambios, durante las muchas décadas del siglo XX en las que estuvo activo. Fue un nostálgico del buen tiempo, de una época en la que los ritmos de la vida eran más lentos y se podía mirar las cosas sin las preocupaciones de la modernidad[17]. Y es sobre todo esto lo que caracteriza y hace sugerentes sus cuadros.
Alfredo Soressi (Piacenza, 30 de marzo de 1897 – Piacenza, 1º de marzo de 1982) En la Corte del Rey Salomón. dimensiones con marco cm 97x76
Biografía
Alfredo Soressi nació el 30 de marzo de 1897 en Mucinasso di San Lazzaro, un suburbio a las puertas de Piacenza, hijo único de cuatro hermanos, de Emilio Soressi, un pequeño agricultor que complementaba sus magras entradas haciendo de calderero, y de Palmira Civardi, ama de casa.
Ya de niño demostró una marcada aptitud para el dibujo y al terminar la escuela solía frecuentar la canonica donde el párroco don Pietro Leoni (él mismo dotado de cierta capacidad artística) impartía lecciones de dibujo a algunos alumnos especialmente talentosos[1]. Tras terminar la escuela elemental, tras un breve periodo como mozo carretero (que sin embargo fue importante para su formación artística, haciéndole tomar familiaridad con las sogas y bridas de los animales que tanto protagonizan su producción pictórica) se inscribió en el Instituto de Arte Gazzola de Piacenza, teniendo como maestro de pintura y escultura a Francesco Ghittoni: aquí se dedicó principalmente al estudio del dibujo que él siempre consideró (como también le repetía su maestro) la base de las artes figurativas y de la perspectiva.
En 1915 Italia entra en la Primera Guerra Mundial y en septiembre de 1916 Soressi tuvo que interrumpir los estudios para ir al frente: estuvo en la trinchera de la Bainsizza y luchó en el Monte Grappa donde tuvo un pie mutilado por la explosión de una granada. Como consecuencia de ello, una vez terminada la convalecencia en el hospital, ingresó en una sección especial de la Academia de Brera de Milán creada para mutilados e inválidos de guerra y allí obtuvo el diploma de profesor de dibujo y arquitectura. Permaneció dentro del ámbito de la Academia y en 1921 participó en el concurso[2] para el plan regulador de la Isla Comacina y luego, al año siguiente, se fue al Valle Camónico con el encargo de reorganizar las escuelas profesionales locales.
Regresa a Piacenza donde en 1925 gana el concurso para la cátedra de Ornamentación en el Instituto Gazzola, del que había sido estudiante, y donde enseñará hasta 1958, formando a numerosos artistas entre los que se encuentra Cinello Losi[3]. Muy pronto edificó su casa-estudio en la Via San Sepolcro de la cual él mismo diseñó la fachada y donde residirá toda su vida. Sus primeras obras pictóricas datan de 1923 (Capricho, Viejos olivos) en las que se aprecia una fuerte impronta impresionista, pero esperó hasta 1926 para presentarse en su ciudad exponiendo ante los Amigos del Arte algunos cuadros que tuvieron buena aceptación de público y crítica[4]; y ya en esa ocasión se destacó que en su arte «la fantasía abundante no traspasa el límite del buen juicio y del decoro honesto que muy a menudo es violado por las centinelas del siglo XX»[5].
A esto le siguieron otras exposiciones a las que Soressi participó: dos años después, en 1928, también ante los Amigos del Arte de Piacenza y en la Galería ex Corradi de Milán en pareja con el Livornés Mario Menichetti[6], y luego al año siguiente en Roma en la Casa d'Arte Baldi: ambas tuvieron buena acogida y muchas obras se vendieron, cosa no trivial lejos de su propio mercado habitual y con un género pictórico que estaba lejos de cualquier impulso de modernidad. De hecho el pintor repetía que «el informel, lo abstracto es nada... Cuando algo no se puede medir, leer, entender, no significa nada. El arte es siempre algo bello, armonioso, instructivo».[7] Exponía nuevamente en Milán en la Galleria Micheli junto a Luigi Mantovani y prácticamente anualmente en su ciudad, ahora en los Amigos del Arte, ahora en la Bottega degli Artisti, ahora en el Palazzo Gotico.
En 1932 Alfredo Soressi se casa con Giuseppina Bracchi, también ella acuarelista que sin embargo renunciará a la carrera tras el matrimonio por voluntad del marido.[8]. Activo también como grabador, cuida las ilustraciones del volumen Fantasie teatrali de Fulvio Provasi.[9]). En calidad de arquitecto gana en 1938 el proyecto para la Casa del Mutilado de Piacenza, que se edificará entre 1939 y 1941. En 1937 es nombrado Director del Museo Cívico, cuyas colecciones estaban en ese entonces conservadas en el Instituto Gazzola, cargo que conservará hasta 1950.
Después de la Segunda Guerra Mundial, en febrero de 1945 participa junto a otros artistas piacenteses, entre ellos Luciano Ricchetti, Luigi Arrigoni, Ernesto Giacobbi y Sergio Belloni, en una muestra en las locales de la Galería de Arte Moderno Ricci Oddi, vacía de las obras que habían sido desplazadas a la provincia para protegerlas de los peligros de la guerra, luego el año siguiente a la exposición en el salón de la Filodrammática y luego en 1954 a la de la que se celebra en el Palazzo Gotico. También continúa exponiendo fuera de Piacenza, en Milán, Venecia, Bari, en el Maschio Angioino de Nápoles en 1957, en la Antibienal de Roma celebrada en agosto de 1958 en el Palazzo delle Esposizioni, organizada por el sindicato de arte pura figurativa, recibiendo certificados y premios (Medalla de Oro en la Mostra d'arte pura de Nápoles y en la Antibiennale de Roma).
En 1956 intenta realizar un «pueblo para artistas» en Bosconure, junto a Ferrière en alta val Nure, lugar de origen de su esposa; sin embargo, ninguno de los colegas acoge la invitación a mudarse y así solo se construirán una capilla, un albergue y un par de casetas. «Una buena idea, pero un poco estrafalaria» comentará el crítico Ferdinando Arisi en 1984 en su libro I Soressi della Ricci Oddi.
Proseguirá entonces su labor en su estudio, hasta la muerte ocurrida el 1º de marzo de 1982. Por testamento del pintor, veinte cuadros son donados a la Pinacoteca Ricci Oddi de Piacenza, que le dedica una muestra retrospectiva. Sus obras se encuentran también en las pinacotecas de Ferrara, Forlì y Bari[10].
Los cuadros
Ya desde sus primeras obras pictóricas y luego a lo largo de toda su actividad Alfredo Soressi demostró que su principal interés y fuente de inspiración era el campo, como antes habían hecho Stefano Bruzzi y Filippo Palizzi, y en ese ámbito se centró en el trabajo de los caballos y los carreteros a lo largo de los ríos que bañan Piacenza, el Po y la Trebbia, y de ello derivó una serie de obras con tal tema (Carretero, el vado, Tiro a dos, a tres, Lleno de carga, El gran esfuerzo, por citar solo algunas); además representó a los diversos animales de los campesinos, los bueyes, los burros, las cabras, las ovejas, los conejos. A menudo dio a estos últimos títulos humorísticos, de modo que un grupo de burros se convierte en El Parlamento, y La camarada, otros tres asnos atados a la barra son Los ganadores del Palio, un desfile de conejos Los leones, o Los valientes, algunas ovejas Las amigas, y así sucesivamente. Junto a estas representaciones más numerosas, especialmente en la primera parte de su producción, encontramos también vistas de rincones característicos de Piacenza, tanto contemporáneas (Via Cantarana, en tres versiones, Via S. Andrea, La sombra de S. Margarita, y los vivos La salida de la Misa de S. Francisco, y Los novios en S. Sepolcro), como del pasado (El Mercado de Pascua en la Piazza Cavalli en 1780, Santa Eufemia, S. Sepolcro en 1720). Y luego paisajes, especialmente del alto valle Nure donde el artista pasaba los veranos (Molino del Gnocco, Le Molinos, Felino, Mareto, Pradello, La Musa de Bettola, Monte cinco dedos, Groppallo), pero también del Castillo de Rivalta (en dos versiones a veinte años de distancia), y aún escenas de la antigua Roma (Termas romanas, Apeles y la modelo, Mercado de esclavos) o desnudos ingenuos (La guardia del cuerpo, Diana, El descanso de Diana, La urraca curiosa, Susanna, Ninfas, Mujeres al baño, Las Fuentes), bellas Flores, sobre todo rosas, y luego algunos retratos (de la esposa, de amigos y comitentes), escenas de la vida cotidiana (la estupenda tabla Niña con las ocas), temas religiosos (el Tórcio de la infancia de Jesús, varios Ángeles y Querubines), de los deliciosos pajaritos sobre la rama. A destacar también, única por dramatismo y tamaños (100x300 cm) la Carga de caballería cerca de Sacile[11].
Desde su primera aparición ante el público, Alfredo Soressi gozó de la aprobación de la clientela y del favor de la crítica, que apreciaba su “senso finísimo de proporciones de masas y de medida y precisión de dibujo y de toque”[12], y lo definía “un animalista lleno de cualidades”[13]. Sin embargo, con el paso del tiempo, mientras el público y los compradores en Piacenza como en el resto de Italia siguieron apreciando (garantizándole estabilidad económica) esa pintura tradicional que había tenido en el piacentino Stefano Bruzzi a su máximo intérprete, y de la que él había obtenido inspiración (el otro había sido Filippo Palizzi), una parte de la crítica comenzó a reprocharle que fuera “sordo ante cualquier atractivo de orientaciones modernas... y podría decirse un pintor del primer siglo XIX llegado tarde”[14]. Y no sin algo de fundamento: de hecho “el desprecio de Alfredo Soressi por las experiencias de su siglo fue total”[15], y siempre rechazó todas las investigaciones de vanguardia.
Sin embargo, la definición reductora de “pintor de caballos” debió disgustarle, de aquí la producción de gratos desnudos y de ambientaciones históricas que se apartan de su iconografía habitual. También realizó obras exitosas de gusto decididamente impresionista, a la manera de Corot, como el cuadro sobre tabla (cm. 66x124) Chi labora y quién come donde el fondo, el paisaje no es algo accesorio sino que envuelve con pinceladas amplias y decididas al grupo de bueyes en el centro de la escena, estos realizados en cambio con la meticulosidad habitual[16]. Siguió siendo, no obstante, el pintor de una Arcadia que se prolonga, bastante insensible a los cambios, durante las muchas décadas del siglo XX en las que estuvo activo. Fue un nostálgico del buen tiempo, de una época en la que los ritmos de la vida eran más lentos y se podía mirar las cosas sin las preocupaciones de la modernidad[17]. Y es sobre todo esto lo que caracteriza y hace sugerentes sus cuadros.
