Joan Torres de Torres (1953) - L'Estany de Banyoles






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 139439 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
L'Estany de Banyoles, óleo sobre tabla de Joan Torres de Torres (1953), realizado entre 1970 y 1980 en España, es una edición original firmada a mano en buen estado; dimensiones 33 x 55 cm.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Torres de Torres, que representa un lago sereno bajo un cielo nublado, con una pequeña construcción blanca reflejada en el agua y rodeada por montañas y vegetación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones sin marco: 33x55x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un paisaje lacustre de atmósfera silenciosa y profundamente contemplativa, dominado por una amplia extensión de agua que refleja la quietud de un día cubierto. La composición se abre ante el espectador como una panorámica serena, donde el lago, las montañas y el cielo forman una unidad visual armoniosa. La ausencia de movimiento brusco y la suavidad general de los colores envuelven la escena en una sensación de calma, como si el tiempo se hubiera detenido durante unos instantes sobre este rincón apartado de la naturaleza.
La superficie del agua ocupa una parte fundamental de la obra y actúa como un gran espejo ligeramente alterado por pequeñas ondulaciones. Sobre ella se despliega una rica variedad de grises azulados, verdes apagados, tonos plateados y delicados reflejos blanquecinos. Estas variaciones cromáticas sugieren el movimiento pausado del lago y aportan profundidad al primer plano. Las franjas horizontales y las zonas más luminosas crean una impresión de amplitud, haciendo que la mirada se desplace lentamente de un extremo al otro de la composición.
En el lado izquierdo aparece una pequeña construcción blanca situada junto a la orilla, convertida en el principal punto de atención del paisaje. Su arquitectura clara y sencilla destaca con delicadeza frente a los tonos oscuros de la vegetación que la rodea. El edificio parece extenderse parcialmente sobre el agua mediante un embarcadero o plataforma, mientras que una pequeña torre rematada por un tejado rojizo añade una nota cálida y singular dentro de la paleta predominantemente fría. Este discreto detalle rojizo introduce un atractivo contraste y otorga personalidad a todo el conjunto.
La construcción se refleja sobre el lago de manera fragmentada, prolongando sus formas verticales y sus tonos blancos hacia la parte inferior. El reflejo no reproduce el edificio con absoluta nitidez, sino que lo transforma en una presencia temblorosa y poética, alterada por el suave movimiento del agua. Esta duplicación visual refuerza la sensación de quietud y establece un diálogo entre la arquitectura y su entorno natural, como si ambas realidades pertenecieran inseparablemente al mismo paisaje.
A lo largo de la orilla opuesta se extiende una franja de vegetación oscura que recorre horizontalmente la composición. Los verdes profundos, los marrones y los tonos casi negros forman una barrera natural entre el agua y las montañas del fondo. En algunos puntos, la vegetación parece más densa y elevada, mientras que en otros se vuelve más ligera y permite distinguir pequeñas variaciones de terreno. Esta alternancia evita la monotonía y proporciona ritmo a una escena construida principalmente mediante amplios planos horizontales.
Tras la vegetación aparecen varias elevaciones montañosas, representadas mediante siluetas suaves y escalonadas. La montaña situada hacia el centro se percibe de forma difusa, parcialmente envuelta por la humedad del ambiente y por una luz grisácea que reduce la nitidez de sus contornos. Más que imponerse sobre el paisaje, estas formas se integran silenciosamente en él, creando una transición gradual entre la tierra y el cielo. Su presencia aporta profundidad y conduce la mirada hacia una lejanía misteriosa.
El cielo ocupa una gran extensión y desempeña un papel esencial en el carácter emocional de la obra. Las nubes se despliegan en diferentes capas de grises, blancos velados y matices azulados, creando una bóveda densa y cambiante. Algunas zonas presentan una claridad tenue que parece intentar atravesar la cubierta nubosa, mientras que otras se oscurecen y anuncian la posibilidad de lluvia. Esta combinación transmite la impresión de un momento inestable, quizá posterior a una tormenta o inmediatamente anterior a ella.
La luz es suave, fría y difusa, sin proceder de un punto claramente definido. Se extiende sobre el lago y las montañas como un velo plateado, unificando los distintos elementos y creando una atmósfera de recogimiento. Los pequeños toques claros de la arquitectura y de ciertas zonas del agua destacan precisamente gracias a esta iluminación contenida. La escena no busca el dramatismo de un fuerte contraste, sino la belleza silenciosa de los cambios sutiles entre la claridad y la sombra.
La composición se apoya en una marcada horizontalidad, visible tanto en la línea de la orilla como en la sucesión del agua, las montañas y las capas de nubes. Esta estructura transmite estabilidad, sosiego y equilibrio. Frente a ella, las líneas verticales de la pequeña construcción y del embarcadero introducen un contrapunto que atrae la mirada hacia la izquierda. La ubicación desplazada del edificio evita una simetría excesivamente rígida y permite que el espacio abierto del lago se desarrolle libremente hacia la derecha.
Uno de los aspectos más evocadores de la escena es la sensación de soledad. No aparecen figuras humanas, embarcaciones en movimiento ni otros elementos que interrumpan la tranquilidad del paraje. Sin embargo, la presencia de la construcción sugiere una actividad humana silenciosa y lejana, quizá vinculada al descanso, a la navegación o a la contemplación del lago. El edificio parece habitado por recuerdos más que por personas, aportando al paisaje una dimensión narrativa abierta a la imaginación del espectador.
La paleta de colores refuerza este carácter introspectivo. Los verdes grisáceos, los azules apagados, los blancos velados y los tonos oscuros de las orillas crean una armonía sobria y elegante. El pequeño tejado rojizo actúa como una nota de vida dentro de ese universo contenido, mientras que ciertos reflejos verdosos y plateados enriquecen la superficie del agua. La moderación cromática concede al paisaje una cualidad atemporal, alejada de una estación o una hora completamente definidas.
La obra invita a imaginar el silencio húmedo de la orilla, el leve murmullo del agua y el paso lento de las nubes sobre las montañas. Su belleza reside en la sencillez aparente de una escena en la que cada elemento contribuye a construir una atmósfera precisa. El lago funciona como espacio de contemplación; las montañas, como límite lejano; el cielo, como expresión del estado emocional del paisaje; y la pequeña arquitectura blanca, como delicado vínculo entre la presencia humana y la inmensidad natural.
En conjunto, este precioso cuadro representa un tranquilo paisaje lacustre bajo un cielo cubierto, donde una pequeña construcción blanca junto a la orilla se refleja suavemente sobre las aguas. La amplitud del lago, las montañas envueltas en una tenue bruma, la vegetación oscura y la delicada luz plateada crean una escena de gran serenidad y profundidad emocional. Se trata de una imagen elegante y evocadora que transmite silencio, aislamiento y armonía, invitando al espectador a perderse en la quietud de un entorno natural suspendido entre la realidad y el recuerdo.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Torres de Torres, que representa un lago sereno bajo un cielo nublado, con una pequeña construcción blanca reflejada en el agua y rodeada por montañas y vegetación. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones sin marco: 33x55x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un paisaje lacustre de atmósfera silenciosa y profundamente contemplativa, dominado por una amplia extensión de agua que refleja la quietud de un día cubierto. La composición se abre ante el espectador como una panorámica serena, donde el lago, las montañas y el cielo forman una unidad visual armoniosa. La ausencia de movimiento brusco y la suavidad general de los colores envuelven la escena en una sensación de calma, como si el tiempo se hubiera detenido durante unos instantes sobre este rincón apartado de la naturaleza.
La superficie del agua ocupa una parte fundamental de la obra y actúa como un gran espejo ligeramente alterado por pequeñas ondulaciones. Sobre ella se despliega una rica variedad de grises azulados, verdes apagados, tonos plateados y delicados reflejos blanquecinos. Estas variaciones cromáticas sugieren el movimiento pausado del lago y aportan profundidad al primer plano. Las franjas horizontales y las zonas más luminosas crean una impresión de amplitud, haciendo que la mirada se desplace lentamente de un extremo al otro de la composición.
En el lado izquierdo aparece una pequeña construcción blanca situada junto a la orilla, convertida en el principal punto de atención del paisaje. Su arquitectura clara y sencilla destaca con delicadeza frente a los tonos oscuros de la vegetación que la rodea. El edificio parece extenderse parcialmente sobre el agua mediante un embarcadero o plataforma, mientras que una pequeña torre rematada por un tejado rojizo añade una nota cálida y singular dentro de la paleta predominantemente fría. Este discreto detalle rojizo introduce un atractivo contraste y otorga personalidad a todo el conjunto.
La construcción se refleja sobre el lago de manera fragmentada, prolongando sus formas verticales y sus tonos blancos hacia la parte inferior. El reflejo no reproduce el edificio con absoluta nitidez, sino que lo transforma en una presencia temblorosa y poética, alterada por el suave movimiento del agua. Esta duplicación visual refuerza la sensación de quietud y establece un diálogo entre la arquitectura y su entorno natural, como si ambas realidades pertenecieran inseparablemente al mismo paisaje.
A lo largo de la orilla opuesta se extiende una franja de vegetación oscura que recorre horizontalmente la composición. Los verdes profundos, los marrones y los tonos casi negros forman una barrera natural entre el agua y las montañas del fondo. En algunos puntos, la vegetación parece más densa y elevada, mientras que en otros se vuelve más ligera y permite distinguir pequeñas variaciones de terreno. Esta alternancia evita la monotonía y proporciona ritmo a una escena construida principalmente mediante amplios planos horizontales.
Tras la vegetación aparecen varias elevaciones montañosas, representadas mediante siluetas suaves y escalonadas. La montaña situada hacia el centro se percibe de forma difusa, parcialmente envuelta por la humedad del ambiente y por una luz grisácea que reduce la nitidez de sus contornos. Más que imponerse sobre el paisaje, estas formas se integran silenciosamente en él, creando una transición gradual entre la tierra y el cielo. Su presencia aporta profundidad y conduce la mirada hacia una lejanía misteriosa.
El cielo ocupa una gran extensión y desempeña un papel esencial en el carácter emocional de la obra. Las nubes se despliegan en diferentes capas de grises, blancos velados y matices azulados, creando una bóveda densa y cambiante. Algunas zonas presentan una claridad tenue que parece intentar atravesar la cubierta nubosa, mientras que otras se oscurecen y anuncian la posibilidad de lluvia. Esta combinación transmite la impresión de un momento inestable, quizá posterior a una tormenta o inmediatamente anterior a ella.
La luz es suave, fría y difusa, sin proceder de un punto claramente definido. Se extiende sobre el lago y las montañas como un velo plateado, unificando los distintos elementos y creando una atmósfera de recogimiento. Los pequeños toques claros de la arquitectura y de ciertas zonas del agua destacan precisamente gracias a esta iluminación contenida. La escena no busca el dramatismo de un fuerte contraste, sino la belleza silenciosa de los cambios sutiles entre la claridad y la sombra.
La composición se apoya en una marcada horizontalidad, visible tanto en la línea de la orilla como en la sucesión del agua, las montañas y las capas de nubes. Esta estructura transmite estabilidad, sosiego y equilibrio. Frente a ella, las líneas verticales de la pequeña construcción y del embarcadero introducen un contrapunto que atrae la mirada hacia la izquierda. La ubicación desplazada del edificio evita una simetría excesivamente rígida y permite que el espacio abierto del lago se desarrolle libremente hacia la derecha.
Uno de los aspectos más evocadores de la escena es la sensación de soledad. No aparecen figuras humanas, embarcaciones en movimiento ni otros elementos que interrumpan la tranquilidad del paraje. Sin embargo, la presencia de la construcción sugiere una actividad humana silenciosa y lejana, quizá vinculada al descanso, a la navegación o a la contemplación del lago. El edificio parece habitado por recuerdos más que por personas, aportando al paisaje una dimensión narrativa abierta a la imaginación del espectador.
La paleta de colores refuerza este carácter introspectivo. Los verdes grisáceos, los azules apagados, los blancos velados y los tonos oscuros de las orillas crean una armonía sobria y elegante. El pequeño tejado rojizo actúa como una nota de vida dentro de ese universo contenido, mientras que ciertos reflejos verdosos y plateados enriquecen la superficie del agua. La moderación cromática concede al paisaje una cualidad atemporal, alejada de una estación o una hora completamente definidas.
La obra invita a imaginar el silencio húmedo de la orilla, el leve murmullo del agua y el paso lento de las nubes sobre las montañas. Su belleza reside en la sencillez aparente de una escena en la que cada elemento contribuye a construir una atmósfera precisa. El lago funciona como espacio de contemplación; las montañas, como límite lejano; el cielo, como expresión del estado emocional del paisaje; y la pequeña arquitectura blanca, como delicado vínculo entre la presencia humana y la inmensidad natural.
En conjunto, este precioso cuadro representa un tranquilo paisaje lacustre bajo un cielo cubierto, donde una pequeña construcción blanca junto a la orilla se refleja suavemente sobre las aguas. La amplitud del lago, las montañas envueltas en una tenue bruma, la vegetación oscura y la delicada luz plateada crean una escena de gran serenidad y profundidad emocional. Se trata de una imagen elegante y evocadora que transmite silencio, aislamiento y armonía, invitando al espectador a perderse en la quietud de un entorno natural suspendido entre la realidad y el recuerdo.
