Josefina Coderch (1934) - Perfil entre flores






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Perfil entre flores es un retrato al óleo sobre tabla de Josefina Coderch (1934), de 1970–1980 en España, firmado a mano en la esquina izquierda, con marco incluido y obra de 24x30 cm sobre un soporte ovalado de 51x57x3 cm.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josefina Coderch, que representa a una elegante mujer de perfil, adornada con flores y un delicado cuello de encaje, retratada sobre un singular soporte ovalado con apariencia de paleta de pintor. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 51x57x3 cm.
· Dimensiones de la obra: 24x30 cm.
· Óleo sobre tabla firmada a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, J. Coderch.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta el elegante retrato de una mujer vista de perfil, representada sobre un singular soporte ovalado cuya forma recuerda claramente a una paleta de pintor. La protagonista dirige serenamente la mirada hacia la izquierda, ajena al espectador, mientras su rostro pálido emerge entre un fondo oscuro, un delicado cuello de encaje y una abundante decoración floral. La particular silueta de la obra refuerza su carácter íntimo y ornamental, haciendo que la figura parezca contenida dentro de un medallón o de un objeto vinculado directamente al universo del artista.
El formato ovalado desempeña una función esencial en la composición. Sus extremos curvos envuelven el retrato con suavidad y concentran toda la atención en la mujer, evitando la rigidez habitual de los límites rectangulares. Esta forma puede asociarse tanto a los antiguos retratos de salón como a una paleta de pintor convertida en soporte artístico. La obra adquiere así una doble dimensión: puede contemplarse como una imagen femenina de gran elegancia y también como un objeto artístico singular, relacionado simbólicamente con el acto de crear.
La protagonista ocupa casi toda la superficie central. Su cabeza se encuentra ligeramente elevada y girada hacia la izquierda, mostrando un perfil limpio y refinado. La frente, la nariz, los labios y la barbilla forman una línea continua de gran delicadeza. Esta disposición concede al rostro una presencia tranquila y contemplativa, como si la mujer estuviera observando algo situado fuera de la composición o permaneciera absorta en sus propios pensamientos.
El rostro aparece iluminado mediante suaves tonalidades marfil, crema, verdosas y rosadas. La claridad de la piel contrasta con la oscuridad del cabello y del fondo, haciendo que las facciones destaquen con nitidez. Las zonas de sombra se concentran alrededor del ojo, la nariz y la mandíbula, proporcionando volumen sin alterar la serenidad general de la expresión. La luz parece acariciar el perfil y conferirle una apariencia delicada, casi etérea.
El ojo visible se representa de manera discreta y ligeramente baja, reforzando la sensación de introspección. No se trata de una mirada desafiante ni dirigida al espectador, sino de una expresión recogida y distante. Esta actitud permite imaginar a una mujer tranquila, elegante y segura de sí misma, sorprendida durante un momento de silencio. Su identidad permanece abierta a la interpretación y favorece una lectura poética del retrato.
Los labios, definidos mediante un pequeño acento rojizo, introducen una nota cálida en medio de los tonos claros del rostro. Su forma cerrada transmite serenidad y contención. La delicadeza de este detalle evita cualquier gesto excesivo y mantiene el carácter íntimo de la imagen. Junto con la línea de la nariz y la curva de la barbilla, los labios contribuyen a construir un perfil femenino armonioso y distinguido.
El cabello constituye otra de las zonas más llamativas de la obra. Se recoge en la parte posterior de la cabeza formando un volumen amplio y oscuro, compuesto por marrones, negros, violetas y reflejos rojizos. Su masa contrasta intensamente con la claridad del rostro y permite que el perfil quede perfectamente recortado. El peinado sugiere una cuidada presentación y refuerza la elegancia atemporal de la protagonista.
En la zona superior del cabello aparece un adorno floral formado por tonos rojos, rosados, negros, blancos y violetas. Las flores parecen entrelazarse con el recogido, creando una pequeña corona ornamental. Algunos pétalos se reconocen con claridad, mientras otros se confunden con las sombras del cabello y del fondo. Esta decoración aporta romanticismo y enlaza visualmente la cabeza de la mujer con las flores distribuidas por la parte inferior.
La abundancia floral se concentra especialmente en el lado izquierdo, junto al hombro y el pecho de la protagonista. Allí aparece un exuberante conjunto de pequeñas flores violetas, azules, blancas, rosas, amarillas y rojizas, mezcladas con hojas verdes y tallos oscuros. Este ramo introduce una intensa riqueza cromática y convierte la zona inferior izquierda en uno de los principales focos visuales de la composición.
Las flores no parecen presentarse como un ramo completamente independiente, sino como una prolongación de la indumentaria o de la ornamentación que rodea a la mujer. Podrían formar parte de un vestido decorado, de un chal o de un conjunto floral colocado ante su cuerpo. Esta ambigüedad aporta interés al retrato, pues permite que la vegetación se funda con las telas y cree una imagen casi soñada.
En el lado derecho también se distinguen varias flores de colores rosados, violetas, blancos y verdes. Su presencia equilibra la acumulación floral situada a la izquierda y extiende la ornamentación por toda la zona inferior. Aunque son más pequeñas y dispersas, estas flores ayudan a enmarcar el busto de la protagonista y a mantener la continuidad cromática del conjunto.
La vestimenta destaca por la elegancia de sus tonos claros y por la riqueza de sus detalles. La parte superior parece dominada por blancos, cremas, grises suaves y reflejos verdosos, colores que se relacionan directamente con la piel y con las áreas iluminadas del fondo. Sobre el pecho aparece un amplio elemento triangular de apariencia delicada que dirige la mirada hacia el cuello.
El cuello de encaje constituye uno de los detalles más refinados de la obra. Su estructura está formada por pequeñas formas caladas, bordes festoneados y motivos repetidos que crean una superficie ligera y ornamental. Se eleva alrededor del cuello y desciende después hacia el centro del pecho, aportando volumen y distinción. Su color blanco grisáceo contrasta con los tonos más profundos de la indumentaria inferior.
La disposición del encaje refuerza la verticalidad del cuello y acentúa la elegancia de la postura. La protagonista mantiene la cabeza erguida y los hombros ligeramente inclinados, adoptando una actitud noble pero natural. El cuello ornamental funciona como una transición entre la luminosidad del rostro y las zonas más oscuras de la ropa, organizando con claridad la parte central de la composición.
En la zona inferior aparecen amplias superficies de color gris, negro, verde oscuro y blanco. Estas formas sugieren una vestimenta de mangas voluminosas, posiblemente acompañada por tejidos superpuestos o elementos decorativos. Los contornos curvos de las mangas siguen la forma ovalada del soporte y ayudan a cerrar visualmente el retrato, evitando que el cuerpo parezca interrumpido de manera brusca.
La manga situada a la derecha forma una gran curva oscura que se aproxima al borde inferior del óvalo. Sobre ella se observan delicados reflejos blancos y azulados que sugieren pliegues y cambios de luz. En el lado izquierdo, otra zona oscura sirve como base para las flores y crea un contrapunto respecto a la claridad del cuello y del rostro.
El fondo está construido mediante una atmósfera oscura de marrones, grises, negros, verdes apagados y violetas. No define una estancia ni un lugar reconocible, lo que permite que toda la atención recaiga sobre la figura. La ausencia de elementos arquitectónicos o paisajísticos concede al retrato un carácter atemporal, como si la mujer apareciera suspendida en un espacio dedicado exclusivamente a su presencia.
En algunos sectores del fondo se perciben áreas más claras que rodean el rostro y los hombros. Estas zonas verdosas, cremas y amarillentas actúan como un resplandor suave y separan la silueta de la oscuridad. La iluminación no parece proceder de un punto concreto, sino que se distribuye de forma envolvente para resaltar las facciones, el encaje y las flores.
El contraste entre claridad y oscuridad constituye uno de los principales recursos visuales de la composición. El rostro y el cuello iluminados emergen con fuerza, mientras el cabello, las mangas y ciertas zonas del fondo permanecen en penumbra. Esta oposición aporta profundidad y concede a la mujer una presencia misteriosa, delicada y ligeramente teatral.
La paleta cromática reúne tonos sobrios con pequeños estallidos de color. Los marrones, grises, negros y verdes apagados proporcionan una base elegante, mientras que los rojos, violetas, rosas, azules y amarillos de las flores animan el conjunto. Estos acentos cromáticos no resultan estridentes, sino que aparecen repartidos de forma equilibrada alrededor de la figura.
La composición mantiene una atractiva asimetría. El rostro se orienta hacia la izquierda, donde se concentra también el mayor conjunto floral, mientras la parte derecha queda dominada por el cabello, el fondo oscuro y una manga voluminosa. El amplio espacio situado frente al perfil permite que la mirada de la mujer respire y acentúa la sensación de contemplación.
A pesar de la riqueza ornamental, el rostro continúa siendo el verdadero centro emocional del retrato. Las flores, el peinado, el encaje y las telas actúan como un marco que realza la serenidad de las facciones. Nada distrae por completo de la expresión de la protagonista, cuya presencia silenciosa organiza y da sentido a todos los elementos que la rodean.
La combinación entre el formato ovalado y el perfil femenino recuerda a los antiguos medallones y retratos íntimos concebidos para preservar la memoria de una persona. Sin embargo, el aspecto de paleta de pintor introduce un carácter más personal y creativo. Parece como si el objeto utilizado tradicionalmente para preparar los colores se hubiera transformado en una obra autónoma, conservando en su forma una alusión al proceso de creación artística.
Este singular formato convierte la pieza en algo más que un retrato convencional. La curva del soporte se adapta a la cabeza, los hombros y las mangas, creando una unidad muy estrecha entre imagen y objeto. La mujer parece habitar completamente el interior del óvalo, mientras las flores y los tejidos acompañan su contorno hasta aproximarse a los bordes.
La protagonista puede interpretarse como una figura vinculada a la belleza, la elegancia y la contemplación. Las flores evocan sensibilidad y fugacidad; el encaje remite al refinamiento; y la mirada distante introduce misterio. La unión de estos elementos construye una imagen femenina idealizada, situada entre el retrato personal y la evocación poética.
También existe un interesante diálogo entre la delicadeza del tema y la intensidad del fondo. El rostro transmite calma, mientras los tonos oscuros y las formas difusas que lo rodean aportan profundidad emocional. Las flores introducen vida y color, pero algunas se funden con las sombras, sugiriendo la unión entre belleza, memoria y paso del tiempo.
En conjunto, este precioso cuadro presenta el elegante retrato de una mujer de perfil sobre un original soporte ovalado que recuerda claramente a una paleta de pintor. Su rostro sereno y luminoso, el elaborado cabello adornado con flores, el delicado cuello de encaje y la abundante ornamentación floral construyen una imagen profundamente refinada y misteriosa. La armonía entre los tonos oscuros del fondo, la claridad de la piel y los acentos rojos, violetas, azules y amarillos convierte la obra en una evocación íntima de la feminidad, la belleza y la creación artística.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josefina Coderch, que representa a una elegante mujer de perfil, adornada con flores y un delicado cuello de encaje, retratada sobre un singular soporte ovalado con apariencia de paleta de pintor. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones del marco: 51x57x3 cm.
· Dimensiones de la obra: 24x30 cm.
· Óleo sobre tabla firmada a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, J. Coderch.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta el elegante retrato de una mujer vista de perfil, representada sobre un singular soporte ovalado cuya forma recuerda claramente a una paleta de pintor. La protagonista dirige serenamente la mirada hacia la izquierda, ajena al espectador, mientras su rostro pálido emerge entre un fondo oscuro, un delicado cuello de encaje y una abundante decoración floral. La particular silueta de la obra refuerza su carácter íntimo y ornamental, haciendo que la figura parezca contenida dentro de un medallón o de un objeto vinculado directamente al universo del artista.
El formato ovalado desempeña una función esencial en la composición. Sus extremos curvos envuelven el retrato con suavidad y concentran toda la atención en la mujer, evitando la rigidez habitual de los límites rectangulares. Esta forma puede asociarse tanto a los antiguos retratos de salón como a una paleta de pintor convertida en soporte artístico. La obra adquiere así una doble dimensión: puede contemplarse como una imagen femenina de gran elegancia y también como un objeto artístico singular, relacionado simbólicamente con el acto de crear.
La protagonista ocupa casi toda la superficie central. Su cabeza se encuentra ligeramente elevada y girada hacia la izquierda, mostrando un perfil limpio y refinado. La frente, la nariz, los labios y la barbilla forman una línea continua de gran delicadeza. Esta disposición concede al rostro una presencia tranquila y contemplativa, como si la mujer estuviera observando algo situado fuera de la composición o permaneciera absorta en sus propios pensamientos.
El rostro aparece iluminado mediante suaves tonalidades marfil, crema, verdosas y rosadas. La claridad de la piel contrasta con la oscuridad del cabello y del fondo, haciendo que las facciones destaquen con nitidez. Las zonas de sombra se concentran alrededor del ojo, la nariz y la mandíbula, proporcionando volumen sin alterar la serenidad general de la expresión. La luz parece acariciar el perfil y conferirle una apariencia delicada, casi etérea.
El ojo visible se representa de manera discreta y ligeramente baja, reforzando la sensación de introspección. No se trata de una mirada desafiante ni dirigida al espectador, sino de una expresión recogida y distante. Esta actitud permite imaginar a una mujer tranquila, elegante y segura de sí misma, sorprendida durante un momento de silencio. Su identidad permanece abierta a la interpretación y favorece una lectura poética del retrato.
Los labios, definidos mediante un pequeño acento rojizo, introducen una nota cálida en medio de los tonos claros del rostro. Su forma cerrada transmite serenidad y contención. La delicadeza de este detalle evita cualquier gesto excesivo y mantiene el carácter íntimo de la imagen. Junto con la línea de la nariz y la curva de la barbilla, los labios contribuyen a construir un perfil femenino armonioso y distinguido.
El cabello constituye otra de las zonas más llamativas de la obra. Se recoge en la parte posterior de la cabeza formando un volumen amplio y oscuro, compuesto por marrones, negros, violetas y reflejos rojizos. Su masa contrasta intensamente con la claridad del rostro y permite que el perfil quede perfectamente recortado. El peinado sugiere una cuidada presentación y refuerza la elegancia atemporal de la protagonista.
En la zona superior del cabello aparece un adorno floral formado por tonos rojos, rosados, negros, blancos y violetas. Las flores parecen entrelazarse con el recogido, creando una pequeña corona ornamental. Algunos pétalos se reconocen con claridad, mientras otros se confunden con las sombras del cabello y del fondo. Esta decoración aporta romanticismo y enlaza visualmente la cabeza de la mujer con las flores distribuidas por la parte inferior.
La abundancia floral se concentra especialmente en el lado izquierdo, junto al hombro y el pecho de la protagonista. Allí aparece un exuberante conjunto de pequeñas flores violetas, azules, blancas, rosas, amarillas y rojizas, mezcladas con hojas verdes y tallos oscuros. Este ramo introduce una intensa riqueza cromática y convierte la zona inferior izquierda en uno de los principales focos visuales de la composición.
Las flores no parecen presentarse como un ramo completamente independiente, sino como una prolongación de la indumentaria o de la ornamentación que rodea a la mujer. Podrían formar parte de un vestido decorado, de un chal o de un conjunto floral colocado ante su cuerpo. Esta ambigüedad aporta interés al retrato, pues permite que la vegetación se funda con las telas y cree una imagen casi soñada.
En el lado derecho también se distinguen varias flores de colores rosados, violetas, blancos y verdes. Su presencia equilibra la acumulación floral situada a la izquierda y extiende la ornamentación por toda la zona inferior. Aunque son más pequeñas y dispersas, estas flores ayudan a enmarcar el busto de la protagonista y a mantener la continuidad cromática del conjunto.
La vestimenta destaca por la elegancia de sus tonos claros y por la riqueza de sus detalles. La parte superior parece dominada por blancos, cremas, grises suaves y reflejos verdosos, colores que se relacionan directamente con la piel y con las áreas iluminadas del fondo. Sobre el pecho aparece un amplio elemento triangular de apariencia delicada que dirige la mirada hacia el cuello.
El cuello de encaje constituye uno de los detalles más refinados de la obra. Su estructura está formada por pequeñas formas caladas, bordes festoneados y motivos repetidos que crean una superficie ligera y ornamental. Se eleva alrededor del cuello y desciende después hacia el centro del pecho, aportando volumen y distinción. Su color blanco grisáceo contrasta con los tonos más profundos de la indumentaria inferior.
La disposición del encaje refuerza la verticalidad del cuello y acentúa la elegancia de la postura. La protagonista mantiene la cabeza erguida y los hombros ligeramente inclinados, adoptando una actitud noble pero natural. El cuello ornamental funciona como una transición entre la luminosidad del rostro y las zonas más oscuras de la ropa, organizando con claridad la parte central de la composición.
En la zona inferior aparecen amplias superficies de color gris, negro, verde oscuro y blanco. Estas formas sugieren una vestimenta de mangas voluminosas, posiblemente acompañada por tejidos superpuestos o elementos decorativos. Los contornos curvos de las mangas siguen la forma ovalada del soporte y ayudan a cerrar visualmente el retrato, evitando que el cuerpo parezca interrumpido de manera brusca.
La manga situada a la derecha forma una gran curva oscura que se aproxima al borde inferior del óvalo. Sobre ella se observan delicados reflejos blancos y azulados que sugieren pliegues y cambios de luz. En el lado izquierdo, otra zona oscura sirve como base para las flores y crea un contrapunto respecto a la claridad del cuello y del rostro.
El fondo está construido mediante una atmósfera oscura de marrones, grises, negros, verdes apagados y violetas. No define una estancia ni un lugar reconocible, lo que permite que toda la atención recaiga sobre la figura. La ausencia de elementos arquitectónicos o paisajísticos concede al retrato un carácter atemporal, como si la mujer apareciera suspendida en un espacio dedicado exclusivamente a su presencia.
En algunos sectores del fondo se perciben áreas más claras que rodean el rostro y los hombros. Estas zonas verdosas, cremas y amarillentas actúan como un resplandor suave y separan la silueta de la oscuridad. La iluminación no parece proceder de un punto concreto, sino que se distribuye de forma envolvente para resaltar las facciones, el encaje y las flores.
El contraste entre claridad y oscuridad constituye uno de los principales recursos visuales de la composición. El rostro y el cuello iluminados emergen con fuerza, mientras el cabello, las mangas y ciertas zonas del fondo permanecen en penumbra. Esta oposición aporta profundidad y concede a la mujer una presencia misteriosa, delicada y ligeramente teatral.
La paleta cromática reúne tonos sobrios con pequeños estallidos de color. Los marrones, grises, negros y verdes apagados proporcionan una base elegante, mientras que los rojos, violetas, rosas, azules y amarillos de las flores animan el conjunto. Estos acentos cromáticos no resultan estridentes, sino que aparecen repartidos de forma equilibrada alrededor de la figura.
La composición mantiene una atractiva asimetría. El rostro se orienta hacia la izquierda, donde se concentra también el mayor conjunto floral, mientras la parte derecha queda dominada por el cabello, el fondo oscuro y una manga voluminosa. El amplio espacio situado frente al perfil permite que la mirada de la mujer respire y acentúa la sensación de contemplación.
A pesar de la riqueza ornamental, el rostro continúa siendo el verdadero centro emocional del retrato. Las flores, el peinado, el encaje y las telas actúan como un marco que realza la serenidad de las facciones. Nada distrae por completo de la expresión de la protagonista, cuya presencia silenciosa organiza y da sentido a todos los elementos que la rodean.
La combinación entre el formato ovalado y el perfil femenino recuerda a los antiguos medallones y retratos íntimos concebidos para preservar la memoria de una persona. Sin embargo, el aspecto de paleta de pintor introduce un carácter más personal y creativo. Parece como si el objeto utilizado tradicionalmente para preparar los colores se hubiera transformado en una obra autónoma, conservando en su forma una alusión al proceso de creación artística.
Este singular formato convierte la pieza en algo más que un retrato convencional. La curva del soporte se adapta a la cabeza, los hombros y las mangas, creando una unidad muy estrecha entre imagen y objeto. La mujer parece habitar completamente el interior del óvalo, mientras las flores y los tejidos acompañan su contorno hasta aproximarse a los bordes.
La protagonista puede interpretarse como una figura vinculada a la belleza, la elegancia y la contemplación. Las flores evocan sensibilidad y fugacidad; el encaje remite al refinamiento; y la mirada distante introduce misterio. La unión de estos elementos construye una imagen femenina idealizada, situada entre el retrato personal y la evocación poética.
También existe un interesante diálogo entre la delicadeza del tema y la intensidad del fondo. El rostro transmite calma, mientras los tonos oscuros y las formas difusas que lo rodean aportan profundidad emocional. Las flores introducen vida y color, pero algunas se funden con las sombras, sugiriendo la unión entre belleza, memoria y paso del tiempo.
En conjunto, este precioso cuadro presenta el elegante retrato de una mujer de perfil sobre un original soporte ovalado que recuerda claramente a una paleta de pintor. Su rostro sereno y luminoso, el elaborado cabello adornado con flores, el delicado cuello de encaje y la abundante ornamentación floral construyen una imagen profundamente refinada y misteriosa. La armonía entre los tonos oscuros del fondo, la claridad de la piel y los acentos rojos, violetas, azules y amarillos convierte la obra en una evocación íntima de la feminidad, la belleza y la creación artística.
