Miquel Torner de Semir (1938) - El joven torero

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Caroline Bokobza
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El joven torero, 1990-2000, óleo sobre tela, España.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa a un joven torero sentado con su indumentaria ceremonial y un capote rojo sobre las piernas, sumido en un silencioso momento de espera e introspección. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 81x65x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Miquel Torner de Semir.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta el retrato de un joven torero sentado en un interior oscuro, sosteniendo sobre sus piernas un intenso capote rojo que aporta un poderoso centro cromático a la composición. La figura mira directamente al espectador con una expresión serena, contenida y ligeramente enigmática, mientras su elegante indumentaria ceremonial contrasta con el ambiente sombrío que lo rodea. Al fondo, una pequeña abertura revela un paisaje luminoso de casas, campos y montañas, estableciendo un sugerente diálogo entre el espacio interior, la identidad del protagonista y el mundo exterior.

El joven ocupa la mayor parte de la composición y aparece representado de frente, aunque su cuerpo se orienta ligeramente hacia la derecha. Esta disposición evita una frontalidad excesivamente rígida y permite que la mirada recorra gradualmente el rostro, la chaquetilla ornamentada, las manos y el amplio tejido rojo. La figura posee una presencia sólida, pero su expresión introduce una delicada sensación de vulnerabilidad.

El rostro constituye el principal centro emocional de la obra. Su forma alargada, los grandes ojos oscuros, las cejas marcadas y los labios cerrados construyen una expresión de gran intensidad psicológica. La mirada se dirige hacia el espectador de manera abierta, aunque no resulta desafiante. Más bien parece revelar un estado de concentración, introspección o espera.

Los ojos adquieren una importancia fundamental. Su tamaño y su profundidad hacen que el protagonista parezca plenamente consciente de estar siendo observado. En ellos conviven determinación y cierta inquietud, como si el joven se encontrara en los momentos previos a una actuación decisiva o reflexionara sobre aquello que le espera fuera de la estancia.

Las facciones están construidas mediante una amplia variedad de tonos claros, grises, azulados, marrones y rosados. Sobre una de las mejillas destaca una intensa zona rojiza, equilibrada por reflejos azules y violetas en el lado opuesto. Estas variaciones aportan expresividad y evitan una representación puramente convencional del rostro.

La nariz alargada y los labios pequeños refuerzan el carácter juvenil de la figura. La boca permanece cerrada, sin revelar una emoción precisa, lo que aumenta el misterio del retrato. El rostro transmite silencio y contención, como si el protagonista conservara sus pensamientos en un ámbito inaccesible para el espectador.

El cabello rubio o castaño claro aparece recogido y ordenado sobre la frente mediante pequeñas formas curvas y oscuras. Los tonos dorados, negros y marrones crean una ornamentación que se integra visualmente con la riqueza de la chaquetilla. Un pequeño acento azul en la zona superior introduce una nota inesperada que enlaza con otras áreas frías de la composición.

La cabeza está rodeada por una forma circular oscura que puede recordar un sombrero, una aureola o un marco colocado detrás de la figura. Este elemento separa el rostro del fondo negro y le confiere una presencia casi icónica. Su contorno rojizo establece además una relación visual con el gran capote sostenido por el joven.

El cuello largo y claro conduce la mirada hacia una camisa blanca cuidadosamente cerrada. Sobre ella aparece una estrecha corbata o lazo de color rojo, situado en el centro del pecho. Esta franja vertical funciona como un pequeño anticipo del tejido rojo que domina la zona inferior y aporta continuidad cromática.

La chaquetilla constituye uno de los elementos más ricos y llamativos. Su superficie está cubierta por una compleja sucesión de colores marrones, ocres, blancos, grises, violetas, azules, verdes, rojizos y dorados. Las distintas zonas ornamentales crean una apariencia suntuosa y ceremonial, vinculada a la indumentaria tradicional del mundo taurino.

Los hombros aparecen especialmente estructurados y voluminosos. Sus formas amplias proporcionan firmeza a la figura y contrastan con la estrechez del cuello. Sobre ellos se distribuyen detalles oscuros y claros que sugieren adornos, bordados y superposiciones decorativas, otorgando al protagonista un aspecto solemne.

Las mangas presentan una abundante riqueza visual. En la izquierda predominan los grises, marrones, blancos y pequeños acentos rojizos, mientras que la derecha combina amarillos, violetas, azules y verdes. Esta asimetría cromática anima la indumentaria y evita que su decoración resulte uniforme.

Los contornos oscuros delimitan las distintas partes de la chaquetilla y hacen que las formas destaquen sobre el fondo. Bolsillos, bordes y costuras aparecen sugeridos mediante líneas negras que estructuran el conjunto. La indumentaria funciona casi como una arquitectura colocada alrededor del cuerpo.

El joven mantiene las manos reunidas sobre el regazo. Una de ellas parece sujetar la muñeca contraria, formando un gesto cerrado y contenido. Esta postura puede interpretarse como señal de espera, concentración o calma controlada. Las manos no participan en una acción espectacular, sino que refuerzan el carácter introspectivo de la escena.

Los guantes o puños claros prolongan la luminosidad de las mangas y contrastan con el tejido rojo. Sus tonos blancos, grises y azulados se relacionan con los pantalones de la figura. La posición entrecruzada de las manos forma un punto de unión entre la indumentaria ornamentada y la gran masa cromática del capote.

El capote rojo ocupa buena parte de la zona inferior derecha. Sus amplios pliegues descienden desde las piernas y se extienden hacia el borde de la composición. Rojos intensos, granates, anaranjados y pequeñas zonas negras construyen una superficie llena de movimiento y profundidad.

Este tejido constituye el principal acento emocional del retrato. Su color puede asociarse con la pasión, el valor, el peligro y la intensidad del espectáculo taurino. Frente a la quietud de la figura, los pliegues del capote parecen contener una energía latente, como si anticiparan el movimiento que tendrá lugar posteriormente.

La luz se concentra sobre algunos bordes del tejido y crea franjas anaranjadas que recorren sus curvas. Las zonas más oscuras aportan volumen, mientras que las áreas rojas y claras se aproximan visualmente al espectador. El capote parece pesar sobre las piernas, pero también protege y envuelve parcialmente al protagonista.

Los pantalones claros aparecen en la zona central inferior y equilibran la intensidad del rojo. Sus tonalidades blancas, grises, azuladas y violetas están delimitadas por líneas oscuras que marcan los pliegues y la posición de las piernas. La claridad de esta prenda dirige la mirada desde las manos hacia la base de la composición.

El asiento resulta parcialmente visible en la zona inferior izquierda. Su estructura rojiza y oscura se integra con el capote, aunque sus líneas rectas permiten diferenciarlo. La figura parece descansar sobre una silla o banco sencillo, situado dentro de un espacio cerrado y poco iluminado.

El fondo está dominado por negros, grises, marrones y azules profundos. La ausencia de una arquitectura claramente definida convierte la estancia en un espacio misterioso. Algunas líneas verticales y superficies rectangulares sugieren paredes, puertas, paneles o grandes objetos situados detrás del protagonista.

En el lado izquierdo aparecen pequeñas formas geométricas y puntos de color. Una mancha azul clara ocupa la esquina superior, acompañada por un pequeño círculo violáceo y un diminuto acento amarillo. Estos elementos pueden interpretarse como luces, ventanas o formas simbólicas que animan la oscuridad.

Detrás de la cabeza y el hombro derecho se extiende una zona rojiza y azulada. Sus formas parecen rodear la silueta y separarla de la penumbra. Esta transición cromática crea profundidad y hace que el protagonista emerja con claridad del fondo.

En la parte superior derecha destaca una pequeña forma circular de color dorado, rodeada por un contorno oscuro. Su interior presenta un diseño semejante a una estrella o a un ornamento geométrico. Este elemento introduce una nota simbólica y misteriosa que puede recordar un emblema, una ventana decorativa o un astro suspendido en la oscuridad.

La forma circular dorada establece un interesante diálogo con el contorno redondeado situado detrás de la cabeza. Ambas figuras aportan orden a un fondo dominado por superficies oscuras e irregulares. También pueden interpretarse como signos de luz dentro de un espacio introspectivo.

En la zona derecha se abre una pequeña ventana de contorno ondulado. A través de ella se observa un paisaje luminoso compuesto por un cielo claro, montañas violetas, campos verdes y una construcción blanca con tejado cálido. Esta abertura ofrece un fuerte contraste con la oscuridad del interior.

El paisaje exterior parece tranquilo y distante. Las casas y los campos se reducen a formas sencillas, pero aportan una dimensión narrativa fundamental. Podrían representar el lugar de origen del joven, un recuerdo, una aspiración o el mundo cotidiano que existe más allá de su profesión.

La ventana funciona como una imagen dentro de la propia imagen. Su claridad atrae la mirada después de observar el rostro y el capote, creando un recorrido desde la identidad personal hacia el paisaje. El exterior introduce sensaciones de libertad, calma y lejanía frente al ambiente cerrado de la estancia.

Bajo la ventana se extiende una superficie decorativa llena de verdes, marrones, dorados y formas curvas. Puede corresponder a una mesa, un banco, un arcón o un elemento ornamental. Sus motivos enriquecen el fondo y dialogan con la decoración de la chaquetilla.

El contraste entre el interior oscuro y el paisaje luminoso puede entenderse simbólicamente. La estancia representa la concentración, la espera y el mundo interior del protagonista, mientras que la ventana alude a la vida exterior, la memoria o el futuro. El joven queda situado entre ambos ámbitos, sosteniendo sobre sus piernas el emblema de su profesión.

La expresión contenida adquiere mayor significado al relacionarse con el capote. Aunque la indumentaria y el tejido evocan espectáculo, movimiento y valentía, la figura permanece inmóvil y pensativa. La obra parece interesarse por la persona que existe detrás del personaje público, mostrando un momento anterior a la acción.

La composición puede interpretarse como un retrato psicológico de juventud y responsabilidad. El protagonista parece muy joven, pero viste un traje cargado de tradición y simbolismo. Su mirada revela la tensión entre fragilidad individual y papel ceremonial, entre temor íntimo y necesidad de mostrar seguridad.

La paleta cromática se organiza mediante grandes contrastes. Los negros y grises dominan el fondo; los tonos marfil iluminan el rostro y los pantalones; los marrones y dorados enriquecen la chaquetilla; y el rojo intenso del capote concentra la energía emocional. Los azules y verdes introducen profundidad y conectan la figura con el paisaje exterior.

La verticalidad del cuerpo y la estructura del fondo se equilibra con la amplia diagonal formada por el capote. El rostro ocupa la parte superior izquierda del centro, mientras el tejido rojo se despliega hacia la derecha y hacia abajo. Esta organización proporciona estabilidad sin renunciar al dinamismo.

La ausencia de otras figuras acentúa la soledad del protagonista. Aunque su vestimenta remite a un espectáculo multitudinario, el joven aparece completamente aislado. Esta contradicción refuerza la intimidad y convierte la escena en una reflexión sobre los momentos silenciosos que preceden a la exposición pública.

En conjunto, este precioso cuadro presenta el retrato íntimo y enigmático de un joven torero sentado en una estancia oscura, vestido con una rica chaquetilla ceremonial y sosteniendo un intenso capote rojo sobre sus piernas. Su mirada directa, las manos reunidas, el paisaje luminoso visible a través de una pequeña ventana y los misteriosos elementos del fondo construyen una imagen profundamente psicológica. La obra transmite la tensión entre juventud y responsabilidad, quietud y acción, fragilidad y valentía, revelando el lado humano y silencioso que se oculta detrás del espectáculo.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa a un joven torero sentado con su indumentaria ceremonial y un capote rojo sobre las piernas, sumido en un silencioso momento de espera e introspección. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 81x65x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Miquel Torner de Semir.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta el retrato de un joven torero sentado en un interior oscuro, sosteniendo sobre sus piernas un intenso capote rojo que aporta un poderoso centro cromático a la composición. La figura mira directamente al espectador con una expresión serena, contenida y ligeramente enigmática, mientras su elegante indumentaria ceremonial contrasta con el ambiente sombrío que lo rodea. Al fondo, una pequeña abertura revela un paisaje luminoso de casas, campos y montañas, estableciendo un sugerente diálogo entre el espacio interior, la identidad del protagonista y el mundo exterior.

El joven ocupa la mayor parte de la composición y aparece representado de frente, aunque su cuerpo se orienta ligeramente hacia la derecha. Esta disposición evita una frontalidad excesivamente rígida y permite que la mirada recorra gradualmente el rostro, la chaquetilla ornamentada, las manos y el amplio tejido rojo. La figura posee una presencia sólida, pero su expresión introduce una delicada sensación de vulnerabilidad.

El rostro constituye el principal centro emocional de la obra. Su forma alargada, los grandes ojos oscuros, las cejas marcadas y los labios cerrados construyen una expresión de gran intensidad psicológica. La mirada se dirige hacia el espectador de manera abierta, aunque no resulta desafiante. Más bien parece revelar un estado de concentración, introspección o espera.

Los ojos adquieren una importancia fundamental. Su tamaño y su profundidad hacen que el protagonista parezca plenamente consciente de estar siendo observado. En ellos conviven determinación y cierta inquietud, como si el joven se encontrara en los momentos previos a una actuación decisiva o reflexionara sobre aquello que le espera fuera de la estancia.

Las facciones están construidas mediante una amplia variedad de tonos claros, grises, azulados, marrones y rosados. Sobre una de las mejillas destaca una intensa zona rojiza, equilibrada por reflejos azules y violetas en el lado opuesto. Estas variaciones aportan expresividad y evitan una representación puramente convencional del rostro.

La nariz alargada y los labios pequeños refuerzan el carácter juvenil de la figura. La boca permanece cerrada, sin revelar una emoción precisa, lo que aumenta el misterio del retrato. El rostro transmite silencio y contención, como si el protagonista conservara sus pensamientos en un ámbito inaccesible para el espectador.

El cabello rubio o castaño claro aparece recogido y ordenado sobre la frente mediante pequeñas formas curvas y oscuras. Los tonos dorados, negros y marrones crean una ornamentación que se integra visualmente con la riqueza de la chaquetilla. Un pequeño acento azul en la zona superior introduce una nota inesperada que enlaza con otras áreas frías de la composición.

La cabeza está rodeada por una forma circular oscura que puede recordar un sombrero, una aureola o un marco colocado detrás de la figura. Este elemento separa el rostro del fondo negro y le confiere una presencia casi icónica. Su contorno rojizo establece además una relación visual con el gran capote sostenido por el joven.

El cuello largo y claro conduce la mirada hacia una camisa blanca cuidadosamente cerrada. Sobre ella aparece una estrecha corbata o lazo de color rojo, situado en el centro del pecho. Esta franja vertical funciona como un pequeño anticipo del tejido rojo que domina la zona inferior y aporta continuidad cromática.

La chaquetilla constituye uno de los elementos más ricos y llamativos. Su superficie está cubierta por una compleja sucesión de colores marrones, ocres, blancos, grises, violetas, azules, verdes, rojizos y dorados. Las distintas zonas ornamentales crean una apariencia suntuosa y ceremonial, vinculada a la indumentaria tradicional del mundo taurino.

Los hombros aparecen especialmente estructurados y voluminosos. Sus formas amplias proporcionan firmeza a la figura y contrastan con la estrechez del cuello. Sobre ellos se distribuyen detalles oscuros y claros que sugieren adornos, bordados y superposiciones decorativas, otorgando al protagonista un aspecto solemne.

Las mangas presentan una abundante riqueza visual. En la izquierda predominan los grises, marrones, blancos y pequeños acentos rojizos, mientras que la derecha combina amarillos, violetas, azules y verdes. Esta asimetría cromática anima la indumentaria y evita que su decoración resulte uniforme.

Los contornos oscuros delimitan las distintas partes de la chaquetilla y hacen que las formas destaquen sobre el fondo. Bolsillos, bordes y costuras aparecen sugeridos mediante líneas negras que estructuran el conjunto. La indumentaria funciona casi como una arquitectura colocada alrededor del cuerpo.

El joven mantiene las manos reunidas sobre el regazo. Una de ellas parece sujetar la muñeca contraria, formando un gesto cerrado y contenido. Esta postura puede interpretarse como señal de espera, concentración o calma controlada. Las manos no participan en una acción espectacular, sino que refuerzan el carácter introspectivo de la escena.

Los guantes o puños claros prolongan la luminosidad de las mangas y contrastan con el tejido rojo. Sus tonos blancos, grises y azulados se relacionan con los pantalones de la figura. La posición entrecruzada de las manos forma un punto de unión entre la indumentaria ornamentada y la gran masa cromática del capote.

El capote rojo ocupa buena parte de la zona inferior derecha. Sus amplios pliegues descienden desde las piernas y se extienden hacia el borde de la composición. Rojos intensos, granates, anaranjados y pequeñas zonas negras construyen una superficie llena de movimiento y profundidad.

Este tejido constituye el principal acento emocional del retrato. Su color puede asociarse con la pasión, el valor, el peligro y la intensidad del espectáculo taurino. Frente a la quietud de la figura, los pliegues del capote parecen contener una energía latente, como si anticiparan el movimiento que tendrá lugar posteriormente.

La luz se concentra sobre algunos bordes del tejido y crea franjas anaranjadas que recorren sus curvas. Las zonas más oscuras aportan volumen, mientras que las áreas rojas y claras se aproximan visualmente al espectador. El capote parece pesar sobre las piernas, pero también protege y envuelve parcialmente al protagonista.

Los pantalones claros aparecen en la zona central inferior y equilibran la intensidad del rojo. Sus tonalidades blancas, grises, azuladas y violetas están delimitadas por líneas oscuras que marcan los pliegues y la posición de las piernas. La claridad de esta prenda dirige la mirada desde las manos hacia la base de la composición.

El asiento resulta parcialmente visible en la zona inferior izquierda. Su estructura rojiza y oscura se integra con el capote, aunque sus líneas rectas permiten diferenciarlo. La figura parece descansar sobre una silla o banco sencillo, situado dentro de un espacio cerrado y poco iluminado.

El fondo está dominado por negros, grises, marrones y azules profundos. La ausencia de una arquitectura claramente definida convierte la estancia en un espacio misterioso. Algunas líneas verticales y superficies rectangulares sugieren paredes, puertas, paneles o grandes objetos situados detrás del protagonista.

En el lado izquierdo aparecen pequeñas formas geométricas y puntos de color. Una mancha azul clara ocupa la esquina superior, acompañada por un pequeño círculo violáceo y un diminuto acento amarillo. Estos elementos pueden interpretarse como luces, ventanas o formas simbólicas que animan la oscuridad.

Detrás de la cabeza y el hombro derecho se extiende una zona rojiza y azulada. Sus formas parecen rodear la silueta y separarla de la penumbra. Esta transición cromática crea profundidad y hace que el protagonista emerja con claridad del fondo.

En la parte superior derecha destaca una pequeña forma circular de color dorado, rodeada por un contorno oscuro. Su interior presenta un diseño semejante a una estrella o a un ornamento geométrico. Este elemento introduce una nota simbólica y misteriosa que puede recordar un emblema, una ventana decorativa o un astro suspendido en la oscuridad.

La forma circular dorada establece un interesante diálogo con el contorno redondeado situado detrás de la cabeza. Ambas figuras aportan orden a un fondo dominado por superficies oscuras e irregulares. También pueden interpretarse como signos de luz dentro de un espacio introspectivo.

En la zona derecha se abre una pequeña ventana de contorno ondulado. A través de ella se observa un paisaje luminoso compuesto por un cielo claro, montañas violetas, campos verdes y una construcción blanca con tejado cálido. Esta abertura ofrece un fuerte contraste con la oscuridad del interior.

El paisaje exterior parece tranquilo y distante. Las casas y los campos se reducen a formas sencillas, pero aportan una dimensión narrativa fundamental. Podrían representar el lugar de origen del joven, un recuerdo, una aspiración o el mundo cotidiano que existe más allá de su profesión.

La ventana funciona como una imagen dentro de la propia imagen. Su claridad atrae la mirada después de observar el rostro y el capote, creando un recorrido desde la identidad personal hacia el paisaje. El exterior introduce sensaciones de libertad, calma y lejanía frente al ambiente cerrado de la estancia.

Bajo la ventana se extiende una superficie decorativa llena de verdes, marrones, dorados y formas curvas. Puede corresponder a una mesa, un banco, un arcón o un elemento ornamental. Sus motivos enriquecen el fondo y dialogan con la decoración de la chaquetilla.

El contraste entre el interior oscuro y el paisaje luminoso puede entenderse simbólicamente. La estancia representa la concentración, la espera y el mundo interior del protagonista, mientras que la ventana alude a la vida exterior, la memoria o el futuro. El joven queda situado entre ambos ámbitos, sosteniendo sobre sus piernas el emblema de su profesión.

La expresión contenida adquiere mayor significado al relacionarse con el capote. Aunque la indumentaria y el tejido evocan espectáculo, movimiento y valentía, la figura permanece inmóvil y pensativa. La obra parece interesarse por la persona que existe detrás del personaje público, mostrando un momento anterior a la acción.

La composición puede interpretarse como un retrato psicológico de juventud y responsabilidad. El protagonista parece muy joven, pero viste un traje cargado de tradición y simbolismo. Su mirada revela la tensión entre fragilidad individual y papel ceremonial, entre temor íntimo y necesidad de mostrar seguridad.

La paleta cromática se organiza mediante grandes contrastes. Los negros y grises dominan el fondo; los tonos marfil iluminan el rostro y los pantalones; los marrones y dorados enriquecen la chaquetilla; y el rojo intenso del capote concentra la energía emocional. Los azules y verdes introducen profundidad y conectan la figura con el paisaje exterior.

La verticalidad del cuerpo y la estructura del fondo se equilibra con la amplia diagonal formada por el capote. El rostro ocupa la parte superior izquierda del centro, mientras el tejido rojo se despliega hacia la derecha y hacia abajo. Esta organización proporciona estabilidad sin renunciar al dinamismo.

La ausencia de otras figuras acentúa la soledad del protagonista. Aunque su vestimenta remite a un espectáculo multitudinario, el joven aparece completamente aislado. Esta contradicción refuerza la intimidad y convierte la escena en una reflexión sobre los momentos silenciosos que preceden a la exposición pública.

En conjunto, este precioso cuadro presenta el retrato íntimo y enigmático de un joven torero sentado en una estancia oscura, vestido con una rica chaquetilla ceremonial y sosteniendo un intenso capote rojo sobre sus piernas. Su mirada directa, las manos reunidas, el paisaje luminoso visible a través de una pequeña ventana y los misteriosos elementos del fondo construyen una imagen profundamente psicológica. La obra transmite la tensión entre juventud y responsabilidad, quietud y acción, fragilidad y valentía, revelando el lado humano y silencioso que se oculta detrás del espectáculo.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Datos

Artista
Miquel Torner de Semir (1938)
Se vende con marco
No
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
El joven torero
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
81 cm
Ancho
65 cm
Estilo
Barroco
Periodo
1990-2000
Vendido por
EspañaVerificado
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