Antonio Sadurní (1927-2014) - Una tarde de verano

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Caroline Bokobza
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Una tarde de verano es una pintura al óleo sobre tela de Antonio Sadurní (1927-2014), España, periodo 1970-1980, original, vendida con marco.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Antonio Sadurní, que representa un extenso paisaje de campos dorados salpicados de amapolas, donde dos figuras trabajan o descansan junto a un árbol bajo un amplio cielo azul. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 83x96x5 cm.
· Dimensiones sin marco: 56x65 cm.
· Óleo sobre tela firmada a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un amplio paisaje rural dominado por campos dorados que se extienden hasta una lejana línea de árboles bajo un cielo azul claro. La escena parece desarrollarse durante el verano, cuando los cultivos han alcanzado su madurez y la tierra adquiere tonalidades cálidas de trigo, ocre y marrón. En la zona central derecha aparecen dos pequeñas figuras trabajando o descansando junto a la vegetación, mientras numerosas flores rojas y amarillas animan el primer plano y aportan una delicada vitalidad al entorno.

El campo ocupa aproximadamente la mitad inferior de la composición y constituye el principal elemento visual. Su gran extensión permite percibir la amplitud del paisaje y transmite una sensación inmediata de libertad. Las líneas que recorren la tierra conducen la mirada desde el primer plano hasta las figuras y, posteriormente, hacia las suaves elevaciones del horizonte.

La superficie del terreno presenta una rica combinación de amarillos, ocres, marrones, verdes apagados y pequeños reflejos rosados. Las distintas tonalidades se distribuyen de manera irregular, creando la impresión de una tierra trabajada y marcada por el ciclo agrícola. Algunas zonas parecen corresponder a cultivos ya segados, mientras otras conservan todavía vegetación más alta.

En el primer plano se observan numerosas líneas oblicuas que sugieren surcos, tallos cortados o rastros dejados durante la recolección. Estas marcas aportan ritmo y profundidad, además de revelar la intervención humana sobre el terreno. Su orientación diagonal dirige la mirada hacia el centro y evita que la amplia superficie resulte estática.

La luz cálida se concentra especialmente sobre el campo. Los tonos dorados parecen recoger el resplandor del sol y transmiten la sensación de una jornada luminosa y apacible. Las zonas marrones y violetas introducen pequeñas sombras que permiten apreciar los desniveles y la diversidad del suelo.

Entre los restos del cultivo aparecen numerosas flores rojas distribuidas de manera espontánea. Sus pequeños puntos de color destacan con intensidad sobre los ocres y amarillos. Estas flores, semejantes a amapolas, aportan una nota poética y convierten el campo trabajado en un espacio todavía lleno de vida.

Las amapolas se encuentran especialmente concentradas en la zona inferior y a ambos lados del camino o franja central. Algunas aparecen próximas al espectador, con formas más amplias y definidas, mientras otras se reducen a pequeños acentos rojizos en la distancia. Esta disminución gradual contribuye a reforzar la perspectiva.

Junto a las flores rojas se observan pequeñas notas amarillas, blancas y violetas que sugieren otras plantas silvestres. La variedad cromática suaviza la extensión terrosa del primer plano y establece una transición natural hacia la vegetación más densa de los márgenes.

En el lado izquierdo se levanta una amplia masa de plantas y arbustos. Sus verdes oscuros, azulados y grisáceos contrastan con la claridad del campo. Entre las hojas aparecen flores amarillas, rojas y rosadas que enriquecen esta zona y forman un marco natural para la escena.

La vegetación lateral parece seguir el trazado de una linde o un pequeño camino rural. Su disposición crea una línea que avanza desde el primer plano hasta la zona media. De esta manera, el borde izquierdo conduce la mirada hacia los campos lejanos y aporta orden a la composición.

En el lado derecho aparece otra franja de vegetación, algo más baja en el primer término y más abundante hacia la zona central. Sus verdes oscuros delimitan el campo y equilibran visualmente la masa vegetal de la izquierda. Las pequeñas flores rojas y amarillas vuelven a aparecer entre las plantas, manteniendo la continuidad cromática.

Cerca del centro derecho destaca un árbol inclinado de copa redondeada. Su tronco oscuro se eleva en diagonal y sostiene una abundante masa de hojas verdes, violetas y marrones. La inclinación aporta movimiento y parece reflejar el efecto continuado del viento sobre el paisaje.

Este árbol constituye uno de los principales puntos de referencia de la composición. Su sombra y su copa ofrecen un posible refugio en medio de la amplitud del campo. También ayuda a enmarcar las dos figuras situadas junto a él, creando una pequeña escena humana dentro del paisaje.

Las figuras aparecen representadas a una escala muy reducida, lo que subraya la inmensidad del entorno. Una de ellas viste una prenda blanca y permanece agachada o sentada cerca del suelo. La otra se encuentra erguida y lleva una camisa de intenso color rojo que destaca claramente entre los tonos naturales.

La persona vestida de blanco parece concentrada en alguna tarea relacionada con el terreno. Su postura inclinada podría indicar que recoge, examina u organiza algún elemento. La claridad de la ropa contrasta con las sombras verdes de la vegetación y permite reconocer su presencia a pesar de la distancia.

La figura de rojo se convierte en el principal acento humano y cromático de la zona central. Su posición vertical contrasta con la horizontalidad de los campos y con la postura recogida de la otra persona. El color de su vestimenta dialoga con las amapolas del primer plano y establece una unión visual entre la figura y el paisaje.

La relación entre ambas personas sugiere una actividad compartida. Podrían encontrarse trabajando en el campo, descansando durante la jornada o conversando junto al límite del cultivo. La ausencia de detalles precisos permite imaginar diferentes historias y concede a la escena un carácter universal.

Alrededor de las figuras aparecen pequeños objetos oscuros y claros que podrían estar relacionados con el trabajo agrícola. Su presencia refuerza la impresión de una jornada de labor y aporta riqueza narrativa. Sin embargo, estos elementos permanecen discretamente integrados en el terreno.

Detrás de las figuras se extiende una masa de arbustos que combina verdes oscuros, violetas, negros y pequeños reflejos amarillos. Esta vegetación separa el primer plano de los campos intermedios y proporciona una base visual para las figuras. Su forma redondeada encuentra un eco en la copa del árbol cercano.

La zona media del paisaje está organizada mediante amplias franjas horizontales de distintos colores. Los campos amarillos se alternan con bandas verdes, violetas y marrones, mostrando la diversidad de cultivos y parcelas. Esta sucesión crea un ritmo pausado que conduce la mirada hacia el horizonte.

Algunos campos presentan tonalidades doradas muy luminosas, mientras otros aparecen más apagados o cubiertos de vegetación. Esta variedad sugiere diferentes fases de cultivo o distintos efectos de la luz sobre el terreno. El paisaje rural se percibe así como un espacio productivo, ordenado y al mismo tiempo lleno de matices.

Los límites entre las parcelas están marcados por setos, pequeños caminos y líneas de árboles. Estas divisiones no resultan rígidas, sino que siguen suavemente las curvas del terreno. El resultado es una composición natural y armoniosa en la que la actividad agrícola parece adaptarse a la forma del paisaje.

Hacia el centro se distinguen algunas pequeñas formas blancas dispersas entre los campos. Podrían corresponder a construcciones rurales, montones de material, animales o elementos relacionados con las labores agrícolas. Su claridad introduce puntos de interés en la distancia y contribuye a ampliar la profundidad.

En la parte izquierda de la zona media aparece una agrupación de vegetación alta con pequeñas flores o reflejos amarillos. Sus formas verticales se elevan frente a la línea oscura del horizonte. Cerca de ella se observan algunas siluetas diminutas que podrían sugerir aves, aportando una discreta sensación de movimiento.

Más hacia la derecha se levantan varios árboles de colores ocres, marrones y rojizos. Su tonalidad cálida contrasta con el verde oscuro del bosque lejano. Estas formas pueden anunciar el final del verano o simplemente reflejar la incidencia de una luz dorada sobre el follaje.

La línea del horizonte está formada por una extensa franja de árboles azulados y verdes oscuros. Este límite separa claramente los campos del cielo y funciona como una barrera natural. Su continuidad proporciona estabilidad y acentúa la amplitud horizontal del paisaje.

En algunos puntos, la masa forestal se interrumpe para dejar aparecer grupos de árboles rosados y anaranjados. Estos pequeños acentos introducen variedad y relacionan el fondo con las flores del primer plano. La repetición de los colores cálidos mantiene la unidad de toda la composición.

El cielo ocupa casi la mitad superior y constituye una gran superficie de serenidad. Su tonalidad azul grisácea se extiende de manera uniforme y genera una atmósfera abierta, luminosa y tranquila. La amplitud celeste permite respirar a la composición y equilibra la riqueza de formas y colores del campo.

Varias nubes pequeñas aparecen dispersas por el cielo. Algunas son blancas y otras presentan delicados matices rosados y violetas. Sus formas ligeras no anuncian tormenta, sino que aportan movimiento y suavizan la uniformidad del azul.

La nube situada en la parte superior derecha destaca por su mayor tamaño y por sus tonos rosados. Su presencia equilibra visualmente las figuras y el árbol del mismo lado. Otras nubes menores se distribuyen hacia el centro y la izquierda, creando un ritmo delicado sobre el horizonte.

La iluminación general parece corresponder a una tarde cálida. El campo recibe una luz dorada y las nubes muestran suaves reflejos rosados. Esta posible proximidad del atardecer aporta un matiz nostálgico y convierte la escena en una contemplación del final de la jornada.

La gama cromática se organiza mediante el contraste entre el azul frío del cielo y los amarillos cálidos de la tierra. Los verdes de la vegetación funcionan como transición entre ambos espacios, mientras los rojos de las amapolas y de la figura aportan energía. Esta combinación resulta equilibrada, luminosa y profundamente evocadora.

La composición se estructura en grandes franjas horizontales: el primer plano trabajado, la zona media de campos, la línea oscura del bosque y la amplitud del cielo. Estas bandas proporcionan estabilidad, mientras los surcos, el árbol inclinado y las figuras introducen diagonales y verticales que animan el conjunto.

La ausencia de edificios destacados o carreteras modernas intensifica el carácter rural. El paisaje parece conservar una relación directa con la tierra y con los ciclos naturales. Las figuras humanas se integran en este entorno sin dominarlo, apareciendo como parte de una actividad agrícola desarrollada en armonía con el territorio.

La obra transmite el esfuerzo silencioso asociado al trabajo del campo, pero también la belleza que acompaña esa labor. Los surcos y la tierra segada hablan de trabajo, mientras las flores, el cielo y los árboles aportan una dimensión poética. La escena celebra tanto la productividad de la tierra como su capacidad para ofrecer belleza.

Las dos figuras pueden interpretarse como símbolo de la presencia humana dentro de un paisaje inmenso. Su pequeño tamaño acentúa la escala del territorio y recuerda que el trabajo agrícola depende de fuerzas naturales mucho mayores. Al mismo tiempo, sus colores las convierten en una parte esencial de la narración.

También existe una atractiva relación entre permanencia y cambio. Los campos varían con las estaciones, las flores aparecen y desaparecen, y las cosechas se recogen cada año. La línea del bosque y la amplitud del cielo, en cambio, transmiten una sensación de continuidad. Esta convivencia convierte el paisaje en una imagen del ciclo del tiempo.

En conjunto, este precioso cuadro ofrece una visión amplia, luminosa y profundamente serena de unos campos dorados en plena estación estival, recorridos por surcos y salpicados de amapolas rojas y flores silvestres. Las dos pequeñas figuras situadas junto al árbol introducen una delicada narración humana, mientras las parcelas ondulantes, la lejana línea del bosque y el inmenso cielo azul construyen una extraordinaria sensación de profundidad. La obra transmite calma, abundancia y el silencioso esfuerzo de la vida rural, convirtiendo el paisaje en una celebración de la tierra, la cosecha y la belleza de una tarde en el campo.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Antonio Sadurní, que representa un extenso paisaje de campos dorados salpicados de amapolas, donde dos figuras trabajan o descansan junto a un árbol bajo un amplio cielo azul. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 83x96x5 cm.
· Dimensiones sin marco: 56x65 cm.
· Óleo sobre tela firmada a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un amplio paisaje rural dominado por campos dorados que se extienden hasta una lejana línea de árboles bajo un cielo azul claro. La escena parece desarrollarse durante el verano, cuando los cultivos han alcanzado su madurez y la tierra adquiere tonalidades cálidas de trigo, ocre y marrón. En la zona central derecha aparecen dos pequeñas figuras trabajando o descansando junto a la vegetación, mientras numerosas flores rojas y amarillas animan el primer plano y aportan una delicada vitalidad al entorno.

El campo ocupa aproximadamente la mitad inferior de la composición y constituye el principal elemento visual. Su gran extensión permite percibir la amplitud del paisaje y transmite una sensación inmediata de libertad. Las líneas que recorren la tierra conducen la mirada desde el primer plano hasta las figuras y, posteriormente, hacia las suaves elevaciones del horizonte.

La superficie del terreno presenta una rica combinación de amarillos, ocres, marrones, verdes apagados y pequeños reflejos rosados. Las distintas tonalidades se distribuyen de manera irregular, creando la impresión de una tierra trabajada y marcada por el ciclo agrícola. Algunas zonas parecen corresponder a cultivos ya segados, mientras otras conservan todavía vegetación más alta.

En el primer plano se observan numerosas líneas oblicuas que sugieren surcos, tallos cortados o rastros dejados durante la recolección. Estas marcas aportan ritmo y profundidad, además de revelar la intervención humana sobre el terreno. Su orientación diagonal dirige la mirada hacia el centro y evita que la amplia superficie resulte estática.

La luz cálida se concentra especialmente sobre el campo. Los tonos dorados parecen recoger el resplandor del sol y transmiten la sensación de una jornada luminosa y apacible. Las zonas marrones y violetas introducen pequeñas sombras que permiten apreciar los desniveles y la diversidad del suelo.

Entre los restos del cultivo aparecen numerosas flores rojas distribuidas de manera espontánea. Sus pequeños puntos de color destacan con intensidad sobre los ocres y amarillos. Estas flores, semejantes a amapolas, aportan una nota poética y convierten el campo trabajado en un espacio todavía lleno de vida.

Las amapolas se encuentran especialmente concentradas en la zona inferior y a ambos lados del camino o franja central. Algunas aparecen próximas al espectador, con formas más amplias y definidas, mientras otras se reducen a pequeños acentos rojizos en la distancia. Esta disminución gradual contribuye a reforzar la perspectiva.

Junto a las flores rojas se observan pequeñas notas amarillas, blancas y violetas que sugieren otras plantas silvestres. La variedad cromática suaviza la extensión terrosa del primer plano y establece una transición natural hacia la vegetación más densa de los márgenes.

En el lado izquierdo se levanta una amplia masa de plantas y arbustos. Sus verdes oscuros, azulados y grisáceos contrastan con la claridad del campo. Entre las hojas aparecen flores amarillas, rojas y rosadas que enriquecen esta zona y forman un marco natural para la escena.

La vegetación lateral parece seguir el trazado de una linde o un pequeño camino rural. Su disposición crea una línea que avanza desde el primer plano hasta la zona media. De esta manera, el borde izquierdo conduce la mirada hacia los campos lejanos y aporta orden a la composición.

En el lado derecho aparece otra franja de vegetación, algo más baja en el primer término y más abundante hacia la zona central. Sus verdes oscuros delimitan el campo y equilibran visualmente la masa vegetal de la izquierda. Las pequeñas flores rojas y amarillas vuelven a aparecer entre las plantas, manteniendo la continuidad cromática.

Cerca del centro derecho destaca un árbol inclinado de copa redondeada. Su tronco oscuro se eleva en diagonal y sostiene una abundante masa de hojas verdes, violetas y marrones. La inclinación aporta movimiento y parece reflejar el efecto continuado del viento sobre el paisaje.

Este árbol constituye uno de los principales puntos de referencia de la composición. Su sombra y su copa ofrecen un posible refugio en medio de la amplitud del campo. También ayuda a enmarcar las dos figuras situadas junto a él, creando una pequeña escena humana dentro del paisaje.

Las figuras aparecen representadas a una escala muy reducida, lo que subraya la inmensidad del entorno. Una de ellas viste una prenda blanca y permanece agachada o sentada cerca del suelo. La otra se encuentra erguida y lleva una camisa de intenso color rojo que destaca claramente entre los tonos naturales.

La persona vestida de blanco parece concentrada en alguna tarea relacionada con el terreno. Su postura inclinada podría indicar que recoge, examina u organiza algún elemento. La claridad de la ropa contrasta con las sombras verdes de la vegetación y permite reconocer su presencia a pesar de la distancia.

La figura de rojo se convierte en el principal acento humano y cromático de la zona central. Su posición vertical contrasta con la horizontalidad de los campos y con la postura recogida de la otra persona. El color de su vestimenta dialoga con las amapolas del primer plano y establece una unión visual entre la figura y el paisaje.

La relación entre ambas personas sugiere una actividad compartida. Podrían encontrarse trabajando en el campo, descansando durante la jornada o conversando junto al límite del cultivo. La ausencia de detalles precisos permite imaginar diferentes historias y concede a la escena un carácter universal.

Alrededor de las figuras aparecen pequeños objetos oscuros y claros que podrían estar relacionados con el trabajo agrícola. Su presencia refuerza la impresión de una jornada de labor y aporta riqueza narrativa. Sin embargo, estos elementos permanecen discretamente integrados en el terreno.

Detrás de las figuras se extiende una masa de arbustos que combina verdes oscuros, violetas, negros y pequeños reflejos amarillos. Esta vegetación separa el primer plano de los campos intermedios y proporciona una base visual para las figuras. Su forma redondeada encuentra un eco en la copa del árbol cercano.

La zona media del paisaje está organizada mediante amplias franjas horizontales de distintos colores. Los campos amarillos se alternan con bandas verdes, violetas y marrones, mostrando la diversidad de cultivos y parcelas. Esta sucesión crea un ritmo pausado que conduce la mirada hacia el horizonte.

Algunos campos presentan tonalidades doradas muy luminosas, mientras otros aparecen más apagados o cubiertos de vegetación. Esta variedad sugiere diferentes fases de cultivo o distintos efectos de la luz sobre el terreno. El paisaje rural se percibe así como un espacio productivo, ordenado y al mismo tiempo lleno de matices.

Los límites entre las parcelas están marcados por setos, pequeños caminos y líneas de árboles. Estas divisiones no resultan rígidas, sino que siguen suavemente las curvas del terreno. El resultado es una composición natural y armoniosa en la que la actividad agrícola parece adaptarse a la forma del paisaje.

Hacia el centro se distinguen algunas pequeñas formas blancas dispersas entre los campos. Podrían corresponder a construcciones rurales, montones de material, animales o elementos relacionados con las labores agrícolas. Su claridad introduce puntos de interés en la distancia y contribuye a ampliar la profundidad.

En la parte izquierda de la zona media aparece una agrupación de vegetación alta con pequeñas flores o reflejos amarillos. Sus formas verticales se elevan frente a la línea oscura del horizonte. Cerca de ella se observan algunas siluetas diminutas que podrían sugerir aves, aportando una discreta sensación de movimiento.

Más hacia la derecha se levantan varios árboles de colores ocres, marrones y rojizos. Su tonalidad cálida contrasta con el verde oscuro del bosque lejano. Estas formas pueden anunciar el final del verano o simplemente reflejar la incidencia de una luz dorada sobre el follaje.

La línea del horizonte está formada por una extensa franja de árboles azulados y verdes oscuros. Este límite separa claramente los campos del cielo y funciona como una barrera natural. Su continuidad proporciona estabilidad y acentúa la amplitud horizontal del paisaje.

En algunos puntos, la masa forestal se interrumpe para dejar aparecer grupos de árboles rosados y anaranjados. Estos pequeños acentos introducen variedad y relacionan el fondo con las flores del primer plano. La repetición de los colores cálidos mantiene la unidad de toda la composición.

El cielo ocupa casi la mitad superior y constituye una gran superficie de serenidad. Su tonalidad azul grisácea se extiende de manera uniforme y genera una atmósfera abierta, luminosa y tranquila. La amplitud celeste permite respirar a la composición y equilibra la riqueza de formas y colores del campo.

Varias nubes pequeñas aparecen dispersas por el cielo. Algunas son blancas y otras presentan delicados matices rosados y violetas. Sus formas ligeras no anuncian tormenta, sino que aportan movimiento y suavizan la uniformidad del azul.

La nube situada en la parte superior derecha destaca por su mayor tamaño y por sus tonos rosados. Su presencia equilibra visualmente las figuras y el árbol del mismo lado. Otras nubes menores se distribuyen hacia el centro y la izquierda, creando un ritmo delicado sobre el horizonte.

La iluminación general parece corresponder a una tarde cálida. El campo recibe una luz dorada y las nubes muestran suaves reflejos rosados. Esta posible proximidad del atardecer aporta un matiz nostálgico y convierte la escena en una contemplación del final de la jornada.

La gama cromática se organiza mediante el contraste entre el azul frío del cielo y los amarillos cálidos de la tierra. Los verdes de la vegetación funcionan como transición entre ambos espacios, mientras los rojos de las amapolas y de la figura aportan energía. Esta combinación resulta equilibrada, luminosa y profundamente evocadora.

La composición se estructura en grandes franjas horizontales: el primer plano trabajado, la zona media de campos, la línea oscura del bosque y la amplitud del cielo. Estas bandas proporcionan estabilidad, mientras los surcos, el árbol inclinado y las figuras introducen diagonales y verticales que animan el conjunto.

La ausencia de edificios destacados o carreteras modernas intensifica el carácter rural. El paisaje parece conservar una relación directa con la tierra y con los ciclos naturales. Las figuras humanas se integran en este entorno sin dominarlo, apareciendo como parte de una actividad agrícola desarrollada en armonía con el territorio.

La obra transmite el esfuerzo silencioso asociado al trabajo del campo, pero también la belleza que acompaña esa labor. Los surcos y la tierra segada hablan de trabajo, mientras las flores, el cielo y los árboles aportan una dimensión poética. La escena celebra tanto la productividad de la tierra como su capacidad para ofrecer belleza.

Las dos figuras pueden interpretarse como símbolo de la presencia humana dentro de un paisaje inmenso. Su pequeño tamaño acentúa la escala del territorio y recuerda que el trabajo agrícola depende de fuerzas naturales mucho mayores. Al mismo tiempo, sus colores las convierten en una parte esencial de la narración.

También existe una atractiva relación entre permanencia y cambio. Los campos varían con las estaciones, las flores aparecen y desaparecen, y las cosechas se recogen cada año. La línea del bosque y la amplitud del cielo, en cambio, transmiten una sensación de continuidad. Esta convivencia convierte el paisaje en una imagen del ciclo del tiempo.

En conjunto, este precioso cuadro ofrece una visión amplia, luminosa y profundamente serena de unos campos dorados en plena estación estival, recorridos por surcos y salpicados de amapolas rojas y flores silvestres. Las dos pequeñas figuras situadas junto al árbol introducen una delicada narración humana, mientras las parcelas ondulantes, la lejana línea del bosque y el inmenso cielo azul construyen una extraordinaria sensación de profundidad. La obra transmite calma, abundancia y el silencioso esfuerzo de la vida rural, convirtiendo el paisaje en una celebración de la tierra, la cosecha y la belleza de una tarde en el campo.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Datos

Artista
Antonio Sadurní (1927-2014)
Se vende con marco
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
Una tarde de verano
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
83 cm
Ancho
96 cm
Estilo
Posimpresionismo
Periodo
1970-1980
Vendido por
EspañaVerificado
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