Caja - Latón - Alhajero Ornamental





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Trustpilot 4.4 | 139439 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Descripción del vendedor
Es un alhajero ornamental del siglo XIX que concentra en su pequeño formato toda la teatralidad decorativa de la metalistería historicista. La caja, de cuerpo compacto y tapa curva, está trabajada en metal moldeado y repujado, con esa mezcla de tonos dorados y bronce envejecido que solo aparece cuando la pátina ha madurado durante décadas. Cada una de sus caras está cubierta por un relieve vegetal exuberante: flores abiertas, hojas nervadas, roleos que se entrelazan como si formaran un pequeño jardín metálico detenido en el tiempo. En el frente, el motivo floral central actúa casi como un emblema, un punto de atención que ordena el resto de la ornamentación.
Las patas cortas y decorativas elevan ligeramente la pieza, dándole presencia y evitando la sensación de bloque macizo. La tapa, suavemente arqueada, repite el lenguaje ornamental con un diseño que parece brotar desde el centro hacia los bordes, como si la caja respirara elegancia desde dentro.
Al abrirla, el contraste es delicioso: el interior está forrado en terciopelo azul, profundo y luminoso, un color que en el XIX se asociaba con lujo íntimo y protección de objetos valiosos. Ese terciopelo no solo embellece; también amortigua, cuida, envuelve. La combinación entre el exterior metálico —duro, brillante, casi arquitectónico— y el interior textil —suave, cálido, ceremonial— crea una dualidad que define a los mejores alhajeros de la época.
En conjunto, es una pieza que mezcla ornamentación romántica, artesanía minuciosa y un sentido íntimo del lujo, perfecta para coleccionistas, para un catálogo de antigüedades o para quien busque un objeto con carácter y memoria.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es un alhajero ornamental del siglo XIX que concentra en su pequeño formato toda la teatralidad decorativa de la metalistería historicista. La caja, de cuerpo compacto y tapa curva, está trabajada en metal moldeado y repujado, con esa mezcla de tonos dorados y bronce envejecido que solo aparece cuando la pátina ha madurado durante décadas. Cada una de sus caras está cubierta por un relieve vegetal exuberante: flores abiertas, hojas nervadas, roleos que se entrelazan como si formaran un pequeño jardín metálico detenido en el tiempo. En el frente, el motivo floral central actúa casi como un emblema, un punto de atención que ordena el resto de la ornamentación.
Las patas cortas y decorativas elevan ligeramente la pieza, dándole presencia y evitando la sensación de bloque macizo. La tapa, suavemente arqueada, repite el lenguaje ornamental con un diseño que parece brotar desde el centro hacia los bordes, como si la caja respirara elegancia desde dentro.
Al abrirla, el contraste es delicioso: el interior está forrado en terciopelo azul, profundo y luminoso, un color que en el XIX se asociaba con lujo íntimo y protección de objetos valiosos. Ese terciopelo no solo embellece; también amortigua, cuida, envuelve. La combinación entre el exterior metálico —duro, brillante, casi arquitectónico— y el interior textil —suave, cálido, ceremonial— crea una dualidad que define a los mejores alhajeros de la época.
En conjunto, es una pieza que mezcla ornamentación romántica, artesanía minuciosa y un sentido íntimo del lujo, perfecta para coleccionistas, para un catálogo de antigüedades o para quien busque un objeto con carácter y memoria.
Envío certificado y buen embalaje.

