Simone Cantarini (1612-1648) - L'Angelo Custode






Pasó cinco años como experto en arte clásico y tres años como comisario-priseur.
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Descripción del vendedor
DESCRIPCIÓN
"El Ángel Custodio", aguafuerte sobre papel vergellado, 12,7x17 cm, alrededor de 1639. En el reverso, notas a lápiz y exlibris no identificado.
La obra representa una escena de profunda ternura e intimidad: un ángel avanza acompañando a un niño, sujetándolo delicadamente por un brazo y guiando sus pasos. Mientras el niño se entrega con confianza a la figura celeste, el ángel eleva la otra mano para indicar el cielo, donde se delinean de forma suave y evanescente los rostros de algunos querubines. En esta composición, el artista despoja al sujeto sagrado de toda austera ieraticidad para colocarlo en una dimensión profundamente humana y familiar. Sustituyendo la fría perfección asimilada en la escuela de Guido Reni por un naturalismo más íntimo y doméstico, Cantarini envuelve a sus protagonistas en esa tierna melancolía que constituye la verdadera firma estilística y autónoma de su poética.
Desde el punto de vista técnico y compositivo, la plancha confirma la estatura del “Pesarese” como uno de los más grandes e innovadores grabadores del siglo XVII europeo. Alejándose de formalismos rígidos y de los trazos académicos de la época, Cantarini modela las figuras a través de un trazo fluido, nervioso y de extraordinaria libertad. Su trazo es escaso y vibrante, bien calibrado para hacer respirar el blanco del papel y hacerlo vibrar con una luz autónoma. Esta técnica permite a la estampa conservar la inmediatez y la frescura propias de un boceto a mano alzada, logrando una síntesis visual de una elegancia y una economía de medios sin igual. Es precisamente esta genialidad creativa, capaz de transmitir un aliento vital sobre la matriz de metal, la que convierte hojas como esta en obras maestras altamente codiciadas, guardadas celosamente dentro de colecciones privadas exclusivas y en gabinetes de estampas de las instituciones más prestigiosas del mundo, desde el Metropolitan y el British Museum, hasta el Louvre y los Uffizi.
AUTOR
Simone Cantarini, conocido como el “Pesarese” (1612-1648), se formó en las Marche para luego llegar a Bolonia en el taller de Guido Reni. Aunque asimiló el classicismo del maestro, elaboró una poética totalmente autónoma, sustituyendo su fría perfección por un naturalismo más íntimo, doméstico e impregnado de una tierna melancolía, que hizo a sus sujetos profundamente humanos.
El vértice absoluto de su arte reside sin embargo en el grabado, ámbito en el que se impuso como uno de los más grandes e innovadores grabadores del siglo XVII europeo. Su técnica gráfica abandonó los rígidos formalismos de la época para abrazar un trazo fluido, nervioso y de extraordinaria libertad. Con un trazo escaso y vibrante, Cantarini lograba hacer vibrar la luz sobre el papel blanco, restituyendo la inmediatez y la frescura del boceto a mano alzada con una elegancia y una economía de medios insuperables.
La genialidad de sus planchas y de sus pinturas lo convierte hoy en protagonista de las colecciones de arte más prestigiosas del mundo. Sus obras y sus hojas grabadas, muy buscadas, se guardan en instituciones como el Louvre, el Prado, el Metropolitan, los Uffizi, la Albertina de Viena y el British Museum, además de estar celosamente conservadas dentro de las colecciones privadas internacionales más exclusivas.
CONDITION REPORT
Buena la condición general. Obra íntegra en todas sus partes con trazo e impresión frescos y bien legibles.
Envío rastreable y asegurado con embalaje adecuado.
DESCRIPCIÓN
"El Ángel Custodio", aguafuerte sobre papel vergellado, 12,7x17 cm, alrededor de 1639. En el reverso, notas a lápiz y exlibris no identificado.
La obra representa una escena de profunda ternura e intimidad: un ángel avanza acompañando a un niño, sujetándolo delicadamente por un brazo y guiando sus pasos. Mientras el niño se entrega con confianza a la figura celeste, el ángel eleva la otra mano para indicar el cielo, donde se delinean de forma suave y evanescente los rostros de algunos querubines. En esta composición, el artista despoja al sujeto sagrado de toda austera ieraticidad para colocarlo en una dimensión profundamente humana y familiar. Sustituyendo la fría perfección asimilada en la escuela de Guido Reni por un naturalismo más íntimo y doméstico, Cantarini envuelve a sus protagonistas en esa tierna melancolía que constituye la verdadera firma estilística y autónoma de su poética.
Desde el punto de vista técnico y compositivo, la plancha confirma la estatura del “Pesarese” como uno de los más grandes e innovadores grabadores del siglo XVII europeo. Alejándose de formalismos rígidos y de los trazos académicos de la época, Cantarini modela las figuras a través de un trazo fluido, nervioso y de extraordinaria libertad. Su trazo es escaso y vibrante, bien calibrado para hacer respirar el blanco del papel y hacerlo vibrar con una luz autónoma. Esta técnica permite a la estampa conservar la inmediatez y la frescura propias de un boceto a mano alzada, logrando una síntesis visual de una elegancia y una economía de medios sin igual. Es precisamente esta genialidad creativa, capaz de transmitir un aliento vital sobre la matriz de metal, la que convierte hojas como esta en obras maestras altamente codiciadas, guardadas celosamente dentro de colecciones privadas exclusivas y en gabinetes de estampas de las instituciones más prestigiosas del mundo, desde el Metropolitan y el British Museum, hasta el Louvre y los Uffizi.
AUTOR
Simone Cantarini, conocido como el “Pesarese” (1612-1648), se formó en las Marche para luego llegar a Bolonia en el taller de Guido Reni. Aunque asimiló el classicismo del maestro, elaboró una poética totalmente autónoma, sustituyendo su fría perfección por un naturalismo más íntimo, doméstico e impregnado de una tierna melancolía, que hizo a sus sujetos profundamente humanos.
El vértice absoluto de su arte reside sin embargo en el grabado, ámbito en el que se impuso como uno de los más grandes e innovadores grabadores del siglo XVII europeo. Su técnica gráfica abandonó los rígidos formalismos de la época para abrazar un trazo fluido, nervioso y de extraordinaria libertad. Con un trazo escaso y vibrante, Cantarini lograba hacer vibrar la luz sobre el papel blanco, restituyendo la inmediatez y la frescura del boceto a mano alzada con una elegancia y una economía de medios insuperables.
La genialidad de sus planchas y de sus pinturas lo convierte hoy en protagonista de las colecciones de arte más prestigiosas del mundo. Sus obras y sus hojas grabadas, muy buscadas, se guardan en instituciones como el Louvre, el Prado, el Metropolitan, los Uffizi, la Albertina de Viena y el British Museum, además de estar celosamente conservadas dentro de las colecciones privadas internacionales más exclusivas.
CONDITION REPORT
Buena la condición general. Obra íntegra en todas sus partes con trazo e impresión frescos y bien legibles.
Envío rastreable y asegurado con embalaje adecuado.
