José Luis Florit Rodero (1909-2001) - Retrato de caballero






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Descripción del vendedor
Es una acuarela que respira ese aire elegante y ligeramente teatral que José Luis Florit Rodero sabía imprimir a sus figuras. El “Retrato de caballero”, fechado en 1942, muestra a un hombre joven o de mediana edad, vestido con un atuendo que remite deliberadamente al siglo XIX: chaqueta azul de faldones, pantalón claro, faja amarilla y un porte estudiadamente distinguido. La postura, con una mano apoyada en el respaldo de la silla y la otra ajustando el pañuelo o la corbata, transmite una mezcla de seguridad y coquetería masculina, como si el personaje estuviera preparándose para ser observado.
El entorno que lo rodea añade matices interesantes. La mesa con papeles y tintero sugiere una vida ligada a la escritura, la administración o quizá la creación artística. En la pared, las espadas cruzadas conviven con pinceles, un detalle simbólico que Florit utiliza para insinuar una personalidad compleja, a medio camino entre lo militar y lo artístico, o simplemente para jugar con la iconografía romántica del siglo XIX. La cortina drapeada al fondo refuerza esa atmósfera de estudio o gabinete privado, un espacio íntimo donde el retratado parece moverse con naturalidad.
El estilo de Florit se reconoce en la suavidad del color, en la línea precisa pero nunca rígida y en esa forma de construir la figura a través de una elegancia contenida. Aunque la obra se realiza en 1942, el artista no busca reflejar su tiempo inmediato, sino recrear un pasado idealizado, casi escénico, que encaja con su gusto por la ilustración, el vestuario histórico y la ambientación narrativa. El resultado es un retrato que no solo representa a un caballero, sino también una cierta idea de refinamiento y nostalgia que Florit manejaba con soltura.
Envío certificado y buen embalaje,
El vendedor y su historia
Es una acuarela que respira ese aire elegante y ligeramente teatral que José Luis Florit Rodero sabía imprimir a sus figuras. El “Retrato de caballero”, fechado en 1942, muestra a un hombre joven o de mediana edad, vestido con un atuendo que remite deliberadamente al siglo XIX: chaqueta azul de faldones, pantalón claro, faja amarilla y un porte estudiadamente distinguido. La postura, con una mano apoyada en el respaldo de la silla y la otra ajustando el pañuelo o la corbata, transmite una mezcla de seguridad y coquetería masculina, como si el personaje estuviera preparándose para ser observado.
El entorno que lo rodea añade matices interesantes. La mesa con papeles y tintero sugiere una vida ligada a la escritura, la administración o quizá la creación artística. En la pared, las espadas cruzadas conviven con pinceles, un detalle simbólico que Florit utiliza para insinuar una personalidad compleja, a medio camino entre lo militar y lo artístico, o simplemente para jugar con la iconografía romántica del siglo XIX. La cortina drapeada al fondo refuerza esa atmósfera de estudio o gabinete privado, un espacio íntimo donde el retratado parece moverse con naturalidad.
El estilo de Florit se reconoce en la suavidad del color, en la línea precisa pero nunca rígida y en esa forma de construir la figura a través de una elegancia contenida. Aunque la obra se realiza en 1942, el artista no busca reflejar su tiempo inmediato, sino recrear un pasado idealizado, casi escénico, que encaja con su gusto por la ilustración, el vestuario histórico y la ambientación narrativa. El resultado es un retrato que no solo representa a un caballero, sino también una cierta idea de refinamiento y nostalgia que Florit manejaba con soltura.
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