École catalane (XX) - El campo dorado






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El campo dorado de École catalane (XX), 1970–1980, óleo sobre tela, España, 55 × 46 cm, firmado a mano, original, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela catalana, que representa a dos personas recorriendo un sendero sombreado junto a una escalera y una puerta escondidas en la profundidad de un bosque sereno y frondoso. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 55x46x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un rincón natural de gran serenidad, dominado por árboles altos y frondosos que extienden sus ramas sobre un sendero estrecho. La vegetación ocupa casi toda la composición y crea la sensación de un espacio protegido, fresco y apartado del ruido. Entre las copas se abren pequeños claros por los que penetra una luz suave, capaz de iluminar ciertas hojas y de producir delicadas variaciones entre verdes profundos, tonos grisáceos, amarillos apagados y reflejos azulados. La escena parece recoger un momento tranquilo del día, cuando la claridad atraviesa el bosque sin romper su atmósfera de recogimiento.
En la zona derecha se levanta el árbol más imponente de la escena. Su tronco ancho y vertical funciona como una poderosa columna natural, mientras que sus ramas se despliegan hacia la izquierda y se unen visualmente con las de los demás árboles. Esta gran estructura vegetal forma una especie de techo vivo sobre el camino. La solidez del tronco contrasta con la ligereza de las hojas, representadas mediante numerosas manchas de color que sugieren el movimiento del follaje y la entrada irregular de la luz. El árbol transmite una sensación de antigüedad y permanencia, como si llevara muchos años contemplando el paso de quienes recorren este lugar.
En el centro y en la parte inferior de la imagen aparece un camino pedregoso que se introduce en el paisaje y guía la mirada hacia el fondo. Su recorrido no es completamente recto, sino que avanza entre sombras, desniveles y pequeñas zonas iluminadas. Las piedras del suelo presentan colores grises, verdes, azulados y terrosos, creando una superficie irregular que parece húmeda o refrescada por la sombra. Este sendero constituye uno de los principales ejes de la composición, pues conecta el espacio cercano con las profundidades del bosque y despierta el deseo de imaginar qué habrá más allá de la zona visible.
A la derecha del camino se encuentra una escalera de piedra que asciende por la ladera. Sus peldaños, estrechos y desiguales, parecen haber sido moldeados por el paso del tiempo y por el tránsito constante de caminantes. A ambos lados crecen arbustos, pequeñas flores y plantas silvestres que suavizan la dureza de la piedra. La escalera conduce hasta una puerta rústica de madera formada por listones horizontales y diagonales. Esta puerta no parece cerrar por completo el paisaje, sino señalar el límite entre el sendero público y un espacio más íntimo y elevado, quizá un jardín, una finca o un camino privado escondido entre la vegetación.
La puerta ocupa una posición especialmente sugerente dentro de la escena. Su color oscuro destaca entre los verdes cercanos y los tonos luminosos de los escalones. Más que un simple elemento funcional, puede interpretarse como una invitación, una pausa o un umbral. Al estar situada en lo alto de la pequeña subida, introduce una idea de misterio: no sabemos qué se encuentra detrás ni hasta dónde continúa el recorrido. La vegetación que la rodea acentúa este carácter secreto, haciendo pensar en un lugar antiguo que conserva historias, recuerdos y experiencias vinculadas a quienes lo han atravesado.
En la parte inferior izquierda aparecen dos figuras humanas caminando juntas por el sendero. Aunque son pequeñas en comparación con el tamaño de los árboles, su presencia aporta vida, escala y una dimensión narrativa al paisaje. Ambas avanzan de espaldas, lo que permite al espectador acompañarlas imaginariamente en su recorrido. Su cercanía sugiere compañía, confianza y conversación, pero también puede transmitir un silencio compartido, propio de quienes contemplan la naturaleza sin necesidad de hablar. Las figuras parecen adentrarse lentamente en el bosque, protegidas por la sombra y guiadas por la luz del camino.
La relación entre los caminantes y el entorno refuerza la inmensidad de la naturaleza. Los cuerpos humanos ocupan un espacio reducido, mientras los troncos, las ramas y las masas de hojas se elevan muy por encima de ellos. Esta diferencia de escala no resulta amenazante, sino acogedora: el bosque parece envolver a las figuras y ofrecerles refugio. El sendero se convierte así en una metáfora del viaje, del paso del tiempo y del descubrimiento, mientras que los árboles pueden representar la permanencia, la memoria y la continuidad de la vida.
La profundidad se construye mediante la sucesión de distintos planos. En primer término aparecen las piedras, los escalones y la vegetación más definida; en el plano intermedio se sitúan la puerta, los grandes troncos y las figuras; y en el fondo, las formas se vuelven más claras y difusas. Esta transición crea la impresión de una atmósfera ligeramente brumosa y aumenta la sensación de distancia. El claro luminoso que se distingue hacia el centro izquierdo parece abrir una salida o un espacio más despejado, convirtiéndose en un punto de atracción visual hacia el cual avanzan los caminantes.
El color verde es el gran protagonista, pero se presenta en una rica variedad de matices. Hay verdes oscuros en las sombras profundas, verdes grisáceos en las zonas húmedas, tonos amarillentos en las hojas alcanzadas por la luz y pequeños acentos azulados que refrescan el ambiente. Junto a ellos aparecen marrones, ocres y violetas suaves en las rocas, los troncos y el terreno. Las discretas notas blancas y rosadas de algunas flores introducen detalles delicados que animan la escena sin romper su armonía general.
La luz tiene un papel esencial en la atmósfera del cuadro. No entra de manera uniforme, sino que se filtra a través de las ramas y se posa solamente sobre ciertas zonas. Algunos fragmentos del camino, las hojas superiores, las piedras de la escalera y varios bordes de la vegetación reciben una claridad tenue. El resto permanece cubierto por sombras frescas y transparentes. Este equilibrio entre iluminación y penumbra genera una sensación de sosiego, intimidad y frescor, como si el espectador se encontrara bajo la protección de los árboles en una mañana silenciosa.
En conjunto, la obra representa un paseo tranquilo por un bosque frondoso, donde dos personas avanzan entre árboles monumentales, senderos de piedra y una misteriosa puerta de madera. La composición combina la belleza natural con la presencia discreta del ser humano, creando una escena contemplativa que habla de compañía, descubrimiento y conexión con el entorno. El camino invita a continuar, la escalera propone una dirección alternativa y la puerta despierta la curiosidad, mientras la vegetación lo envuelve todo con una sensación de paz, memoria y refugio.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela catalana, que representa a dos personas recorriendo un sendero sombreado junto a una escalera y una puerta escondidas en la profundidad de un bosque sereno y frondoso. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 55x46x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un rincón natural de gran serenidad, dominado por árboles altos y frondosos que extienden sus ramas sobre un sendero estrecho. La vegetación ocupa casi toda la composición y crea la sensación de un espacio protegido, fresco y apartado del ruido. Entre las copas se abren pequeños claros por los que penetra una luz suave, capaz de iluminar ciertas hojas y de producir delicadas variaciones entre verdes profundos, tonos grisáceos, amarillos apagados y reflejos azulados. La escena parece recoger un momento tranquilo del día, cuando la claridad atraviesa el bosque sin romper su atmósfera de recogimiento.
En la zona derecha se levanta el árbol más imponente de la escena. Su tronco ancho y vertical funciona como una poderosa columna natural, mientras que sus ramas se despliegan hacia la izquierda y se unen visualmente con las de los demás árboles. Esta gran estructura vegetal forma una especie de techo vivo sobre el camino. La solidez del tronco contrasta con la ligereza de las hojas, representadas mediante numerosas manchas de color que sugieren el movimiento del follaje y la entrada irregular de la luz. El árbol transmite una sensación de antigüedad y permanencia, como si llevara muchos años contemplando el paso de quienes recorren este lugar.
En el centro y en la parte inferior de la imagen aparece un camino pedregoso que se introduce en el paisaje y guía la mirada hacia el fondo. Su recorrido no es completamente recto, sino que avanza entre sombras, desniveles y pequeñas zonas iluminadas. Las piedras del suelo presentan colores grises, verdes, azulados y terrosos, creando una superficie irregular que parece húmeda o refrescada por la sombra. Este sendero constituye uno de los principales ejes de la composición, pues conecta el espacio cercano con las profundidades del bosque y despierta el deseo de imaginar qué habrá más allá de la zona visible.
A la derecha del camino se encuentra una escalera de piedra que asciende por la ladera. Sus peldaños, estrechos y desiguales, parecen haber sido moldeados por el paso del tiempo y por el tránsito constante de caminantes. A ambos lados crecen arbustos, pequeñas flores y plantas silvestres que suavizan la dureza de la piedra. La escalera conduce hasta una puerta rústica de madera formada por listones horizontales y diagonales. Esta puerta no parece cerrar por completo el paisaje, sino señalar el límite entre el sendero público y un espacio más íntimo y elevado, quizá un jardín, una finca o un camino privado escondido entre la vegetación.
La puerta ocupa una posición especialmente sugerente dentro de la escena. Su color oscuro destaca entre los verdes cercanos y los tonos luminosos de los escalones. Más que un simple elemento funcional, puede interpretarse como una invitación, una pausa o un umbral. Al estar situada en lo alto de la pequeña subida, introduce una idea de misterio: no sabemos qué se encuentra detrás ni hasta dónde continúa el recorrido. La vegetación que la rodea acentúa este carácter secreto, haciendo pensar en un lugar antiguo que conserva historias, recuerdos y experiencias vinculadas a quienes lo han atravesado.
En la parte inferior izquierda aparecen dos figuras humanas caminando juntas por el sendero. Aunque son pequeñas en comparación con el tamaño de los árboles, su presencia aporta vida, escala y una dimensión narrativa al paisaje. Ambas avanzan de espaldas, lo que permite al espectador acompañarlas imaginariamente en su recorrido. Su cercanía sugiere compañía, confianza y conversación, pero también puede transmitir un silencio compartido, propio de quienes contemplan la naturaleza sin necesidad de hablar. Las figuras parecen adentrarse lentamente en el bosque, protegidas por la sombra y guiadas por la luz del camino.
La relación entre los caminantes y el entorno refuerza la inmensidad de la naturaleza. Los cuerpos humanos ocupan un espacio reducido, mientras los troncos, las ramas y las masas de hojas se elevan muy por encima de ellos. Esta diferencia de escala no resulta amenazante, sino acogedora: el bosque parece envolver a las figuras y ofrecerles refugio. El sendero se convierte así en una metáfora del viaje, del paso del tiempo y del descubrimiento, mientras que los árboles pueden representar la permanencia, la memoria y la continuidad de la vida.
La profundidad se construye mediante la sucesión de distintos planos. En primer término aparecen las piedras, los escalones y la vegetación más definida; en el plano intermedio se sitúan la puerta, los grandes troncos y las figuras; y en el fondo, las formas se vuelven más claras y difusas. Esta transición crea la impresión de una atmósfera ligeramente brumosa y aumenta la sensación de distancia. El claro luminoso que se distingue hacia el centro izquierdo parece abrir una salida o un espacio más despejado, convirtiéndose en un punto de atracción visual hacia el cual avanzan los caminantes.
El color verde es el gran protagonista, pero se presenta en una rica variedad de matices. Hay verdes oscuros en las sombras profundas, verdes grisáceos en las zonas húmedas, tonos amarillentos en las hojas alcanzadas por la luz y pequeños acentos azulados que refrescan el ambiente. Junto a ellos aparecen marrones, ocres y violetas suaves en las rocas, los troncos y el terreno. Las discretas notas blancas y rosadas de algunas flores introducen detalles delicados que animan la escena sin romper su armonía general.
La luz tiene un papel esencial en la atmósfera del cuadro. No entra de manera uniforme, sino que se filtra a través de las ramas y se posa solamente sobre ciertas zonas. Algunos fragmentos del camino, las hojas superiores, las piedras de la escalera y varios bordes de la vegetación reciben una claridad tenue. El resto permanece cubierto por sombras frescas y transparentes. Este equilibrio entre iluminación y penumbra genera una sensación de sosiego, intimidad y frescor, como si el espectador se encontrara bajo la protección de los árboles en una mañana silenciosa.
En conjunto, la obra representa un paseo tranquilo por un bosque frondoso, donde dos personas avanzan entre árboles monumentales, senderos de piedra y una misteriosa puerta de madera. La composición combina la belleza natural con la presencia discreta del ser humano, creando una escena contemplativa que habla de compañía, descubrimiento y conexión con el entorno. El camino invita a continuar, la escalera propone una dirección alternativa y la puerta despierta la curiosidad, mientras la vegetación lo envuelve todo con una sensación de paz, memoria y refugio.
