Domingo Alvarez Gomez (1942) - Cerca de ti





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Cerca de ti, 1980–1990, pastel, España, Realismo, Original, en marco, 61,5 × 43,5 cm.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Álvarez, que representa el abrazo íntimo de dos personas como símbolo universal de amor, consuelo, protección y confianza mutua. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 61,5x43,5x2 cm.
· Dimensiones sin marco: 48x30 cm.
· Pastel firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha, Domingo.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio protector (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta el abrazo íntimo y silencioso de dos figuras humanas que aparecen unidas en el centro de una composición dominada por tonalidades oscuras, suaves y profundamente envolventes. Los cuerpos se muestran de espaldas y permanecen estrechamente enlazados, hasta el punto de que sus formas parecen fundirse en una sola presencia. Los rostros quedan ocultos por completo, lo que impide identificar a los protagonistas y convierte el gesto en una imagen universal de afecto, consuelo y protección. Una gran tela clara rodea la parte inferior de ambos cuerpos y refuerza la sensación de refugio que transmite la escena.
La figura situada a la izquierda ocupa el espacio central y muestra la espalda casi por completo. Su cabeza se inclina hacia la persona que abraza, permitiendo que el cabello oscuro caiga suavemente sobre la nuca y el hombro. Esta inclinación transmite confianza y entrega, como si buscara descanso en la cercanía del otro cuerpo. La ausencia de tensión en la postura hace que el abrazo resulte sincero, tranquilo y prolongado.
El cabello de esta figura forma una masa oscura que se confunde parcialmente con el fondo. Algunos mechones reciben reflejos grisáceos y marrones, mientras que otros permanecen completamente sumergidos en la sombra. Su caída irregular aporta naturalidad y movimiento. Al ocultar el rostro, el cabello aumenta el misterio y concentra la atención en el lenguaje corporal.
La espalda se convierte en uno de los principales ejes visuales de la obra. Desde la base del cuello desciende una línea central que marca delicadamente la columna y organiza la anatomía. Los hombros, los omóplatos y la cintura aparecen sugeridos mediante una combinación gradual de claridad y sombra. El cuerpo no se presenta como una forma rígida, sino como una superficie viva que responde al gesto del abrazo.
El hombro izquierdo se encuentra ligeramente más bajo, mientras que el derecho se eleva por la proximidad del otro cuerpo. Esta asimetría introduce dinamismo y permite percibir la presión suave del encuentro. Las variaciones de luz sobre la espalda ayudan a comprender cómo ambas figuras se acomodan una contra otra. Cada curva parece determinada por la necesidad de acercarse y sostenerse mutuamente.
La cintura se estrecha en la zona central y da paso a la curva de la cadera, parcialmente cubierta por la tela clara. Esta transición crea una línea sinuosa que guía la mirada desde los hombros hasta la parte inferior. La figura parece inclinarse levemente hacia delante, reforzando el contacto con la persona abrazada. Su postura expresa vulnerabilidad, pero también una plena confianza en quien la sostiene.
La segunda figura aparece situada a la derecha y queda parcialmente oculta. Su espalda se presenta de manera más vertical y muestra una línea luminosa que desciende desde el hombro hasta la cintura. Aunque se observan menos detalles de su cuerpo, su presencia resulta esencial, pues constituye el apoyo y el refugio de la figura central. Ambas siluetas se complementan y forman una estructura compacta.
El hombro derecho de esta segunda figura se eleva y forma una curva amplia que conduce hacia la cabeza oculta. La luz se concentra sobre su parte superior y resalta el volumen antes de descender por el brazo. El rostro permanece completamente escondido detrás de la otra persona, lo que intensifica la sensación de privacidad. El espectador presencia el abrazo, pero no puede acceder a la identidad ni a los pensamientos de quienes lo protagonizan.
Una de las manos constituye un detalle de enorme fuerza emocional. Aparece apoyada sobre la parte superior de la espalda y cerca del hombro de la figura central, con los dedos extendidos y ligeramente separados. El gesto es suave, pero firme, y transmite la voluntad de sostener, proteger y no dejar marchar. La mano funciona como una expresión visible de aquello que los rostros ocultos no pueden comunicar.
Los dedos siguen la curvatura del hombro y parecen ejercer una presión delicada. La luminosidad que los recorre permite distinguirlos claramente frente al cabello oscuro y la piel sombreada. Este contraste convierte la mano en uno de los puntos más expresivos de la composición. Su posición puede interpretarse como una caricia, una búsqueda de seguridad o un gesto de consuelo.
La ausencia de rostros concede una gran universalidad a la escena. Las figuras podrían representar a una pareja, dos personas que se reencuentran, familiares que se consuelan o seres queridos que se despiden. Al no mostrar expresiones faciales, la emoción se construye exclusivamente mediante la proximidad, la postura y el contacto. Esta indefinición permite que cada espectador proyecte en el abrazo sus propios recuerdos.
Los cuerpos no aparecen enfrentados de forma rígida, sino ligeramente desplazados y adaptados el uno al otro. Esta disposición crea una sensación de unidad orgánica. Las líneas de los hombros, las espaldas y los brazos se aproximan hasta resultar difíciles de separar en algunos puntos. El abrazo parece borrar momentáneamente los límites individuales y construir un espacio compartido.
La iluminación es tenue y se concentra principalmente en las espaldas y en la mano visible. Predominan los tonos marfil, beige, dorados y grisáceos, acompañados por sombras marrones y violetas. La luz no invade toda la escena, sino que surge de manera selectiva y revela únicamente aquello necesario para comprender el gesto. Esta elección aumenta la intimidad y hace que el abrazo parezca protegido por la penumbra.
En la espalda de la figura central aparecen pequeñas zonas luminosas que se distribuyen sobre los hombros y los omóplatos. La claridad se vuelve más suave al descender hacia la cintura, donde se mezcla con tonos verdosos y ocres. Sobre el segundo cuerpo, la luz forma una franja vertical más intensa que ayuda a diferenciar ambas figuras. Estos cambios sutiles aportan profundidad sin romper la unidad del conjunto.
Las sombras cumplen una función esencial. Rodean las cabezas, ocultan los rostros y envuelven los laterales de la composición, creando una sensación de aislamiento respecto al mundo exterior. La oscuridad no parece amenazadora, sino protectora, semejante a una habitación silenciosa o a una noche en la que el abrazo se convierte en el único refugio. El fondo elimina cualquier distracción y concentra toda la emoción en los cuerpos.
La tela clara que cubre la parte inferior ocupa una superficie considerable y presenta una caída amplia e irregular. Sus tonos blancos, grises, azulados y verdosos contrastan con la calidez de la piel y con la profundidad del fondo. El borde asciende alrededor de las caderas, envolviendo a las dos figuras dentro de un mismo espacio. Su presencia refuerza la idea de intimidad compartida.
Los pliegues de la tela forman líneas suaves que se extienden hacia los laterales y la zona inferior. Algunas partes reciben una mayor claridad, mientras que otras se confunden con las sombras. La tela puede recordar una sábana, una manta o un paño amplio dispuesto alrededor de los cuerpos. Más allá de su función material, actúa como una envoltura simbólica que protege y une.
El color general de la obra es contenido y sobrio. Los marrones, grises, negros y verdes apagados crean un ambiente de profunda calma, mientras que los tonos cálidos de la piel introducen humanidad. No existen colores brillantes que alteren la concentración emocional. Todo parece construido para transmitir silencio, cercanía y una intensidad que no necesita gestos dramáticos.
La composición vertical acentúa la presencia de las figuras y permite que el abrazo ocupe casi todo el espacio disponible. Las cabezas se sitúan en la parte superior y se unen dentro de una gran masa oscura, mientras que las espaldas descienden en paralelo hacia la tela. Esta organización crea una sensación de estabilidad. Los cuerpos funcionan como dos columnas flexibles que se sostienen mutuamente.
Las líneas curvas dominan toda la escena. Aparecen en los hombros, los brazos, las espaldas, las caderas y los pliegues de la tela. No hay interrupciones bruscas ni formas angulosas que rompan la armonía. Esta continuidad visual acompaña el significado emocional del abrazo y hace que la composición resulte fluida y envolvente.
El contacto entre ambas figuras puede interpretarse como una representación del amor, aunque no necesariamente de carácter romántico. El abrazo constituye uno de los gestos humanos más universales y puede expresar alegría, gratitud, protección, perdón, despedida o consuelo. La obra mantiene abiertas todas estas posibilidades. Su fuerza reside precisamente en no explicar qué ocurrió antes ni qué sucederá después.
También puede entenderse como una imagen de refugio frente a la soledad. El fondo oscuro sugiere un mundo exterior incierto, mientras que la unión de los cuerpos crea un espacio luminoso y seguro. Las figuras parecen encontrar en la presencia del otro aquello que no existe a su alrededor. El abrazo se convierte así en una forma de resistencia frente al miedo, la pérdida o la fragilidad.
La mano apoyada sobre el hombro transmite la necesidad de conservar ese instante. Sus dedos abiertos parecen afirmar la presencia de la otra persona y confirmar que el contacto es real. Este pequeño gesto concentra una enorme intensidad emocional. Puede leerse como una promesa silenciosa de acompañamiento y permanencia.
La figura central, al inclinar la cabeza y mostrar la espalda, expresa una entrega absoluta. No existe una mirada hacia el espectador ni una conciencia aparente de estar siendo observada. Toda su atención se dirige hacia la persona abrazada. Esta actitud transforma la escena en un momento profundamente privado y concede al espectador el papel de testigo silencioso.
La segunda figura, más oculta, puede percibirse como una presencia protectora. Su postura vertical y la colocación de la mano transmiten estabilidad. Sin embargo, el hecho de que también esconda el rostro sugiere que ambas personas necesitan el abrazo por igual. No existe una figura completamente fuerte y otra completamente vulnerable, sino una dependencia mutua basada en el afecto.
El cuadro invita a recordar aquellos momentos en que las palabras resultan insuficientes. En determinadas situaciones, un abrazo puede comunicar más que cualquier explicación, pues permite compartir una emoción sin necesidad de nombrarla. Las figuras parecen haber encontrado precisamente ese lenguaje silencioso. Su cercanía expresa comprensión y aceptación.
La escena posee una belleza contenida que surge de la sencillez. No hay objetos, paisajes ni elementos narrativos que expliquen la relación entre los personajes. Solamente permanecen los cuerpos, la mano, la luz y la tela. Esta reducción hace que la emoción se presente de forma directa y universal.
En conjunto, este cuadro representa el abrazo profundo de dos figuras que encuentran refugio, consuelo y seguridad en la cercanía mutua. Las espaldas unidas, los rostros ocultos, la mano apoyada sobre el hombro y la tela clara que envuelve los cuerpos construyen una imagen íntima y profundamente emotiva. La oscuridad del fondo aísla a los protagonistas del mundo exterior, mientras que la luz suave revela la calidez de su unión. La obra transforma un gesto cotidiano en un símbolo universal del amor, la protección, la confianza y la necesidad humana de sentirse acompañado.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Álvarez, que representa el abrazo íntimo de dos personas como símbolo universal de amor, consuelo, protección y confianza mutua. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 61,5x43,5x2 cm.
· Dimensiones sin marco: 48x30 cm.
· Pastel firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha, Domingo.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio protector (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta el abrazo íntimo y silencioso de dos figuras humanas que aparecen unidas en el centro de una composición dominada por tonalidades oscuras, suaves y profundamente envolventes. Los cuerpos se muestran de espaldas y permanecen estrechamente enlazados, hasta el punto de que sus formas parecen fundirse en una sola presencia. Los rostros quedan ocultos por completo, lo que impide identificar a los protagonistas y convierte el gesto en una imagen universal de afecto, consuelo y protección. Una gran tela clara rodea la parte inferior de ambos cuerpos y refuerza la sensación de refugio que transmite la escena.
La figura situada a la izquierda ocupa el espacio central y muestra la espalda casi por completo. Su cabeza se inclina hacia la persona que abraza, permitiendo que el cabello oscuro caiga suavemente sobre la nuca y el hombro. Esta inclinación transmite confianza y entrega, como si buscara descanso en la cercanía del otro cuerpo. La ausencia de tensión en la postura hace que el abrazo resulte sincero, tranquilo y prolongado.
El cabello de esta figura forma una masa oscura que se confunde parcialmente con el fondo. Algunos mechones reciben reflejos grisáceos y marrones, mientras que otros permanecen completamente sumergidos en la sombra. Su caída irregular aporta naturalidad y movimiento. Al ocultar el rostro, el cabello aumenta el misterio y concentra la atención en el lenguaje corporal.
La espalda se convierte en uno de los principales ejes visuales de la obra. Desde la base del cuello desciende una línea central que marca delicadamente la columna y organiza la anatomía. Los hombros, los omóplatos y la cintura aparecen sugeridos mediante una combinación gradual de claridad y sombra. El cuerpo no se presenta como una forma rígida, sino como una superficie viva que responde al gesto del abrazo.
El hombro izquierdo se encuentra ligeramente más bajo, mientras que el derecho se eleva por la proximidad del otro cuerpo. Esta asimetría introduce dinamismo y permite percibir la presión suave del encuentro. Las variaciones de luz sobre la espalda ayudan a comprender cómo ambas figuras se acomodan una contra otra. Cada curva parece determinada por la necesidad de acercarse y sostenerse mutuamente.
La cintura se estrecha en la zona central y da paso a la curva de la cadera, parcialmente cubierta por la tela clara. Esta transición crea una línea sinuosa que guía la mirada desde los hombros hasta la parte inferior. La figura parece inclinarse levemente hacia delante, reforzando el contacto con la persona abrazada. Su postura expresa vulnerabilidad, pero también una plena confianza en quien la sostiene.
La segunda figura aparece situada a la derecha y queda parcialmente oculta. Su espalda se presenta de manera más vertical y muestra una línea luminosa que desciende desde el hombro hasta la cintura. Aunque se observan menos detalles de su cuerpo, su presencia resulta esencial, pues constituye el apoyo y el refugio de la figura central. Ambas siluetas se complementan y forman una estructura compacta.
El hombro derecho de esta segunda figura se eleva y forma una curva amplia que conduce hacia la cabeza oculta. La luz se concentra sobre su parte superior y resalta el volumen antes de descender por el brazo. El rostro permanece completamente escondido detrás de la otra persona, lo que intensifica la sensación de privacidad. El espectador presencia el abrazo, pero no puede acceder a la identidad ni a los pensamientos de quienes lo protagonizan.
Una de las manos constituye un detalle de enorme fuerza emocional. Aparece apoyada sobre la parte superior de la espalda y cerca del hombro de la figura central, con los dedos extendidos y ligeramente separados. El gesto es suave, pero firme, y transmite la voluntad de sostener, proteger y no dejar marchar. La mano funciona como una expresión visible de aquello que los rostros ocultos no pueden comunicar.
Los dedos siguen la curvatura del hombro y parecen ejercer una presión delicada. La luminosidad que los recorre permite distinguirlos claramente frente al cabello oscuro y la piel sombreada. Este contraste convierte la mano en uno de los puntos más expresivos de la composición. Su posición puede interpretarse como una caricia, una búsqueda de seguridad o un gesto de consuelo.
La ausencia de rostros concede una gran universalidad a la escena. Las figuras podrían representar a una pareja, dos personas que se reencuentran, familiares que se consuelan o seres queridos que se despiden. Al no mostrar expresiones faciales, la emoción se construye exclusivamente mediante la proximidad, la postura y el contacto. Esta indefinición permite que cada espectador proyecte en el abrazo sus propios recuerdos.
Los cuerpos no aparecen enfrentados de forma rígida, sino ligeramente desplazados y adaptados el uno al otro. Esta disposición crea una sensación de unidad orgánica. Las líneas de los hombros, las espaldas y los brazos se aproximan hasta resultar difíciles de separar en algunos puntos. El abrazo parece borrar momentáneamente los límites individuales y construir un espacio compartido.
La iluminación es tenue y se concentra principalmente en las espaldas y en la mano visible. Predominan los tonos marfil, beige, dorados y grisáceos, acompañados por sombras marrones y violetas. La luz no invade toda la escena, sino que surge de manera selectiva y revela únicamente aquello necesario para comprender el gesto. Esta elección aumenta la intimidad y hace que el abrazo parezca protegido por la penumbra.
En la espalda de la figura central aparecen pequeñas zonas luminosas que se distribuyen sobre los hombros y los omóplatos. La claridad se vuelve más suave al descender hacia la cintura, donde se mezcla con tonos verdosos y ocres. Sobre el segundo cuerpo, la luz forma una franja vertical más intensa que ayuda a diferenciar ambas figuras. Estos cambios sutiles aportan profundidad sin romper la unidad del conjunto.
Las sombras cumplen una función esencial. Rodean las cabezas, ocultan los rostros y envuelven los laterales de la composición, creando una sensación de aislamiento respecto al mundo exterior. La oscuridad no parece amenazadora, sino protectora, semejante a una habitación silenciosa o a una noche en la que el abrazo se convierte en el único refugio. El fondo elimina cualquier distracción y concentra toda la emoción en los cuerpos.
La tela clara que cubre la parte inferior ocupa una superficie considerable y presenta una caída amplia e irregular. Sus tonos blancos, grises, azulados y verdosos contrastan con la calidez de la piel y con la profundidad del fondo. El borde asciende alrededor de las caderas, envolviendo a las dos figuras dentro de un mismo espacio. Su presencia refuerza la idea de intimidad compartida.
Los pliegues de la tela forman líneas suaves que se extienden hacia los laterales y la zona inferior. Algunas partes reciben una mayor claridad, mientras que otras se confunden con las sombras. La tela puede recordar una sábana, una manta o un paño amplio dispuesto alrededor de los cuerpos. Más allá de su función material, actúa como una envoltura simbólica que protege y une.
El color general de la obra es contenido y sobrio. Los marrones, grises, negros y verdes apagados crean un ambiente de profunda calma, mientras que los tonos cálidos de la piel introducen humanidad. No existen colores brillantes que alteren la concentración emocional. Todo parece construido para transmitir silencio, cercanía y una intensidad que no necesita gestos dramáticos.
La composición vertical acentúa la presencia de las figuras y permite que el abrazo ocupe casi todo el espacio disponible. Las cabezas se sitúan en la parte superior y se unen dentro de una gran masa oscura, mientras que las espaldas descienden en paralelo hacia la tela. Esta organización crea una sensación de estabilidad. Los cuerpos funcionan como dos columnas flexibles que se sostienen mutuamente.
Las líneas curvas dominan toda la escena. Aparecen en los hombros, los brazos, las espaldas, las caderas y los pliegues de la tela. No hay interrupciones bruscas ni formas angulosas que rompan la armonía. Esta continuidad visual acompaña el significado emocional del abrazo y hace que la composición resulte fluida y envolvente.
El contacto entre ambas figuras puede interpretarse como una representación del amor, aunque no necesariamente de carácter romántico. El abrazo constituye uno de los gestos humanos más universales y puede expresar alegría, gratitud, protección, perdón, despedida o consuelo. La obra mantiene abiertas todas estas posibilidades. Su fuerza reside precisamente en no explicar qué ocurrió antes ni qué sucederá después.
También puede entenderse como una imagen de refugio frente a la soledad. El fondo oscuro sugiere un mundo exterior incierto, mientras que la unión de los cuerpos crea un espacio luminoso y seguro. Las figuras parecen encontrar en la presencia del otro aquello que no existe a su alrededor. El abrazo se convierte así en una forma de resistencia frente al miedo, la pérdida o la fragilidad.
La mano apoyada sobre el hombro transmite la necesidad de conservar ese instante. Sus dedos abiertos parecen afirmar la presencia de la otra persona y confirmar que el contacto es real. Este pequeño gesto concentra una enorme intensidad emocional. Puede leerse como una promesa silenciosa de acompañamiento y permanencia.
La figura central, al inclinar la cabeza y mostrar la espalda, expresa una entrega absoluta. No existe una mirada hacia el espectador ni una conciencia aparente de estar siendo observada. Toda su atención se dirige hacia la persona abrazada. Esta actitud transforma la escena en un momento profundamente privado y concede al espectador el papel de testigo silencioso.
La segunda figura, más oculta, puede percibirse como una presencia protectora. Su postura vertical y la colocación de la mano transmiten estabilidad. Sin embargo, el hecho de que también esconda el rostro sugiere que ambas personas necesitan el abrazo por igual. No existe una figura completamente fuerte y otra completamente vulnerable, sino una dependencia mutua basada en el afecto.
El cuadro invita a recordar aquellos momentos en que las palabras resultan insuficientes. En determinadas situaciones, un abrazo puede comunicar más que cualquier explicación, pues permite compartir una emoción sin necesidad de nombrarla. Las figuras parecen haber encontrado precisamente ese lenguaje silencioso. Su cercanía expresa comprensión y aceptación.
La escena posee una belleza contenida que surge de la sencillez. No hay objetos, paisajes ni elementos narrativos que expliquen la relación entre los personajes. Solamente permanecen los cuerpos, la mano, la luz y la tela. Esta reducción hace que la emoción se presente de forma directa y universal.
En conjunto, este cuadro representa el abrazo profundo de dos figuras que encuentran refugio, consuelo y seguridad en la cercanía mutua. Las espaldas unidas, los rostros ocultos, la mano apoyada sobre el hombro y la tela clara que envuelve los cuerpos construyen una imagen íntima y profundamente emotiva. La oscuridad del fondo aísla a los protagonistas del mundo exterior, mientras que la luz suave revela la calidez de su unión. La obra transforma un gesto cotidiano en un símbolo universal del amor, la protección, la confianza y la necesidad humana de sentirse acompañado.

