Enrique Munné (1880-1949) - El sendero de la ladera

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El sendero de la ladera, óleo sobre tela original de Enrique Munné (1880-1949), España, impresionismo, 60 x 81 cm, firmado a mano, edición original.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Enrique Munné, que representa un sendero que se pierde entre la vegetación y las laderas rojizas, como símbolo de exploración, transformación, esfuerzo y paso del tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 60x81x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un paisaje agreste y profundamente envolvente, dominado por una vegetación abundante que cubre las laderas mediante una extraordinaria combinación de verdes, amarillos, ocres, naranjas, rojos, violetas y negros. Desde la esquina inferior izquierda nace un sendero de tierra clara que se introduce entre los matorrales y desaparece progresivamente en la espesura. El terreno asciende hacia la derecha formando una gran ladera rojiza coronada por árboles y arbustos, mientras un cielo grisáceo y luminoso ocupa una estrecha franja superior. La escena transmite la sensación de un rincón natural apartado y silencioso, donde la vegetación ha crecido libremente y cada color parece anunciar un cambio de estación.

El sendero constituye el principal acceso visual al paisaje. Comienza con una superficie relativamente ancha y se estrecha a medida que avanza hacia el centro. Su recorrido se curva suavemente hacia la derecha antes de quedar oculto por la vegetación. Esta dirección genera profundidad e invita al espectador a imaginar qué puede existir más allá de la zona visible.

La superficie del camino está formada por tonos beige, amarillos, ocres, marrones suaves y pequeños matices rosados. Algunas zonas parecen iluminadas, mientras que otras adquieren sombras verdosas y violetas. Esta variedad sugiere un terreno irregular, cubierto por polvo, pequeñas piedras y restos vegetales. El sendero parece antiguo y adaptado a la forma natural de la ladera.

En sus márgenes aparecen numerosas plantas que invaden parcialmente el paso. Algunas hojas y ramas se inclinan hacia el centro, reduciendo la anchura del camino. Esta presencia vegetal refuerza la sensación de un lugar poco transitado. El sendero no domina la naturaleza, sino que intenta abrirse paso entre ella.

En la parte inferior derecha se extiende una gran masa de vegetación baja. Los verdes oscuros se mezclan con amarillos, grises, azules y pequeños tonos violetas. Las plantas poseen alturas y direcciones diferentes, creando una superficie llena de movimiento. Algunas parecen hierbas jóvenes, mientras que otras recuerdan arbustos más densos.

Entre los verdes aparecen numerosos acentos amarillos que aportan luminosidad. Pueden interpretarse como hojas iluminadas, pequeñas flores o vegetación que comienza a secarse. Su distribución irregular evita que la zona resulte uniforme. Estos destellos cálidos parecen recoger la luz procedente del cielo.

También se distinguen pequeñas piedras claras en la parte inferior derecha. Sus tonos blancos, grises y azulados contrastan con la oscuridad de las plantas. Algunas están parcialmente cubiertas por hojas y tallos, lo que demuestra la abundancia del crecimiento vegetal. Estos elementos aportan peso y estabilidad al primer plano.

En el lado izquierdo se concentra una zona especialmente oscura. Allí, ramas, arbustos y pequeños troncos se superponen mediante negros, marrones, verdes profundos y violetas. La densidad de esta vegetación crea una sensación de misterio. El interior parece fresco, sombreado y difícil de atravesar.

Numerosas ramas finas recorren esa zona en diferentes direcciones. Algunas ascienden de manera vertical, mientras que otras se cruzan y forman una red compleja. Sus tonalidades grises y marrones permiten distinguirlas sobre las manchas oscuras del fondo. La acumulación transmite la imagen de una vegetación silvestre que ha crecido sin intervención.

Entre las sombras aparecen algunas zonas rojizas y anaranjadas. Estos colores pueden corresponder a hojas secas, tierra expuesta o plantas afectadas por el cambio estacional. Su presencia aporta calidez y enlaza visualmente con la gran ladera del fondo. Incluso en la zona más oscura, el paisaje conserva una rica diversidad cromática.

La parte central está dominada por una gran acumulación de arbustos de verdes oscuros, amarillos y tonos casi negros. Esta masa forma una barrera natural que oculta la continuación del sendero. Las plantas parecen crecer a diferentes niveles y adaptarse a la pendiente. Algunas formas se elevan como pequeñas copas y otras descienden hacia el camino.

En el centro izquierdo destaca una amplia zona amarilla y dorada. Su luminosidad contrasta con los violetas profundos situados debajo. Puede tratarse de un grupo de arbustos iluminados por el sol o de vegetación que ha comenzado a adquirir colores otoñales. Esta área se convierte en uno de los principales focos de luz.

Debajo de los amarillos se extiende una franja oscura de violetas, negros y marrones. Esta oposición crea profundidad y permite imaginar distintas capas de vegetación. Las zonas luminosas parecen situarse delante o recibir directamente la claridad, mientras que las oscuras permanecen protegidas. El paisaje adquiere así una estructura compleja.

La ladera del fondo asciende diagonalmente desde la izquierda hacia la parte superior derecha. Sus tonalidades rosadas, rojizas, anaranjadas y ocres destacan sobre el resto de la composición. La forma amplia y ascendente aporta dinamismo y conduce la mirada hacia la zona más elevada. La tierra parece cálida y rica en minerales.

Sobre la ladera se distribuyen árboles y arbustos de distintas dimensiones. Sus copas aparecen formadas por verdes oscuros, negros, grises y pequeños reflejos amarillos. Algunos ejemplares crecen aislados, mientras que otros forman grupos compactos. La irregularidad transmite una naturaleza libre y adaptada a un terreno difícil.

En la zona central superior aparecen varios árboles pequeños recortados contra el cielo. Sus siluetas oscuras permiten percibir claramente la inclinación de la ladera. Aunque su tamaño es reducido, aportan escala y profundidad. Parecen resistir el viento y la exposición de la zona elevada.

Hacia la derecha, la vegetación se vuelve más abundante y oscura. Una gran masa de arbustos cubre buena parte de la ladera y desciende hasta el primer plano. Entre los verdes profundos aparecen marrones rojizos, violetas y tonos amarillos. La variedad sugiere diferentes especies y distintos estados de crecimiento.

Varias ramas altas y finas se elevan en el lado derecho. Sus tonos marrones, grises y rojizos destacan sobre el color naranja de la tierra. Algunas ramas parecen desnudas, mientras que otras conservan pequeñas hojas. Esta combinación refuerza la impresión de un paisaje situado entre estaciones.

La ladera puede estar experimentando la transición del verano al otoño. Los verdes todavía conservan una gran presencia, pero los amarillos, naranjas y rojos comienzan a extenderse. Las plantas más secas adquieren colores terrosos, mientras que otras permanecen frescas y oscuras. Esta convivencia convierte el cambio estacional en el verdadero protagonista.

El cielo ocupa una franja relativamente estrecha, lo que permite que la vegetación domine casi toda la escena. Sus colores combinan blancos, grises, beige y ligeros azulados. No aparece un sol visible, pero la claridad se distribuye de manera suave. La atmósfera parece ligeramente cubierta o húmeda.

Las nubes no presentan contornos muy definidos. Se mezclan formando una superficie clara que contrasta con la intensidad de las laderas. Esta luminosidad permite distinguir las siluetas de los árboles más altos. El cielo aporta calma frente al movimiento de la vegetación.

La composición posee una fuerte dirección ascendente. El camino conduce hacia el centro, la ladera se eleva hacia la derecha y los árboles continúan ese movimiento hacia el cielo. Estas líneas hacen que la mirada recorra el paisaje de abajo arriba. La escena parece crecer delante del espectador.

Al mismo tiempo, la densidad vegetal crea una sensación de profundidad difícil de medir. Algunas plantas aparecen muy próximas y definidas, mientras que otras se funden en masas oscuras. Esta superposición sugiere un espacio amplio y lleno de rincones ocultos. El paisaje parece continuar mucho más allá de los límites visibles.

La gama cromática establece un diálogo entre tonos cálidos y fríos. Los rojos, naranjas, amarillos y ocres de la ladera contrastan con los verdes, violetas y negros de la vegetación. Los grises del cielo actúan como una zona de equilibrio. Esta combinación produce una atmósfera intensa y emocional.

Los amarillos aportan luz y energía, mientras que los verdes expresan vida y resistencia. Los rojos y naranjas sugieren transformación, calor y madurez. Los violetas y negros introducen profundidad y misterio. Cada color contribuye a representar la diversidad del entorno natural.

La ausencia de figuras humanas y construcciones refuerza el carácter salvaje del paisaje. Solo el sendero demuestra que alguna persona ha atravesado el lugar. Sin embargo, la vegetación parece estar recuperando lentamente ese espacio. La naturaleza domina por completo la escena.

El camino puede interpretarse como símbolo de exploración y descubrimiento. Su recorrido se pierde entre los arbustos y no permite conocer el destino. Esta incertidumbre invita a avanzar mentalmente y a imaginar un paisaje oculto. El sendero representa la curiosidad y el deseo de adentrarse en lo desconocido.

La ladera ascendente puede simbolizar esfuerzo y superación. Su inclinación y su vegetación densa sugieren un terreno difícil, pero lleno de vida. Alcanzar la parte superior requeriría atravesar matorrales, piedras y desniveles. El paisaje convierte la dificultad en una forma de belleza.

La transición cromática de las plantas recuerda el paso del tiempo. Algunas hojas permanecen verdes, otras se vuelven amarillas y otras adquieren rojos profundos. Esta variedad muestra que la transformación no ocurre de manera uniforme. Cada elemento sigue su propio ritmo dentro del ciclo natural.

La escena despierta una intensa experiencia sensorial. Puede imaginarse el sonido del viento entre las ramas, el roce de los pasos sobre la tierra y el movimiento de las hierbas. También parece posible sentir el aroma de la vegetación seca y la frescura de las zonas sombrías. El paisaje invita a una contemplación lenta y cercana.

La obra no necesita mostrar una montaña monumental ni una arquitectura destacada para transmitir grandeza. Su fuerza reside en la riqueza de un terreno aparentemente sencillo. Cada arbusto, cada rama y cada cambio de color contribuyen a crear una naturaleza viva. El paisaje celebra la belleza de aquello que suele pasar desapercibido.

En conjunto, este cuadro representa un sendero que se adentra entre una vegetación espesa y asciende hacia unas laderas rojizas cubiertas de árboles, arbustos y plantas en plena transformación estacional. Los verdes profundos, amarillos luminosos, naranjas, violetas y negros construyen un paisaje intenso en el que la naturaleza domina completamente el espacio. El camino simboliza exploración y descubrimiento; la pendiente, esfuerzo y superación; y los colores cambiantes, renovación y paso del tiempo. La obra invita a internarse imaginariamente en un entorno salvaje, silencioso y lleno de vida.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Enrique Munné, que representa un sendero que se pierde entre la vegetación y las laderas rojizas, como símbolo de exploración, transformación, esfuerzo y paso del tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones de la obra: 60x81x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un paisaje agreste y profundamente envolvente, dominado por una vegetación abundante que cubre las laderas mediante una extraordinaria combinación de verdes, amarillos, ocres, naranjas, rojos, violetas y negros. Desde la esquina inferior izquierda nace un sendero de tierra clara que se introduce entre los matorrales y desaparece progresivamente en la espesura. El terreno asciende hacia la derecha formando una gran ladera rojiza coronada por árboles y arbustos, mientras un cielo grisáceo y luminoso ocupa una estrecha franja superior. La escena transmite la sensación de un rincón natural apartado y silencioso, donde la vegetación ha crecido libremente y cada color parece anunciar un cambio de estación.

El sendero constituye el principal acceso visual al paisaje. Comienza con una superficie relativamente ancha y se estrecha a medida que avanza hacia el centro. Su recorrido se curva suavemente hacia la derecha antes de quedar oculto por la vegetación. Esta dirección genera profundidad e invita al espectador a imaginar qué puede existir más allá de la zona visible.

La superficie del camino está formada por tonos beige, amarillos, ocres, marrones suaves y pequeños matices rosados. Algunas zonas parecen iluminadas, mientras que otras adquieren sombras verdosas y violetas. Esta variedad sugiere un terreno irregular, cubierto por polvo, pequeñas piedras y restos vegetales. El sendero parece antiguo y adaptado a la forma natural de la ladera.

En sus márgenes aparecen numerosas plantas que invaden parcialmente el paso. Algunas hojas y ramas se inclinan hacia el centro, reduciendo la anchura del camino. Esta presencia vegetal refuerza la sensación de un lugar poco transitado. El sendero no domina la naturaleza, sino que intenta abrirse paso entre ella.

En la parte inferior derecha se extiende una gran masa de vegetación baja. Los verdes oscuros se mezclan con amarillos, grises, azules y pequeños tonos violetas. Las plantas poseen alturas y direcciones diferentes, creando una superficie llena de movimiento. Algunas parecen hierbas jóvenes, mientras que otras recuerdan arbustos más densos.

Entre los verdes aparecen numerosos acentos amarillos que aportan luminosidad. Pueden interpretarse como hojas iluminadas, pequeñas flores o vegetación que comienza a secarse. Su distribución irregular evita que la zona resulte uniforme. Estos destellos cálidos parecen recoger la luz procedente del cielo.

También se distinguen pequeñas piedras claras en la parte inferior derecha. Sus tonos blancos, grises y azulados contrastan con la oscuridad de las plantas. Algunas están parcialmente cubiertas por hojas y tallos, lo que demuestra la abundancia del crecimiento vegetal. Estos elementos aportan peso y estabilidad al primer plano.

En el lado izquierdo se concentra una zona especialmente oscura. Allí, ramas, arbustos y pequeños troncos se superponen mediante negros, marrones, verdes profundos y violetas. La densidad de esta vegetación crea una sensación de misterio. El interior parece fresco, sombreado y difícil de atravesar.

Numerosas ramas finas recorren esa zona en diferentes direcciones. Algunas ascienden de manera vertical, mientras que otras se cruzan y forman una red compleja. Sus tonalidades grises y marrones permiten distinguirlas sobre las manchas oscuras del fondo. La acumulación transmite la imagen de una vegetación silvestre que ha crecido sin intervención.

Entre las sombras aparecen algunas zonas rojizas y anaranjadas. Estos colores pueden corresponder a hojas secas, tierra expuesta o plantas afectadas por el cambio estacional. Su presencia aporta calidez y enlaza visualmente con la gran ladera del fondo. Incluso en la zona más oscura, el paisaje conserva una rica diversidad cromática.

La parte central está dominada por una gran acumulación de arbustos de verdes oscuros, amarillos y tonos casi negros. Esta masa forma una barrera natural que oculta la continuación del sendero. Las plantas parecen crecer a diferentes niveles y adaptarse a la pendiente. Algunas formas se elevan como pequeñas copas y otras descienden hacia el camino.

En el centro izquierdo destaca una amplia zona amarilla y dorada. Su luminosidad contrasta con los violetas profundos situados debajo. Puede tratarse de un grupo de arbustos iluminados por el sol o de vegetación que ha comenzado a adquirir colores otoñales. Esta área se convierte en uno de los principales focos de luz.

Debajo de los amarillos se extiende una franja oscura de violetas, negros y marrones. Esta oposición crea profundidad y permite imaginar distintas capas de vegetación. Las zonas luminosas parecen situarse delante o recibir directamente la claridad, mientras que las oscuras permanecen protegidas. El paisaje adquiere así una estructura compleja.

La ladera del fondo asciende diagonalmente desde la izquierda hacia la parte superior derecha. Sus tonalidades rosadas, rojizas, anaranjadas y ocres destacan sobre el resto de la composición. La forma amplia y ascendente aporta dinamismo y conduce la mirada hacia la zona más elevada. La tierra parece cálida y rica en minerales.

Sobre la ladera se distribuyen árboles y arbustos de distintas dimensiones. Sus copas aparecen formadas por verdes oscuros, negros, grises y pequeños reflejos amarillos. Algunos ejemplares crecen aislados, mientras que otros forman grupos compactos. La irregularidad transmite una naturaleza libre y adaptada a un terreno difícil.

En la zona central superior aparecen varios árboles pequeños recortados contra el cielo. Sus siluetas oscuras permiten percibir claramente la inclinación de la ladera. Aunque su tamaño es reducido, aportan escala y profundidad. Parecen resistir el viento y la exposición de la zona elevada.

Hacia la derecha, la vegetación se vuelve más abundante y oscura. Una gran masa de arbustos cubre buena parte de la ladera y desciende hasta el primer plano. Entre los verdes profundos aparecen marrones rojizos, violetas y tonos amarillos. La variedad sugiere diferentes especies y distintos estados de crecimiento.

Varias ramas altas y finas se elevan en el lado derecho. Sus tonos marrones, grises y rojizos destacan sobre el color naranja de la tierra. Algunas ramas parecen desnudas, mientras que otras conservan pequeñas hojas. Esta combinación refuerza la impresión de un paisaje situado entre estaciones.

La ladera puede estar experimentando la transición del verano al otoño. Los verdes todavía conservan una gran presencia, pero los amarillos, naranjas y rojos comienzan a extenderse. Las plantas más secas adquieren colores terrosos, mientras que otras permanecen frescas y oscuras. Esta convivencia convierte el cambio estacional en el verdadero protagonista.

El cielo ocupa una franja relativamente estrecha, lo que permite que la vegetación domine casi toda la escena. Sus colores combinan blancos, grises, beige y ligeros azulados. No aparece un sol visible, pero la claridad se distribuye de manera suave. La atmósfera parece ligeramente cubierta o húmeda.

Las nubes no presentan contornos muy definidos. Se mezclan formando una superficie clara que contrasta con la intensidad de las laderas. Esta luminosidad permite distinguir las siluetas de los árboles más altos. El cielo aporta calma frente al movimiento de la vegetación.

La composición posee una fuerte dirección ascendente. El camino conduce hacia el centro, la ladera se eleva hacia la derecha y los árboles continúan ese movimiento hacia el cielo. Estas líneas hacen que la mirada recorra el paisaje de abajo arriba. La escena parece crecer delante del espectador.

Al mismo tiempo, la densidad vegetal crea una sensación de profundidad difícil de medir. Algunas plantas aparecen muy próximas y definidas, mientras que otras se funden en masas oscuras. Esta superposición sugiere un espacio amplio y lleno de rincones ocultos. El paisaje parece continuar mucho más allá de los límites visibles.

La gama cromática establece un diálogo entre tonos cálidos y fríos. Los rojos, naranjas, amarillos y ocres de la ladera contrastan con los verdes, violetas y negros de la vegetación. Los grises del cielo actúan como una zona de equilibrio. Esta combinación produce una atmósfera intensa y emocional.

Los amarillos aportan luz y energía, mientras que los verdes expresan vida y resistencia. Los rojos y naranjas sugieren transformación, calor y madurez. Los violetas y negros introducen profundidad y misterio. Cada color contribuye a representar la diversidad del entorno natural.

La ausencia de figuras humanas y construcciones refuerza el carácter salvaje del paisaje. Solo el sendero demuestra que alguna persona ha atravesado el lugar. Sin embargo, la vegetación parece estar recuperando lentamente ese espacio. La naturaleza domina por completo la escena.

El camino puede interpretarse como símbolo de exploración y descubrimiento. Su recorrido se pierde entre los arbustos y no permite conocer el destino. Esta incertidumbre invita a avanzar mentalmente y a imaginar un paisaje oculto. El sendero representa la curiosidad y el deseo de adentrarse en lo desconocido.

La ladera ascendente puede simbolizar esfuerzo y superación. Su inclinación y su vegetación densa sugieren un terreno difícil, pero lleno de vida. Alcanzar la parte superior requeriría atravesar matorrales, piedras y desniveles. El paisaje convierte la dificultad en una forma de belleza.

La transición cromática de las plantas recuerda el paso del tiempo. Algunas hojas permanecen verdes, otras se vuelven amarillas y otras adquieren rojos profundos. Esta variedad muestra que la transformación no ocurre de manera uniforme. Cada elemento sigue su propio ritmo dentro del ciclo natural.

La escena despierta una intensa experiencia sensorial. Puede imaginarse el sonido del viento entre las ramas, el roce de los pasos sobre la tierra y el movimiento de las hierbas. También parece posible sentir el aroma de la vegetación seca y la frescura de las zonas sombrías. El paisaje invita a una contemplación lenta y cercana.

La obra no necesita mostrar una montaña monumental ni una arquitectura destacada para transmitir grandeza. Su fuerza reside en la riqueza de un terreno aparentemente sencillo. Cada arbusto, cada rama y cada cambio de color contribuyen a crear una naturaleza viva. El paisaje celebra la belleza de aquello que suele pasar desapercibido.

En conjunto, este cuadro representa un sendero que se adentra entre una vegetación espesa y asciende hacia unas laderas rojizas cubiertas de árboles, arbustos y plantas en plena transformación estacional. Los verdes profundos, amarillos luminosos, naranjas, violetas y negros construyen un paisaje intenso en el que la naturaleza domina completamente el espacio. El camino simboliza exploración y descubrimiento; la pendiente, esfuerzo y superación; y los colores cambiantes, renovación y paso del tiempo. La obra invita a internarse imaginariamente en un entorno salvaje, silencioso y lleno de vida.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Datos

Artista
Enrique Munné (1880-1949)
Se vende con marco
No
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
El sendero de la ladera
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
60 cm
Ancho
81 cm
Estilo
Impresionismo
Periodo
1920-1930
Vendido por
EspañaVerificado
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