Francesc Vidal Palmada (1894-1958) - La tierra florecida

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Caroline Bokobza
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La tierra florecida es una pintura al óleo original de Francesc Vidal Palmada (1894-1958), realizada en los años 1930, en el estilo Impresionismo, originaria de España, firmada a mano y vendida con marco por Galería, con una medida de 53 cm por 121 cm con el marco.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Vidal Palmada, que representa un pueblo rural rodeado de campos floridos y protegido por una gran cordillera, como símbolo de trabajo, comunidad, abundancia y armonía con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 53x121x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 51x119 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un extenso paisaje rural en el que un gran campo cubierto de pequeñas flores claras se despliega desde el primer plano hasta las inmediaciones de un pueblo situado al pie de una poderosa cordillera. La composición posee un formato especialmente panorámico que permite contemplar la amplitud del valle, la distribución de los cultivos, las construcciones agrupadas alrededor de un campanario y las montañas que dominan todo el horizonte. Dos pequeñas figuras trabajan entre la vegetación, introduciendo una presencia humana discreta dentro de la inmensidad natural. La escena transmite serenidad, abundancia y una profunda conexión entre la tierra, el trabajo y la vida comunitaria.

El primer plano está completamente ocupado por una extensa superficie vegetal. Los verdes claros, oscuros y azulados se mezclan con innumerables puntos blancos, rosados y amarillentos que parecen corresponder a flores pequeñas. Esta vegetación crea una textura visual densa y delicada. El campo se asemeja a una gran alfombra natural extendida delante del espectador.

Las flores se distribuyen de manera irregular y forman concentraciones más abundantes en algunas zonas. Las más cercanas aparecen claramente diferenciadas mediante pequeñas manchas luminosas, mientras que las lejanas se funden en una neblina blanca y verdosa. Esta transición aumenta la profundidad. El campo parece continuar mucho más allá de lo que la mirada alcanza a distinguir.

Los tonos blancos aportan una intensa luminosidad a la parte inferior. No forman una superficie uniforme, sino una sucesión de pequeños destellos entre las hojas. Algunas flores poseen matices rosados y violetas que suavizan el predominio verde. La abundancia sugiere una primavera avanzada o el momento de máxima floración de algún cultivo.

En la parte inferior derecha, la vegetación se vuelve más oscura y densa. Predominan los verdes profundos, negros y azulados, creando una zona de sombra que contrasta con el centro iluminado. Esta diferencia puede deberse a la inclinación del terreno, a la proximidad de un margen o a una menor incidencia de la luz. La oscuridad enmarca el paisaje y conduce la mirada hacia el pueblo.

El campo se organiza en suaves ondulaciones que avanzan hacia el horizonte. Algunas zonas parecen ligeramente elevadas, mientras que otras forman pequeñas depresiones. Estas variaciones evitan una superficie plana y transmiten la amplitud real del terreno. La mirada recorre el campo de manera pausada antes de alcanzar las construcciones.

En la zona central izquierda aparece un pequeño árbol de copa redondeada. Sus hojas combinan verdes oscuros, grises y ligeros tonos amarillos. El tronco apenas se distingue entre la vegetación, pero la copa destaca sobre el campo claro. Su presencia aporta una referencia de escala y rompe la horizontalidad dominante.

Junto a este árbol aparecen dos figuras humanas de reducido tamaño. Una de ellas parece mantenerse erguida o ligeramente inclinada, mientras que la otra se encuentra agachada sobre el terreno. Sus colores oscuros contrastan con la claridad del campo. La posición sugiere que realizan una tarea relacionada con el cultivo o la recogida.

Cerca de las figuras se distinguen pequeñas formas que podrían corresponder a recipientes, herramientas o cestas. Estos detalles refuerzan la interpretación de una jornada de trabajo agrícola. Aunque las personas ocupan muy poco espacio, su presencia resulta fundamental. Introducen una historia cotidiana y permiten comprender la enorme extensión de las tierras.

Los trabajadores parecen completamente integrados en el paisaje. No dominan la naturaleza ni interrumpen su serenidad, sino que participan de sus ciclos. Su esfuerzo puede relacionarse con la siembra, el cuidado o la recolección. La escena celebra así el vínculo directo entre las personas y la tierra.

Detrás de las figuras aparecen varias franjas de cultivo. Algunas son verdes y claras, mientras que otras presentan tonos marrones, rojizos y violetas. Las parcelas forman líneas diagonales que conducen hacia el pueblo. Esta organización revela un territorio trabajado y cuidadosamente distribuido.

Una parcela de tonalidad rojiza destaca cerca del centro. Su forma alargada contrasta con el campo blanco y verde. Podría corresponder a tierra recientemente removida o a un cultivo diferente. Esta variación cromática aporta profundidad y demuestra la diversidad agrícola del valle.

Hacia la derecha se extiende un gran campo casi completamente cubierto por flores claras. Su superficie ocupa una parte considerable y asciende ligeramente hacia el horizonte. En el borde aparece una línea oscura de arbustos o cultivo alto. Esta franja delimita la parcela y guía la mirada hacia las colinas.

La vegetación situada en los márgenes está formada por verdes intensos y amarillos. Podría tratarse de una hilera de árboles, viñas, arbustos o plantas cultivadas. Su disposición regular sugiere una intervención humana. Los límites entre parcelas crean una estructura ordenada dentro de la amplitud natural.

El pueblo se extiende horizontalmente en la zona central. Sus casas aparecen agrupadas y presentan fachadas blancas, beige, grises, ocres y rojizas. Los tejados están dominados por tonos rojos y marrones que destacan sobre los verdes del valle. La proximidad entre los edificios transmite una fuerte sensación de comunidad.

En el extremo izquierdo del pueblo se encuentran varias viviendas bajas. Sus formas sencillas y sus cubiertas rojizas se alinean cerca de los campos. Algunas fachadas poseen pequeñas ventanas oscuras, mientras que otras quedan parcialmente ocultas por la vegetación. El conjunto parece haber crecido progresivamente alrededor de la actividad agrícola.

Cerca del centro se alza una construcción de mayor tamaño con una fachada marrón rojiza. Sus numerosas ventanas y su posición destacada sugieren un edificio importante dentro de la localidad. Podría tratarse de una casa señorial, un ayuntamiento, una rectoría o una antigua residencia. Su volumen actúa como un punto de referencia.

Junto a este edificio se eleva un campanario estrecho y vertical. Su torre clara destaca con fuerza frente a la montaña oscura. En la parte superior se distinguen pequeñas aberturas y una cubierta ligeramente más oscura. El campanario constituye el principal eje arquitectónico y señala el centro espiritual del pueblo.

La torre aporta verticalidad a una composición dominada por líneas horizontales. Su silueta une visualmente las casas con el cielo y las montañas. Puede imaginarse que sus campanas organizan el ritmo cotidiano de los habitantes, anunciando celebraciones, horas de trabajo y momentos de reunión. El campanario simboliza permanencia y tradición.

A la derecha de la torre se extiende una hilera de edificios de fachadas claras. Algunos poseen dos plantas y muestran ventanas distribuidas de forma regular. Los tejados rojizos crean una línea continua. Estas casas parecen abrirse directamente hacia los campos.

Uno de los edificios centrales presenta varias puertas o arcos oscuros en la planta inferior. Su fachada gris clara contrasta con el rojo del tejado. La repetición de ventanas aporta orden y estabilidad. Puede tratarse de una construcción vinculada a la vida comunitaria o a la actividad agrícola.

Más a la derecha aparece una vivienda amarillenta de tejado rojizo. Sus tonos cálidos destacan frente a los edificios grises. La fachada parece recibir una luz suave. Esta variación cromática evita que el pueblo resulte uniforme y aporta vida al conjunto.

Las chimeneas se distribuyen sobre distintos tejados y se recortan frente a la montaña. Estos pequeños elementos permiten imaginar los interiores y las actividades domésticas. Aunque no se observa humo, las viviendas parecen habitadas. La cercanía de los campos demuestra la estrecha relación entre hogar y trabajo.

En la ladera derecha se encuentran varias casas rurales aisladas. Algunas están rodeadas por parcelas verdes, arbustos y pequeños árboles. Sus tejados oscuros y rojizos destacan sobre el terreno. Estas construcciones amplían el pueblo hacia las colinas.

Una casa situada en la parte superior derecha ocupa una zona especialmente verde. A su alrededor se observan franjas onduladas de cultivo y pequeños caminos. Su aislamiento transmite tranquilidad. Parece una masía o finca desde la que se domina todo el valle.

Más cerca del extremo derecho aparecen dos viviendas separadas por campos y vegetación. Sus formas sencillas reflejan una arquitectura adaptada al medio rural. La distancia entre ellas refuerza la amplitud del paisaje. Cada casa parece formar el centro de su propia parcela.

Las colinas de la derecha presentan verdes brillantes, amarillos y pequeñas zonas marrones. Las parcelas siguen la inclinación del terreno y crean un ritmo de curvas y diagonales. Algunas áreas parecen cubiertas por cultivos jóvenes, mientras que otras muestran tierra expuesta. La luz destaca especialmente esta zona.

Detrás del pueblo se extiende una gran masa montañosa. Las laderas inferiores presentan verdes oscuros, azulados y grises, mientras que las cumbres adquieren tonos más profundos. La cordillera recorre todo el horizonte y envuelve visualmente el valle. Su presencia proporciona una sensación de protección y monumentalidad.

Las cumbres poseen perfiles irregulares y rocosos. En la zona central se distingue una elevación más alta, acompañada por otras formas puntiagudas y redondeadas. Algunas superficies parecen casi negras, mientras que otras reciben reflejos grisáceos. Esta diversidad transmite la complejidad del relieve.

Hacia la izquierda, las montañas se vuelven más suaves y azuladas debido a la distancia. Sus perfiles se superponen y crean diferentes planos. El color frío contrasta con los tonos cálidos de los tejados. Esta transición aporta una gran profundidad al paisaje.

En la parte central superior destaca una formación rocosa elevada. Su silueta oscura se recorta frente a las nubes y parece dominar el conjunto. Esta cumbre puede interpretarse como un símbolo de fuerza y permanencia. El pueblo, situado a sus pies, parece protegido por la montaña.

El cielo ocupa una franja relativamente estrecha en la parte superior. Predominan los azules claros y los blancos, con varias nubes grandes y luminosas. Algunas nubes se acumulan detrás de las cumbres y suavizan sus perfiles. La atmósfera parece fresca y ligeramente cambiante.

La claridad del cielo se extiende sobre los campos y permite distinguir las flores, las parcelas y los edificios. No existe una iluminación excesivamente dura, sino una luz amplia y equilibrada. Las montañas permanecen más oscuras, aumentando el contraste con el valle. Esta relación crea una sensación de profundidad y calma.

La gama cromática está dominada por verdes, blancos, azules, rojos y ocres. Los verdes y blancos expresan la vitalidad de los cultivos; los azules aportan distancia y serenidad; los rojos de los tejados introducen calidez; y los ocres recuerdan la presencia de la tierra. Todos los colores se organizan en amplias franjas horizontales.

El formato panorámico acentúa la amplitud del valle. La mirada puede desplazarse libremente desde las casas del extremo izquierdo hasta las parcelas elevadas de la derecha. El campanario funciona como un eje central, mientras que las montañas proporcionan continuidad. El campo florido ocupa el primer plano y crea una entrada luminosa.

La composición establece un recorrido desde la naturaleza cercana hasta la arquitectura y las montañas. Primero se observan las flores, después los trabajadores, más tarde el pueblo y finalmente las cumbres. Esta sucesión permite comprender la relación entre cada elemento. El paisaje se construye como un mundo completo y equilibrado.

La ausencia de grandes acciones refuerza la tranquilidad. Los campesinos trabajan en silencio, el pueblo descansa y las montañas permanecen inmóviles. Sin embargo, la escena está llena de vida: las flores cubren los campos, las casas están habitadas y las parcelas revelan actividad. La calma no significa abandono, sino armonía.

El campo florido puede interpretarse como símbolo de abundancia, renovación y esperanza. Su extensión demuestra la generosidad de la tierra y el resultado de los ciclos naturales. Las pequeñas flores forman una superficie humilde, pero extraordinariamente bella. El primer plano celebra la vida en su forma más sencilla.

Los campesinos simbolizan el esfuerzo y la constancia. Su pequeño tamaño frente al paisaje recuerda la humildad de la presencia humana, pero su trabajo resulta esencial para organizar y mantener los campos. Representan una vida unida a las estaciones. Su labor conecta el presente con una tradición antigua.

El pueblo encarna la comunidad, el hogar y la permanencia. Sus casas agrupadas ofrecen refugio, mientras el campanario señala un centro compartido. La arquitectura forma parte del paisaje y no parece imponerse sobre él. La vida humana se adapta al valle y convive con las montañas.

La cordillera representa estabilidad, protección y paso del tiempo. Frente a los ciclos de los cultivos y a la actividad cotidiana, las montañas permanecen como testigos silenciosos. Su presencia otorga grandeza a una escena rural. El paisaje reúne así lo cambiante y lo permanente.

En conjunto, este cuadro representa un valle fértil cubierto por extensos campos floridos y presidido por un pueblo de tejados rojizos y campanario elevado, todo ello protegido por una gran cordillera. Las pequeñas figuras que trabajan la tierra introducen una imagen de esfuerzo, tradición y continuidad, mientras las parcelas verdes y blancas expresan abundancia y renovación. El pueblo simboliza hogar y comunidad; los campos, vida y esperanza; y las montañas, protección y permanencia. La obra celebra la convivencia armoniosa entre naturaleza, trabajo y arquitectura rural, convirtiendo el paisaje en una profunda evocación de la tierra y de quienes la habitan.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Vidal Palmada, que representa un pueblo rural rodeado de campos floridos y protegido por una gran cordillera, como símbolo de trabajo, comunidad, abundancia y armonía con la naturaleza. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 53x121x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 51x119 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte izquierda de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta un extenso paisaje rural en el que un gran campo cubierto de pequeñas flores claras se despliega desde el primer plano hasta las inmediaciones de un pueblo situado al pie de una poderosa cordillera. La composición posee un formato especialmente panorámico que permite contemplar la amplitud del valle, la distribución de los cultivos, las construcciones agrupadas alrededor de un campanario y las montañas que dominan todo el horizonte. Dos pequeñas figuras trabajan entre la vegetación, introduciendo una presencia humana discreta dentro de la inmensidad natural. La escena transmite serenidad, abundancia y una profunda conexión entre la tierra, el trabajo y la vida comunitaria.

El primer plano está completamente ocupado por una extensa superficie vegetal. Los verdes claros, oscuros y azulados se mezclan con innumerables puntos blancos, rosados y amarillentos que parecen corresponder a flores pequeñas. Esta vegetación crea una textura visual densa y delicada. El campo se asemeja a una gran alfombra natural extendida delante del espectador.

Las flores se distribuyen de manera irregular y forman concentraciones más abundantes en algunas zonas. Las más cercanas aparecen claramente diferenciadas mediante pequeñas manchas luminosas, mientras que las lejanas se funden en una neblina blanca y verdosa. Esta transición aumenta la profundidad. El campo parece continuar mucho más allá de lo que la mirada alcanza a distinguir.

Los tonos blancos aportan una intensa luminosidad a la parte inferior. No forman una superficie uniforme, sino una sucesión de pequeños destellos entre las hojas. Algunas flores poseen matices rosados y violetas que suavizan el predominio verde. La abundancia sugiere una primavera avanzada o el momento de máxima floración de algún cultivo.

En la parte inferior derecha, la vegetación se vuelve más oscura y densa. Predominan los verdes profundos, negros y azulados, creando una zona de sombra que contrasta con el centro iluminado. Esta diferencia puede deberse a la inclinación del terreno, a la proximidad de un margen o a una menor incidencia de la luz. La oscuridad enmarca el paisaje y conduce la mirada hacia el pueblo.

El campo se organiza en suaves ondulaciones que avanzan hacia el horizonte. Algunas zonas parecen ligeramente elevadas, mientras que otras forman pequeñas depresiones. Estas variaciones evitan una superficie plana y transmiten la amplitud real del terreno. La mirada recorre el campo de manera pausada antes de alcanzar las construcciones.

En la zona central izquierda aparece un pequeño árbol de copa redondeada. Sus hojas combinan verdes oscuros, grises y ligeros tonos amarillos. El tronco apenas se distingue entre la vegetación, pero la copa destaca sobre el campo claro. Su presencia aporta una referencia de escala y rompe la horizontalidad dominante.

Junto a este árbol aparecen dos figuras humanas de reducido tamaño. Una de ellas parece mantenerse erguida o ligeramente inclinada, mientras que la otra se encuentra agachada sobre el terreno. Sus colores oscuros contrastan con la claridad del campo. La posición sugiere que realizan una tarea relacionada con el cultivo o la recogida.

Cerca de las figuras se distinguen pequeñas formas que podrían corresponder a recipientes, herramientas o cestas. Estos detalles refuerzan la interpretación de una jornada de trabajo agrícola. Aunque las personas ocupan muy poco espacio, su presencia resulta fundamental. Introducen una historia cotidiana y permiten comprender la enorme extensión de las tierras.

Los trabajadores parecen completamente integrados en el paisaje. No dominan la naturaleza ni interrumpen su serenidad, sino que participan de sus ciclos. Su esfuerzo puede relacionarse con la siembra, el cuidado o la recolección. La escena celebra así el vínculo directo entre las personas y la tierra.

Detrás de las figuras aparecen varias franjas de cultivo. Algunas son verdes y claras, mientras que otras presentan tonos marrones, rojizos y violetas. Las parcelas forman líneas diagonales que conducen hacia el pueblo. Esta organización revela un territorio trabajado y cuidadosamente distribuido.

Una parcela de tonalidad rojiza destaca cerca del centro. Su forma alargada contrasta con el campo blanco y verde. Podría corresponder a tierra recientemente removida o a un cultivo diferente. Esta variación cromática aporta profundidad y demuestra la diversidad agrícola del valle.

Hacia la derecha se extiende un gran campo casi completamente cubierto por flores claras. Su superficie ocupa una parte considerable y asciende ligeramente hacia el horizonte. En el borde aparece una línea oscura de arbustos o cultivo alto. Esta franja delimita la parcela y guía la mirada hacia las colinas.

La vegetación situada en los márgenes está formada por verdes intensos y amarillos. Podría tratarse de una hilera de árboles, viñas, arbustos o plantas cultivadas. Su disposición regular sugiere una intervención humana. Los límites entre parcelas crean una estructura ordenada dentro de la amplitud natural.

El pueblo se extiende horizontalmente en la zona central. Sus casas aparecen agrupadas y presentan fachadas blancas, beige, grises, ocres y rojizas. Los tejados están dominados por tonos rojos y marrones que destacan sobre los verdes del valle. La proximidad entre los edificios transmite una fuerte sensación de comunidad.

En el extremo izquierdo del pueblo se encuentran varias viviendas bajas. Sus formas sencillas y sus cubiertas rojizas se alinean cerca de los campos. Algunas fachadas poseen pequeñas ventanas oscuras, mientras que otras quedan parcialmente ocultas por la vegetación. El conjunto parece haber crecido progresivamente alrededor de la actividad agrícola.

Cerca del centro se alza una construcción de mayor tamaño con una fachada marrón rojiza. Sus numerosas ventanas y su posición destacada sugieren un edificio importante dentro de la localidad. Podría tratarse de una casa señorial, un ayuntamiento, una rectoría o una antigua residencia. Su volumen actúa como un punto de referencia.

Junto a este edificio se eleva un campanario estrecho y vertical. Su torre clara destaca con fuerza frente a la montaña oscura. En la parte superior se distinguen pequeñas aberturas y una cubierta ligeramente más oscura. El campanario constituye el principal eje arquitectónico y señala el centro espiritual del pueblo.

La torre aporta verticalidad a una composición dominada por líneas horizontales. Su silueta une visualmente las casas con el cielo y las montañas. Puede imaginarse que sus campanas organizan el ritmo cotidiano de los habitantes, anunciando celebraciones, horas de trabajo y momentos de reunión. El campanario simboliza permanencia y tradición.

A la derecha de la torre se extiende una hilera de edificios de fachadas claras. Algunos poseen dos plantas y muestran ventanas distribuidas de forma regular. Los tejados rojizos crean una línea continua. Estas casas parecen abrirse directamente hacia los campos.

Uno de los edificios centrales presenta varias puertas o arcos oscuros en la planta inferior. Su fachada gris clara contrasta con el rojo del tejado. La repetición de ventanas aporta orden y estabilidad. Puede tratarse de una construcción vinculada a la vida comunitaria o a la actividad agrícola.

Más a la derecha aparece una vivienda amarillenta de tejado rojizo. Sus tonos cálidos destacan frente a los edificios grises. La fachada parece recibir una luz suave. Esta variación cromática evita que el pueblo resulte uniforme y aporta vida al conjunto.

Las chimeneas se distribuyen sobre distintos tejados y se recortan frente a la montaña. Estos pequeños elementos permiten imaginar los interiores y las actividades domésticas. Aunque no se observa humo, las viviendas parecen habitadas. La cercanía de los campos demuestra la estrecha relación entre hogar y trabajo.

En la ladera derecha se encuentran varias casas rurales aisladas. Algunas están rodeadas por parcelas verdes, arbustos y pequeños árboles. Sus tejados oscuros y rojizos destacan sobre el terreno. Estas construcciones amplían el pueblo hacia las colinas.

Una casa situada en la parte superior derecha ocupa una zona especialmente verde. A su alrededor se observan franjas onduladas de cultivo y pequeños caminos. Su aislamiento transmite tranquilidad. Parece una masía o finca desde la que se domina todo el valle.

Más cerca del extremo derecho aparecen dos viviendas separadas por campos y vegetación. Sus formas sencillas reflejan una arquitectura adaptada al medio rural. La distancia entre ellas refuerza la amplitud del paisaje. Cada casa parece formar el centro de su propia parcela.

Las colinas de la derecha presentan verdes brillantes, amarillos y pequeñas zonas marrones. Las parcelas siguen la inclinación del terreno y crean un ritmo de curvas y diagonales. Algunas áreas parecen cubiertas por cultivos jóvenes, mientras que otras muestran tierra expuesta. La luz destaca especialmente esta zona.

Detrás del pueblo se extiende una gran masa montañosa. Las laderas inferiores presentan verdes oscuros, azulados y grises, mientras que las cumbres adquieren tonos más profundos. La cordillera recorre todo el horizonte y envuelve visualmente el valle. Su presencia proporciona una sensación de protección y monumentalidad.

Las cumbres poseen perfiles irregulares y rocosos. En la zona central se distingue una elevación más alta, acompañada por otras formas puntiagudas y redondeadas. Algunas superficies parecen casi negras, mientras que otras reciben reflejos grisáceos. Esta diversidad transmite la complejidad del relieve.

Hacia la izquierda, las montañas se vuelven más suaves y azuladas debido a la distancia. Sus perfiles se superponen y crean diferentes planos. El color frío contrasta con los tonos cálidos de los tejados. Esta transición aporta una gran profundidad al paisaje.

En la parte central superior destaca una formación rocosa elevada. Su silueta oscura se recorta frente a las nubes y parece dominar el conjunto. Esta cumbre puede interpretarse como un símbolo de fuerza y permanencia. El pueblo, situado a sus pies, parece protegido por la montaña.

El cielo ocupa una franja relativamente estrecha en la parte superior. Predominan los azules claros y los blancos, con varias nubes grandes y luminosas. Algunas nubes se acumulan detrás de las cumbres y suavizan sus perfiles. La atmósfera parece fresca y ligeramente cambiante.

La claridad del cielo se extiende sobre los campos y permite distinguir las flores, las parcelas y los edificios. No existe una iluminación excesivamente dura, sino una luz amplia y equilibrada. Las montañas permanecen más oscuras, aumentando el contraste con el valle. Esta relación crea una sensación de profundidad y calma.

La gama cromática está dominada por verdes, blancos, azules, rojos y ocres. Los verdes y blancos expresan la vitalidad de los cultivos; los azules aportan distancia y serenidad; los rojos de los tejados introducen calidez; y los ocres recuerdan la presencia de la tierra. Todos los colores se organizan en amplias franjas horizontales.

El formato panorámico acentúa la amplitud del valle. La mirada puede desplazarse libremente desde las casas del extremo izquierdo hasta las parcelas elevadas de la derecha. El campanario funciona como un eje central, mientras que las montañas proporcionan continuidad. El campo florido ocupa el primer plano y crea una entrada luminosa.

La composición establece un recorrido desde la naturaleza cercana hasta la arquitectura y las montañas. Primero se observan las flores, después los trabajadores, más tarde el pueblo y finalmente las cumbres. Esta sucesión permite comprender la relación entre cada elemento. El paisaje se construye como un mundo completo y equilibrado.

La ausencia de grandes acciones refuerza la tranquilidad. Los campesinos trabajan en silencio, el pueblo descansa y las montañas permanecen inmóviles. Sin embargo, la escena está llena de vida: las flores cubren los campos, las casas están habitadas y las parcelas revelan actividad. La calma no significa abandono, sino armonía.

El campo florido puede interpretarse como símbolo de abundancia, renovación y esperanza. Su extensión demuestra la generosidad de la tierra y el resultado de los ciclos naturales. Las pequeñas flores forman una superficie humilde, pero extraordinariamente bella. El primer plano celebra la vida en su forma más sencilla.

Los campesinos simbolizan el esfuerzo y la constancia. Su pequeño tamaño frente al paisaje recuerda la humildad de la presencia humana, pero su trabajo resulta esencial para organizar y mantener los campos. Representan una vida unida a las estaciones. Su labor conecta el presente con una tradición antigua.

El pueblo encarna la comunidad, el hogar y la permanencia. Sus casas agrupadas ofrecen refugio, mientras el campanario señala un centro compartido. La arquitectura forma parte del paisaje y no parece imponerse sobre él. La vida humana se adapta al valle y convive con las montañas.

La cordillera representa estabilidad, protección y paso del tiempo. Frente a los ciclos de los cultivos y a la actividad cotidiana, las montañas permanecen como testigos silenciosos. Su presencia otorga grandeza a una escena rural. El paisaje reúne así lo cambiante y lo permanente.

En conjunto, este cuadro representa un valle fértil cubierto por extensos campos floridos y presidido por un pueblo de tejados rojizos y campanario elevado, todo ello protegido por una gran cordillera. Las pequeñas figuras que trabajan la tierra introducen una imagen de esfuerzo, tradición y continuidad, mientras las parcelas verdes y blancas expresan abundancia y renovación. El pueblo simboliza hogar y comunidad; los campos, vida y esperanza; y las montañas, protección y permanencia. La obra celebra la convivencia armoniosa entre naturaleza, trabajo y arquitectura rural, convirtiendo el paisaje en una profunda evocación de la tierra y de quienes la habitan.

El vendedor y su historia

Somos Pictura Subastas y nuestra misión es brindar un espacio en línea donde los amantes del arte, coleccionistas y entusiastas puedan sumergirse en un amplio repertorio de obras maestras, desde las vanguardias más revolucionarias hasta las joyas clásicas que han resistido el paso del tiempo. Nuestro equipo de expertos curadores ha reunido cuidadosamente una colección diversa y emocionante, seleccionando las piezas más significativas y conmovedoras de distintas épocas y culturas.

Datos

Artista
Francesc Vidal Palmada (1894-1958)
Se vende con marco
Vendido por
Galería
Edición
Original
Título de la obra
La tierra florecida
Técnica
Pintura al óleo
Firma
Firmado a mano
País de origen
España
Estado
En buen estado
Alto
53 cm
Ancho
121 cm
Estilo
Impresionismo
Periodo
1930-1940
Vendido por
EspañaVerificado
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