Figura - Virgen en Pedestal - Plata, Mármol






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Descripción del vendedor
Es una Virgen de plata del siglo XIX que concentra todo el dramatismo contenido y la teatralidad elegante del barroco reinterpretado en clave devocional. La figura, de unos 400 gramos de plata sin contar la estructura interna ni la base, se alza con una verticalidad solemne: el manto cae en pliegues profundos, casi arquitectónicos, que envuelven el cuerpo como una cascada metálica, mientras la túnica insinúa un movimiento suave, más espiritual que físico.
El rostro, sereno y ligeramente inclinado, responde al canon barroco tardío: mejillas llenas, mirada baja, una dulzura que no es ingenua sino meditativa. El Niño, sostenido con firmeza y ternura, presenta la misma factura minuciosa, con cabellos trabajados a buril y una anatomía pequeña pero proporcionada, típica de los talleres peninsulares del XIX que seguían modelos del siglo anterior.
El pedestal, de estructura independiente, actúa como contrapunto: eleva la figura y la separa del mundo cotidiano, reforzando su carácter de objeto de culto. La plata, con su brillo contenido y su pátina antigua, aporta una presencia noble, casi litúrgica, que recuerda a las imágenes procesionales de menor formato o a las piezas destinadas a oratorios privados.
En conjunto, es una obra que combina devoción, artesanía y teatralidad barroca, una escultura pensada para acompañar silenciosamente, con la densidad simbólica y la belleza sobria de la platería antigua.
Envío certificado y buen embalaje.
El vendedor y su historia
Es una Virgen de plata del siglo XIX que concentra todo el dramatismo contenido y la teatralidad elegante del barroco reinterpretado en clave devocional. La figura, de unos 400 gramos de plata sin contar la estructura interna ni la base, se alza con una verticalidad solemne: el manto cae en pliegues profundos, casi arquitectónicos, que envuelven el cuerpo como una cascada metálica, mientras la túnica insinúa un movimiento suave, más espiritual que físico.
El rostro, sereno y ligeramente inclinado, responde al canon barroco tardío: mejillas llenas, mirada baja, una dulzura que no es ingenua sino meditativa. El Niño, sostenido con firmeza y ternura, presenta la misma factura minuciosa, con cabellos trabajados a buril y una anatomía pequeña pero proporcionada, típica de los talleres peninsulares del XIX que seguían modelos del siglo anterior.
El pedestal, de estructura independiente, actúa como contrapunto: eleva la figura y la separa del mundo cotidiano, reforzando su carácter de objeto de culto. La plata, con su brillo contenido y su pátina antigua, aporta una presencia noble, casi litúrgica, que recuerda a las imágenes procesionales de menor formato o a las piezas destinadas a oratorios privados.
En conjunto, es una obra que combina devoción, artesanía y teatralidad barroca, una escultura pensada para acompañar silenciosamente, con la densidad simbólica y la belleza sobria de la platería antigua.
Envío certificado y buen embalaje.
