Guillaume Vogels (1836-1896) - Wintergezicht





3 € | ||
|---|---|---|
2 € |
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 140908 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Wintergezicht, pintura al óleo del siglo XIX de Guillaume Vogels (Bélgica), que representa la arquitectura, firmado y vendido con marco, dimensiones 25,5 × 34 cm.
Descripción del vendedor
Hermosa estudio de Guillaume Vogels (1836-1896).
Oleo sobre lienzo marouflage sobre cartón. Formato de la obra 19 x 27,5 cm.
Formado como pintor decorador, al principio dirige su atención a su propio taller de pintura de casas en Bruselas. Solo en la década de los setenta se atreve a dar el paso hacia la pintura libre. A pesar de su realismo, sus primeros trabajos ya revelan una cálida atención a la atmósfera en la que las cosas están envueltas. Desde el principio también predomina una temática especial, para los días en que el paisaje, bajo la nieve, la lluvia o la niebla, ofrece una mirada desolada. Tonos grises sutiles con de vez en cuando un acento de color crean entonces una delicada gradación dentro de un gamma limitado.
Pero Vogels avanza en su audaz y suelta estilo de pintura. Poco a poco, mediante una fluida esbozo, libera el paisaje de su última manifestación objetiva. Lo que pinta ya no es la realidad con sus formas estrictas y sus detalles puros. Del realismo con su exigente cuidado de la línea, Vogels pasa a una interpretación lírica del paisaje. La emoción del artista corre, por así decir, en paralelo con el ensueño de la naturaleza. Lo que ahora aparece en sus lienzos es algo así como una nota quasi despreocupada de hechos lejanos, algo así como música suave que se entrelaza, vaga e indeterminada, pero también deleitosa. Con la espátula se aplican las masas, sin contorno definido, pero sin embargo firmes y masculinas, sutiles en color. Generalmente la niebla cuelga entonces como una cortina entre la estructura del paisaje y el propio pintor. Es claro que de ese modo desaparece por completo el elemento descriptivo: se convierte en una conjetura sobre las formas que, a través de una capa de sutiles tonalidades, revelan algo de su presencia.
En la pintura de Vogels, que por cierto significó mucho para Ensor, predomina la sensación de anhelo por la difusión, un sentimiento de ternura difusa y melancolía contenida, modelado en un impasto exuberante de manchas y trazos. A través de este tachismo, en Bélgica aparentemente una alternativa útil al impresionismo francés, la obra de Guillaume Vogels adquiere una calidad poética, fascinante por su descuido de la forma y beneficiosa por su cálido sentido de la naturaleza.
Hermosa estudio de Guillaume Vogels (1836-1896).
Oleo sobre lienzo marouflage sobre cartón. Formato de la obra 19 x 27,5 cm.
Formado como pintor decorador, al principio dirige su atención a su propio taller de pintura de casas en Bruselas. Solo en la década de los setenta se atreve a dar el paso hacia la pintura libre. A pesar de su realismo, sus primeros trabajos ya revelan una cálida atención a la atmósfera en la que las cosas están envueltas. Desde el principio también predomina una temática especial, para los días en que el paisaje, bajo la nieve, la lluvia o la niebla, ofrece una mirada desolada. Tonos grises sutiles con de vez en cuando un acento de color crean entonces una delicada gradación dentro de un gamma limitado.
Pero Vogels avanza en su audaz y suelta estilo de pintura. Poco a poco, mediante una fluida esbozo, libera el paisaje de su última manifestación objetiva. Lo que pinta ya no es la realidad con sus formas estrictas y sus detalles puros. Del realismo con su exigente cuidado de la línea, Vogels pasa a una interpretación lírica del paisaje. La emoción del artista corre, por así decir, en paralelo con el ensueño de la naturaleza. Lo que ahora aparece en sus lienzos es algo así como una nota quasi despreocupada de hechos lejanos, algo así como música suave que se entrelaza, vaga e indeterminada, pero también deleitosa. Con la espátula se aplican las masas, sin contorno definido, pero sin embargo firmes y masculinas, sutiles en color. Generalmente la niebla cuelga entonces como una cortina entre la estructura del paisaje y el propio pintor. Es claro que de ese modo desaparece por completo el elemento descriptivo: se convierte en una conjetura sobre las formas que, a través de una capa de sutiles tonalidades, revelan algo de su presencia.
En la pintura de Vogels, que por cierto significó mucho para Ensor, predomina la sensación de anhelo por la difusión, un sentimiento de ternura difusa y melancolía contenida, modelado en un impasto exuberante de manchas y trazos. A través de este tachismo, en Bélgica aparentemente una alternativa útil al impresionismo francés, la obra de Guillaume Vogels adquiere una calidad poética, fascinante por su descuido de la forma y beneficiosa por su cálido sentido de la naturaleza.

