Lluís Domingo Abelló (1917) - Colinas doradas






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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« Colinas doradas » de Lluís Domingo Abelló, 1950–1960, óleo sobre papel, España, vendido con marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa un extenso paisaje rural de campos dorados, árboles verdes y suaves colinas bajo un cielo azul lleno de movimiento. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 50x58x1 cm.
· Dimensiones sin marco: 36x44 cm.
· Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la parte izquierda de la obra, Domingo Abelló.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco de papel (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje rural de gran intensidad cromática, construido a partir de una sucesión de campos, colinas y árboles que se extienden bajo un cielo amplio y profundamente dinámico. La escena no se limita a reproducir un paraje campestre, sino que transforma la naturaleza en una experiencia llena de movimiento, luz y vitalidad. Los verdes intensos, los amarillos dorados y los azules profundos se relacionan entre sí para ofrecer una visión expresiva del territorio, en la que cada zona parece poseer su propio ritmo.
En el primer plano se despliega una amplia extensión de terreno dominada por diferentes tonalidades verdes. Las formas ondulantes parecen seguir las irregularidades naturales del suelo, generando una sensación de movimiento continuo que conduce la mirada hacia el interior del paisaje. Entre los verdes aparecen líneas de color ocre, amarillo, marrón y violeta que sugieren pequeños caminos, desniveles, surcos y zonas de vegetación silvestre. Esta variedad cromática convierte el suelo en una superficie viva, cambiante y llena de energía.
Los árboles situados en la parte inferior adquieren una presencia especialmente poderosa. Sus copas redondeadas están formadas por múltiples verdes, desde tonalidades claras y frescas hasta zonas mucho más oscuras y profundas. Los troncos, marcados mediante marrones, negros y violetas, les proporcionan solidez y permiten distinguirlos con claridad dentro de la exuberancia del entorno. Algunos árboles aparecen aislados, mientras otros se agrupan y crean pequeñas masas vegetales que organizan visualmente la escena.
En el centro de la composición se abre un extenso campo de color amarillo dorado que actúa como una gran franja luminosa. Su tonalidad cálida recuerda a los campos maduros iluminados por el sol y establece un hermoso contraste con los verdes del primer plano. Esta zona aporta amplitud al paisaje y parece recibir una luz intensa, capaz de transformar la tierra en una superficie resplandeciente. Los cambios de tono dentro del amarillo sugieren desniveles y variaciones en la vegetación, evitando cualquier sensación de uniformidad.
Más allá del campo central, el paisaje continúa mediante nuevas franjas de verdes suaves, amarillos claros, tierras y pequeños toques violetas. Estas capas sucesivas construyen una marcada sensación de profundidad y permiten que la mirada avance lentamente hasta las colinas del fondo. Las líneas del terreno no son rígidas ni completamente horizontales, sino que se elevan y descienden de manera irregular, siguiendo el carácter orgánico del paisaje y reforzando su aspecto natural.
Los pequeños árboles distribuidos por la lejanía aparecen como manchas oscuras que salpican las zonas más luminosas. Su presencia crea ritmo, variedad y equilibrio, al mismo tiempo que ayuda a percibir la escala del espacio representado. Algunos coronan las colinas, otros se alinean a media distancia y varios parecen surgir en medio de los campos. Esta distribución espontánea aporta una gran riqueza visual y transmite la impresión de estar contemplando un territorio extenso, fértil y apenas alterado por la presencia humana.
En la parte superior, las colinas combinan tonalidades ocres, doradas y verdes. Sus perfiles suaves forman una transición natural entre la tierra y el cielo, cerrando el paisaje sin restarle amplitud. La ausencia de construcciones, figuras humanas o elementos urbanos permite que la naturaleza se convierta en la única protagonista. Todo parece pertenecer a un mundo rural silencioso, donde el paso del tiempo se mide mediante la luz, las estaciones y la transformación de los campos.
El cielo ocupa una franja importante de la composición y se presenta lleno de movimiento. Los azules intensos se mezclan con blancos, celestes y tonos verdosos, formando una atmósfera agitada que contrasta con la estabilidad de las colinas. Las nubes parecen desplazarse rápidamente sobre el paisaje, impulsadas por el viento, y llenan la escena de una energía casi palpable. Esta vitalidad del cielo se prolonga sobre la tierra y establece una conexión visual entre todos los elementos.
La fuerza de la obra reside en la oposición y, al mismo tiempo, en la armonía entre los colores cálidos y fríos. Los campos amarillos y las colinas doradas destacan frente a los verdes de la vegetación y la inmensidad azulada del cielo. Los pequeños acentos violetas, marrones y anaranjados enriquecen todavía más el conjunto y aportan profundidad. La mirada puede recorrer la escena una y otra vez, descubriendo nuevas relaciones entre árboles, caminos, campos y elevaciones.
El paisaje transmite una visión emocional y vibrante de la naturaleza. Más que mostrar un lugar concreto con exactitud, parece capturar la sensación de encontrarse frente a un territorio abierto en un día de viento y abundante luz. La imagen evoca el calor del campo, el sonido de las hojas, el movimiento de las nubes y el aroma de la vegetación, invitando al espectador a imaginarse recorriendo este entorno lleno de color y libertad.
En conjunto, este cuadro ofrece una interpretación enérgica, luminosa y profundamente expresiva de un paisaje campestre, donde los campos dorados, los árboles verdes, las suaves colinas y el cielo azul forman una composición llena de ritmo y vitalidad. La riqueza de sus colores y el movimiento de sus formas convierten la naturaleza en una presencia poderosa, capaz de transmitir al mismo tiempo serenidad, emoción y una intensa sensación de libertad.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Domingo Abelló, que representa un extenso paisaje rural de campos dorados, árboles verdes y suaves colinas bajo un cielo azul lleno de movimiento. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 50x58x1 cm.
· Dimensiones sin marco: 36x44 cm.
· Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la parte izquierda de la obra, Domingo Abelló.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco de papel (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje rural de gran intensidad cromática, construido a partir de una sucesión de campos, colinas y árboles que se extienden bajo un cielo amplio y profundamente dinámico. La escena no se limita a reproducir un paraje campestre, sino que transforma la naturaleza en una experiencia llena de movimiento, luz y vitalidad. Los verdes intensos, los amarillos dorados y los azules profundos se relacionan entre sí para ofrecer una visión expresiva del territorio, en la que cada zona parece poseer su propio ritmo.
En el primer plano se despliega una amplia extensión de terreno dominada por diferentes tonalidades verdes. Las formas ondulantes parecen seguir las irregularidades naturales del suelo, generando una sensación de movimiento continuo que conduce la mirada hacia el interior del paisaje. Entre los verdes aparecen líneas de color ocre, amarillo, marrón y violeta que sugieren pequeños caminos, desniveles, surcos y zonas de vegetación silvestre. Esta variedad cromática convierte el suelo en una superficie viva, cambiante y llena de energía.
Los árboles situados en la parte inferior adquieren una presencia especialmente poderosa. Sus copas redondeadas están formadas por múltiples verdes, desde tonalidades claras y frescas hasta zonas mucho más oscuras y profundas. Los troncos, marcados mediante marrones, negros y violetas, les proporcionan solidez y permiten distinguirlos con claridad dentro de la exuberancia del entorno. Algunos árboles aparecen aislados, mientras otros se agrupan y crean pequeñas masas vegetales que organizan visualmente la escena.
En el centro de la composición se abre un extenso campo de color amarillo dorado que actúa como una gran franja luminosa. Su tonalidad cálida recuerda a los campos maduros iluminados por el sol y establece un hermoso contraste con los verdes del primer plano. Esta zona aporta amplitud al paisaje y parece recibir una luz intensa, capaz de transformar la tierra en una superficie resplandeciente. Los cambios de tono dentro del amarillo sugieren desniveles y variaciones en la vegetación, evitando cualquier sensación de uniformidad.
Más allá del campo central, el paisaje continúa mediante nuevas franjas de verdes suaves, amarillos claros, tierras y pequeños toques violetas. Estas capas sucesivas construyen una marcada sensación de profundidad y permiten que la mirada avance lentamente hasta las colinas del fondo. Las líneas del terreno no son rígidas ni completamente horizontales, sino que se elevan y descienden de manera irregular, siguiendo el carácter orgánico del paisaje y reforzando su aspecto natural.
Los pequeños árboles distribuidos por la lejanía aparecen como manchas oscuras que salpican las zonas más luminosas. Su presencia crea ritmo, variedad y equilibrio, al mismo tiempo que ayuda a percibir la escala del espacio representado. Algunos coronan las colinas, otros se alinean a media distancia y varios parecen surgir en medio de los campos. Esta distribución espontánea aporta una gran riqueza visual y transmite la impresión de estar contemplando un territorio extenso, fértil y apenas alterado por la presencia humana.
En la parte superior, las colinas combinan tonalidades ocres, doradas y verdes. Sus perfiles suaves forman una transición natural entre la tierra y el cielo, cerrando el paisaje sin restarle amplitud. La ausencia de construcciones, figuras humanas o elementos urbanos permite que la naturaleza se convierta en la única protagonista. Todo parece pertenecer a un mundo rural silencioso, donde el paso del tiempo se mide mediante la luz, las estaciones y la transformación de los campos.
El cielo ocupa una franja importante de la composición y se presenta lleno de movimiento. Los azules intensos se mezclan con blancos, celestes y tonos verdosos, formando una atmósfera agitada que contrasta con la estabilidad de las colinas. Las nubes parecen desplazarse rápidamente sobre el paisaje, impulsadas por el viento, y llenan la escena de una energía casi palpable. Esta vitalidad del cielo se prolonga sobre la tierra y establece una conexión visual entre todos los elementos.
La fuerza de la obra reside en la oposición y, al mismo tiempo, en la armonía entre los colores cálidos y fríos. Los campos amarillos y las colinas doradas destacan frente a los verdes de la vegetación y la inmensidad azulada del cielo. Los pequeños acentos violetas, marrones y anaranjados enriquecen todavía más el conjunto y aportan profundidad. La mirada puede recorrer la escena una y otra vez, descubriendo nuevas relaciones entre árboles, caminos, campos y elevaciones.
El paisaje transmite una visión emocional y vibrante de la naturaleza. Más que mostrar un lugar concreto con exactitud, parece capturar la sensación de encontrarse frente a un territorio abierto en un día de viento y abundante luz. La imagen evoca el calor del campo, el sonido de las hojas, el movimiento de las nubes y el aroma de la vegetación, invitando al espectador a imaginarse recorriendo este entorno lleno de color y libertad.
En conjunto, este cuadro ofrece una interpretación enérgica, luminosa y profundamente expresiva de un paisaje campestre, donde los campos dorados, los árboles verdes, las suaves colinas y el cielo azul forman una composición llena de ritmo y vitalidad. La riqueza de sus colores y el movimiento de sus formas convierten la naturaleza en una presencia poderosa, capaz de transmitir al mismo tiempo serenidad, emoción y una intensa sensación de libertad.
