Emilio Isgrò (1937) - Sans titre






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Emilio Isgrò, Sans titre (2014), serigrafía firmada a mano en excelentes condiciones, 80 x 60 cm, Italia, edición limitada de 40 ejemplares, vendida por Galleria Grafica Manzoni y con certificado de autenticidad.
Descripción del vendedor
Los coleccionistas y aficionados más expertos notarán una particularidad increíblemente rara en esta obra del maestro Emilio Isgrò, a saber, este matiz de la tachadura, estas palabras dejadas parcialmente visibles solo para quien está atento y curioso.
Este es un rasgo distintivo de esta serigrafía tirada en solo 40 ejemplares, que la convierte en una pieza única dentro del ciclo pictórico del maestro, quien normalmente o borra por completo la palabra o la deja visible; aquí, sin embargo, tenemos la adición del «matiz de la tachadura».
Emilio Isgrò, con la tachadura, fue un gran precursor de la notificación de la desvalorización y la decadencia de la palabra, del lenguaje, del valor que las palabras poseen, un fenómeno que hoy en día estamos viviendo más que nunca.
El maestro comenzó a denunciar en 1964 aquello que ahora es cotidiano, probable, notamos esta falta de valor de la palabra, entendida como objeto conductor de ideas, declinable en todas sus formas, desde los debates televisivos, en los informativos impresos, en la divulgación por parte de los mass media y en la cada vez menor sociedad lectora que estamos creando.
Menos palabras, menos cultura en circulación, pero esto, más allá de los discursos críticos sobre el arte, ¿qué comporta en lo social?
La capacidad de razonar, y añadiría la capacidad de razonar con un pensamiento crítico y propio, está dictada por la cantidad y calidad de vocabulario que una persona posee; no podemos pensar más allá de las palabras que conocemos, así como no se puede construir una casa sin todo el material necesario, cuanto más falta el material menos completa, estable y realizable será la casa.
Limitando las palabras también se limitan los conceptos que uno puede crear y la capacidad de expresarlos o de expresarse.
Incluido el axioma de menos palabras igual a menos pensamientos, el trabajo de Isgrò adquiere un valor sumamente alto a nivel cultural y artístico.
Ocultar las palabras tras la tachadura es una manera del maestro de despertar la curiosidad del espectador de la obra, una forma de aconsejarnos ir a explorar debajo de la palabra, a imaginar qué podría haber en relación con aquello que se deja “libre” de ser leído.
Un proceso conceptual, de descubrimiento, de investigación, de reflexión sobre las palabras y su disposición, casi como si Isgrò asumiera el rol pedagógico de profesor, así como de intelectual.
Pero Isgrò no es solo un “docente”, es también un creador de nuevas reglas sintácticas y formales, un desarrollador de historias nuevas, pero también un atento satírico; el maestro es aquello que un intelectual debería ser, un «despertador de conciencias».
Emilio Isgrò, por tanto, se coloca en la historia del arte como un guardián de la palabra y, por extensión, de la cultura, un papel fundamental que cada vez necesitamos más.
Las dimensiones de la obra son 80 x 60 cm.
El número de la tirada podría no corresponder al número de la fotografía.
La procedencia de la obra es de la galería Grafica Manzoni, la cual emite su certificado de autenticidad.
Los coleccionistas y aficionados más expertos notarán una particularidad increíblemente rara en esta obra del maestro Emilio Isgrò, a saber, este matiz de la tachadura, estas palabras dejadas parcialmente visibles solo para quien está atento y curioso.
Este es un rasgo distintivo de esta serigrafía tirada en solo 40 ejemplares, que la convierte en una pieza única dentro del ciclo pictórico del maestro, quien normalmente o borra por completo la palabra o la deja visible; aquí, sin embargo, tenemos la adición del «matiz de la tachadura».
Emilio Isgrò, con la tachadura, fue un gran precursor de la notificación de la desvalorización y la decadencia de la palabra, del lenguaje, del valor que las palabras poseen, un fenómeno que hoy en día estamos viviendo más que nunca.
El maestro comenzó a denunciar en 1964 aquello que ahora es cotidiano, probable, notamos esta falta de valor de la palabra, entendida como objeto conductor de ideas, declinable en todas sus formas, desde los debates televisivos, en los informativos impresos, en la divulgación por parte de los mass media y en la cada vez menor sociedad lectora que estamos creando.
Menos palabras, menos cultura en circulación, pero esto, más allá de los discursos críticos sobre el arte, ¿qué comporta en lo social?
La capacidad de razonar, y añadiría la capacidad de razonar con un pensamiento crítico y propio, está dictada por la cantidad y calidad de vocabulario que una persona posee; no podemos pensar más allá de las palabras que conocemos, así como no se puede construir una casa sin todo el material necesario, cuanto más falta el material menos completa, estable y realizable será la casa.
Limitando las palabras también se limitan los conceptos que uno puede crear y la capacidad de expresarlos o de expresarse.
Incluido el axioma de menos palabras igual a menos pensamientos, el trabajo de Isgrò adquiere un valor sumamente alto a nivel cultural y artístico.
Ocultar las palabras tras la tachadura es una manera del maestro de despertar la curiosidad del espectador de la obra, una forma de aconsejarnos ir a explorar debajo de la palabra, a imaginar qué podría haber en relación con aquello que se deja “libre” de ser leído.
Un proceso conceptual, de descubrimiento, de investigación, de reflexión sobre las palabras y su disposición, casi como si Isgrò asumiera el rol pedagógico de profesor, así como de intelectual.
Pero Isgrò no es solo un “docente”, es también un creador de nuevas reglas sintácticas y formales, un desarrollador de historias nuevas, pero también un atento satírico; el maestro es aquello que un intelectual debería ser, un «despertador de conciencias».
Emilio Isgrò, por tanto, se coloca en la historia del arte como un guardián de la palabra y, por extensión, de la cultura, un papel fundamental que cada vez necesitamos más.
Las dimensiones de la obra son 80 x 60 cm.
El número de la tirada podría no corresponder al número de la fotografía.
La procedencia de la obra es de la galería Grafica Manzoni, la cual emite su certificado de autenticidad.
