Escuela italiana (XIX) - Trittico devozionale

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Giulia Santoro
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Trittico devozionale, siglo XIX, templea sobre tabla de Italia en estilo Scuola italiana, representa a la Virgen de los Dolores con San Pedro y San Pablo, dimensiones 31 × 40 cm, en buenas condiciones, sin firma.

Resumen redactado con la ayuda de la IA

Descripción del vendedor

TRÍPTICO DE DEVOCIÓN

Madonna Addolorata con San Pedro y San Pablo

Escuela florentina de Siena, en el estilo del siglo XIX
Guatel/óleo sobre tablón, estructura de madera con frontales cierrados

Interesante y rara tríptico devocional de ámbito italiano, realizado sobre soporte lineo y concebido según la tradición de las pequeñas ancones y de los polipticos destinados a la devoción privada.

La obra está compuesta por un panel central y dos frentes laterales móviles, conectados mediante antiguas bisagras metálicas. La particular estructura retráctil constituye uno de los elementos más característicos del objeto: una vez cerrado, el tríptico podía ser protegido y fácilmente transportado, manteniendo al mismo tiempo una función íntimamente ligada a la oración y a la devoción doméstica.

El panel central

En el centro se representa a la Virgen María, representada de medio busto y de frente, con la cabeza ligeramente inclinada y la mirada dirigida hacia abajo.

La expresión recogida, melancólica y meditativa, junto con la ausencia del Niño, llevan a leer la figura como una Madonna Addolorata o Madonna della Passione, según una tipología iconográfica muy difundida en la pintura devocional italiana.

La Virgen viste el manto tradicional azul‑verde oscuro, que envuelve amplísimamente la figura, sobre una vestimenta roja. El rostro, de forma ovalada, se caracteriza por ojos alargados, cejas arqueadas, nariz delgada y boca pequeña y delicadamente modelada.

Particularmente interesante es la presencia de la aureola punzonada, realizada a través de una serie de pequeños motivos circulares y decorativos. Este elemento constituye un evidente guiño a la gran tradición de la pintura sienesa medieval, en la que el oro, la punzonatura y la exquisitez de las superficies tenían un papel fundamental.

La construcción de la figura, volutamente simple y hierática, parece de hecho alejada del naturalismo plenamente setecentista y parece buscar conscientemente esa dimensión antigua y sacra propia de la tradición sienesa.

Los frentes laterales

Los frentes están ocupados por dos figuras masculinas de santos apóstoles.

A la izquierda se reconoce con buena probabilidad a San Pedro, caracterizado por la fisonomía del hombre maduro, la barba y, sobre todo, por los atributos que remiten a las llaves, su tradicional símbolo iconográfico.

A la derecha está representado San Pablo, reconocible por la figura ascética, la barba y los atributos tradicionalmente asociados al Apóstol de las Gentes, entre ellos el libro y la espada.

La presencia conjunta de San Pedro y San Pablo junto a la Virgen es particularmente significativa en la tradición del arte cristiano: los dos apóstoles constituyen de hecho las columnas de la Iglesia apostólica y suelen asociarse a la figura de la Madonna en las composiciones destinadas a la devoción.

Las figuras se representan en posición erecta, con una monumentalidad simplificada. Las vestimentas se construyen a través de amplias superficies cromáticas, con una paleta dominada por los tonos marrones, rojos, ocre y azules profundos.

La relación con la tradición sienesa

El interés principal del manufacturado reside precisamente en su voluntaria relectura de la tradición pictórica sienesa medieval.

La pintura sienesa, a partir de Duccio di Buoninsegna, Simone Martini y Pietro Lorenzetti, desarrolló una extraordinaria tradición de imágenes marianas destinadas tanto a la devoción pública como a la privada. La forma misma del tríptico, con panel central y frentes laterales cerrables, pertenece a una tradición antiquísima documentada en la pintura sienesa. La Pinacoteca Nacional de Siena conserva, por ejemplo, importantes trípticos en los que las tablas son concebidas como elementos de una única estructura y están dotados de sistemas de bisagras para el cierre de los frentes.

Aún más significativo es el contraste con la producción de Simone Martini y su círculo: la Pinacoteca Nacional de Siena conserva una Madonna con Bambino en la que la precious aureolas, la refinación lineal y el carácter hierático de la figura constituyen elementos fundamentales del lenguaje sienese.

También el contraste con Pietro Lorenzetti es interesante: sus trípticos marianos muestran como la imagen de la Virgen podía asumir simultáneamente un carácter fuertemente icónico y una intensa participación emocional.

La pieza aquí presentada no debe, naturalmente, confundirse con tales obras medievales: su interés consiste precisamente en la persistencia y reinterpretación de esos modelos muchos siglos después.

Un gusto deliberadamente arcaizante

La elección de realizar una imagen de la Virgen con características tan severas y antiguas puede ponerse en relación con el fenómeno, particularmente importante en Toscana, de redescubrimiento de la pintura antigua y de las imágenes sagradas medievales.

En el Settecento senese esta tradición no era para nada ajena a la cultura artística local. La producción de Giuseppe Nicola Nasini (1657–1736), una de las figuras más importantes de la pintura sienesa entre el Siglo XVII y el XVIII, comprende numerosas imágenes de la Virgen y temas marianos; el catálogo de Bienes Culturales italiano también registra una Madonna Addolorata atribuido al pintor.

El contraste es útil sobre todo en el plano cultural, no para proponer una atribución a Nasini: en las obras sienesas del periodo persiste de hecho un fuerte interés por la tradición religiosa local, mientras la pintura sacra continúa oscilando entre lenguaje barroco, clasicismo y recuperación de fórmulas más antiguas.

El tríptico conserva una pátina antigua muy evidente, con numerosas abrasiones, caídas y pérdidas de la película pictórica, especialmente a lo largo de los bordes y en los frentes.

Son visibles además fenómenos de desgaste, pequeñas lagunas, craquelos y alteraciones cromáticas debidas a la edad. La estructura de madera presenta los normales signos de envejecimiento y manipulación propios de un objeto devocional utilizado y movilizado a lo largo del tiempo.

Estos elementos, aunque afectan la legibilidad de algunos detalles, contribuyen a la fuerte presencia material del objeto y documentan su larga historia conservativa.

Es importante subrayar que la referencia a Duccio, Simone Martini, Pietro Lorenzetti y a la tradición de los grandes maestros sieneses debe entenderse como un confronto histórico‑estilístico y no como atribución de la obra a dichos artistas.

TRÍPTICO DE DEVOCIÓN

Madonna Addolorata con San Pedro y San Pablo

Escuela florentina de Siena, en el estilo del siglo XIX
Guatel/óleo sobre tablón, estructura de madera con frontales cierrados

Interesante y rara tríptico devocional de ámbito italiano, realizado sobre soporte lineo y concebido según la tradición de las pequeñas ancones y de los polipticos destinados a la devoción privada.

La obra está compuesta por un panel central y dos frentes laterales móviles, conectados mediante antiguas bisagras metálicas. La particular estructura retráctil constituye uno de los elementos más característicos del objeto: una vez cerrado, el tríptico podía ser protegido y fácilmente transportado, manteniendo al mismo tiempo una función íntimamente ligada a la oración y a la devoción doméstica.

El panel central

En el centro se representa a la Virgen María, representada de medio busto y de frente, con la cabeza ligeramente inclinada y la mirada dirigida hacia abajo.

La expresión recogida, melancólica y meditativa, junto con la ausencia del Niño, llevan a leer la figura como una Madonna Addolorata o Madonna della Passione, según una tipología iconográfica muy difundida en la pintura devocional italiana.

La Virgen viste el manto tradicional azul‑verde oscuro, que envuelve amplísimamente la figura, sobre una vestimenta roja. El rostro, de forma ovalada, se caracteriza por ojos alargados, cejas arqueadas, nariz delgada y boca pequeña y delicadamente modelada.

Particularmente interesante es la presencia de la aureola punzonada, realizada a través de una serie de pequeños motivos circulares y decorativos. Este elemento constituye un evidente guiño a la gran tradición de la pintura sienesa medieval, en la que el oro, la punzonatura y la exquisitez de las superficies tenían un papel fundamental.

La construcción de la figura, volutamente simple y hierática, parece de hecho alejada del naturalismo plenamente setecentista y parece buscar conscientemente esa dimensión antigua y sacra propia de la tradición sienesa.

Los frentes laterales

Los frentes están ocupados por dos figuras masculinas de santos apóstoles.

A la izquierda se reconoce con buena probabilidad a San Pedro, caracterizado por la fisonomía del hombre maduro, la barba y, sobre todo, por los atributos que remiten a las llaves, su tradicional símbolo iconográfico.

A la derecha está representado San Pablo, reconocible por la figura ascética, la barba y los atributos tradicionalmente asociados al Apóstol de las Gentes, entre ellos el libro y la espada.

La presencia conjunta de San Pedro y San Pablo junto a la Virgen es particularmente significativa en la tradición del arte cristiano: los dos apóstoles constituyen de hecho las columnas de la Iglesia apostólica y suelen asociarse a la figura de la Madonna en las composiciones destinadas a la devoción.

Las figuras se representan en posición erecta, con una monumentalidad simplificada. Las vestimentas se construyen a través de amplias superficies cromáticas, con una paleta dominada por los tonos marrones, rojos, ocre y azules profundos.

La relación con la tradición sienesa

El interés principal del manufacturado reside precisamente en su voluntaria relectura de la tradición pictórica sienesa medieval.

La pintura sienesa, a partir de Duccio di Buoninsegna, Simone Martini y Pietro Lorenzetti, desarrolló una extraordinaria tradición de imágenes marianas destinadas tanto a la devoción pública como a la privada. La forma misma del tríptico, con panel central y frentes laterales cerrables, pertenece a una tradición antiquísima documentada en la pintura sienesa. La Pinacoteca Nacional de Siena conserva, por ejemplo, importantes trípticos en los que las tablas son concebidas como elementos de una única estructura y están dotados de sistemas de bisagras para el cierre de los frentes.

Aún más significativo es el contraste con la producción de Simone Martini y su círculo: la Pinacoteca Nacional de Siena conserva una Madonna con Bambino en la que la precious aureolas, la refinación lineal y el carácter hierático de la figura constituyen elementos fundamentales del lenguaje sienese.

También el contraste con Pietro Lorenzetti es interesante: sus trípticos marianos muestran como la imagen de la Virgen podía asumir simultáneamente un carácter fuertemente icónico y una intensa participación emocional.

La pieza aquí presentada no debe, naturalmente, confundirse con tales obras medievales: su interés consiste precisamente en la persistencia y reinterpretación de esos modelos muchos siglos después.

Un gusto deliberadamente arcaizante

La elección de realizar una imagen de la Virgen con características tan severas y antiguas puede ponerse en relación con el fenómeno, particularmente importante en Toscana, de redescubrimiento de la pintura antigua y de las imágenes sagradas medievales.

En el Settecento senese esta tradición no era para nada ajena a la cultura artística local. La producción de Giuseppe Nicola Nasini (1657–1736), una de las figuras más importantes de la pintura sienesa entre el Siglo XVII y el XVIII, comprende numerosas imágenes de la Virgen y temas marianos; el catálogo de Bienes Culturales italiano también registra una Madonna Addolorata atribuido al pintor.

El contraste es útil sobre todo en el plano cultural, no para proponer una atribución a Nasini: en las obras sienesas del periodo persiste de hecho un fuerte interés por la tradición religiosa local, mientras la pintura sacra continúa oscilando entre lenguaje barroco, clasicismo y recuperación de fórmulas más antiguas.

El tríptico conserva una pátina antigua muy evidente, con numerosas abrasiones, caídas y pérdidas de la película pictórica, especialmente a lo largo de los bordes y en los frentes.

Son visibles además fenómenos de desgaste, pequeñas lagunas, craquelos y alteraciones cromáticas debidas a la edad. La estructura de madera presenta los normales signos de envejecimiento y manipulación propios de un objeto devocional utilizado y movilizado a lo largo del tiempo.

Estos elementos, aunque afectan la legibilidad de algunos detalles, contribuyen a la fuerte presencia material del objeto y documentan su larga historia conservativa.

Es importante subrayar que la referencia a Duccio, Simone Martini, Pietro Lorenzetti y a la tradición de los grandes maestros sieneses debe entenderse como un confronto histórico‑estilístico y no como atribución de la obra a dichos artistas.

Datos

Artista
Escuela italiana (XIX)
Se vende con marco
No
Vendido por
Propietario o revendedor
Título de la obra
Trittico devozionale
Técnica
Témperas
Firma
Sin firmar
País de origen
Italia
Estado
En buen estado
Alto
31 cm
Ancho
40 cm
Representación/tema
Religión
Estilo
Clásico
Periodo
siglo XIX
Vendido por
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