Baptiste Corbin (1943) - Fleurs flottantes






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
25 € |
|---|
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 141331 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Fleurs flottantes es una pintura al óleo de Baptiste Corbin (1943) procedente de Francia, fechada 1990–2000 en el estilo impresionista; edición original, 36 × 46 cm, vendida con marco, firmada a mano en el papel en la esquina inferior izquierda.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Baptiste Corbin, que representa un tranquilo estanque cubierto de nenúfares y flores, rodeado de reflejos multicolores que transmiten serenidad, armonía y belleza natural. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 36x46x1 cm.
· Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Corbin.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un estanque cubierto de nenúfares y flores acuáticas, envuelto en una atmósfera serena, profunda y casi onírica. La composición se desarrolla por completo sobre la superficie del agua, sin mostrar una línea de horizonte claramente definida, de modo que el espectador queda sumergido en un universo formado por reflejos, colores y vegetación flotante. La escena transmite una sensación inmediata de calma y convierte un rincón natural aparentemente sencillo en un espacio lleno de belleza, misterio y contemplación.
El agua ocupa toda la composición y funciona como un gran espejo cambiante. En ella se mezclan tonalidades azules, verdes, turquesas, violetas y oscuras, creando una superficie de extraordinaria riqueza cromática. Algunas zonas parecen iluminadas por el cielo, mientras que otras reflejan la vegetación de las orillas o las sombras de los árboles. Esta alternancia entre claridad y oscuridad aporta profundidad al estanque y hace que su superficie parezca extenderse mucho más allá de los límites del cuadro.
Los nenúfares aparecen distribuidos en diferentes grupos, formando un recorrido visual que atraviesa la escena. En la zona izquierda predominan hojas de colores fríos, especialmente verdes y azulados, mientras que en la parte derecha surgen tonalidades más cálidas, como rosas, amarillos, naranjas y malvas. Esta variación dota al paisaje de dinamismo y evita cualquier sensación de monotonía, a pesar de la tranquilidad general de la imagen.
Las flores blancas y rosadas constituyen los puntos más luminosos de la composición. Algunas aparecen completamente abiertas, exhibiendo delicados centros amarillentos, mientras que otras parecen encontrarse todavía en proceso de florecer. Su claridad contrasta con la profundidad oscura del agua, haciendo que parezcan pequeñas luces suspendidas sobre el estanque. Cada flor introduce una nota de delicadeza y convierte la escena en una celebración de la belleza efímera de la naturaleza.
En la zona superior, varios grupos de flores se reúnen sobre amplias hojas verdes, azuladas y doradas. La luz parece concentrarse especialmente en este sector, donde los tonos suaves crean una sensación de amplitud y frescura. Las flores se presentan como un conjunto ligero y armonioso, rodeado por reflejos verdosos que sugieren la presencia de vegetación cercana. Esta parte de la obra transmite una luminosidad tranquila, semejante a la de una mañana junto al agua.
La zona inferior derecha adquiere un protagonismo especial gracias a la presencia de grandes hojas en colores rosados, violetas, amarillos y anaranjados. Sobre ellas descansan varias flores claras que destacan con fuerza y aportan una elegante sensación de cercanía. Este grupo parece situarse justo delante del espectador, creando un primer plano envolvente que invita a contemplar con atención cada detalle del estanque.
En contraste, el centro de la composición está dominado por tonos verdes muy profundos y reflejos verticales que recuerdan la presencia de árboles o plantas situados fuera de la escena. Esta área oscura funciona como un espacio de silencio visual entre los diferentes grupos de nenúfares. Su profundidad refuerza el misterio del agua y sugiere que bajo la superficie existe un mundo invisible, oculto entre sombras y reflejos.
La ausencia de figuras humanas acentúa la sensación de intimidad y recogimiento. El estanque parece encontrarse en un jardín apartado, protegido del ruido y del paso del tiempo. Nada altera la quietud del agua, salvo las pequeñas variaciones de color y la disposición irregular de las hojas. La escena invita a detener la mirada, respirar lentamente y dejarse envolver por la serenidad de un paisaje que parece existir fuera de la vida cotidiana.
La gama cromática establece un delicado equilibrio entre las tonalidades frías del agua y los acentos cálidos de las hojas y las flores. Los azules y verdes transmiten frescura, silencio y profundidad, mientras que los rosas, amarillos y blancos aportan luz, alegría y suavidad. Esta combinación crea una imagen armoniosa y envolvente en la que cada elemento parece relacionarse con los demás mediante el color.
En conjunto, este cuadro representa la belleza tranquila de un estanque cubierto de nenúfares, donde la vegetación, las flores y los reflejos se unen para formar un paisaje lleno de armonía. La profundidad del agua, la delicadeza de las flores y la variedad cromática convierten la escena en una invitación a la contemplación. Es una obra que transmite paz, equilibrio y una profunda conexión con la naturaleza, capturando la magia silenciosa de un jardín acuático.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Baptiste Corbin, que representa un tranquilo estanque cubierto de nenúfares y flores, rodeado de reflejos multicolores que transmiten serenidad, armonía y belleza natural. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 36x46x1 cm.
· Óleo sobre papel firmado a mano por el artista en la esquina izquierda de la obra, Corbin.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un estanque cubierto de nenúfares y flores acuáticas, envuelto en una atmósfera serena, profunda y casi onírica. La composición se desarrolla por completo sobre la superficie del agua, sin mostrar una línea de horizonte claramente definida, de modo que el espectador queda sumergido en un universo formado por reflejos, colores y vegetación flotante. La escena transmite una sensación inmediata de calma y convierte un rincón natural aparentemente sencillo en un espacio lleno de belleza, misterio y contemplación.
El agua ocupa toda la composición y funciona como un gran espejo cambiante. En ella se mezclan tonalidades azules, verdes, turquesas, violetas y oscuras, creando una superficie de extraordinaria riqueza cromática. Algunas zonas parecen iluminadas por el cielo, mientras que otras reflejan la vegetación de las orillas o las sombras de los árboles. Esta alternancia entre claridad y oscuridad aporta profundidad al estanque y hace que su superficie parezca extenderse mucho más allá de los límites del cuadro.
Los nenúfares aparecen distribuidos en diferentes grupos, formando un recorrido visual que atraviesa la escena. En la zona izquierda predominan hojas de colores fríos, especialmente verdes y azulados, mientras que en la parte derecha surgen tonalidades más cálidas, como rosas, amarillos, naranjas y malvas. Esta variación dota al paisaje de dinamismo y evita cualquier sensación de monotonía, a pesar de la tranquilidad general de la imagen.
Las flores blancas y rosadas constituyen los puntos más luminosos de la composición. Algunas aparecen completamente abiertas, exhibiendo delicados centros amarillentos, mientras que otras parecen encontrarse todavía en proceso de florecer. Su claridad contrasta con la profundidad oscura del agua, haciendo que parezcan pequeñas luces suspendidas sobre el estanque. Cada flor introduce una nota de delicadeza y convierte la escena en una celebración de la belleza efímera de la naturaleza.
En la zona superior, varios grupos de flores se reúnen sobre amplias hojas verdes, azuladas y doradas. La luz parece concentrarse especialmente en este sector, donde los tonos suaves crean una sensación de amplitud y frescura. Las flores se presentan como un conjunto ligero y armonioso, rodeado por reflejos verdosos que sugieren la presencia de vegetación cercana. Esta parte de la obra transmite una luminosidad tranquila, semejante a la de una mañana junto al agua.
La zona inferior derecha adquiere un protagonismo especial gracias a la presencia de grandes hojas en colores rosados, violetas, amarillos y anaranjados. Sobre ellas descansan varias flores claras que destacan con fuerza y aportan una elegante sensación de cercanía. Este grupo parece situarse justo delante del espectador, creando un primer plano envolvente que invita a contemplar con atención cada detalle del estanque.
En contraste, el centro de la composición está dominado por tonos verdes muy profundos y reflejos verticales que recuerdan la presencia de árboles o plantas situados fuera de la escena. Esta área oscura funciona como un espacio de silencio visual entre los diferentes grupos de nenúfares. Su profundidad refuerza el misterio del agua y sugiere que bajo la superficie existe un mundo invisible, oculto entre sombras y reflejos.
La ausencia de figuras humanas acentúa la sensación de intimidad y recogimiento. El estanque parece encontrarse en un jardín apartado, protegido del ruido y del paso del tiempo. Nada altera la quietud del agua, salvo las pequeñas variaciones de color y la disposición irregular de las hojas. La escena invita a detener la mirada, respirar lentamente y dejarse envolver por la serenidad de un paisaje que parece existir fuera de la vida cotidiana.
La gama cromática establece un delicado equilibrio entre las tonalidades frías del agua y los acentos cálidos de las hojas y las flores. Los azules y verdes transmiten frescura, silencio y profundidad, mientras que los rosas, amarillos y blancos aportan luz, alegría y suavidad. Esta combinación crea una imagen armoniosa y envolvente en la que cada elemento parece relacionarse con los demás mediante el color.
En conjunto, este cuadro representa la belleza tranquila de un estanque cubierto de nenúfares, donde la vegetación, las flores y los reflejos se unen para formar un paisaje lleno de armonía. La profundidad del agua, la delicadeza de las flores y la variedad cromática convierten la escena en una invitación a la contemplación. Es una obra que transmite paz, equilibrio y una profunda conexión con la naturaleza, capturando la magia silenciosa de un jardín acuático.
