Francisca Salvat Homs (1946) - Marea de reflejos






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 142317 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Marea de reflejos, óleo sobre tela de España (1980-1990) de Francisca Salvat Homs, firmado a mano, 46 × 37 cm, en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Salvat Homs, que representa varias embarcaciones descansando en un pequeño puerto, rodeadas por agua, reflejos, rocas y vegetación en una escena marinera llena de color, movimiento y expresividad. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 37x46x1 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta una vibrante escena portuaria en la que varias embarcaciones descansan junto a la orilla, rodeadas por un paisaje dominado por el agua, las rocas y una intensa vegetación. La composición transmite la sensación de un rincón marinero apartado, lleno de vida y de movimiento, aunque los barcos permanezcan aparentemente inmóviles. La riqueza cromática y la fuerza de las formas convierten una escena cotidiana en una visión profundamente expresiva, donde el puerto parece transformarse en un espacio construido a partir de recuerdos, sensaciones y emociones.
En el centro de la composición se encuentran las dos embarcaciones principales, situadas muy cerca una de otra y representadas desde un punto de vista elevado. La barca de la izquierda destaca por sus intensos tonos verdes, turquesas y violetas, acompañados por franjas rojizas y oscuras que delimitan su casco. Su interior aparece dividido en superficies amplias y angulosas, creando una sensación de profundidad y revelando la estructura sencilla de una embarcación tradicional. Su posición ligeramente inclinada introduce dinamismo y conduce la mirada hacia la zona central de la escena.
La embarcación situada a la derecha posee una presencia más contundente y ocupa una parte importante del espacio visual. Su casco combina tonos grisáceos, azulados, granates y marrones, mientras que el interior se ilumina con verdes, blancos y azules claros. La alternancia de colores fríos y cálidos permite distinguir las distintas partes del barco, a la vez que refuerza su aspecto robusto y trabajado por el paso del tiempo. Las formas irregulares de sus bordes y la variedad de matices sugieren una superficie marcada por el uso, el agua y la exposición constante al ambiente marino.
Entre las dos embarcaciones se abre un estrecho espacio vertical que guía la mirada hacia el fondo. Este pequeño corredor visual funciona como una entrada al interior del puerto y aporta profundidad a la composición. En esa zona aparecen postes, amarres y elementos propios del embarcadero, representados mediante formas verticales que contrastan con la disposición horizontal de las barcas. Cerca de ellos se insinúan pequeñas figuras humanas, apenas sugeridas, cuya presencia aporta escala y convierte el paisaje en un lugar habitado.
La parte superior de la obra muestra un fondo dividido entre una franja de vegetación verde y una zona de tonos grisáceos, lilas y azulados que parece corresponder al cielo, a la costa o a una extensión lejana del puerto. Los verdes intensos de la izquierda transmiten una sensación de naturaleza abundante, mientras que los colores más fríos de la derecha envuelven la escena en una atmósfera cambiante. Esta combinación crea un equilibrio entre la serenidad del paisaje y la energía visual de las embarcaciones.
El agua ocupa buena parte de la mitad inferior de la composición, aunque su superficie no aparece representada de manera uniforme. Los reflejos de las barcas, del cielo y de la vegetación se fragmentan en manchas violetas, verdes, azules, grises y marrones. Esta sucesión de colores genera la sensación de una superficie en constante movimiento, alterada por pequeñas corrientes y ondulaciones. Las formas se mezclan entre sí hasta hacer que el agua se convierta en un espejo irregular, capaz de deformar y multiplicar todo aquello que la rodea.
En primer plano se acumulan formas que recuerdan a rocas, reflejos y pequeñas masas de agua. Los violetas y lilas adquieren aquí una presencia especialmente intensa, combinándose con verdes apagados, grises profundos y destellos claros. Esta zona posee una gran fuerza visual y actúa como una base sobre la que se sostiene el resto de la escena. El contraste entre las formas fragmentadas del primer plano y la silueta más reconocible de las embarcaciones crea una interesante tensión entre realidad y abstracción.
La paleta cromática es uno de los elementos más llamativos de la obra. Los verdes esmeralda, turquesas y azulados evocan la humedad y la frescura del entorno, mientras que los granates, ocres y marrones aportan calidez y recuerdan a la madera envejecida de los barcos. Los violetas que dominan la parte inferior introducen una dimensión poética y casi fantástica, alejando la escena de una descripción puramente realista. Gracias a esta variedad de colores, el puerto adquiere una personalidad intensa, cambiante y llena de matices.
En conjunto, el cuadro ofrece una interpretación enérgica y emocional de un pequeño puerto, donde las barcas, el agua y el paisaje se funden en una composición llena de color y movimiento. La escena transmite al mismo tiempo calma y vitalidad: calma por la quietud de las embarcaciones amarradas y vitalidad por la intensidad de los colores, los reflejos fragmentados y el ritmo de las formas. La obra invita a contemplar la belleza de los espacios marineros cotidianos y convierte este rincón portuario en una evocación luminosa del mar, del trabajo humano y del paso del tiempo.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Salvat Homs, que representa varias embarcaciones descansando en un pequeño puerto, rodeadas por agua, reflejos, rocas y vegetación en una escena marinera llena de color, movimiento y expresividad. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 37x46x1 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX, utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos o GLS con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta una vibrante escena portuaria en la que varias embarcaciones descansan junto a la orilla, rodeadas por un paisaje dominado por el agua, las rocas y una intensa vegetación. La composición transmite la sensación de un rincón marinero apartado, lleno de vida y de movimiento, aunque los barcos permanezcan aparentemente inmóviles. La riqueza cromática y la fuerza de las formas convierten una escena cotidiana en una visión profundamente expresiva, donde el puerto parece transformarse en un espacio construido a partir de recuerdos, sensaciones y emociones.
En el centro de la composición se encuentran las dos embarcaciones principales, situadas muy cerca una de otra y representadas desde un punto de vista elevado. La barca de la izquierda destaca por sus intensos tonos verdes, turquesas y violetas, acompañados por franjas rojizas y oscuras que delimitan su casco. Su interior aparece dividido en superficies amplias y angulosas, creando una sensación de profundidad y revelando la estructura sencilla de una embarcación tradicional. Su posición ligeramente inclinada introduce dinamismo y conduce la mirada hacia la zona central de la escena.
La embarcación situada a la derecha posee una presencia más contundente y ocupa una parte importante del espacio visual. Su casco combina tonos grisáceos, azulados, granates y marrones, mientras que el interior se ilumina con verdes, blancos y azules claros. La alternancia de colores fríos y cálidos permite distinguir las distintas partes del barco, a la vez que refuerza su aspecto robusto y trabajado por el paso del tiempo. Las formas irregulares de sus bordes y la variedad de matices sugieren una superficie marcada por el uso, el agua y la exposición constante al ambiente marino.
Entre las dos embarcaciones se abre un estrecho espacio vertical que guía la mirada hacia el fondo. Este pequeño corredor visual funciona como una entrada al interior del puerto y aporta profundidad a la composición. En esa zona aparecen postes, amarres y elementos propios del embarcadero, representados mediante formas verticales que contrastan con la disposición horizontal de las barcas. Cerca de ellos se insinúan pequeñas figuras humanas, apenas sugeridas, cuya presencia aporta escala y convierte el paisaje en un lugar habitado.
La parte superior de la obra muestra un fondo dividido entre una franja de vegetación verde y una zona de tonos grisáceos, lilas y azulados que parece corresponder al cielo, a la costa o a una extensión lejana del puerto. Los verdes intensos de la izquierda transmiten una sensación de naturaleza abundante, mientras que los colores más fríos de la derecha envuelven la escena en una atmósfera cambiante. Esta combinación crea un equilibrio entre la serenidad del paisaje y la energía visual de las embarcaciones.
El agua ocupa buena parte de la mitad inferior de la composición, aunque su superficie no aparece representada de manera uniforme. Los reflejos de las barcas, del cielo y de la vegetación se fragmentan en manchas violetas, verdes, azules, grises y marrones. Esta sucesión de colores genera la sensación de una superficie en constante movimiento, alterada por pequeñas corrientes y ondulaciones. Las formas se mezclan entre sí hasta hacer que el agua se convierta en un espejo irregular, capaz de deformar y multiplicar todo aquello que la rodea.
En primer plano se acumulan formas que recuerdan a rocas, reflejos y pequeñas masas de agua. Los violetas y lilas adquieren aquí una presencia especialmente intensa, combinándose con verdes apagados, grises profundos y destellos claros. Esta zona posee una gran fuerza visual y actúa como una base sobre la que se sostiene el resto de la escena. El contraste entre las formas fragmentadas del primer plano y la silueta más reconocible de las embarcaciones crea una interesante tensión entre realidad y abstracción.
La paleta cromática es uno de los elementos más llamativos de la obra. Los verdes esmeralda, turquesas y azulados evocan la humedad y la frescura del entorno, mientras que los granates, ocres y marrones aportan calidez y recuerdan a la madera envejecida de los barcos. Los violetas que dominan la parte inferior introducen una dimensión poética y casi fantástica, alejando la escena de una descripción puramente realista. Gracias a esta variedad de colores, el puerto adquiere una personalidad intensa, cambiante y llena de matices.
En conjunto, el cuadro ofrece una interpretación enérgica y emocional de un pequeño puerto, donde las barcas, el agua y el paisaje se funden en una composición llena de color y movimiento. La escena transmite al mismo tiempo calma y vitalidad: calma por la quietud de las embarcaciones amarradas y vitalidad por la intensidad de los colores, los reflejos fragmentados y el ritmo de las formas. La obra invita a contemplar la belleza de los espacios marineros cotidianos y convierte este rincón portuario en una evocación luminosa del mar, del trabajo humano y del paso del tiempo.
