Jordi Fortet (1954) - Paisaje






Graduada como subastadora francesa y trabajó en el departamento de tasación de Sotheby’s París.
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Paisaje, óleo sobre tela de estilo impresionista de Jordi Fortet (1954), España, Original, firmado a mano, vendido con marco; dimensiones con marco 77 × 98 × 8 cm.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jordi Fortet, que representa un sendero que se adentra en un bosque frondoso y silencioso, rodeado de grandes árboles, raíces y una suave luz que crea una atmósfera de misterio y serenidad. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 77x98x8 cm.
· Dimensiones sin marco: 60x81 cm.
· Óleo sobre tela la firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un frondoso bosque atravesado por un camino que se adentra lentamente entre los árboles. La escena transmite una profunda sensación de silencio, frescura y recogimiento, como si el espectador acabara de acceder a un rincón apartado de la naturaleza. La vegetación ocupa prácticamente toda la composición y crea un espacio envolvente en el que los troncos, las ramas, las raíces y el suelo se relacionan mediante una extensa variedad de verdes, azules, grises y tonos terrosos.
El camino nace en la zona inferior central y avanza hacia el interior mediante un recorrido ligeramente curvo. Su presencia organiza toda la composición y conduce la mirada desde el primer plano hasta la parte más profunda del bosque. Los marrones, ocres, rojizos y amarillos que recorren su superficie contrastan con los verdes oscuros de la vegetación y permiten distinguirlo con claridad entre la abundancia de árboles y plantas.
A ambos lados del sendero se levantan pequeños desniveles cubiertos de musgo, piedras, raíces y hojas. Estas elevaciones forman una entrada natural y refuerzan la sensación de profundidad. En el lado derecho, el terreno asciende alrededor de un gran árbol cuyas raíces quedan parcialmente expuestas, mientras que en la izquierda aparecen rocas y masas de vegetación que acompañan el recorrido del camino.
El gran árbol situado a la derecha constituye uno de los elementos más destacados de la obra. Su tronco ancho y ligeramente inclinado transmite solidez y antigüedad, mientras que sus raíces se aferran al terreno y se extienden sobre la superficie. La oscuridad de su base contrasta con las zonas más claras del bosque, convirtiéndolo en una presencia poderosa que parece proteger el sendero.
Junto a este árbol aparecen otros troncos altos y esbeltos que se elevan hasta desaparecer entre las copas. Algunos se mantienen rectos, mientras que otros se inclinan suavemente, introduciendo variedad y movimiento. La repetición de estas formas verticales crea un ritmo visual que acentúa la altura del bosque y transmite la sensación de encontrarse bajo una extensa cubierta vegetal.
Las ramas se distribuyen en diferentes niveles y forman amplias masas de follaje. En algunas zonas las hojas aparecen densas y oscuras, mientras que en otras se abren pequeños espacios por los que parece filtrarse la luz. Esta alternancia entre vegetación compacta y claros luminosos permite distinguir varias capas dentro del bosque y hace que el paisaje resulte profundo y lleno de matices.
La parte central de la composición aparece más iluminada y difusa, como si una suave neblina envolviera los árboles lejanos. Los verdes pálidos, azules grisáceos y blancos crean una atmósfera húmeda y fresca. A medida que los troncos se alejan, sus formas se vuelven más delicadas y menos definidas, reforzando la impresión de distancia y haciendo que el sendero parezca continuar mucho más allá de lo que puede verse.
Entre el predominio de los verdes aparecen pequeñas zonas rojizas, anaranjadas y rosadas que sugieren hojas secas o los primeros cambios del otoño. Estos matices cálidos animan la escena y aportan variedad cromática sin romper su serenidad. El contraste con los tonos fríos del follaje permite imaginar un bosque en transición, situado entre la plenitud del verano y la llegada de una estación más fría.
El suelo del primer plano posee una gran riqueza visual. Las sombras profundas se mezclan con reflejos verdes, grises y azulados, mientras que pequeñas zonas claras sugieren musgo húmedo, piedras y restos vegetales. La irregularidad del terreno refuerza el carácter natural y poco transitado del lugar, como si el camino hubiera sido formado lentamente por el paso del tiempo.
La ausencia de figuras humanas intensifica la tranquilidad de la escena. El sendero vacío invita al espectador a imaginar su propio recorrido entre los árboles y a sentir la quietud del entorno. La composición parece capturar un instante suspendido, sin viento ni movimiento visible, en el que solo permanecen la luz, la humedad y la presencia silenciosa del bosque.
En conjunto, la obra ofrece una visión íntima y envolvente de un camino forestal rodeado de árboles centenarios, raíces, piedras y vegetación abundante. La profundidad del sendero, la luz filtrada entre las copas y la delicada neblina del fondo crean una atmósfera de misterio y serenidad. El cuadro invita a adentrarse simbólicamente en la naturaleza y transmite la sensación de refugio, contemplación y calma que puede encontrarse en el corazón del bosque.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jordi Fortet, que representa un sendero que se adentra en un bosque frondoso y silencioso, rodeado de grandes árboles, raíces y una suave luz que crea una atmósfera de misterio y serenidad. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 77x98x8 cm.
· Dimensiones sin marco: 60x81 cm.
· Óleo sobre tela la firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un frondoso bosque atravesado por un camino que se adentra lentamente entre los árboles. La escena transmite una profunda sensación de silencio, frescura y recogimiento, como si el espectador acabara de acceder a un rincón apartado de la naturaleza. La vegetación ocupa prácticamente toda la composición y crea un espacio envolvente en el que los troncos, las ramas, las raíces y el suelo se relacionan mediante una extensa variedad de verdes, azules, grises y tonos terrosos.
El camino nace en la zona inferior central y avanza hacia el interior mediante un recorrido ligeramente curvo. Su presencia organiza toda la composición y conduce la mirada desde el primer plano hasta la parte más profunda del bosque. Los marrones, ocres, rojizos y amarillos que recorren su superficie contrastan con los verdes oscuros de la vegetación y permiten distinguirlo con claridad entre la abundancia de árboles y plantas.
A ambos lados del sendero se levantan pequeños desniveles cubiertos de musgo, piedras, raíces y hojas. Estas elevaciones forman una entrada natural y refuerzan la sensación de profundidad. En el lado derecho, el terreno asciende alrededor de un gran árbol cuyas raíces quedan parcialmente expuestas, mientras que en la izquierda aparecen rocas y masas de vegetación que acompañan el recorrido del camino.
El gran árbol situado a la derecha constituye uno de los elementos más destacados de la obra. Su tronco ancho y ligeramente inclinado transmite solidez y antigüedad, mientras que sus raíces se aferran al terreno y se extienden sobre la superficie. La oscuridad de su base contrasta con las zonas más claras del bosque, convirtiéndolo en una presencia poderosa que parece proteger el sendero.
Junto a este árbol aparecen otros troncos altos y esbeltos que se elevan hasta desaparecer entre las copas. Algunos se mantienen rectos, mientras que otros se inclinan suavemente, introduciendo variedad y movimiento. La repetición de estas formas verticales crea un ritmo visual que acentúa la altura del bosque y transmite la sensación de encontrarse bajo una extensa cubierta vegetal.
Las ramas se distribuyen en diferentes niveles y forman amplias masas de follaje. En algunas zonas las hojas aparecen densas y oscuras, mientras que en otras se abren pequeños espacios por los que parece filtrarse la luz. Esta alternancia entre vegetación compacta y claros luminosos permite distinguir varias capas dentro del bosque y hace que el paisaje resulte profundo y lleno de matices.
La parte central de la composición aparece más iluminada y difusa, como si una suave neblina envolviera los árboles lejanos. Los verdes pálidos, azules grisáceos y blancos crean una atmósfera húmeda y fresca. A medida que los troncos se alejan, sus formas se vuelven más delicadas y menos definidas, reforzando la impresión de distancia y haciendo que el sendero parezca continuar mucho más allá de lo que puede verse.
Entre el predominio de los verdes aparecen pequeñas zonas rojizas, anaranjadas y rosadas que sugieren hojas secas o los primeros cambios del otoño. Estos matices cálidos animan la escena y aportan variedad cromática sin romper su serenidad. El contraste con los tonos fríos del follaje permite imaginar un bosque en transición, situado entre la plenitud del verano y la llegada de una estación más fría.
El suelo del primer plano posee una gran riqueza visual. Las sombras profundas se mezclan con reflejos verdes, grises y azulados, mientras que pequeñas zonas claras sugieren musgo húmedo, piedras y restos vegetales. La irregularidad del terreno refuerza el carácter natural y poco transitado del lugar, como si el camino hubiera sido formado lentamente por el paso del tiempo.
La ausencia de figuras humanas intensifica la tranquilidad de la escena. El sendero vacío invita al espectador a imaginar su propio recorrido entre los árboles y a sentir la quietud del entorno. La composición parece capturar un instante suspendido, sin viento ni movimiento visible, en el que solo permanecen la luz, la humedad y la presencia silenciosa del bosque.
En conjunto, la obra ofrece una visión íntima y envolvente de un camino forestal rodeado de árboles centenarios, raíces, piedras y vegetación abundante. La profundidad del sendero, la luz filtrada entre las copas y la delicada neblina del fondo crean una atmósfera de misterio y serenidad. El cuadro invita a adentrarse simbólicamente en la naturaleza y transmite la sensación de refugio, contemplación y calma que puede encontrarse en el corazón del bosque.
