École française (XX) - Notre Dame





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Notre Dame es una obra original en técnica mixta de la Escuela Francesa, fechada 1980–1990, que representa una gran catedral azul en una plaza urbana, firmada a mano y vendida con marco, dimensiones 36 x 30 x 4 cm con marco (30 x 24 cm sin marco) en buen estado.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela francesa, que representa una gran catedral azul contemplada desde una plaza con árboles y paseantes, uniendo la monumentalidad histórica con la serenidad de la vida cotidiana. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 36x30x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 30x24 cm.
· Técnica mixta la firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una evocadora escena urbana protagonizada por la imponente fachada de una gran catedral, contemplada desde un espacio ajardinado en el que aparecen árboles, vegetación y pequeñas figuras humanas. La arquitectura ocupa la mayor parte de la composición y se alza con una presencia monumental, mientras que las personas situadas en primer plano introducen escala, movimiento y una dimensión cotidiana. El conjunto está envuelto por una atmósfera luminosa y casi soñada, dominada por azules, verdes y amarillos suaves.
La catedral se eleva desde la parte inferior hasta alcanzar el borde superior de la obra. Su fachada aparece construida mediante una sucesión de líneas verticales que acentúan su altura y monumentalidad. Los tonos azules claros y oscuros se alternan con zonas beige y blanquecinas, creando una arquitectura que parece desmaterializarse bajo la luz y fundirse parcialmente con el cielo.
En la zona inferior del edificio se distinguen varias entradas rematadas por arcos apuntados. Estas formas verticales y estrechas evocan una arquitectura histórica de carácter religioso y conducen la mirada hacia los niveles superiores. Las sombras azuladas del interior de los arcos contrastan con la claridad de los muros y aportan profundidad a la fachada.
En el nivel central destaca una gran abertura circular que recuerda a un rosetón. Su forma redonda rompe con el predominio de las líneas verticales y se convierte en uno de los principales centros visuales de la composición. A su alrededor aparecen otras ventanas alargadas y pequeños elementos arquitectónicos que sugieren la riqueza decorativa del edificio sin describir cada detalle de forma rígida.
La parte superior muestra varias estructuras verticales que podrían corresponder a torres, contrafuertes o grandes ventanales. Estas formas se recortan sobre una superficie clara y luminosa, prolongando la arquitectura hacia lo alto. El azul adquiere aquí una intensidad especial y aporta al edificio una apariencia ligera, como si la catedral estuviera formada por luz, aire y reflejos.
A la derecha se alza un gran árbol de tronco oscuro y copa verde. Sus ramas se extienden sobre una parte de la fachada y crean un contraste orgánico frente a la geometría del edificio. Las formas curvas de la vegetación suavizan la verticalidad de la arquitectura y establecen un diálogo entre la naturaleza y la construcción humana.
La vegetación se prolonga horizontalmente por la zona central e inferior. Los verdes intensos, turquesas y azulados forman una franja de arbustos que separa la catedral del espacio por el que transitan las figuras. Esta zona ajardinada introduce frescura y hace pensar en una plaza o parque situado frente al monumento.
En primer plano aparecen varias figuras humanas distribuidas de forma irregular. Algunas caminan solas, mientras que otras parecen formar pequeños grupos o parejas. Sus siluetas se construyen mediante colores oscuros, rojos, marrones y azules, y su reducido tamaño refuerza la impresionante escala del edificio que se levanta detrás de ellas.
Una figura vestida de azul ocupa la zona central inferior y parece detenerse frente a la catedral. Su posición aislada y su orientación hacia el monumento convierten al personaje en una posible representación del espectador dentro de la propia escena. A través de esta figura, la obra invita a contemplar la arquitectura y a experimentar su grandeza desde una perspectiva humana.
El suelo del primer plano se divide mediante líneas horizontales azuladas que podrían sugerir el borde de una acera, una calle o una separación dentro de la plaza. Estas franjas aportan estabilidad a la composición y contrastan con la intensa verticalidad de la catedral y de los árboles. Al mismo tiempo, crean diferentes niveles de profundidad entre el observador, las figuras y el edificio.
El cielo y la luz se expresan mediante tonos amarillos pálidos, crema, verdes suaves y áreas blancas. Esta luminosidad envuelve la arquitectura y genera una atmósfera cálida, a pesar del predominio de los azules. La combinación de colores fríos y cálidos transmite una sensación de serenidad y convierte la escena urbana en una visión cargada de sensibilidad.
La composición combina lo monumental y lo cotidiano. La catedral representa permanencia, historia y espiritualidad, mientras que las pequeñas figuras encarnan el movimiento pasajero de la vida diaria. El árbol y los jardines actúan como elementos de unión entre ambos mundos, integrando la arquitectura dentro de un entorno vivo y habitado.
En conjunto, la obra ofrece una interpretación poética y luminosa de una gran catedral contemplada desde una plaza ajardinada. Los tonos azules de la fachada, el verde de los árboles y la presencia de los paseantes crean una escena equilibrada en la que historia, naturaleza y vida urbana conviven armoniosamente. El cuadro transmite admiración ante la arquitectura y convierte un momento cotidiano frente al monumento en una experiencia de contemplación y belleza.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela francesa, que representa una gran catedral azul contemplada desde una plaza con árboles y paseantes, uniendo la monumentalidad histórica con la serenidad de la vida cotidiana. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 36x30x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 30x24 cm.
· Técnica mixta la firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una evocadora escena urbana protagonizada por la imponente fachada de una gran catedral, contemplada desde un espacio ajardinado en el que aparecen árboles, vegetación y pequeñas figuras humanas. La arquitectura ocupa la mayor parte de la composición y se alza con una presencia monumental, mientras que las personas situadas en primer plano introducen escala, movimiento y una dimensión cotidiana. El conjunto está envuelto por una atmósfera luminosa y casi soñada, dominada por azules, verdes y amarillos suaves.
La catedral se eleva desde la parte inferior hasta alcanzar el borde superior de la obra. Su fachada aparece construida mediante una sucesión de líneas verticales que acentúan su altura y monumentalidad. Los tonos azules claros y oscuros se alternan con zonas beige y blanquecinas, creando una arquitectura que parece desmaterializarse bajo la luz y fundirse parcialmente con el cielo.
En la zona inferior del edificio se distinguen varias entradas rematadas por arcos apuntados. Estas formas verticales y estrechas evocan una arquitectura histórica de carácter religioso y conducen la mirada hacia los niveles superiores. Las sombras azuladas del interior de los arcos contrastan con la claridad de los muros y aportan profundidad a la fachada.
En el nivel central destaca una gran abertura circular que recuerda a un rosetón. Su forma redonda rompe con el predominio de las líneas verticales y se convierte en uno de los principales centros visuales de la composición. A su alrededor aparecen otras ventanas alargadas y pequeños elementos arquitectónicos que sugieren la riqueza decorativa del edificio sin describir cada detalle de forma rígida.
La parte superior muestra varias estructuras verticales que podrían corresponder a torres, contrafuertes o grandes ventanales. Estas formas se recortan sobre una superficie clara y luminosa, prolongando la arquitectura hacia lo alto. El azul adquiere aquí una intensidad especial y aporta al edificio una apariencia ligera, como si la catedral estuviera formada por luz, aire y reflejos.
A la derecha se alza un gran árbol de tronco oscuro y copa verde. Sus ramas se extienden sobre una parte de la fachada y crean un contraste orgánico frente a la geometría del edificio. Las formas curvas de la vegetación suavizan la verticalidad de la arquitectura y establecen un diálogo entre la naturaleza y la construcción humana.
La vegetación se prolonga horizontalmente por la zona central e inferior. Los verdes intensos, turquesas y azulados forman una franja de arbustos que separa la catedral del espacio por el que transitan las figuras. Esta zona ajardinada introduce frescura y hace pensar en una plaza o parque situado frente al monumento.
En primer plano aparecen varias figuras humanas distribuidas de forma irregular. Algunas caminan solas, mientras que otras parecen formar pequeños grupos o parejas. Sus siluetas se construyen mediante colores oscuros, rojos, marrones y azules, y su reducido tamaño refuerza la impresionante escala del edificio que se levanta detrás de ellas.
Una figura vestida de azul ocupa la zona central inferior y parece detenerse frente a la catedral. Su posición aislada y su orientación hacia el monumento convierten al personaje en una posible representación del espectador dentro de la propia escena. A través de esta figura, la obra invita a contemplar la arquitectura y a experimentar su grandeza desde una perspectiva humana.
El suelo del primer plano se divide mediante líneas horizontales azuladas que podrían sugerir el borde de una acera, una calle o una separación dentro de la plaza. Estas franjas aportan estabilidad a la composición y contrastan con la intensa verticalidad de la catedral y de los árboles. Al mismo tiempo, crean diferentes niveles de profundidad entre el observador, las figuras y el edificio.
El cielo y la luz se expresan mediante tonos amarillos pálidos, crema, verdes suaves y áreas blancas. Esta luminosidad envuelve la arquitectura y genera una atmósfera cálida, a pesar del predominio de los azules. La combinación de colores fríos y cálidos transmite una sensación de serenidad y convierte la escena urbana en una visión cargada de sensibilidad.
La composición combina lo monumental y lo cotidiano. La catedral representa permanencia, historia y espiritualidad, mientras que las pequeñas figuras encarnan el movimiento pasajero de la vida diaria. El árbol y los jardines actúan como elementos de unión entre ambos mundos, integrando la arquitectura dentro de un entorno vivo y habitado.
En conjunto, la obra ofrece una interpretación poética y luminosa de una gran catedral contemplada desde una plaza ajardinada. Los tonos azules de la fachada, el verde de los árboles y la presencia de los paseantes crean una escena equilibrada en la que historia, naturaleza y vida urbana conviven armoniosamente. El cuadro transmite admiración ante la arquitectura y convierte un momento cotidiano frente al monumento en una experiencia de contemplación y belleza.

