Miquel Torner de Semir (1938) - El jinete





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El jinete, una obra en técnica mixta de Miquel Torner de Semir (1938) de España, 1980–1990, original, firma a mano, enmarcada, dimensiones 31,5 × 40 cm (con marco).
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa una dinámica escena ecuestre con varios caballos y jinetes avanzando entre formas negras y vivos destellos de color. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 31,5x40x2 cm.
· Dimensiones sin marco: 26x35 cm.
· Técnica mixta firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena ecuestre llena de movimiento, en la que varios caballos y figuras humanas avanzan a través de un espacio abierto y luminoso. La composición se construye principalmente mediante formas negras intensas que destacan con claridad sobre el fondo blanco, mientras pequeños acentos de rojo, naranja, verde, amarillo y turquesa introducen energía y variedad. La imagen no pretende detenerse en una descripción minuciosa del paisaje, sino concentrarse en la fuerza de los animales, el dinamismo de los jinetes y la sensación de una acción que sucede rápidamente ante nuestros ojos.
En la zona central se eleva la figura principal: un jinete montado sobre un caballo oscuro que parece avanzar con decisión. El animal mantiene la cabeza erguida y las patas dispuestas en una postura de movimiento, mientras el cuerpo del jinete se inclina ligeramente y se integra con la silueta de la montura. Ambos forman una figura compacta y poderosa que actúa como eje de la composición. La verticalidad del jinete contrasta con las líneas horizontales de los otros caballos y aporta una notable sensación de autoridad.
A la izquierda aparece un caballo de cuerpo robusto, representado de perfil y orientado hacia la derecha. Su anatomía se reconoce a través de las manchas oscuras que definen la cabeza, el cuello, el vientre y las patas. Sobre su cuerpo aparecen algunos toques rojizos que atraen la mirada y refuerzan la idea de movimiento. Aunque parte de su silueta se disuelve en el fondo, el animal conserva una presencia firme y contribuye a ampliar la escena hacia el margen izquierdo.
Hacia la derecha se distingue otra figura ecuestre que parece avanzar en la misma dirección. El caballo muestra las patas extendidas y una postura más ligera, como si estuviera trotando o iniciando una carrera. Sobre él se percibe la presencia de un jinete, construido mediante fragmentos oscuros y pequeñas zonas claras. La superposición de cuerpos, extremidades y manchas negras crea una impresión de velocidad, al tiempo que obliga al espectador a reconstruir mentalmente las figuras.
Más a la derecha surge una nueva presencia humana acompañada por una intensa mancha roja. Esta zona puede sugerir una capa, una prenda llamativa, una montura decorada o algún elemento ceremonial relacionado con la escena. El rojo se convierte en uno de los principales focos cromáticos del cuadro y establece un fuerte contraste con el blanco y el negro dominantes. Su aparición aporta dramatismo y parece marcar un segundo núcleo narrativo, relacionado con los movimientos de los jinetes.
La composición posee un ritmo marcado por la repetición de cabezas, lomos, patas y cuerpos inclinados. Las figuras se suceden de izquierda a derecha, generando un recorrido visual que transmite desplazamiento y acción. Algunas formas permanecen perfectamente reconocibles, mientras que otras se fragmentan o se reducen a manchas, líneas y gestos. Esta alternancia entre lo definido y lo sugerido aporta espontaneidad y permite que la imaginación complete aquello que no se muestra de manera literal.
El fondo blanco desempeña un papel esencial, pues ofrece aire y amplitud alrededor de las figuras. La ausencia de un paisaje detallado hace que la escena parezca desarrollarse en un espacio indefinido, casi suspendido fuera del tiempo. En la zona superior izquierda, una franja turquesa introduce una sensación de cielo o de movimiento atmosférico, mientras que las líneas negras cercanas podrían evocar una montaña lejana, una delimitación del terreno o simplemente un horizonte imaginado.
En la parte inferior y en el margen derecho aparecen pequeños signos, círculos, puntos y trazos de colores que enriquecen la composición. Estos elementos recuerdan señales, huellas, objetos dispersos o referencias abstractas vinculadas al recorrido de los personajes. Los toques verdes, amarillos, rojos y naranjas equilibran visualmente las grandes figuras negras y aportan un carácter lúdico y moderno. Cada uno de estos signos parece conservar su propia autonomía, aunque todos participan en el movimiento general de la escena.
La obra transmite una notable sensación de libertad. Los caballos, representados con cuerpos fuertes y posturas dinámicas, encarnan energía, nobleza y avance. Los jinetes parecen formar parte de un desfile, una competición, un entrenamiento o una reunión ecuestre, pero la falta de detalles concretos deja abierta la interpretación. Esa ambigüedad permite contemplar el cuadro tanto como una escena narrativa como una evocación simbólica del viaje, la velocidad y la relación entre el ser humano y el animal.
El contraste entre el negro dominante y las pequeñas explosiones de color aporta gran fuerza expresiva. Las manchas oscuras estructuran la escena y proporcionan peso a los caballos, mientras que los colores vivos aparecen como destellos que animan determinadas zonas. La economía de elementos no resta riqueza a la obra; al contrario, intensifica la impresión de movimiento y convierte cada línea en una parte esencial del relato visual.
En conjunto, este cuadro representa una vibrante escena ecuestre en la que varios caballos y jinetes avanzan entre formas libres, manchas negras y acentos de colores intensos. La disposición de las figuras crea un ritmo rápido y enérgico, mientras que el amplio fondo blanco aporta ligereza y permite que cada gesto destaque con claridad. La obra combina fuerza, elegancia y espontaneidad, evocando el espíritu libre de los caballos y la emoción de una acción capturada en pleno desarrollo.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa una dinámica escena ecuestre con varios caballos y jinetes avanzando entre formas negras y vivos destellos de color. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 31,5x40x2 cm.
· Dimensiones sin marco: 26x35 cm.
· Técnica mixta firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena ecuestre llena de movimiento, en la que varios caballos y figuras humanas avanzan a través de un espacio abierto y luminoso. La composición se construye principalmente mediante formas negras intensas que destacan con claridad sobre el fondo blanco, mientras pequeños acentos de rojo, naranja, verde, amarillo y turquesa introducen energía y variedad. La imagen no pretende detenerse en una descripción minuciosa del paisaje, sino concentrarse en la fuerza de los animales, el dinamismo de los jinetes y la sensación de una acción que sucede rápidamente ante nuestros ojos.
En la zona central se eleva la figura principal: un jinete montado sobre un caballo oscuro que parece avanzar con decisión. El animal mantiene la cabeza erguida y las patas dispuestas en una postura de movimiento, mientras el cuerpo del jinete se inclina ligeramente y se integra con la silueta de la montura. Ambos forman una figura compacta y poderosa que actúa como eje de la composición. La verticalidad del jinete contrasta con las líneas horizontales de los otros caballos y aporta una notable sensación de autoridad.
A la izquierda aparece un caballo de cuerpo robusto, representado de perfil y orientado hacia la derecha. Su anatomía se reconoce a través de las manchas oscuras que definen la cabeza, el cuello, el vientre y las patas. Sobre su cuerpo aparecen algunos toques rojizos que atraen la mirada y refuerzan la idea de movimiento. Aunque parte de su silueta se disuelve en el fondo, el animal conserva una presencia firme y contribuye a ampliar la escena hacia el margen izquierdo.
Hacia la derecha se distingue otra figura ecuestre que parece avanzar en la misma dirección. El caballo muestra las patas extendidas y una postura más ligera, como si estuviera trotando o iniciando una carrera. Sobre él se percibe la presencia de un jinete, construido mediante fragmentos oscuros y pequeñas zonas claras. La superposición de cuerpos, extremidades y manchas negras crea una impresión de velocidad, al tiempo que obliga al espectador a reconstruir mentalmente las figuras.
Más a la derecha surge una nueva presencia humana acompañada por una intensa mancha roja. Esta zona puede sugerir una capa, una prenda llamativa, una montura decorada o algún elemento ceremonial relacionado con la escena. El rojo se convierte en uno de los principales focos cromáticos del cuadro y establece un fuerte contraste con el blanco y el negro dominantes. Su aparición aporta dramatismo y parece marcar un segundo núcleo narrativo, relacionado con los movimientos de los jinetes.
La composición posee un ritmo marcado por la repetición de cabezas, lomos, patas y cuerpos inclinados. Las figuras se suceden de izquierda a derecha, generando un recorrido visual que transmite desplazamiento y acción. Algunas formas permanecen perfectamente reconocibles, mientras que otras se fragmentan o se reducen a manchas, líneas y gestos. Esta alternancia entre lo definido y lo sugerido aporta espontaneidad y permite que la imaginación complete aquello que no se muestra de manera literal.
El fondo blanco desempeña un papel esencial, pues ofrece aire y amplitud alrededor de las figuras. La ausencia de un paisaje detallado hace que la escena parezca desarrollarse en un espacio indefinido, casi suspendido fuera del tiempo. En la zona superior izquierda, una franja turquesa introduce una sensación de cielo o de movimiento atmosférico, mientras que las líneas negras cercanas podrían evocar una montaña lejana, una delimitación del terreno o simplemente un horizonte imaginado.
En la parte inferior y en el margen derecho aparecen pequeños signos, círculos, puntos y trazos de colores que enriquecen la composición. Estos elementos recuerdan señales, huellas, objetos dispersos o referencias abstractas vinculadas al recorrido de los personajes. Los toques verdes, amarillos, rojos y naranjas equilibran visualmente las grandes figuras negras y aportan un carácter lúdico y moderno. Cada uno de estos signos parece conservar su propia autonomía, aunque todos participan en el movimiento general de la escena.
La obra transmite una notable sensación de libertad. Los caballos, representados con cuerpos fuertes y posturas dinámicas, encarnan energía, nobleza y avance. Los jinetes parecen formar parte de un desfile, una competición, un entrenamiento o una reunión ecuestre, pero la falta de detalles concretos deja abierta la interpretación. Esa ambigüedad permite contemplar el cuadro tanto como una escena narrativa como una evocación simbólica del viaje, la velocidad y la relación entre el ser humano y el animal.
El contraste entre el negro dominante y las pequeñas explosiones de color aporta gran fuerza expresiva. Las manchas oscuras estructuran la escena y proporcionan peso a los caballos, mientras que los colores vivos aparecen como destellos que animan determinadas zonas. La economía de elementos no resta riqueza a la obra; al contrario, intensifica la impresión de movimiento y convierte cada línea en una parte esencial del relato visual.
En conjunto, este cuadro representa una vibrante escena ecuestre en la que varios caballos y jinetes avanzan entre formas libres, manchas negras y acentos de colores intensos. La disposición de las figuras crea un ritmo rápido y enérgico, mientras que el amplio fondo blanco aporta ligereza y permite que cada gesto destaque con claridad. La obra combina fuerza, elegancia y espontaneidad, evocando el espíritu libre de los caballos y la emoción de una acción capturada en pleno desarrollo.

