Ángel Ries (1943) - Flores junto a la arboleda





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Pintura al óleo original de Ángel Ries (1943), titulada Flores junto a la arboleda, periodo 1970–1980, firmada a mano, en lienzo, 27×35 cm, en buen estado, vendida por Galería desde España.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Ángel Ries, que representa un luminoso campo cubierto de flores silvestres, rodeado por una frondosa arboleda bajo un amplio cielo azul. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 27x35x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un extenso paisaje natural dominado por un campo de flores que se abre ante la mirada como una alfombra llena de color y vida. La composición está organizada en franjas horizontales que conducen progresivamente desde la vegetación del primer plano hasta la arboleda del fondo y, finalmente, hacia un cielo azul amplio y luminoso. La ausencia de figuras humanas permite que toda la atención se concentre en la belleza serena del entorno y en la sensación de tranquilidad que transmite este espacio campestre.
En el primer plano se despliega una abundante extensión de flores silvestres y vegetación baja. Los tonos blancos, naranjas, amarillos, verdes y rojizos aparecen mezclados de manera natural, formando una superficie rica en matices. Las flores no se encuentran dispuestas de forma rígida o uniforme, sino que parecen crecer libremente, creando un paisaje espontáneo y lleno de frescura. Esta variedad de colores aporta dinamismo a la zona inferior y convierte el campo en el principal foco visual de la obra.
Las flores anaranjadas destacan especialmente entre los verdes profundos y los pequeños puntos blancos. Sus manchas cálidas se repiten a lo largo del primer plano, guiando la mirada de un extremo al otro del cuadro. Entre ellas surgen destellos amarillos y rojizos que intensifican la riqueza cromática del terreno. La combinación de estas tonalidades transmite una sensación de plenitud, como si la naturaleza se encontrara en el momento de mayor esplendor de la primavera o del comienzo del verano.
Detrás del campo florido aparece una extensa franja de tierra rojiza y ocre que atraviesa la composición horizontalmente. Este espacio establece una clara separación entre la vegetación del primer plano y la línea de árboles situada más atrás. Su color cálido contrasta con los verdes dominantes y aporta profundidad al paisaje, además de sugerir la presencia de un terreno cultivado, un camino o una parcela preparada para una nueva cosecha.
En el límite entre la tierra y el bosque se observa una estrecha línea de vegetación clara. Pequeñas plantas, flores y arbustos de tonos verdes, blancos y amarillos forman una transición luminosa antes de alcanzar la zona más oscura de la arboleda. Esta franja intermedia resulta esencial para la profundidad de la escena, pues evita un cambio demasiado brusco entre el campo abierto y la masa vegetal del fondo.
La arboleda ocupa la parte central del cuadro y se extiende como una barrera natural a lo largo del horizonte. Los árboles presentan distintas alturas, formas y densidades, creando una silueta irregular que aporta movimiento. Los verdes oscuros de las zonas interiores se combinan con verdes más claros y amarillentos en las partes iluminadas. Esta variedad sugiere la profundidad del bosque y la presencia de hojas alcanzadas por la luz del día.
En la esquina superior derecha, la copa de un gran árbol entra parcialmente en la composición y enmarca la escena. Sus ramas y hojas forman una masa de vegetación intensa que parece situarse más cerca del espectador. Este elemento rompe la horizontalidad general del paisaje y aporta equilibrio visual, al tiempo que crea una agradable sensación de protección, como si el campo fuera contemplado desde la sombra de un árbol cercano.
El cielo ocupa una parte considerable de la imagen y se presenta en diferentes tonalidades azules, desde matices turquesa hasta zonas más claras y suaves. Algunas nubes alargadas se extienden horizontalmente y aportan profundidad a la atmósfera. La luz parece filtrarse de manera uniforme sobre el paisaje, iluminando las flores y las copas de los árboles sin generar contrastes excesivamente dramáticos. Todo ello contribuye a crear un ambiente tranquilo y agradable.
La composición transmite la sensación de un día templado y apacible en el campo. No hay viento fuerte, tormentas ni elementos que alteren la calma del lugar. La vegetación parece permanecer en un instante de quietud, permitiendo que el espectador se detenga a contemplar los pequeños detalles del terreno, la variedad de las flores y la sucesión de verdes que conduce hacia la lejanía. La escena invita a imaginar el aroma de las plantas y el suave sonido de la naturaleza.
Además de su belleza visual, el paisaje puede interpretarse como una celebración de los ciclos naturales. Las flores representan el crecimiento y la renovación, la tierra rojiza recuerda el vínculo entre el ser humano y el campo, y los árboles del fondo simbolizan permanencia y refugio. La amplitud del cielo completa esta visión de libertad y armonía, mostrando un entorno donde cada elemento ocupa su lugar dentro de un equilibrio sereno.
En conjunto, este cuadro ofrece una hermosa visión de un campo florido rodeado de vegetación y protegido por una extensa línea de árboles bajo un cielo azul. La sucesión de colores, desde los naranjas y blancos del primer plano hasta los verdes profundos del bosque, crea una composición equilibrada, luminosa y llena de vida. La obra transmite paz, libertad y conexión con la naturaleza, convirtiendo un paisaje sencillo en una invitación a detenerse, respirar y disfrutar de la belleza del mundo rural.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Ángel Ries, que representa un luminoso campo cubierto de flores silvestres, rodeado por una frondosa arboleda bajo un amplio cielo azul. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 27x35x2 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un extenso paisaje natural dominado por un campo de flores que se abre ante la mirada como una alfombra llena de color y vida. La composición está organizada en franjas horizontales que conducen progresivamente desde la vegetación del primer plano hasta la arboleda del fondo y, finalmente, hacia un cielo azul amplio y luminoso. La ausencia de figuras humanas permite que toda la atención se concentre en la belleza serena del entorno y en la sensación de tranquilidad que transmite este espacio campestre.
En el primer plano se despliega una abundante extensión de flores silvestres y vegetación baja. Los tonos blancos, naranjas, amarillos, verdes y rojizos aparecen mezclados de manera natural, formando una superficie rica en matices. Las flores no se encuentran dispuestas de forma rígida o uniforme, sino que parecen crecer libremente, creando un paisaje espontáneo y lleno de frescura. Esta variedad de colores aporta dinamismo a la zona inferior y convierte el campo en el principal foco visual de la obra.
Las flores anaranjadas destacan especialmente entre los verdes profundos y los pequeños puntos blancos. Sus manchas cálidas se repiten a lo largo del primer plano, guiando la mirada de un extremo al otro del cuadro. Entre ellas surgen destellos amarillos y rojizos que intensifican la riqueza cromática del terreno. La combinación de estas tonalidades transmite una sensación de plenitud, como si la naturaleza se encontrara en el momento de mayor esplendor de la primavera o del comienzo del verano.
Detrás del campo florido aparece una extensa franja de tierra rojiza y ocre que atraviesa la composición horizontalmente. Este espacio establece una clara separación entre la vegetación del primer plano y la línea de árboles situada más atrás. Su color cálido contrasta con los verdes dominantes y aporta profundidad al paisaje, además de sugerir la presencia de un terreno cultivado, un camino o una parcela preparada para una nueva cosecha.
En el límite entre la tierra y el bosque se observa una estrecha línea de vegetación clara. Pequeñas plantas, flores y arbustos de tonos verdes, blancos y amarillos forman una transición luminosa antes de alcanzar la zona más oscura de la arboleda. Esta franja intermedia resulta esencial para la profundidad de la escena, pues evita un cambio demasiado brusco entre el campo abierto y la masa vegetal del fondo.
La arboleda ocupa la parte central del cuadro y se extiende como una barrera natural a lo largo del horizonte. Los árboles presentan distintas alturas, formas y densidades, creando una silueta irregular que aporta movimiento. Los verdes oscuros de las zonas interiores se combinan con verdes más claros y amarillentos en las partes iluminadas. Esta variedad sugiere la profundidad del bosque y la presencia de hojas alcanzadas por la luz del día.
En la esquina superior derecha, la copa de un gran árbol entra parcialmente en la composición y enmarca la escena. Sus ramas y hojas forman una masa de vegetación intensa que parece situarse más cerca del espectador. Este elemento rompe la horizontalidad general del paisaje y aporta equilibrio visual, al tiempo que crea una agradable sensación de protección, como si el campo fuera contemplado desde la sombra de un árbol cercano.
El cielo ocupa una parte considerable de la imagen y se presenta en diferentes tonalidades azules, desde matices turquesa hasta zonas más claras y suaves. Algunas nubes alargadas se extienden horizontalmente y aportan profundidad a la atmósfera. La luz parece filtrarse de manera uniforme sobre el paisaje, iluminando las flores y las copas de los árboles sin generar contrastes excesivamente dramáticos. Todo ello contribuye a crear un ambiente tranquilo y agradable.
La composición transmite la sensación de un día templado y apacible en el campo. No hay viento fuerte, tormentas ni elementos que alteren la calma del lugar. La vegetación parece permanecer en un instante de quietud, permitiendo que el espectador se detenga a contemplar los pequeños detalles del terreno, la variedad de las flores y la sucesión de verdes que conduce hacia la lejanía. La escena invita a imaginar el aroma de las plantas y el suave sonido de la naturaleza.
Además de su belleza visual, el paisaje puede interpretarse como una celebración de los ciclos naturales. Las flores representan el crecimiento y la renovación, la tierra rojiza recuerda el vínculo entre el ser humano y el campo, y los árboles del fondo simbolizan permanencia y refugio. La amplitud del cielo completa esta visión de libertad y armonía, mostrando un entorno donde cada elemento ocupa su lugar dentro de un equilibrio sereno.
En conjunto, este cuadro ofrece una hermosa visión de un campo florido rodeado de vegetación y protegido por una extensa línea de árboles bajo un cielo azul. La sucesión de colores, desde los naranjas y blancos del primer plano hasta los verdes profundos del bosque, crea una composición equilibrada, luminosa y llena de vida. La obra transmite paz, libertad y conexión con la naturaleza, convirtiendo un paisaje sencillo en una invitación a detenerse, respirar y disfrutar de la belleza del mundo rural.

