École française (XX) - Intimité grenat





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Intimité grenat, pintura al óleo de la École française (XX), fechada entre 1980 y 1990, procedente de Francia, vendida con marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela francesa, que representa a una mujer desnuda sentada junto a una mesa con flores, sumida en un íntimo momento de serenidad, reflexión y suave melancolía. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 53x45x2 cm.
· Dimensiones sin marco: 46x37 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta a una mujer desnuda sentada en una silla, inmersa en un instante de calma, intimidad y profunda reflexión. La figura ocupa la parte derecha de la composición y aparece acompañada por una mesa cubierta con una tela verde, sobre la que descansa un elegante jarrón con flores. El fondo, dominado por tonalidades granates, violetas y rojizas, envuelve la escena en una atmósfera cálida y reservada, como si el espectador estuviera contemplando un momento privado dentro de una habitación silenciosa.
La protagonista adopta una postura natural y relajada. Una de sus piernas se encuentra flexionada, mientras la otra desciende suavemente hacia el suelo, creando una composición llena de curvas y diagonales. Sus brazos descansan sobre el respaldo de la silla y una de sus manos se aproxima al rostro, reforzando la sensación de recogimiento. Este gesto puede interpretarse como una actitud de espera, contemplación o ensimismamiento, y aporta una delicada dimensión psicológica a la escena.
El rostro de la mujer está orientado ligeramente hacia la izquierda, aunque su mirada parece perderse en un punto indefinido. Su expresión es tranquila, pero contiene cierta melancolía, como si estuviera absorta en un pensamiento lejano. Los rasgos se modelan mediante matices cálidos y sombras suaves, mientras algunos toques rosados en las mejillas y los labios aportan vitalidad. El cabello recogido deja visible el cuello y acentúa la elegancia de su postura.
El cuerpo femenino constituye el centro emocional y visual de la obra. La luz recorre los hombros, el pecho, los brazos, el vientre y las piernas, modelando las formas con delicadeza. Los tonos de la piel combinan rosas, ocres, dorados, marrones y sutiles reflejos verdosos, creando una figura llena de volumen y humanidad. La desnudez se presenta con naturalidad y serenidad, alejada de cualquier artificio, como una celebración de la belleza auténtica del cuerpo.
La silla tiene también una presencia importante dentro de la composición. Su estructura de madera se reconoce a través del respaldo vertical, sobre el que la mujer apoya los brazos, y de las patas que aparecen parcialmente visibles. El asiento está cubierto por una tela o cojín verde, cuyo color establece un vínculo directo con el mantel de la mesa. Este detalle contribuye a integrar a la figura dentro de la habitación y evita que aparezca aislada del entorno.
A la izquierda se encuentra una mesa cubierta por una amplia tela verde que cae formando profundos pliegues. Su color fresco contrasta con los tonos rojizos y morados del fondo, aportando equilibrio cromático. Las variaciones entre verdes oscuros, turquesas y zonas más iluminadas proporcionan movimiento y profundidad al tejido. La mesa ocupa una parte considerable de la escena y actúa como contrapunto visual frente a la figura humana.
Sobre la mesa se eleva un jarrón estilizado de tonos dorados, amarillos y oscuros. En su interior aparece un ramo de flores claras y hojas verdes que se abre hacia la parte superior izquierda. Las flores aportan ligereza y delicadeza, mientras que sus formas irregulares introducen un ritmo orgánico. El jarrón y la figura femenina parecen establecer un diálogo silencioso, pues ambos comparten elegancia, verticalidad y una belleza frágil.
El fondo está compuesto por una rica combinación de granates, violetas, marrones y rojizos. Estas tonalidades crean un ambiente íntimo, semejante al de una habitación iluminada de forma tenue. Algunas zonas más oscuras sugieren cortinas, paredes o rincones en sombra, aunque el espacio permanece deliberadamente indefinido. Esta falta de referencias concretas hace que la escena parezca suspendida en el tiempo y concentra toda la atención en la mujer y en su estado emocional.
La relación entre los colores cálidos del cuerpo y los verdes de la mesa crea uno de los contrastes más atractivos del cuadro. La piel iluminada destaca sobre el fondo profundo, mientras las telas verdes enlazan visualmente la mesa y la silla. Los tonos complementarios aportan armonía y permiten que la composición mantenga un equilibrio entre intimidad y vitalidad. Incluso las flores participan en esta relación cromática al reunir claros, verdes y pequeños acentos cálidos.
La escena puede interpretarse como una reflexión sobre la soledad, la espera o el paso del tiempo. La mujer no realiza ninguna acción concreta y parece encontrarse detenida en un momento de pensamiento. Las flores situadas a su lado pueden simbolizar la belleza, la fragilidad o la fugacidad de la juventud, mientras que su postura transmite una combinación de serenidad y vulnerabilidad. El cuadro invita a imaginar qué recuerda, qué espera o qué sentimiento ocupa su mente.
A pesar de su carácter íntimo, la obra no resulta triste, sino profundamente humana. La figura transmite presencia, naturalidad y una calma contenida. Su cuerpo relajado y su expresión distante sugieren que se encuentra cómoda dentro de su propio silencio. El espectador no invade la escena, sino que participa como observador respetuoso de un instante cotidiano convertido en una imagen llena de sensibilidad.
En conjunto, este cuadro ofrece una hermosa representación de una mujer desnuda sentada junto a una mesa con flores, envuelta en una atmósfera cálida, silenciosa y contemplativa. La delicadeza del cuerpo, la intensidad del fondo y el contraste con las telas verdes crean una composición equilibrada y profundamente expresiva. La obra transmite intimidad, belleza natural y una suave melancolía, convirtiendo un momento de reposo en una reflexión poética sobre la feminidad, la soledad y el mundo interior.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a la escuela francesa, que representa a una mujer desnuda sentada junto a una mesa con flores, sumida en un íntimo momento de serenidad, reflexión y suave melancolía. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 53x45x2 cm.
· Dimensiones sin marco: 46x37 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta a una mujer desnuda sentada en una silla, inmersa en un instante de calma, intimidad y profunda reflexión. La figura ocupa la parte derecha de la composición y aparece acompañada por una mesa cubierta con una tela verde, sobre la que descansa un elegante jarrón con flores. El fondo, dominado por tonalidades granates, violetas y rojizas, envuelve la escena en una atmósfera cálida y reservada, como si el espectador estuviera contemplando un momento privado dentro de una habitación silenciosa.
La protagonista adopta una postura natural y relajada. Una de sus piernas se encuentra flexionada, mientras la otra desciende suavemente hacia el suelo, creando una composición llena de curvas y diagonales. Sus brazos descansan sobre el respaldo de la silla y una de sus manos se aproxima al rostro, reforzando la sensación de recogimiento. Este gesto puede interpretarse como una actitud de espera, contemplación o ensimismamiento, y aporta una delicada dimensión psicológica a la escena.
El rostro de la mujer está orientado ligeramente hacia la izquierda, aunque su mirada parece perderse en un punto indefinido. Su expresión es tranquila, pero contiene cierta melancolía, como si estuviera absorta en un pensamiento lejano. Los rasgos se modelan mediante matices cálidos y sombras suaves, mientras algunos toques rosados en las mejillas y los labios aportan vitalidad. El cabello recogido deja visible el cuello y acentúa la elegancia de su postura.
El cuerpo femenino constituye el centro emocional y visual de la obra. La luz recorre los hombros, el pecho, los brazos, el vientre y las piernas, modelando las formas con delicadeza. Los tonos de la piel combinan rosas, ocres, dorados, marrones y sutiles reflejos verdosos, creando una figura llena de volumen y humanidad. La desnudez se presenta con naturalidad y serenidad, alejada de cualquier artificio, como una celebración de la belleza auténtica del cuerpo.
La silla tiene también una presencia importante dentro de la composición. Su estructura de madera se reconoce a través del respaldo vertical, sobre el que la mujer apoya los brazos, y de las patas que aparecen parcialmente visibles. El asiento está cubierto por una tela o cojín verde, cuyo color establece un vínculo directo con el mantel de la mesa. Este detalle contribuye a integrar a la figura dentro de la habitación y evita que aparezca aislada del entorno.
A la izquierda se encuentra una mesa cubierta por una amplia tela verde que cae formando profundos pliegues. Su color fresco contrasta con los tonos rojizos y morados del fondo, aportando equilibrio cromático. Las variaciones entre verdes oscuros, turquesas y zonas más iluminadas proporcionan movimiento y profundidad al tejido. La mesa ocupa una parte considerable de la escena y actúa como contrapunto visual frente a la figura humana.
Sobre la mesa se eleva un jarrón estilizado de tonos dorados, amarillos y oscuros. En su interior aparece un ramo de flores claras y hojas verdes que se abre hacia la parte superior izquierda. Las flores aportan ligereza y delicadeza, mientras que sus formas irregulares introducen un ritmo orgánico. El jarrón y la figura femenina parecen establecer un diálogo silencioso, pues ambos comparten elegancia, verticalidad y una belleza frágil.
El fondo está compuesto por una rica combinación de granates, violetas, marrones y rojizos. Estas tonalidades crean un ambiente íntimo, semejante al de una habitación iluminada de forma tenue. Algunas zonas más oscuras sugieren cortinas, paredes o rincones en sombra, aunque el espacio permanece deliberadamente indefinido. Esta falta de referencias concretas hace que la escena parezca suspendida en el tiempo y concentra toda la atención en la mujer y en su estado emocional.
La relación entre los colores cálidos del cuerpo y los verdes de la mesa crea uno de los contrastes más atractivos del cuadro. La piel iluminada destaca sobre el fondo profundo, mientras las telas verdes enlazan visualmente la mesa y la silla. Los tonos complementarios aportan armonía y permiten que la composición mantenga un equilibrio entre intimidad y vitalidad. Incluso las flores participan en esta relación cromática al reunir claros, verdes y pequeños acentos cálidos.
La escena puede interpretarse como una reflexión sobre la soledad, la espera o el paso del tiempo. La mujer no realiza ninguna acción concreta y parece encontrarse detenida en un momento de pensamiento. Las flores situadas a su lado pueden simbolizar la belleza, la fragilidad o la fugacidad de la juventud, mientras que su postura transmite una combinación de serenidad y vulnerabilidad. El cuadro invita a imaginar qué recuerda, qué espera o qué sentimiento ocupa su mente.
A pesar de su carácter íntimo, la obra no resulta triste, sino profundamente humana. La figura transmite presencia, naturalidad y una calma contenida. Su cuerpo relajado y su expresión distante sugieren que se encuentra cómoda dentro de su propio silencio. El espectador no invade la escena, sino que participa como observador respetuoso de un instante cotidiano convertido en una imagen llena de sensibilidad.
En conjunto, este cuadro ofrece una hermosa representación de una mujer desnuda sentada junto a una mesa con flores, envuelta en una atmósfera cálida, silenciosa y contemplativa. La delicadeza del cuerpo, la intensidad del fondo y el contraste con las telas verdes crean una composición equilibrada y profundamente expresiva. La obra transmite intimidad, belleza natural y una suave melancolía, convirtiendo un momento de reposo en una reflexión poética sobre la feminidad, la soledad y el mundo interior.

