Ricardo Ríos (1946) - La bahía tranquila





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La bahía tranquila, óleo sobre tabla de Ricardo Ríos (1946), España, periodo 1980–1990, firmado a mano, original, con marco incluido, 50 x 56 cm.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Ricardo Ríos, que representa una tranquila bahía con barcas y figuras humanas en la orilla, rodeada de montañas y un gran promontorio bajo un cielo nuboso. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 50x56x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 42x48 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un apacible paisaje costero en el que una amplia extensión de agua se abre ante una orilla animada por pequeñas embarcaciones y figuras humanas. La composición combina la serenidad del mar con la presencia cotidiana de quienes descansan o trabajan junto a la playa. En la distancia, una gran formación rocosa cubierta de vegetación se adentra en el agua, mientras un cielo cubierto de nubes envuelve toda la escena en una luz suave y cambiante.
El primer plano está ocupado por una franja de terreno irregular en la que se mezclan tonos verdes, ocres, grises, amarillos y rosados. Pequeñas piedras y zonas de vegetación aparecen repartidas de manera espontánea, creando una superficie rica en matices. Este espacio cercano permite al espectador sentirse situado sobre la misma orilla, contemplando el agua desde un punto ligeramente elevado y disfrutando de la amplitud del paisaje.
En la zona inferior derecha aparecen dos figuras sentadas muy próximas entre sí. Ambas parecen observar algo colocado en el suelo o compartir una conversación tranquila frente al mar. Sus cuerpos, representados con formas sencillas, se distinguen por el contraste entre una vestimenta azul verdosa y otra más clara. Esta pareja introduce una dimensión íntima y humana en la escena, evocando descanso, amistad y compañía.
A lo largo de la orilla se distribuyen varias embarcaciones. En el centro destaca una barca de color azul y blanco situada sobre la arena, con la proa ligeramente levantada. A ambos lados aparecen otras embarcaciones más pequeñas, algunas varadas y otras próximas al agua. Su disposición crea un recorrido horizontal que guía la mirada a través de la playa y refuerza el carácter marinero del lugar.
Entre las barcas se distinguen numerosas figuras humanas de reducido tamaño. Algunas permanecen de pie, otras parecen caminar y varias se agrupan alrededor de las embarcaciones. Estas presencias aportan movimiento y sugieren la actividad cotidiana de una comunidad vinculada al mar. Podrían tratarse de pescadores preparando sus barcas, habitantes conversando en la orilla o visitantes disfrutando de una jornada tranquila junto al agua.
El mar ocupa la zona central de la composición y muestra una extraordinaria variedad de azules, verdes, turquesas y reflejos amarillentos. La superficie parece tranquila, con suaves cambios de color que sugieren el movimiento ligero del agua y el reflejo del cielo. Cerca de la costa predominan los tonos claros y transparentes, mientras que hacia la distancia aparecen franjas más profundas y azuladas.
En el extremo derecho se eleva una formación rocosa de considerable tamaño, cubierta por una capa de vegetación verde. Sus paredes verticales están iluminadas por tonos amarillos, ocres y violetas, creando un contraste con el agua que la rodea. Este gran promontorio aporta solidez a la composición y actúa como un punto de referencia natural, cerrando parcialmente la bahía y protegiendo visualmente la costa.
Al fondo, una sucesión de montañas azuladas se extiende a lo largo del horizonte. Sus perfiles suaves se difuminan progresivamente, produciendo una convincente sensación de distancia. Entre las montañas y el mar aparece una estrecha franja de tierra verde y amarillenta que une los distintos elementos del paisaje. Esta transición delicada refuerza la profundidad y permite que la escena se despliegue en diferentes planos.
El cielo ocupa una parte importante de la obra y está formado por una rica combinación de blancos, azules, grises y sutiles matices verdes. Las nubes se distribuyen de manera irregular y crean una atmósfera fresca, posiblemente correspondiente a un día de primavera o verano con tiempo variable. Algunas zonas más claras sugieren que la luz intenta abrirse paso, iluminando el agua y la vegetación de forma intermitente.
La composición transmite una sensación de equilibrio entre naturaleza y vida humana. Las montañas, el promontorio, el mar y la playa forman un escenario amplio y sereno, mientras las personas y las embarcaciones introducen pequeñas historias cotidianas. A pesar de la actividad presente en la orilla, el ambiente general es tranquilo y parece dominado por el ritmo pausado de la vida costera.
La riqueza de tonalidades claras aporta luminosidad y frescura a toda la escena. Los azules del agua y del cielo dialogan con los verdes de la vegetación, mientras los ocres y rosados del terreno añaden calidez. Los pequeños acentos oscuros de las figuras y las barcas proporcionan contraste y ayudan a organizar visualmente el paisaje. Todo ello crea una imagen armoniosa y agradable, llena de aire y profundidad.
En conjunto, este cuadro representa una tranquila jornada junto al mar, con varias barcas y pequeñas figuras distribuidas por la orilla frente a una bahía rodeada de montañas y grandes formaciones rocosas. La amplitud del agua, el cielo nuboso y la presencia de las personas crean una escena llena de serenidad, frescura y vida cotidiana. La obra invita a imaginar el sonido suave de las olas, las conversaciones lejanas y la calma de un lugar en el que la naturaleza y el ser humano conviven en perfecta armonía.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Ricardo Ríos, que representa una tranquila bahía con barcas y figuras humanas en la orilla, rodeada de montañas y un gran promontorio bajo un cielo nuboso. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 50x56x4 cm.
· Dimensiones sin marco: 42x48 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un apacible paisaje costero en el que una amplia extensión de agua se abre ante una orilla animada por pequeñas embarcaciones y figuras humanas. La composición combina la serenidad del mar con la presencia cotidiana de quienes descansan o trabajan junto a la playa. En la distancia, una gran formación rocosa cubierta de vegetación se adentra en el agua, mientras un cielo cubierto de nubes envuelve toda la escena en una luz suave y cambiante.
El primer plano está ocupado por una franja de terreno irregular en la que se mezclan tonos verdes, ocres, grises, amarillos y rosados. Pequeñas piedras y zonas de vegetación aparecen repartidas de manera espontánea, creando una superficie rica en matices. Este espacio cercano permite al espectador sentirse situado sobre la misma orilla, contemplando el agua desde un punto ligeramente elevado y disfrutando de la amplitud del paisaje.
En la zona inferior derecha aparecen dos figuras sentadas muy próximas entre sí. Ambas parecen observar algo colocado en el suelo o compartir una conversación tranquila frente al mar. Sus cuerpos, representados con formas sencillas, se distinguen por el contraste entre una vestimenta azul verdosa y otra más clara. Esta pareja introduce una dimensión íntima y humana en la escena, evocando descanso, amistad y compañía.
A lo largo de la orilla se distribuyen varias embarcaciones. En el centro destaca una barca de color azul y blanco situada sobre la arena, con la proa ligeramente levantada. A ambos lados aparecen otras embarcaciones más pequeñas, algunas varadas y otras próximas al agua. Su disposición crea un recorrido horizontal que guía la mirada a través de la playa y refuerza el carácter marinero del lugar.
Entre las barcas se distinguen numerosas figuras humanas de reducido tamaño. Algunas permanecen de pie, otras parecen caminar y varias se agrupan alrededor de las embarcaciones. Estas presencias aportan movimiento y sugieren la actividad cotidiana de una comunidad vinculada al mar. Podrían tratarse de pescadores preparando sus barcas, habitantes conversando en la orilla o visitantes disfrutando de una jornada tranquila junto al agua.
El mar ocupa la zona central de la composición y muestra una extraordinaria variedad de azules, verdes, turquesas y reflejos amarillentos. La superficie parece tranquila, con suaves cambios de color que sugieren el movimiento ligero del agua y el reflejo del cielo. Cerca de la costa predominan los tonos claros y transparentes, mientras que hacia la distancia aparecen franjas más profundas y azuladas.
En el extremo derecho se eleva una formación rocosa de considerable tamaño, cubierta por una capa de vegetación verde. Sus paredes verticales están iluminadas por tonos amarillos, ocres y violetas, creando un contraste con el agua que la rodea. Este gran promontorio aporta solidez a la composición y actúa como un punto de referencia natural, cerrando parcialmente la bahía y protegiendo visualmente la costa.
Al fondo, una sucesión de montañas azuladas se extiende a lo largo del horizonte. Sus perfiles suaves se difuminan progresivamente, produciendo una convincente sensación de distancia. Entre las montañas y el mar aparece una estrecha franja de tierra verde y amarillenta que une los distintos elementos del paisaje. Esta transición delicada refuerza la profundidad y permite que la escena se despliegue en diferentes planos.
El cielo ocupa una parte importante de la obra y está formado por una rica combinación de blancos, azules, grises y sutiles matices verdes. Las nubes se distribuyen de manera irregular y crean una atmósfera fresca, posiblemente correspondiente a un día de primavera o verano con tiempo variable. Algunas zonas más claras sugieren que la luz intenta abrirse paso, iluminando el agua y la vegetación de forma intermitente.
La composición transmite una sensación de equilibrio entre naturaleza y vida humana. Las montañas, el promontorio, el mar y la playa forman un escenario amplio y sereno, mientras las personas y las embarcaciones introducen pequeñas historias cotidianas. A pesar de la actividad presente en la orilla, el ambiente general es tranquilo y parece dominado por el ritmo pausado de la vida costera.
La riqueza de tonalidades claras aporta luminosidad y frescura a toda la escena. Los azules del agua y del cielo dialogan con los verdes de la vegetación, mientras los ocres y rosados del terreno añaden calidez. Los pequeños acentos oscuros de las figuras y las barcas proporcionan contraste y ayudan a organizar visualmente el paisaje. Todo ello crea una imagen armoniosa y agradable, llena de aire y profundidad.
En conjunto, este cuadro representa una tranquila jornada junto al mar, con varias barcas y pequeñas figuras distribuidas por la orilla frente a una bahía rodeada de montañas y grandes formaciones rocosas. La amplitud del agua, el cielo nuboso y la presencia de las personas crean una escena llena de serenidad, frescura y vida cotidiana. La obra invita a imaginar el sonido suave de las olas, las conversaciones lejanas y la calma de un lugar en el que la naturaleza y el ser humano conviven en perfecta armonía.

