Jordi Jové (1937) - Otoño en el bosque





1 € |
|---|
Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 142876 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Pintura al óleo original de Jordi Jové (1937), titulada Otoño en el bosque, 50 × 61 cm, firmada a mano, procedente de España, periodo 1990–2000, edición Original, estilo Impresionismo.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jordi Jové, que representa un bosque de abedules sobre un terreno cubierto de tonos otoñales, iluminado bajo un cielo dramático de nubes azules, violetas y amarillas. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 50x61x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, J. Jové.
· La pieza se encuentra en perfecto estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un paisaje de bosque dominado por un grupo de altos abedules que se elevan desde un terreno cubierto por colores otoñales. La escena se abre ante el espectador con una notable sensación de amplitud, profundidad y silencio. Los troncos claros de los árboles destacan sobre una vegetación más oscura y un cielo lleno de nubes, creando un paisaje expresivo en el que la serenidad de la naturaleza convive con una atmósfera ligeramente dramática.
En primer plano sobresale un gran tronco situado a la derecha de la composición. Su forma robusta y vertical se inclina sutilmente mientras asciende hasta desaparecer por el borde superior. Los tonos grises, blancos, azulados y negros que recorren su corteza le conceden una presencia firme y cercana. Este árbol funciona como un elemento de anclaje visual y hace que el espectador sienta que se encuentra dentro del propio bosque.
En la zona central aparece un conjunto de troncos más delgados que crecen muy próximos entre sí. Algunos se mantienen rectos, mientras otros se inclinan o se cruzan suavemente, creando un ritmo variado. Sus cortezas claras reciben reflejos azulados, violetas y verdosos, y contrastan con las sombras que se proyectan sobre el terreno. La agrupación central aporta elegancia y dirige la mirada hacia la profundidad del paisaje.
A la izquierda se levantan otros abedules separados por amplios espacios que permiten observar el interior del bosque. Uno de ellos, particularmente estilizado, recorre casi toda la altura del cuadro y refuerza la verticalidad de la composición. En el lado derecho aparece un árbol inclinado que establece un contrapunto frente al gran tronco del primer plano. Esta distribución asimétrica evita la rigidez y proporciona movimiento a la escena.
El suelo ocupa una parte importante de la imagen y está formado por una intensa combinación de marrones, rojizos, ocres, amarillos y granates. Estas tonalidades evocan una espesa capa de hojas caídas, tierra húmeda y vegetación seca. Las zonas oscuras se alternan con franjas más iluminadas, produciendo un relieve visual que sugiere pequeñas elevaciones, caminos naturales y hondonadas entre los árboles.
Las sombras alargadas de los troncos recorren el terreno y crean diagonales que conducen la mirada hacia el fondo. Estas líneas oscuras aportan profundidad y ayudan a organizar el espacio, estableciendo una relación continua entre los árboles y la tierra. La luz parece llegar de forma lateral e irregular, iluminando algunos sectores del bosque mientras otros permanecen en penumbra.
En la distancia se extiende una masa de vegetación compuesta por árboles y arbustos de colores diversos. Los verdes apagados se mezclan con violetas, azules, rojizos y tonos terrosos, sugiriendo un bosque que atraviesa el cambio de estación. Algunas zonas más claras y amarillentas parecen recibir la luz del cielo, mientras que las partes bajas conservan una oscuridad más densa y misteriosa.
El cielo posee una gran fuerza dentro de la composición. Amplias nubes blancas, amarillas, violetas y azuladas se superponen sobre un fondo de azules profundos y grises. La variedad de colores crea la impresión de una atmósfera cambiante, quizás correspondiente a las horas previas a una tormenta o al instante en que la luz del atardecer atraviesa las nubes.
La luminosidad amarilla que aparece cerca del horizonte contrasta con los azules fríos de la parte superior. Este encuentro entre colores cálidos y fríos genera una tensión visual muy atractiva y refuerza la profundidad del paisaje. El cielo parece iluminar el bosque desde detrás, haciendo que algunos troncos destaquen como figuras claras frente a la vegetación.
La escena transmite una sensación de soledad tranquila. No aparecen personas, animales ni construcciones, de manera que el bosque se presenta como un espacio libre de intervención humana. El espectador puede imaginar el sonido del viento entre las ramas, el crujido de las hojas bajo los pies y el olor de la tierra húmeda. Esta ausencia de actividad visible favorece una contemplación pausada y silenciosa.
El paisaje también puede interpretarse como una representación del paso del tiempo y de los ciclos de la naturaleza. Los colores rojizos del suelo recuerdan las hojas del otoño, mientras que los troncos blancos se mantienen firmes y luminosos frente al cambio de estación. La combinación de fortaleza y transformación convierte el bosque en un símbolo de resistencia, renovación y continuidad.
En conjunto, este cuadro ofrece una visión intensa y evocadora de un bosque de abedules durante el otoño, bajo un cielo amplio y cambiante. Los troncos claros aportan verticalidad y elegancia, mientras el suelo rojizo y las nubes de tonos azules, amarillos y violetas llenan la escena de emoción. La obra transmite silencio, profundidad y una poderosa conexión con la naturaleza, invitando al espectador a adentrarse mentalmente en este paisaje lleno de belleza y misterio.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Jordi Jové, que representa un bosque de abedules sobre un terreno cubierto de tonos otoñales, iluminado bajo un cielo dramático de nubes azules, violetas y amarillas. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones de la obra: 50x61x1 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la esquina derecha de la obra, J. Jové.
· La pieza se encuentra en perfecto estado de conservación.
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un paisaje de bosque dominado por un grupo de altos abedules que se elevan desde un terreno cubierto por colores otoñales. La escena se abre ante el espectador con una notable sensación de amplitud, profundidad y silencio. Los troncos claros de los árboles destacan sobre una vegetación más oscura y un cielo lleno de nubes, creando un paisaje expresivo en el que la serenidad de la naturaleza convive con una atmósfera ligeramente dramática.
En primer plano sobresale un gran tronco situado a la derecha de la composición. Su forma robusta y vertical se inclina sutilmente mientras asciende hasta desaparecer por el borde superior. Los tonos grises, blancos, azulados y negros que recorren su corteza le conceden una presencia firme y cercana. Este árbol funciona como un elemento de anclaje visual y hace que el espectador sienta que se encuentra dentro del propio bosque.
En la zona central aparece un conjunto de troncos más delgados que crecen muy próximos entre sí. Algunos se mantienen rectos, mientras otros se inclinan o se cruzan suavemente, creando un ritmo variado. Sus cortezas claras reciben reflejos azulados, violetas y verdosos, y contrastan con las sombras que se proyectan sobre el terreno. La agrupación central aporta elegancia y dirige la mirada hacia la profundidad del paisaje.
A la izquierda se levantan otros abedules separados por amplios espacios que permiten observar el interior del bosque. Uno de ellos, particularmente estilizado, recorre casi toda la altura del cuadro y refuerza la verticalidad de la composición. En el lado derecho aparece un árbol inclinado que establece un contrapunto frente al gran tronco del primer plano. Esta distribución asimétrica evita la rigidez y proporciona movimiento a la escena.
El suelo ocupa una parte importante de la imagen y está formado por una intensa combinación de marrones, rojizos, ocres, amarillos y granates. Estas tonalidades evocan una espesa capa de hojas caídas, tierra húmeda y vegetación seca. Las zonas oscuras se alternan con franjas más iluminadas, produciendo un relieve visual que sugiere pequeñas elevaciones, caminos naturales y hondonadas entre los árboles.
Las sombras alargadas de los troncos recorren el terreno y crean diagonales que conducen la mirada hacia el fondo. Estas líneas oscuras aportan profundidad y ayudan a organizar el espacio, estableciendo una relación continua entre los árboles y la tierra. La luz parece llegar de forma lateral e irregular, iluminando algunos sectores del bosque mientras otros permanecen en penumbra.
En la distancia se extiende una masa de vegetación compuesta por árboles y arbustos de colores diversos. Los verdes apagados se mezclan con violetas, azules, rojizos y tonos terrosos, sugiriendo un bosque que atraviesa el cambio de estación. Algunas zonas más claras y amarillentas parecen recibir la luz del cielo, mientras que las partes bajas conservan una oscuridad más densa y misteriosa.
El cielo posee una gran fuerza dentro de la composición. Amplias nubes blancas, amarillas, violetas y azuladas se superponen sobre un fondo de azules profundos y grises. La variedad de colores crea la impresión de una atmósfera cambiante, quizás correspondiente a las horas previas a una tormenta o al instante en que la luz del atardecer atraviesa las nubes.
La luminosidad amarilla que aparece cerca del horizonte contrasta con los azules fríos de la parte superior. Este encuentro entre colores cálidos y fríos genera una tensión visual muy atractiva y refuerza la profundidad del paisaje. El cielo parece iluminar el bosque desde detrás, haciendo que algunos troncos destaquen como figuras claras frente a la vegetación.
La escena transmite una sensación de soledad tranquila. No aparecen personas, animales ni construcciones, de manera que el bosque se presenta como un espacio libre de intervención humana. El espectador puede imaginar el sonido del viento entre las ramas, el crujido de las hojas bajo los pies y el olor de la tierra húmeda. Esta ausencia de actividad visible favorece una contemplación pausada y silenciosa.
El paisaje también puede interpretarse como una representación del paso del tiempo y de los ciclos de la naturaleza. Los colores rojizos del suelo recuerdan las hojas del otoño, mientras que los troncos blancos se mantienen firmes y luminosos frente al cambio de estación. La combinación de fortaleza y transformación convierte el bosque en un símbolo de resistencia, renovación y continuidad.
En conjunto, este cuadro ofrece una visión intensa y evocadora de un bosque de abedules durante el otoño, bajo un cielo amplio y cambiante. Los troncos claros aportan verticalidad y elegancia, mientras el suelo rojizo y las nubes de tonos azules, amarillos y violetas llenan la escena de emoción. La obra transmite silencio, profundidad y una poderosa conexión con la naturaleza, invitando al espectador a adentrarse mentalmente en este paisaje lleno de belleza y misterio.

