Josep Soler (1941) - Verano en el campo





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Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Soler, que representa un paisaje rural lleno de color, con campos luminosos, flores silvestres y tres montones de heno que evocan la cosecha y la armonía de la vida campesina. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 56x65x5 cm.
· Dimensiones sin marco: 45x55 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje rural lleno de luz y color, dominado por una amplia extensión de campos amarillos y verdes que se despliegan bajo un cielo suave. En medio de la vegetación aparecen tres grandes estructuras de forma cónica, semejantes a montones de heno levantados después de la cosecha, cada uno coronado por una vara alta rematada con un pequeño elemento rojizo. La escena transmite una sensación de vitalidad, amplitud y conexión con la vida campesina, convirtiendo el campo en un espacio alegre y lleno de movimiento.
La composición se organiza mediante sucesivas franjas horizontales que representan diferentes zonas del terreno. En la parte inferior se encuentra una vegetación abundante, formada por verdes oscuros, amarillos, azules, blancos, rosas y numerosos acentos rojos. En la zona intermedia predominan las parcelas claras y los campos dorados, mientras que el fondo está ocupado por una línea rojiza de construcciones o vegetación y por una cadena de montañas azuladas.
El primer plano destaca por su extraordinaria riqueza de colores. Sobre una base verde aparecen pequeñas formas verticales y redondeadas que evocan hierbas altas, flores silvestres y plantas dispersas. Los puntos rojos, naranjas y rosados parecen representar amapolas y otras flores que crecen espontáneamente entre la vegetación, aportando una intensa sensación de alegría y frescura.
Los verdes del primer plano presentan una gran variedad de matices. Algunas zonas son oscuras y profundas, mientras otras adquieren tonalidades amarillentas, azuladas o grisáceas. Esta diversidad permite imaginar un terreno cubierto por distintas especies de plantas, algunas más altas y otras apenas visibles entre la hierba. Las pequeñas manchas claras introducen luminosidad y parecen recibir directamente la luz del cielo.
Entre la vegetación se distinguen líneas suaves y franjas de color rosado, amarillo y verde que podrían corresponder a senderos o divisiones naturales del campo. Estos recorridos atraviesan la parte inferior y conducen la mirada hacia las estructuras centrales. Aunque no se encuentran delimitados de manera rígida, ayudan a organizar el paisaje y sugieren la existencia de caminos utilizados durante las labores agrícolas.
La estructura más importante aparece en el lado derecho. Su gran forma triangular se eleva por encima de la vegetación y reúne amarillos, verdes, rosas, grises, azules y algunos detalles oscuros. La base parece mezclarse con las plantas del terreno, mientras la parte superior culmina en una pequeña zona clara de la que surge una vara larga y curvada. Su tamaño la convierte en el principal foco de atención.
La vara situada sobre esta forma principal asciende hasta casi alcanzar el borde superior de la imagen. Su línea fina y oscura contrasta con los colores claros de la colina del fondo. En el extremo aparece una pequeña forma rojiza, semejante a una cinta, una bandera o una señal colocada para identificar el montón. Este detalle introduce una sensación de movimiento, como si una ligera brisa atravesara el campo.
En la zona central se levanta una segunda estructura cónica, algo más pequeña y alejada. Sus colores cálidos, formados por rosas, ocres, verdes suaves y amarillos, se combinan con una sombra azulada que recorre uno de sus lados. También está coronada por una vara alta, cuya verticalidad dirige la mirada hacia el cielo. La repetición de esta forma establece un ritmo y refuerza la profundidad del paisaje.
A la izquierda aparece una tercera estructura, situada todavía más lejos. Su tamaño reducido confirma la distancia y ayuda a ampliar visualmente el espacio. Junto a ella se distingue una forma horizontal azul grisácea que podría corresponder a una carreta, una cubierta, un cobertizo o algún elemento relacionado con el trabajo del campo. La combinación de ambos elementos aporta variedad y evita que la escena resulte simétrica.
Las tres estructuras mantienen una relación visual muy equilibrada. La primera es grande y cercana, la segunda ocupa una posición intermedia y la tercera se encuentra próxima al horizonte. Esta progresión crea una diagonal que atraviesa el paisaje desde la derecha hacia la izquierda y conduce la mirada hasta el fondo. Las varas que se elevan sobre ellas acentúan esta sucesión y aportan verticalidad a una composición principalmente horizontal.
El campo central está dominado por amarillos intensos, verdes suaves y tonos ocres. Estas tonalidades sugieren cultivos maduros bajo una luz cálida, posiblemente durante los meses de verano o al comienzo del otoño. Algunas franjas más claras parecen señalar zonas recién cosechadas, mientras las partes verdes podrían representar cultivos todavía en crecimiento o sectores cubiertos por hierba.
A lo largo de la zona media se observan numerosas formas pequeñas de color verde, azul y gris, distribuidas en filas irregulares. Pueden interpretarse como arbustos, pequeñas plantas o restos de vegetación que marcan los límites entre parcelas. Su repetición genera un ritmo pausado y permite distinguir los diferentes niveles del terreno, desde el primer plano hasta las suaves colinas del fondo.
En la parte superior izquierda se extiende una línea formada por rojos, granates y rosas. Esta franja podría representar una agrupación de casas lejanas, un campo de flores intensamente coloreado o una sucesión de elementos rurales recortados contra el horizonte. Su color cálido contrasta con las montañas azuladas situadas detrás y crea un punto de interés que equilibra la gran estructura del lado derecho.
Las montañas aparecen como amplias formas azules y grisáceas que atraviesan la parte superior izquierda. Sus contornos suaves transmiten distancia y serenidad. El color frío de estas elevaciones funciona como contrapunto frente a los amarillos y verdes luminosos del campo. Además, su presencia sitúa la escena dentro de un territorio abierto y extenso, rodeado por un relieve tranquilo.
El cielo ocupa una franja estrecha en la parte superior y se presenta claro, con tonalidades blancas, verdosas y azuladas. Su luminosidad se extiende sobre el terreno y parece envolver todo el paisaje en una atmósfera cálida. No aparecen nubes muy definidas ni señales de mal tiempo, por lo que la escena sugiere una jornada tranquila, posiblemente marcada por la actividad agrícola y el aire suave del campo.
Uno de los aspectos más atractivos del cuadro es la convivencia entre los colores cálidos y fríos. Los amarillos, rojos, naranjas y rosas aportan energía, mientras que los verdes, azules y grises transmiten equilibrio y frescura. Esta combinación consigue que el paisaje resulte luminoso sin perder profundidad. Cada zona posee una identidad cromática propia, pero todas permanecen conectadas dentro de la escena.
La ausencia de figuras humanas visibles no elimina la sensación de actividad. Los montones levantados, los posibles caminos, las divisiones del terreno y las varas colocadas sobre las estructuras indican que el lugar ha sido trabajado y organizado. La presencia humana se percibe indirectamente a través de sus acciones, como si los campesinos acabaran de abandonar el campo después de una jornada de cosecha.
El paisaje puede interpretarse como una celebración del trabajo rural y de la abundancia de la tierra. Los campos dorados evocan frutos maduros, las flores del primer plano simbolizan vitalidad y las estructuras cónicas recuerdan la recogida y conservación de la cosecha. La escena reúne naturaleza y actividad humana sin enfrentarlas, mostrando una relación armoniosa entre ambas.
También existe una marcada sensación de libertad. La amplitud del campo, la lejanía de las montañas y la claridad del cielo permiten que la mirada recorra la escena sin obstáculos. Incluso las varas alargadas parecen señalar el espacio abierto y dirigir la atención hacia arriba. Esta apertura transmite optimismo y convierte el paisaje en un lugar lleno de luz, aire y vida.
A pesar de la abundancia de colores, la escena conserva una atmósfera tranquila. No hay ningún elemento que sugiera prisa, tensión o conflicto. Los campos parecen descansar bajo la claridad del día y las formas cónicas se integran con naturalidad en el terreno. El resultado es un paisaje alegre y sereno que invita a contemplar los pequeños cambios de color presentes en cada rincón.
En conjunto, este cuadro ofrece una visión luminosa y expresiva de un paisaje campesino, compuesto por campos dorados, vegetación abundante, flores silvestres y tres grandes estructuras de heno distribuidas en profundidad. La variedad de verdes, amarillos, rojos, rosas y azules llena la escena de vitalidad, mientras las montañas lejanas y el cielo claro aportan amplitud y serenidad. La obra transmite alegría, abundancia y una profunda armonía entre el trabajo humano y la naturaleza.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Soler, que representa un paisaje rural lleno de color, con campos luminosos, flores silvestres y tres montones de heno que evocan la cosecha y la armonía de la vida campesina. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 56x65x5 cm.
· Dimensiones sin marco: 45x55 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote. Representación digital en mockup orientativa; pueden existir diferencias respecto al artículo real en color, escala y detalles.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta un paisaje rural lleno de luz y color, dominado por una amplia extensión de campos amarillos y verdes que se despliegan bajo un cielo suave. En medio de la vegetación aparecen tres grandes estructuras de forma cónica, semejantes a montones de heno levantados después de la cosecha, cada uno coronado por una vara alta rematada con un pequeño elemento rojizo. La escena transmite una sensación de vitalidad, amplitud y conexión con la vida campesina, convirtiendo el campo en un espacio alegre y lleno de movimiento.
La composición se organiza mediante sucesivas franjas horizontales que representan diferentes zonas del terreno. En la parte inferior se encuentra una vegetación abundante, formada por verdes oscuros, amarillos, azules, blancos, rosas y numerosos acentos rojos. En la zona intermedia predominan las parcelas claras y los campos dorados, mientras que el fondo está ocupado por una línea rojiza de construcciones o vegetación y por una cadena de montañas azuladas.
El primer plano destaca por su extraordinaria riqueza de colores. Sobre una base verde aparecen pequeñas formas verticales y redondeadas que evocan hierbas altas, flores silvestres y plantas dispersas. Los puntos rojos, naranjas y rosados parecen representar amapolas y otras flores que crecen espontáneamente entre la vegetación, aportando una intensa sensación de alegría y frescura.
Los verdes del primer plano presentan una gran variedad de matices. Algunas zonas son oscuras y profundas, mientras otras adquieren tonalidades amarillentas, azuladas o grisáceas. Esta diversidad permite imaginar un terreno cubierto por distintas especies de plantas, algunas más altas y otras apenas visibles entre la hierba. Las pequeñas manchas claras introducen luminosidad y parecen recibir directamente la luz del cielo.
Entre la vegetación se distinguen líneas suaves y franjas de color rosado, amarillo y verde que podrían corresponder a senderos o divisiones naturales del campo. Estos recorridos atraviesan la parte inferior y conducen la mirada hacia las estructuras centrales. Aunque no se encuentran delimitados de manera rígida, ayudan a organizar el paisaje y sugieren la existencia de caminos utilizados durante las labores agrícolas.
La estructura más importante aparece en el lado derecho. Su gran forma triangular se eleva por encima de la vegetación y reúne amarillos, verdes, rosas, grises, azules y algunos detalles oscuros. La base parece mezclarse con las plantas del terreno, mientras la parte superior culmina en una pequeña zona clara de la que surge una vara larga y curvada. Su tamaño la convierte en el principal foco de atención.
La vara situada sobre esta forma principal asciende hasta casi alcanzar el borde superior de la imagen. Su línea fina y oscura contrasta con los colores claros de la colina del fondo. En el extremo aparece una pequeña forma rojiza, semejante a una cinta, una bandera o una señal colocada para identificar el montón. Este detalle introduce una sensación de movimiento, como si una ligera brisa atravesara el campo.
En la zona central se levanta una segunda estructura cónica, algo más pequeña y alejada. Sus colores cálidos, formados por rosas, ocres, verdes suaves y amarillos, se combinan con una sombra azulada que recorre uno de sus lados. También está coronada por una vara alta, cuya verticalidad dirige la mirada hacia el cielo. La repetición de esta forma establece un ritmo y refuerza la profundidad del paisaje.
A la izquierda aparece una tercera estructura, situada todavía más lejos. Su tamaño reducido confirma la distancia y ayuda a ampliar visualmente el espacio. Junto a ella se distingue una forma horizontal azul grisácea que podría corresponder a una carreta, una cubierta, un cobertizo o algún elemento relacionado con el trabajo del campo. La combinación de ambos elementos aporta variedad y evita que la escena resulte simétrica.
Las tres estructuras mantienen una relación visual muy equilibrada. La primera es grande y cercana, la segunda ocupa una posición intermedia y la tercera se encuentra próxima al horizonte. Esta progresión crea una diagonal que atraviesa el paisaje desde la derecha hacia la izquierda y conduce la mirada hasta el fondo. Las varas que se elevan sobre ellas acentúan esta sucesión y aportan verticalidad a una composición principalmente horizontal.
El campo central está dominado por amarillos intensos, verdes suaves y tonos ocres. Estas tonalidades sugieren cultivos maduros bajo una luz cálida, posiblemente durante los meses de verano o al comienzo del otoño. Algunas franjas más claras parecen señalar zonas recién cosechadas, mientras las partes verdes podrían representar cultivos todavía en crecimiento o sectores cubiertos por hierba.
A lo largo de la zona media se observan numerosas formas pequeñas de color verde, azul y gris, distribuidas en filas irregulares. Pueden interpretarse como arbustos, pequeñas plantas o restos de vegetación que marcan los límites entre parcelas. Su repetición genera un ritmo pausado y permite distinguir los diferentes niveles del terreno, desde el primer plano hasta las suaves colinas del fondo.
En la parte superior izquierda se extiende una línea formada por rojos, granates y rosas. Esta franja podría representar una agrupación de casas lejanas, un campo de flores intensamente coloreado o una sucesión de elementos rurales recortados contra el horizonte. Su color cálido contrasta con las montañas azuladas situadas detrás y crea un punto de interés que equilibra la gran estructura del lado derecho.
Las montañas aparecen como amplias formas azules y grisáceas que atraviesan la parte superior izquierda. Sus contornos suaves transmiten distancia y serenidad. El color frío de estas elevaciones funciona como contrapunto frente a los amarillos y verdes luminosos del campo. Además, su presencia sitúa la escena dentro de un territorio abierto y extenso, rodeado por un relieve tranquilo.
El cielo ocupa una franja estrecha en la parte superior y se presenta claro, con tonalidades blancas, verdosas y azuladas. Su luminosidad se extiende sobre el terreno y parece envolver todo el paisaje en una atmósfera cálida. No aparecen nubes muy definidas ni señales de mal tiempo, por lo que la escena sugiere una jornada tranquila, posiblemente marcada por la actividad agrícola y el aire suave del campo.
Uno de los aspectos más atractivos del cuadro es la convivencia entre los colores cálidos y fríos. Los amarillos, rojos, naranjas y rosas aportan energía, mientras que los verdes, azules y grises transmiten equilibrio y frescura. Esta combinación consigue que el paisaje resulte luminoso sin perder profundidad. Cada zona posee una identidad cromática propia, pero todas permanecen conectadas dentro de la escena.
La ausencia de figuras humanas visibles no elimina la sensación de actividad. Los montones levantados, los posibles caminos, las divisiones del terreno y las varas colocadas sobre las estructuras indican que el lugar ha sido trabajado y organizado. La presencia humana se percibe indirectamente a través de sus acciones, como si los campesinos acabaran de abandonar el campo después de una jornada de cosecha.
El paisaje puede interpretarse como una celebración del trabajo rural y de la abundancia de la tierra. Los campos dorados evocan frutos maduros, las flores del primer plano simbolizan vitalidad y las estructuras cónicas recuerdan la recogida y conservación de la cosecha. La escena reúne naturaleza y actividad humana sin enfrentarlas, mostrando una relación armoniosa entre ambas.
También existe una marcada sensación de libertad. La amplitud del campo, la lejanía de las montañas y la claridad del cielo permiten que la mirada recorra la escena sin obstáculos. Incluso las varas alargadas parecen señalar el espacio abierto y dirigir la atención hacia arriba. Esta apertura transmite optimismo y convierte el paisaje en un lugar lleno de luz, aire y vida.
A pesar de la abundancia de colores, la escena conserva una atmósfera tranquila. No hay ningún elemento que sugiera prisa, tensión o conflicto. Los campos parecen descansar bajo la claridad del día y las formas cónicas se integran con naturalidad en el terreno. El resultado es un paisaje alegre y sereno que invita a contemplar los pequeños cambios de color presentes en cada rincón.
En conjunto, este cuadro ofrece una visión luminosa y expresiva de un paisaje campesino, compuesto por campos dorados, vegetación abundante, flores silvestres y tres grandes estructuras de heno distribuidas en profundidad. La variedad de verdes, amarillos, rojos, rosas y azules llena la escena de vitalidad, mientras las montañas lejanas y el cielo claro aportan amplitud y serenidad. La obra transmite alegría, abundancia y una profunda armonía entre el trabajo humano y la naturaleza.

