Mariano Soler (1956) - Entre olas y rocas

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Caroline Bokobza
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Tableau à l'huile sur panneau intitulé Entre olas y rocas par Mariano Soler (1956), style Posimpresionnisme, Espagne, période 1980–1990, édition originale, vendu avec cadre.

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Description fournie par le vendeur

Pictura Subastas présente esta magnífica obra de arte perteneciente a Mariano Soler, que representa un mar agitado que fluye y rompe entre las rocas, como símbolo de fuerza, transformación, perseverancia y paso constante del tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 41x51x2 cm.
· Dimensiones sin marco: 35x45 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte posterior de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una visión cercana y envolvente de un mar agitado que ocupa la totalidad de la composición, sin dejar espacio para el cielo, el horizonte ni ningún elemento humano. El agua avanza en múltiples direcciones entre rocas oscuras y zonas cubiertas de espuma, creando una escena llena de energía y movimiento. Los azules, verdes, turquesas, grises, blancos y negros se mezclan a lo largo de la superficie, mostrando la extraordinaria variedad de colores que puede adquirir el mar. La imagen transmite la sensación de encontrarse frente a una costa abrupta, observando cómo las olas chocan, retroceden y vuelven a levantarse de manera incesante.

La ausencia de una línea de horizonte hace que el espectador quede completamente sumergido en la escena. No existe una referencia clara que permita medir la distancia o saber exactamente desde qué altura se contempla el agua. Esta elección aproxima la mirada a la superficie marina y convierte cada remolino, cada franja de espuma y cada roca en parte de un paisaje autónomo. El mar no aparece como un fondo, sino como el verdadero y único protagonista.

En la parte inferior predominan amplias corrientes de color azul verdoso que avanzan de forma diagonal. Algunas zonas son claras y luminosas, mientras que otras presentan una profundidad oscura cercana al azul marino. La alternancia entre estos valores crea la impresión de desniveles y corrientes superpuestas. El agua parece desplazarse con fuerza desde el lado derecho hacia el izquierdo, aunque ciertos remolinos rompen esa dirección y generan movimientos contrarios.

Los tonos turquesas aportan frescura y luminosidad a la superficie. Aparecen dispersos entre grises y azules más densos, como si la luz penetrara momentáneamente en el agua antes de desaparecer. En algunos lugares se transforman en verdes apagados, sugiriendo la presencia de profundidad, vegetación submarina o reflejos procedentes del entorno costero. Esta riqueza cromática impide que el mar resulte uniforme y hace que cada zona posea un carácter propio.

Hacia el centro se distingue una gran extensión de agua más tranquila en apariencia, formada por grises azulados y verdes suaves. Sin embargo, esta calma es solamente relativa, pues numerosas líneas curvas atraviesan la superficie y anuncian el desplazamiento continuo de las corrientes. El agua se abre paso entre los obstáculos y cambia de dirección según la forma de las rocas. Incluso las zonas menos turbulentas conservan una sensación de movimiento latente.

Las rocas aparecen distribuidas principalmente por la zona superior y el lado derecho. Sus formas son irregulares, angulosas y parcialmente ocultas por el agua. Los tonos negros, grises, marrones y beige permiten distinguir sus superficies secas de aquellas que han sido cubiertas por las olas. Algunas parecen elevarse con firmeza, mientras que otras apenas sobresalen antes de desaparecer nuevamente bajo la espuma.

En el extremo superior se extiende una formación rocosa de apariencia robusta. Sus diferentes planos se superponen y crean una sucesión de luces y sombras. Las zonas más claras podrían corresponder a superficies iluminadas o cubiertas de sal y espuma, mientras que las partes oscuras sugieren grietas y cavidades. Esta franja rocosa establece un límite parcial, aunque el agua continúa penetrando entre sus aberturas.

En la parte superior izquierda se percibe una zona de agua más oscura y profunda. Los verdes y azules intensos contrastan con una franja clara que podría corresponder a una pequeña ola rompiendo contra la costa. Esta oposición introduce profundidad y sugiere que el mar continúa mucho más allá de los límites visibles. La oscuridad de esta esquina funciona como una entrada hacia un espacio desconocido.

Cerca de la zona superior central aparecen varias rocas alargadas que se disponen casi horizontalmente. El agua circula por delante y por detrás de ellas, creando pequeñas corrientes y acumulaciones de espuma. Estas formas dividen la superficie marina en distintos niveles y aportan estructura a la composición. Su presencia permite comprender la fuerza con la que el agua debe adaptarse constantemente al relieve.

El lado derecho concentra una intensa sucesión de olas, espuma y rocas. Allí, las formas claras se elevan y se curvan antes de caer sobre las zonas oscuras. Los blancos, grises pálidos y tonos crema sugieren agua aireada y agitada por el choque. Esta parte transmite una energía especialmente poderosa, como si una ola acabara de romper y todavía estuviera extendiéndose sobre la piedra.

La espuma aparece representada mediante franjas irregulares que recorren la superficie en distintas direcciones. No forma una línea continua, sino que se fragmenta, se dispersa y vuelve a reunirse alrededor de las rocas. Algunas zonas son de un blanco luminoso, mientras que otras se mezclan con beige, gris y azul. Esta variedad permite percibir diferentes momentos del movimiento: la cresta de la ola, el impacto, la expansión y la lenta desaparición de la espuma.

En el centro derecho destaca una gran masa clara que parece avanzar sobre una roca oscura. Su forma ascendente recuerda una ola que se eleva justo antes de romper. La zona superior se ilumina con blancos y grises, mientras que la base permanece sumergida en tonos azulados. Este contraste crea uno de los puntos de mayor intensidad visual y dirige inmediatamente la mirada hacia el choque entre el agua y la piedra.

Debajo de esta ola aparece una extensa formación rocosa casi negra que atraviesa la composición de forma diagonal. Su presencia divide el movimiento del agua y establece una poderosa oposición entre solidez y fluidez. El mar se desliza sobre sus bordes, se acumula en sus cavidades y vuelve a escapar hacia la parte inferior. La roca parece resistir, aunque sus contornos revelan la erosión constante provocada por las olas.

En algunas zonas, los tonos beige y ocres suavizan la dureza de los grises y negros. Estos colores pueden relacionarse con la arena, con superficies rocosas iluminadas o con reflejos cálidos atrapados entre el agua. Su presencia introduce equilibrio y evita que la escena se limite a una gama completamente fría. También crea pequeños puntos de descanso dentro del movimiento general.

La composición está dominada por líneas diagonales y curvas. Las diagonales sugieren velocidad, dirección y fuerza, mientras que las curvas representan el giro de las olas y los remolinos. Ningún elemento permanece completamente estático. Incluso las rocas, a pesar de su solidez, parecen integradas en el movimiento debido a la manera en que el agua rodea sus formas.

La mirada puede iniciar su recorrido en la zona inferior, seguir las corrientes turquesas hacia el centro y ascender después hasta las rocas superiores. Desde allí, la espuma conduce hacia el lado derecho y regresa nuevamente a la parte baja. Este recorrido casi circular reproduce visualmente el comportamiento de una corriente marina. El espectador se siente llevado de una zona a otra sin encontrar un punto definitivo de reposo.

La falta de figuras humanas, embarcaciones o construcciones aumenta la sensación de naturaleza indomable. El mar aparece libre de cualquier intervención y muestra su energía más esencial. No existe ninguna presencia capaz de controlar el movimiento del agua. La escena celebra la autonomía del paisaje y recuerda la enorme fuerza de los elementos naturales.

El cuadro transmite al mismo tiempo inquietud y serenidad. La espuma, las diagonales oscuras y las olas que chocan expresan agitación, mientras que la armonía de los azules y verdes produce una sensación contemplativa. Esta dualidad refleja la naturaleza cambiante del mar, capaz de inspirar temor y calma en un mismo instante. La obra no presenta una tormenta destructiva, sino un movimiento continuo y poderoso.

El agua puede interpretarse como un símbolo del paso del tiempo. Nunca conserva la misma forma y se transforma constantemente al encontrarse con las rocas. Cada ola desaparece para dar lugar a otra, mientras la espuma se forma y se disuelve sin detenerse. Esta renovación constante convierte el paisaje en una imagen de cambio, continuidad y transformación.

Las rocas, en cambio, representan permanencia y resistencia. Permanecen firmes frente al movimiento del agua, aunque sus superficies muestran que también están sometidas al desgaste. La relación entre ambos elementos crea un diálogo entre lo estable y lo cambiante. El mar transforma lentamente la piedra, mientras que la piedra modifica la dirección de cada corriente.

La escena también puede entenderse como una representación de la lucha y la adaptación. El agua no se detiene ante los obstáculos, sino que los rodea, los cubre o se abre paso entre ellos. Su fuerza no depende únicamente del impacto, sino de su capacidad para cambiar de forma. Esta lectura convierte el paisaje marino en una metáfora de perseverancia y renovación.

La gama cromática crea una atmósfera fresca y profunda. Los azules transmiten amplitud y misterio; los verdes sugieren vida y movimiento; los grises aportan fuerza y sobriedad; los blancos introducen luminosidad; y los negros marcan los límites más profundos. Todos estos colores conviven sin que ninguno domine por completo, igual que las diferentes corrientes se mezclan dentro del mar.

La cercanía de la escena permite imaginar el sonido de las olas al romper, el roce del agua sobre las rocas y el movimiento de la espuma al retroceder. También parece posible sentir la humedad, el viento y la frescura del ambiente marino. La imagen despierta así una experiencia que va más allá de la mirada y transporta al espectador hasta una costa abierta y solitaria.

En conjunto, este cuadro representa la fuerza incesante del mar al desplazarse entre rocas oscuras, formando olas, corrientes y extensas zonas de espuma. La riqueza de azules, verdes, turquesas, grises y blancos crea una superficie vibrante que parece cambiar ante la mirada. Las rocas simbolizan resistencia y permanencia, mientras que el agua encarna transformación, libertad y paso del tiempo. La obra convierte un fragmento de costa en una poderosa reflexión sobre la relación entre movimiento y estabilidad, mostrando la belleza profunda de una naturaleza que nunca permanece inmóvil.

À propos du vendeur

Nous sommes Pictura Auctions et notre mission est de fournir un espace en ligne où les amateurs d'art, les collectionneurs et les passionnés peuvent se plonger dans un large répertoire de chefs-d'œuvre, de l'avant-garde la plus révolutionnaire aux bijoux classiques qui ont résisté à l'épreuve du temps. Notre équipe de conservateurs experts a soigneusement rassemblé une collection diversifiée et passionnante, en sélectionnant les pièces les plus significatives et les plus émouvantes de différentes époques et cultures.
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Pictura Subastas présente esta magnífica obra de arte perteneciente a Mariano Soler, que representa un mar agitado que fluye y rompe entre las rocas, como símbolo de fuerza, transformación, perseverancia y paso constante del tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.

· Dimensiones con marco: 41x51x2 cm.
· Dimensiones sin marco: 35x45 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte posterior de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).

La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.

Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.

El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.

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Este cuadro presenta una visión cercana y envolvente de un mar agitado que ocupa la totalidad de la composición, sin dejar espacio para el cielo, el horizonte ni ningún elemento humano. El agua avanza en múltiples direcciones entre rocas oscuras y zonas cubiertas de espuma, creando una escena llena de energía y movimiento. Los azules, verdes, turquesas, grises, blancos y negros se mezclan a lo largo de la superficie, mostrando la extraordinaria variedad de colores que puede adquirir el mar. La imagen transmite la sensación de encontrarse frente a una costa abrupta, observando cómo las olas chocan, retroceden y vuelven a levantarse de manera incesante.

La ausencia de una línea de horizonte hace que el espectador quede completamente sumergido en la escena. No existe una referencia clara que permita medir la distancia o saber exactamente desde qué altura se contempla el agua. Esta elección aproxima la mirada a la superficie marina y convierte cada remolino, cada franja de espuma y cada roca en parte de un paisaje autónomo. El mar no aparece como un fondo, sino como el verdadero y único protagonista.

En la parte inferior predominan amplias corrientes de color azul verdoso que avanzan de forma diagonal. Algunas zonas son claras y luminosas, mientras que otras presentan una profundidad oscura cercana al azul marino. La alternancia entre estos valores crea la impresión de desniveles y corrientes superpuestas. El agua parece desplazarse con fuerza desde el lado derecho hacia el izquierdo, aunque ciertos remolinos rompen esa dirección y generan movimientos contrarios.

Los tonos turquesas aportan frescura y luminosidad a la superficie. Aparecen dispersos entre grises y azules más densos, como si la luz penetrara momentáneamente en el agua antes de desaparecer. En algunos lugares se transforman en verdes apagados, sugiriendo la presencia de profundidad, vegetación submarina o reflejos procedentes del entorno costero. Esta riqueza cromática impide que el mar resulte uniforme y hace que cada zona posea un carácter propio.

Hacia el centro se distingue una gran extensión de agua más tranquila en apariencia, formada por grises azulados y verdes suaves. Sin embargo, esta calma es solamente relativa, pues numerosas líneas curvas atraviesan la superficie y anuncian el desplazamiento continuo de las corrientes. El agua se abre paso entre los obstáculos y cambia de dirección según la forma de las rocas. Incluso las zonas menos turbulentas conservan una sensación de movimiento latente.

Las rocas aparecen distribuidas principalmente por la zona superior y el lado derecho. Sus formas son irregulares, angulosas y parcialmente ocultas por el agua. Los tonos negros, grises, marrones y beige permiten distinguir sus superficies secas de aquellas que han sido cubiertas por las olas. Algunas parecen elevarse con firmeza, mientras que otras apenas sobresalen antes de desaparecer nuevamente bajo la espuma.

En el extremo superior se extiende una formación rocosa de apariencia robusta. Sus diferentes planos se superponen y crean una sucesión de luces y sombras. Las zonas más claras podrían corresponder a superficies iluminadas o cubiertas de sal y espuma, mientras que las partes oscuras sugieren grietas y cavidades. Esta franja rocosa establece un límite parcial, aunque el agua continúa penetrando entre sus aberturas.

En la parte superior izquierda se percibe una zona de agua más oscura y profunda. Los verdes y azules intensos contrastan con una franja clara que podría corresponder a una pequeña ola rompiendo contra la costa. Esta oposición introduce profundidad y sugiere que el mar continúa mucho más allá de los límites visibles. La oscuridad de esta esquina funciona como una entrada hacia un espacio desconocido.

Cerca de la zona superior central aparecen varias rocas alargadas que se disponen casi horizontalmente. El agua circula por delante y por detrás de ellas, creando pequeñas corrientes y acumulaciones de espuma. Estas formas dividen la superficie marina en distintos niveles y aportan estructura a la composición. Su presencia permite comprender la fuerza con la que el agua debe adaptarse constantemente al relieve.

El lado derecho concentra una intensa sucesión de olas, espuma y rocas. Allí, las formas claras se elevan y se curvan antes de caer sobre las zonas oscuras. Los blancos, grises pálidos y tonos crema sugieren agua aireada y agitada por el choque. Esta parte transmite una energía especialmente poderosa, como si una ola acabara de romper y todavía estuviera extendiéndose sobre la piedra.

La espuma aparece representada mediante franjas irregulares que recorren la superficie en distintas direcciones. No forma una línea continua, sino que se fragmenta, se dispersa y vuelve a reunirse alrededor de las rocas. Algunas zonas son de un blanco luminoso, mientras que otras se mezclan con beige, gris y azul. Esta variedad permite percibir diferentes momentos del movimiento: la cresta de la ola, el impacto, la expansión y la lenta desaparición de la espuma.

En el centro derecho destaca una gran masa clara que parece avanzar sobre una roca oscura. Su forma ascendente recuerda una ola que se eleva justo antes de romper. La zona superior se ilumina con blancos y grises, mientras que la base permanece sumergida en tonos azulados. Este contraste crea uno de los puntos de mayor intensidad visual y dirige inmediatamente la mirada hacia el choque entre el agua y la piedra.

Debajo de esta ola aparece una extensa formación rocosa casi negra que atraviesa la composición de forma diagonal. Su presencia divide el movimiento del agua y establece una poderosa oposición entre solidez y fluidez. El mar se desliza sobre sus bordes, se acumula en sus cavidades y vuelve a escapar hacia la parte inferior. La roca parece resistir, aunque sus contornos revelan la erosión constante provocada por las olas.

En algunas zonas, los tonos beige y ocres suavizan la dureza de los grises y negros. Estos colores pueden relacionarse con la arena, con superficies rocosas iluminadas o con reflejos cálidos atrapados entre el agua. Su presencia introduce equilibrio y evita que la escena se limite a una gama completamente fría. También crea pequeños puntos de descanso dentro del movimiento general.

La composición está dominada por líneas diagonales y curvas. Las diagonales sugieren velocidad, dirección y fuerza, mientras que las curvas representan el giro de las olas y los remolinos. Ningún elemento permanece completamente estático. Incluso las rocas, a pesar de su solidez, parecen integradas en el movimiento debido a la manera en que el agua rodea sus formas.

La mirada puede iniciar su recorrido en la zona inferior, seguir las corrientes turquesas hacia el centro y ascender después hasta las rocas superiores. Desde allí, la espuma conduce hacia el lado derecho y regresa nuevamente a la parte baja. Este recorrido casi circular reproduce visualmente el comportamiento de una corriente marina. El espectador se siente llevado de una zona a otra sin encontrar un punto definitivo de reposo.

La falta de figuras humanas, embarcaciones o construcciones aumenta la sensación de naturaleza indomable. El mar aparece libre de cualquier intervención y muestra su energía más esencial. No existe ninguna presencia capaz de controlar el movimiento del agua. La escena celebra la autonomía del paisaje y recuerda la enorme fuerza de los elementos naturales.

El cuadro transmite al mismo tiempo inquietud y serenidad. La espuma, las diagonales oscuras y las olas que chocan expresan agitación, mientras que la armonía de los azules y verdes produce una sensación contemplativa. Esta dualidad refleja la naturaleza cambiante del mar, capaz de inspirar temor y calma en un mismo instante. La obra no presenta una tormenta destructiva, sino un movimiento continuo y poderoso.

El agua puede interpretarse como un símbolo del paso del tiempo. Nunca conserva la misma forma y se transforma constantemente al encontrarse con las rocas. Cada ola desaparece para dar lugar a otra, mientras la espuma se forma y se disuelve sin detenerse. Esta renovación constante convierte el paisaje en una imagen de cambio, continuidad y transformación.

Las rocas, en cambio, representan permanencia y resistencia. Permanecen firmes frente al movimiento del agua, aunque sus superficies muestran que también están sometidas al desgaste. La relación entre ambos elementos crea un diálogo entre lo estable y lo cambiante. El mar transforma lentamente la piedra, mientras que la piedra modifica la dirección de cada corriente.

La escena también puede entenderse como una representación de la lucha y la adaptación. El agua no se detiene ante los obstáculos, sino que los rodea, los cubre o se abre paso entre ellos. Su fuerza no depende únicamente del impacto, sino de su capacidad para cambiar de forma. Esta lectura convierte el paisaje marino en una metáfora de perseverancia y renovación.

La gama cromática crea una atmósfera fresca y profunda. Los azules transmiten amplitud y misterio; los verdes sugieren vida y movimiento; los grises aportan fuerza y sobriedad; los blancos introducen luminosidad; y los negros marcan los límites más profundos. Todos estos colores conviven sin que ninguno domine por completo, igual que las diferentes corrientes se mezclan dentro del mar.

La cercanía de la escena permite imaginar el sonido de las olas al romper, el roce del agua sobre las rocas y el movimiento de la espuma al retroceder. También parece posible sentir la humedad, el viento y la frescura del ambiente marino. La imagen despierta así una experiencia que va más allá de la mirada y transporta al espectador hasta una costa abierta y solitaria.

En conjunto, este cuadro representa la fuerza incesante del mar al desplazarse entre rocas oscuras, formando olas, corrientes y extensas zonas de espuma. La riqueza de azules, verdes, turquesas, grises y blancos crea una superficie vibrante que parece cambiar ante la mirada. Las rocas simbolizan resistencia y permanencia, mientras que el agua encarna transformación, libertad y paso del tiempo. La obra convierte un fragmento de costa en una poderosa reflexión sobre la relación entre movimiento y estabilidad, mostrando la belleza profunda de una naturaleza que nunca permanece inmóvil.

À propos du vendeur

Nous sommes Pictura Auctions et notre mission est de fournir un espace en ligne où les amateurs d'art, les collectionneurs et les passionnés peuvent se plonger dans un large répertoire de chefs-d'œuvre, de l'avant-garde la plus révolutionnaire aux bijoux classiques qui ont résisté à l'épreuve du temps. Notre équipe de conservateurs experts a soigneusement rassemblé une collection diversifiée et passionnante, en sélectionnant les pièces les plus significatives et les plus émouvantes de différentes époques et cultures.
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Détails

Artiste
Mariano Soler (1956)
Vendu avec cadre
Oui
Vendu(e) par
Galerie
Édition
Original
Titre de l'œuvre d'art
Entre olas y rocas
Technique
Peinture à l’huile
Signature
Signé à la main
Pays d’origine
Espagne
Condition
Bon état
Hauteur
41 cm
Largeur
51 cm
Style
Post-impressionnisme
Période
1980-1990
EspagneVérifié
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