Nr. 101943581

Miquel Torner de Semir (1938) - Encuentro interior · XL FORMAT
Nr. 101943581

Miquel Torner de Semir (1938) - Encuentro interior · XL FORMAT
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Miquel Torner de Semir, que representa la comunicación simbólica y silenciosa entre dos mujeres a través de objetos cotidianos y miradas cargadas de significado. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 108x127x8 cm.
· Dimensiones sin marco: 81x100 cm.
· Óleo sobre tela firmado a mano por el artista en la parte inferior izquierda, Miquel Torner de Semir.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación, presenta una falta de pintura en la manzana.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
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Este cuadro presenta una escena intimista protagonizada por dos figuras femeninas que ocupan casi la totalidad del espacio compositivo, configurando un diálogo silencioso cargado de simbolismo. Ambas mujeres aparecen sentadas frente a frente, ligeramente giradas una hacia la otra, creando una tensión visual basada en la comunicación no verbal. La disposición de sus cuerpos, la inclinación de sus cabezas y la dirección de sus miradas construyen un intercambio sutil que parece ir más allá de lo literal, situando al espectador como testigo de un momento suspendido en el tiempo. El fondo, estructurado mediante planos geométricos y colores contrastados, enmarca la escena con un aire moderno y estructurado.
La figura situada a la izquierda se muestra de perfil, con el rostro delicadamente delineado y una expresión serena y reflexiva. Su cabello recogido, adornado con tonos vibrantes, aporta un punto de color que dialoga con los matices del entorno. Viste una indumentaria clara, de texturas ricas y superficies trabajadas, que otorga volumen y presencia a su figura. Sus manos sostienen una bandeja sobre la que descansan una jarra y varias frutas de colores intensos, elementos que introducen un componente simbólico asociado a la abundancia, la hospitalidad o incluso la tradición doméstica.
La mujer situada a la derecha, en cambio, mira directamente hacia el espectador con una expresión más frontal y abierta. Su postura es más rígida, casi escultórica, y su vestimenta presenta detalles ornamentales que refuerzan la sensación de composición estructurada. El contraste entre la mirada lateral de una y la mirada directa de la otra crea un equilibrio dinámico entre introspección y afirmación. En su regazo descansa una caja o cofre de apariencia sólida, cuyo volumen geométrico se integra con las líneas rectas del fondo, sugiriendo ideas de contención, memoria o resguardo.
El tratamiento cromático del cuadro combina tonos cálidos y fríos con gran intensidad, generando un diálogo visual entre la piel pálida de las figuras y los fondos en amarillos, marrones y azules. Las líneas negras que delimitan las formas acentúan la estilización de los cuerpos y los objetos, otorgando a la escena una estética que se mueve entre lo figurativo y lo simbólico. Las superficies presentan una riqueza táctil evidente, con variaciones que aportan profundidad y carácter a cada elemento representado. Todo parece cuidadosamente equilibrado entre lo narrativo y lo decorativo.
La composición general se organiza en planos superpuestos que recuerdan una construcción casi arquitectónica del espacio. Las figuras no se diluyen en el fondo, sino que emergen con fuerza y claridad, convirtiéndose en el eje conceptual de la obra. La escena no describe una acción concreta, sino una atmósfera de intercambio y presencia compartida, donde los objetos —la jarra, las frutas, el cofre— adquieren un valor simbólico que complementa la comunicación silenciosa entre ambas mujeres.
En conjunto. La obra representa un diálogo íntimo entre dos figuras femeninas, donde los objetos cotidianos y la disposición compositiva se transforman en símbolos de intercambio, identidad y vínculo humano.
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