Nr. 107083690

Josep Hereter (1919–1990) - El camino del atardecer
Nr. 107083690

Josep Hereter (1919–1990) - El camino del atardecer
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Josep Hereter, que representa a una figura solitaria que avanza al atardecer hacia una antigua casa rural, como símbolo del regreso al hogar, la memoria y el paso del tiempo. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 34x44x7 cm.
· Dimensiones sin marco: 12x22 cm.
· Óleo sobre tabla firmado a mano por el artista en la parte derecha de la obra.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta un paisaje rural de atmósfera silenciosa y profundamente evocadora, presidido por una antigua casa de campo situada al final de un camino. La construcción ocupa el centro de la composición y aparece rodeada por vegetación oscura, tierras de labor, árboles y un gran pajar que se levanta a su izquierda. Una pequeña figura solitaria avanza por el sendero hacia la vivienda, introduciendo una presencia humana discreta dentro de la amplitud del entorno. Sobre toda la escena se extiende un cielo amarillento y grisáceo que sugiere las últimas horas de la tarde, cuando la luz comienza a desaparecer y el paisaje adquiere un carácter íntimo y melancólico.
La casa constituye el principal punto de atención. Su fachada ancha y simétrica se eleva sobre el terreno y parece conservar la solidez de una construcción antigua. El cuerpo central presenta dos plantas claramente diferenciadas y está coronado por un tejado inclinado de tonalidades marrones, grises y negras. Su posición elevada al final del camino le concede una presencia dominante, casi como si vigilara los campos que se extienden a su alrededor.
En la parte superior del edificio destacan dos estructuras verticales que podrían corresponder a chimeneas. Sus formas oscuras se recortan frente al cielo claro y aumentan la verticalidad de la casa. Parecen antiguas y robustas, adaptadas a una vida rural marcada por los inviernos y por el uso cotidiano del fuego. Su presencia permite imaginar el interior de la vivienda, quizá todavía habitado y calentado al caer la tarde.
La fachada contiene varias ventanas distribuidas de manera ordenada. Algunas reflejan pequeños tonos azulados, mientras que otras permanecen oscuras y parecen ocultar habitaciones silenciosas. Los marcos claros contrastan con los marrones de los muros y permiten distinguir la estructura del edificio. Cada abertura despierta curiosidad sobre la vida que podría desarrollarse detrás de ella.
La puerta principal se encuentra aproximadamente en el centro y aparece enmarcada por un arco claro. Su tonalidad rojiza destaca de manera discreta frente a la oscuridad general de la fachada. Esta entrada funciona como el destino natural del camino y de la figura que avanza hacia ella. La puerta cerrada transmite una mezcla de refugio, misterio y espera.
El tejado presenta una silueta sencilla pero ligeramente irregular, coherente con la antigüedad de la casa. Los tonos oscuros contrastan con el cielo amarillo y crean una línea firme que separa la arquitectura de la atmósfera. Las sombras acumuladas bajo los aleros refuerzan la sensación de profundidad. El edificio parece haber permanecido durante muchas generaciones en el mismo lugar.
A ambos lados del cuerpo principal se extienden construcciones más bajas que podrían corresponder a establos, almacenes o dependencias agrícolas. Estas estructuras se integran con el terreno y casi se confunden con las masas oscuras de vegetación. Su presencia amplía el conjunto y permite imaginar una finca destinada al trabajo del campo. La casa no aparece aislada, sino como el núcleo de una pequeña explotación rural.
A la izquierda se levanta un gran pajar de forma redondeada. Su volumen oscuro ocupa buena parte de esa zona y se recorta con fuerza frente al cielo. En la parte superior sobresale una rama o palo curvado que acentúa su apariencia rústica. El pajar introduce una forma orgánica que contrasta con las líneas rectas de la vivienda.
Las tonalidades marrones, ocres y negras del pajar sugieren una acumulación densa de hierba seca. Una franja más clara recorre uno de sus lados y permite percibir su volumen. Su presencia habla de cosechas almacenadas, trabajo agrícola y preparación para las estaciones frías. Es un elemento cotidiano que aporta autenticidad y memoria al paisaje.
Detrás del pajar aparece una montaña azulada que se eleva suavemente en la distancia. Su perfil redondeado introduce profundidad y abre el paisaje más allá de la finca. Los tonos fríos de la montaña contrastan con el amarillo cálido del cielo y con los marrones del terreno. Aunque solo se muestra parcialmente, su presencia recuerda que la casa forma parte de un entorno natural mucho más amplio.
El camino comienza en el primer plano y avanza hacia el centro, estrechándose conforme se aproxima a la vivienda. Su recorrido ligeramente curvado crea una marcada sensación de profundidad y conduce de manera inmediata la mirada. La superficie está compuesta por tonos marrones, grises y ocres, con zonas más claras que podrían corresponder a tierra seca o desgastada. Este sendero une visualmente al espectador con la casa.
A ambos lados del camino se acumulan terrenos oscuros, restos vegetales y pequeñas elevaciones irregulares. El suelo parece haber sido trabajado recientemente o encontrarse en una etapa posterior a la cosecha. Las líneas que atraviesan el primer plano pueden recordar surcos, ramas, piedras o residuos del campo. Esta abundancia de detalles transmite una naturaleza áspera y plenamente vinculada al trabajo rural.
La pequeña figura humana aparece aproximadamente en el centro inferior, avanzando por el camino. Se distingue por una silueta oscura y alargada que contrasta con el terreno algo más claro. Su reducido tamaño frente a la casa y al paisaje acentúa la amplitud del entorno. Aunque no se observan sus rasgos, su presencia introduce una historia y transforma la escena en algo más que una simple vista rural.
La figura parece dirigirse hacia la puerta de la vivienda, quizá regresando después de una jornada de trabajo. Su postura vertical y su aislamiento sugieren un caminar pausado. Puede tratarse de una persona que vuelve al hogar al anochecer, de alguien que visita la finca o de un habitante que cruza los campos en silencio. La falta de detalles permite imaginar numerosas narraciones.
El camino y la figura establecen una clara relación narrativa. El sendero marca una dirección, mientras que la persona proporciona un motivo para seguirla con la mirada. Esta combinación despierta la expectativa de una llegada. La casa se convierte así en un lugar de destino, protección y posible encuentro.
En la zona derecha se extiende una amplia masa de árboles y arbustos oscuros. Sus copas irregulares crean un límite denso que oculta parte de las construcciones laterales. Los verdes apagados, grises y negros transmiten la sensación de una vegetación profunda y poco iluminada. La cercanía de la noche parece concentrarse especialmente en esta parte del paisaje.
Uno de los árboles destaca por su copa redondeada y voluminosa, situada detrás de la casa. Sus ramas forman una masa compacta en la que se mezclan tonos verdes, grises y amarillentos. La claridad que roza la parte superior permite separarlo del fondo. Su presencia equilibra visualmente el volumen del pajar situado en el lado contrario.
En los extremos aparecen árboles más altos y estrechos, cuyas siluetas verticales parecen ascender hacia el cielo. Estas formas enmarcan el paisaje y evitan que la mirada se disperse fuera de la composición. Sus tonos oscuros refuerzan la sensación de profundidad. La casa queda protegida entre la vegetación, como si estuviera escondida dentro del campo.
El cielo ocupa una extensa franja superior y presenta colores amarillos, beige, grises y verdes muy apagados. No se distingue un sol concreto, pero la luz parece extenderse desde detrás de la casa. Esta claridad difusa puede corresponder a un amanecer tranquilo o, con mayor probabilidad, a un atardecer en el que el día se aproxima a su fin. La atmósfera posee una calidez contenida que contrasta con la oscuridad del terreno.
La transición entre el cielo luminoso y el paisaje sombrío es uno de los elementos más expresivos. La parte superior conserva la claridad, mientras que la inferior parece sumergirse progresivamente en la penumbra. Esta oposición crea una sensación de cambio y de paso del tiempo. El instante representado parece situarse justo en el límite entre la actividad diurna y el descanso nocturno.
Los colores del paisaje se mantienen dentro de una gama sobria y terrosa. Marrones, negros, ocres, verdes apagados y grises dominan el suelo, la casa y la vegetación, mientras que los amarillos del cielo aportan la luz necesaria para ordenar la escena. El azul de la montaña y de algunas ventanas introduce pequeños acentos fríos. Esta armonía cromática refuerza el carácter antiguo y melancólico del lugar.
La composición está construida a partir de una fuerte relación entre profundidad y centralidad. El camino nace cerca del espectador, la figura ocupa una posición intermedia y la casa se alza al fondo como punto de llegada. Detrás aparecen el cielo y la montaña, prolongando el espacio todavía más. Esta sucesión de planos permite recorrer el paisaje de manera natural.
La ausencia de actividad visible refuerza el silencio. No hay animales, carros ni personas trabajando en los campos. Solo la pequeña figura parece desplazarse, mientras todo lo demás permanece inmóvil. La escena podría corresponder al momento posterior a una larga jornada, cuando las herramientas han sido guardadas y la finca se prepara para la noche.
La casa puede interpretarse como símbolo de hogar, memoria y permanencia. Su aspecto envejecido sugiere que ha presenciado numerosos cambios y ha acogido a distintas generaciones. Las ventanas oscuras parecen conservar historias y recuerdos. Frente al carácter cambiante de los campos y las estaciones, el edificio permanece como una presencia estable.
El camino representa el tránsito, el regreso y el paso del tiempo. Sus curvas y desniveles recuerdan que llegar al hogar requiere recorrer una distancia. La figura solitaria avanza por él sin que sepamos de dónde viene, convirtiéndose en una imagen del viaje personal. El sendero une la incertidumbre del primer plano con la seguridad aparente de la casa.
El pajar y los campos aportan una dimensión relacionada con el esfuerzo y los ciclos naturales. La cosecha almacenada simboliza el resultado del trabajo, mientras que la tierra oscura parece esperar una nueva estación. Todo el paisaje habla de repetición, paciencia y continuidad. La vida rural aparece como un vínculo constante entre las personas y la naturaleza.
También existe una delicada sensación de misterio. La oscuridad de la vegetación, las ventanas silenciosas y la identidad desconocida de la figura crean preguntas que permanecen sin respuesta. No puede saberse si la casa está habitada, si la persona regresa o se aproxima por primera vez, ni qué encontrará al cruzar la puerta. Esta incertidumbre aumenta el poder evocador de la obra.
A pesar de su tono sombrío, la escena no transmite abandono absoluto. La presencia del camino, el pajar, las construcciones y la figura humana demuestra que el lugar conserva actividad y propósito. La casa puede parecer silenciosa, pero sigue funcionando como centro de la finca. La luz del cielo introduce además una nota de esperanza y continuidad.
En conjunto, este cuadro representa una antigua casa rural al final de un camino por el que avanza una figura solitaria, rodeada de campos oscuros, vegetación, un gran pajar y una montaña lejana. La luz amarillenta del cielo envuelve la escena en una atmósfera de atardecer, mientras la tierra y los árboles anuncian la llegada de la noche. La vivienda simboliza refugio, memoria y permanencia; el camino representa el viaje y el regreso; y la figura humana recuerda la estrecha relación entre las personas, el trabajo y la naturaleza. La obra transforma un paisaje humilde en una reflexión poética sobre el hogar, el paso del tiempo y la vida silenciosa del campo.
Lignende genstande
-
-
-
-
-
-
-
-
-
-
Denne genstand blev vist i
Sådan køber du hos Catawiki
1. Opdag noget særligt
2. Afgiv det højeste bud
3. Foretag en sikker betaling

