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Manuel Márquez (1928-??) - Virgen con Niño
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Hace 12 semanas

Manuel Márquez (1928-??) - Virgen con Niño

Firmado por el artista en la parte inferior El estado de la pintura es bueno Se presenta enmarcada la obra Medidas de la obra: 63 x 32 cm. Medidas de la obra enmarcada: 67 x 36 cm. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: Biografía del artista: Manuel Márquez nació en Madrid en 1929, en una familia de artesanos que trabajaban en oficios ligados a la construcción y la decoración de interiores. Desde muy joven quedó fascinado por las iglesias del centro histórico, donde se entretenía copiando santos y vírgenes de los retablos, pero también observando cómo cambiaban los colores de las vidrieras según la hora del día. Esa doble atracción por la imagen sagrada y por la luz marcaría toda su trayectoria posterior. En la posguerra ingresó en la Escuela de Artes y Oficios y más tarde en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde conoció las reproducciones de Picasso, Juan Gris y Léger que circulaban casi de forma clandestina. A partir de esas influencias empezó a simplificar las figuras religiosas en planos geométricos, rostros facetados y manos esquematizadas, desarrollando un lenguaje cubista pero profundamente devocional. Sus primeras exposiciones, a comienzos de los años cincuenta, mostraban Cristos crucificados, Vírgenes y escenas de la Sagrada Familia construidos a partir de volúmenes quebrados y gamas de azules, ocres y verdes muy contenidos. Su auténtico giro llegó cuando fue contratado por un antiguo maestro suyo en un taller de vidrieras madrileño. Allí descubrió la dimensión técnica del vidrio emplomado y aprendió a trasladar sus composiciones cubistas al lenguaje del vitral, jugando con piezas de cristal de colores planos, líneas de plomo muy dibujadas y fondos oscuros que realzaban la intensidad de la luz. En los años sesenta y setenta recibió numerosos encargos para parroquias de nueva construcción en barrios periféricos de Madrid y en pequeñas localidades castellanas, donde diseñó ciclos completos de ventanas con escenas del Evangelio, la Vida de la Virgen y la Pasión de Cristo. Manuel Márquez se hizo conocido por su capacidad para armonizar arquitectura moderna y arte sacro contemporáneo: sus vitrales respetaban la iconografía tradicional pero la reinterpretaba mediante composiciones casi arquitectónicas, en las que las figuras parecían ensambladas como si fuesen bloques de luz coloreada. Paralelamente continuó pintando óleo y temple sobre tabla, a menudo como estudios previos para vidrieras, creando un corpus de obra de caballete donde repetía sus temas favoritos: Madonnas hieráticas, Cristos de mirada frontal y apóstoles de cuerpos estilizados. En su madurez, a partir de los años ochenta, suavizó los contrastes y abrió la paleta a rosas, amarillos y blancos más luminosos, buscando una espiritualidad más serena. También se dedicó a formar a jóvenes artistas interesados en la vidriera artística, transmitiendo tanto el oficio manual como su convicción de que la geometría y la luz podían ser vehículos de fe. Vivió y trabajó siempre en Madrid, fiel a sus raíces urbanas, y se le recuerda como una figura discreta pero influyente en la renovación del arte religioso del siglo XX español, puente entre la tradición iconográfica y el lenguaje cubista aplicado al vidrio y a la pintura.

N.º 100498635

Vendido
Manuel Márquez (1928-??) - Virgen con Niño

Manuel Márquez (1928-??) - Virgen con Niño

Firmado por el artista en la parte inferior

El estado de la pintura es bueno

Se presenta enmarcada la obra

Medidas de la obra: 63 x 32 cm.

Medidas de la obra enmarcada: 67 x 36 cm.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Biografía del artista:

Manuel Márquez nació en Madrid en 1929, en una familia de artesanos que trabajaban en oficios ligados a la construcción y la decoración de interiores. Desde muy joven quedó fascinado por las iglesias del centro histórico, donde se entretenía copiando santos y vírgenes de los retablos, pero también observando cómo cambiaban los colores de las vidrieras según la hora del día. Esa doble atracción por la imagen sagrada y por la luz marcaría toda su trayectoria posterior.

En la posguerra ingresó en la Escuela de Artes y Oficios y más tarde en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde conoció las reproducciones de Picasso, Juan Gris y Léger que circulaban casi de forma clandestina. A partir de esas influencias empezó a simplificar las figuras religiosas en planos geométricos, rostros facetados y manos esquematizadas, desarrollando un lenguaje cubista pero profundamente devocional. Sus primeras exposiciones, a comienzos de los años cincuenta, mostraban Cristos crucificados, Vírgenes y escenas de la Sagrada Familia construidos a partir de volúmenes quebrados y gamas de azules, ocres y verdes muy contenidos.

Su auténtico giro llegó cuando fue contratado por un antiguo maestro suyo en un taller de vidrieras madrileño. Allí descubrió la dimensión técnica del vidrio emplomado y aprendió a trasladar sus composiciones cubistas al lenguaje del vitral, jugando con piezas de cristal de colores planos, líneas de plomo muy dibujadas y fondos oscuros que realzaban la intensidad de la luz. En los años sesenta y setenta recibió numerosos encargos para parroquias de nueva construcción en barrios periféricos de Madrid y en pequeñas localidades castellanas, donde diseñó ciclos completos de ventanas con escenas del Evangelio, la Vida de la Virgen y la Pasión de Cristo.

Manuel Márquez se hizo conocido por su capacidad para armonizar arquitectura moderna y arte sacro contemporáneo: sus vitrales respetaban la iconografía tradicional pero la reinterpretaba mediante composiciones casi arquitectónicas, en las que las figuras parecían ensambladas como si fuesen bloques de luz coloreada. Paralelamente continuó pintando óleo y temple sobre tabla, a menudo como estudios previos para vidrieras, creando un corpus de obra de caballete donde repetía sus temas favoritos: Madonnas hieráticas, Cristos de mirada frontal y apóstoles de cuerpos estilizados.

En su madurez, a partir de los años ochenta, suavizó los contrastes y abrió la paleta a rosas, amarillos y blancos más luminosos, buscando una espiritualidad más serena. También se dedicó a formar a jóvenes artistas interesados en la vidriera artística, transmitiendo tanto el oficio manual como su convicción de que la geometría y la luz podían ser vehículos de fe. Vivió y trabajó siempre en Madrid, fiel a sus raíces urbanas, y se le recuerda como una figura discreta pero influyente en la renovación del arte religioso del siglo XX español, puente entre la tradición iconográfica y el lenguaje cubista aplicado al vidrio y a la pintura.

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Carmen Íñiguez Berbeira
Experto
Estimación  € 230 - € 250

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