Montiel (1985) - "DEPREDADOR"





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Montiel (1985) presenta la obra original DEPREDADOR, realizada en acrílico en 2026, firmada a mano, 80 × 100 cm, peso 1,3 kg, paisaje marino contemporáneo, originaria de España, vendida directamente por el artista, en excelente estado.
Descripción del vendedor
El Depredador, la piraña se desprende de su representación naturalista para convertirse en un símbolo contemporáneo de agresión, supervivencia y deseo. Ya no habita únicamente el río: emerge como una figura arquetípica del presente, donde la voracidad se normaliza y la tensión entre instinto y entorno se intensifica.
Esta pintura de piraña —afilada, fragmentada, casi mecánica en su lectura visual— remite a un depredador adaptado a un mundo acelerado. Sus rasgos se reinterpretan desde una estética actual, donde la forma se vuelve más conceptual que descriptiva, y el gesto sustituye al detalle. La amenaza no reside solo en sus dientes, sino en su presencia latente, en la sensación de ataque permanente que define muchas dinámicas contemporáneas.
La obra de 80x100 cm, plantea al depredador no como excepción, sino como condición: un estado en el que la necesidad de avanzar, dominar o consumir se vuelve parte del paisaje cotidiano. Depredador confronta al espectador con esa energía primaria, invitándolo a reconocerla no solo en la figura representada, sino también en los sistemas, relaciones y pulsiones que atraviesan la experiencia actual.
El Depredador, la piraña se desprende de su representación naturalista para convertirse en un símbolo contemporáneo de agresión, supervivencia y deseo. Ya no habita únicamente el río: emerge como una figura arquetípica del presente, donde la voracidad se normaliza y la tensión entre instinto y entorno se intensifica.
Esta pintura de piraña —afilada, fragmentada, casi mecánica en su lectura visual— remite a un depredador adaptado a un mundo acelerado. Sus rasgos se reinterpretan desde una estética actual, donde la forma se vuelve más conceptual que descriptiva, y el gesto sustituye al detalle. La amenaza no reside solo en sus dientes, sino en su presencia latente, en la sensación de ataque permanente que define muchas dinámicas contemporáneas.
La obra de 80x100 cm, plantea al depredador no como excepción, sino como condición: un estado en el que la necesidad de avanzar, dominar o consumir se vuelve parte del paisaje cotidiano. Depredador confronta al espectador con esa energía primaria, invitándolo a reconocerla no solo en la figura representada, sino también en los sistemas, relaciones y pulsiones que atraviesan la experiencia actual.

