Luis Antonio Gonzalez - Caminos del Dragón





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Dibujo original en carboncillo Caminos del Dragón de Luis Antonio González (2025), papel de España, 31 × 22 cm, firmado a mano y creado con materiales artesanales por el artista, Edición Original.
Descripción del vendedor
Luis Antonio González
(Materiales artesanales elaborados por el propio artista)
En Caminos del Dragón, Luis Antonio González construye un retrato que trasciende lo físico para adentrarse en el territorio del mito interior. La cabeza rapada, convertida en superficie simbólica, alberga la figura del dragón como trazo ancestral: no un ornamento, sino una cartografía espiritual. El dragón aquí no representa fuerza exterior, sino conocimiento adquirido, disciplina, y transformación a través del tiempo.
El perfil del personaje —contenido, introspectivo, casi ceremonial— refuerza la sensación de tránsito. No se trata de un momento estático, sino de un punto intermedio: un estado de conciencia en movimiento. La mirada baja y el gesto sobrio sugieren introspección, dominio interno y una voluntad que no necesita afirmarse hacia fuera. El cuerpo es camino; la piel, territorio.
La paleta, sobria y terrosa, dialoga con la materialidad misma de la obra. El uso de materiales artesanales creados por el propio artista añade una capa fundamental de coherencia conceptual: el proceso es tan importante como la imagen final. Cada textura y cada irregularidad hablan de tiempo, de oficio y de una relación directa entre mano, materia y pensamiento. No hay artificio industrial; hay presencia.
Desde una lectura contemporánea, Caminos del Dragón conecta con nociones de identidad construida, ritual personal y herencia simbólica reinterpretada desde el presente. La obra se sitúa con solidez dentro de una figuración simbólica actual, donde el retrato deja de ser representación para convertirse en manifesto íntimo.
Para el coleccionista, esta pieza ofrece una combinación poco frecuente: potencia visual, profundidad simbólica y autenticidad material. Es una obra que dialoga tanto con el espacio íntimo como con discursos más amplios sobre transformación, disciplina y autoconocimiento. Su carácter introspectivo y su fuerte identidad estética la convierten en una adquisición con proyección y peso dentro de cualquier colección contemporánea.
Caminos del Dragón no impone un relato cerrado: propone un recorrido. Y como todo verdadero camino, continúa desplegándose con cada nueva mirada.
la obra se envía en un tubo de transporte para máxima seguridad e integridad de la obra
Luis Antonio González
(Materiales artesanales elaborados por el propio artista)
En Caminos del Dragón, Luis Antonio González construye un retrato que trasciende lo físico para adentrarse en el territorio del mito interior. La cabeza rapada, convertida en superficie simbólica, alberga la figura del dragón como trazo ancestral: no un ornamento, sino una cartografía espiritual. El dragón aquí no representa fuerza exterior, sino conocimiento adquirido, disciplina, y transformación a través del tiempo.
El perfil del personaje —contenido, introspectivo, casi ceremonial— refuerza la sensación de tránsito. No se trata de un momento estático, sino de un punto intermedio: un estado de conciencia en movimiento. La mirada baja y el gesto sobrio sugieren introspección, dominio interno y una voluntad que no necesita afirmarse hacia fuera. El cuerpo es camino; la piel, territorio.
La paleta, sobria y terrosa, dialoga con la materialidad misma de la obra. El uso de materiales artesanales creados por el propio artista añade una capa fundamental de coherencia conceptual: el proceso es tan importante como la imagen final. Cada textura y cada irregularidad hablan de tiempo, de oficio y de una relación directa entre mano, materia y pensamiento. No hay artificio industrial; hay presencia.
Desde una lectura contemporánea, Caminos del Dragón conecta con nociones de identidad construida, ritual personal y herencia simbólica reinterpretada desde el presente. La obra se sitúa con solidez dentro de una figuración simbólica actual, donde el retrato deja de ser representación para convertirse en manifesto íntimo.
Para el coleccionista, esta pieza ofrece una combinación poco frecuente: potencia visual, profundidad simbólica y autenticidad material. Es una obra que dialoga tanto con el espacio íntimo como con discursos más amplios sobre transformación, disciplina y autoconocimiento. Su carácter introspectivo y su fuerte identidad estética la convierten en una adquisición con proyección y peso dentro de cualquier colección contemporánea.
Caminos del Dragón no impone un relato cerrado: propone un recorrido. Y como todo verdadero camino, continúa desplegándose con cada nueva mirada.
la obra se envía en un tubo de transporte para máxima seguridad e integridad de la obra

