Margarita Sáez (1947) - Ejes internos





Protección del Comprador de Catawiki
Tu pago está protegido con nosotros hasta que recibas tu objeto.Ver detalles
Trustpilot 4.4 | 126370 valoraciones
Valoración Excelente en Trustpilot.
Ejes internos, obra abstracta en técnica mixta de Margarita Sáez (1947), España, 1980–1990, 46 × 35 cm con marco.
Descripción del vendedor
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Margarita Sáez, que representa al ser humano situado en el centro de sus propios pensamientos y fuerzas interiores, rodeado de símbolos que evocan la complejidad de la mente y la existencia. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 46x35x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 35x25 cm.
· Técnica mixta firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha, Margarita Sáez.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio protector (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta una figura humana esquemática situada en el centro de la composición, construida a partir de formas simplificadas y contornos sugeridos más que definidos. El cuerpo aparece frontal, casi hierático, como un símbolo más que como una representación realista, y se encuentra rodeado por un espacio cargado de signos, flechas y formas circulares que parecen flotar a su alrededor. Desde el primer vistazo, la obra transmite una sensación de reflexión profunda, como si el personaje estuviera inmerso en un proceso mental o espiritual.
La figura central carece de rasgos individualizados y su identidad se diluye en la abstracción. El rostro apenas se insinúa, lo que refuerza la idea de anonimato y universalidad. El torso, marcado por suaves contrastes de luz y sombra, sugiere volumen sin necesidad de precisión anatómica. Esta simplificación convierte al cuerpo en un punto de conexión entre lo humano y lo simbólico, actuando como un eje alrededor del cual se organiza todo el discurso visual.
El fondo está poblado de elementos gráficos que recuerdan a esquemas, diagramas o anotaciones intuitivas. Flechas que apuntan en múltiples direcciones, círculos incompletos y marcas repetidas generan una sensación de movimiento intelectual constante. Estos signos no parecen obedecer a una lógica literal, sino a una lógica emocional o conceptual, como si representaran pensamientos, impulsos o fuerzas invisibles que rodean y atraviesan al personaje.
La atmósfera general es introspectiva y algo enigmática, dominada por una paleta suave y apagada que envuelve la escena en un clima de silencio y misterio. No hay un espacio definido ni un tiempo reconocible; todo parece suspendido en un plano intermedio entre lo interior y lo exterior. Esta indefinición refuerza la lectura simbólica del cuadro, invitando al espectador a proyectar su propia interpretación sobre los signos y la figura.
La composición sugiere una relación constante entre el ser humano y las fuerzas que lo condicionan, ya sean mentales, emocionales o existenciales. La figura no interactúa físicamente con los símbolos, pero parece afectada por ellos, como si estuviera en el centro de un flujo continuo de ideas o energías. La obra no ofrece respuestas claras, sino que plantea preguntas abiertas sobre la identidad, la conciencia y la dirección del pensamiento.
En conjunto, el cuadro se presenta como una reflexión visual sobre el ser humano y su mundo interior, utilizando la abstracción y el símbolo para construir una imagen profundamente evocadora y abierta a múltiples lecturas.
El vendedor y su historia
Pictura Subastas presenta esta magnífica obra de arte perteneciente a Margarita Sáez, que representa al ser humano situado en el centro de sus propios pensamientos y fuerzas interiores, rodeado de símbolos que evocan la complejidad de la mente y la existencia. La pintura destaca por su excelente técnica y la gran calidad pictórica que transmite.
· Dimensiones con marco: 46x35x3 cm.
· Dimensiones sin marco: 35x25 cm.
· Técnica mixta firmado a mano por el artista en la parte inferior derecha, Margarita Sáez.
· La pieza se encuentra en buen estado de conservación.
· La obra se vende con precioso marco con vidrio protector (incluido en la subasta como regalo).
La obra procede de una exclusiva colección privada en Girona.
Nota importante: las fotografías incluidas forman parte integral de la descripción del lote.
El cuadro será embalado de manera profesional por un experto de IVEX (https://www.instagram.com/ivex.online/), utilizando materiales de alta calidad para garantizar su protección. El precio del envío cubre tanto el coste del embalaje profesional como el propio transporte.
El envío se realizará por Correos, GLS o NACEX con seguimiento. Envíos disponibles a nivel internacional.
------------------------------------------------------------------
Este cuadro presenta una figura humana esquemática situada en el centro de la composición, construida a partir de formas simplificadas y contornos sugeridos más que definidos. El cuerpo aparece frontal, casi hierático, como un símbolo más que como una representación realista, y se encuentra rodeado por un espacio cargado de signos, flechas y formas circulares que parecen flotar a su alrededor. Desde el primer vistazo, la obra transmite una sensación de reflexión profunda, como si el personaje estuviera inmerso en un proceso mental o espiritual.
La figura central carece de rasgos individualizados y su identidad se diluye en la abstracción. El rostro apenas se insinúa, lo que refuerza la idea de anonimato y universalidad. El torso, marcado por suaves contrastes de luz y sombra, sugiere volumen sin necesidad de precisión anatómica. Esta simplificación convierte al cuerpo en un punto de conexión entre lo humano y lo simbólico, actuando como un eje alrededor del cual se organiza todo el discurso visual.
El fondo está poblado de elementos gráficos que recuerdan a esquemas, diagramas o anotaciones intuitivas. Flechas que apuntan en múltiples direcciones, círculos incompletos y marcas repetidas generan una sensación de movimiento intelectual constante. Estos signos no parecen obedecer a una lógica literal, sino a una lógica emocional o conceptual, como si representaran pensamientos, impulsos o fuerzas invisibles que rodean y atraviesan al personaje.
La atmósfera general es introspectiva y algo enigmática, dominada por una paleta suave y apagada que envuelve la escena en un clima de silencio y misterio. No hay un espacio definido ni un tiempo reconocible; todo parece suspendido en un plano intermedio entre lo interior y lo exterior. Esta indefinición refuerza la lectura simbólica del cuadro, invitando al espectador a proyectar su propia interpretación sobre los signos y la figura.
La composición sugiere una relación constante entre el ser humano y las fuerzas que lo condicionan, ya sean mentales, emocionales o existenciales. La figura no interactúa físicamente con los símbolos, pero parece afectada por ellos, como si estuviera en el centro de un flujo continuo de ideas o energías. La obra no ofrece respuestas claras, sino que plantea preguntas abiertas sobre la identidad, la conciencia y la dirección del pensamiento.
En conjunto, el cuadro se presenta como una reflexión visual sobre el ser humano y su mundo interior, utilizando la abstracción y el símbolo para construir una imagen profundamente evocadora y abierta a múltiples lecturas.

