Vincenzo Raimondo - Ballerina






Posee una maestría en Cine y Artes Visuales; curador, escritor e investigador con experiencia.
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Vincenzo Raimondo, obra original de 2026 en acrílico sobre lienzo titulada Ballerina, 70 × 50 cm, firmada, en buenas condiciones.
Descripción del vendedor
Título: Bailarina
Técnica: Acrílico sobre tela
Dimensiones: 50 × 70 cm
Una bailarina, captada en un momento que no es ni pose ni movimiento puro. Es el instante suspendido entre el esfuerzo y la gracia, aquello que suele el público no nota porque está aplaudiendo demasiado pronto. Aquí en cambio permanece ahí, quieta, y te mira sin mirarte.
La figura está reducida a lo esencial: una silueta negra nítida, casi gráfica, que se convierte en el eje visual de la obra. A su alrededor y por encima de ella, el color hace lo que quiere. Rojo, azul, amarillo y blanco no describen el cuerpo, sino que lo atraviesan, como si la danza no fuera un gesto físico sino una condición emocional. El tutu no es una prenda, es una superficie sobre la que el color explota, se mancha, falla y, por eso, funciona.
El fondo, deliberadamente irregular y vibrante, no ofrece un lugar preciso. No hay teatro, ningún escenario reconocible. Esto desplaza la escena de la idea clásica del ballet hacia algo más universal: la disciplina, la soledad, la belleza que nace del esfuerzo. Elegancia sin adornos, por fin.
Es una obra que habla de equilibrio, pero no de perfección. Al contrario, vive precisamente en las asimetrías, en las pinceladas visibles, en el contraste entre el negro absoluto de la figura y la libertad cromática que la rodea.
Título: Bailarina
Técnica: Acrílico sobre tela
Dimensiones: 50 × 70 cm
Una bailarina, captada en un momento que no es ni pose ni movimiento puro. Es el instante suspendido entre el esfuerzo y la gracia, aquello que suele el público no nota porque está aplaudiendo demasiado pronto. Aquí en cambio permanece ahí, quieta, y te mira sin mirarte.
La figura está reducida a lo esencial: una silueta negra nítida, casi gráfica, que se convierte en el eje visual de la obra. A su alrededor y por encima de ella, el color hace lo que quiere. Rojo, azul, amarillo y blanco no describen el cuerpo, sino que lo atraviesan, como si la danza no fuera un gesto físico sino una condición emocional. El tutu no es una prenda, es una superficie sobre la que el color explota, se mancha, falla y, por eso, funciona.
El fondo, deliberadamente irregular y vibrante, no ofrece un lugar preciso. No hay teatro, ningún escenario reconocible. Esto desplaza la escena de la idea clásica del ballet hacia algo más universal: la disciplina, la soledad, la belleza que nace del esfuerzo. Elegancia sin adornos, por fin.
Es una obra que habla de equilibrio, pero no de perfección. Al contrario, vive precisamente en las asimetrías, en las pinceladas visibles, en el contraste entre el negro absoluto de la figura y la libertad cromática que la rodea.
