Camilo - Pausa en la Puerta





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Descripción del vendedor
La obra de Camilo construye un territorio íntimo donde lo cotidiano se transforma en refugio emocional. Sus pinturas nos invitan a detener el tiempo y a habitar escenas domésticas cargadas de silencio, armonía y una serena contemplación de la vida.
Gatos que descansan junto a ventanas abiertas, mujeres que leen, esperan o sostienen flores, mesas con frutas, jarras y copas de vino: todos estos elementos conforman un universo costumbrista que no describe la realidad de forma literal, sino que la reinterpreta desde la memoria, la calma y la sensibilidad.
El color es uno de los grandes protagonistas de su lenguaje pictórico. Camilo trabaja con una paleta de clara influencia fauvista, donde los tonos intensos —rojos, amarillos, verdes y azules vibrantes— se liberan de la función descriptiva para convertirse en vehículos de emoción. El color no imita: expresa. No sombrea: late.
Formalmente, las figuras se presentan con una síntesis elegante, de contornos definidos y volúmenes simplificados, lo que refuerza la sensación de orden y equilibrio. Esta economía de formas, lejos de restar profundidad, potencia la expresividad del conjunto, permitiendo que cada escena respire y dialogue con el espectador desde la quietud.
Los gatos —presencias constantes en su obra— funcionan como símbolos de introspección, libertad y domesticidad compartida. No son simples animales: son guardianes del hogar, testigos silenciosos de una vida interior rica y apacible. Las figuras femeninas, por su parte, aparecen envueltas en una atmósfera de delicadeza y contemplación, integradas armónicamente al espacio que habitan.
Camilo es graduado de Instructor de Arte en la ciudad de Las Tunas, Cuba, formación que se percibe en el dominio técnico y la coherencia conceptual de su trabajo. Actualmente vive y trabaja entre La Habana y Rusia, experiencia que ha enriquecido su mirada y ampliado su diálogo cultural. Ha participado en diversas exposiciones colectivas en Cuba y en el extranjero, y sus obras forman parte de colecciones privadas en Rusia y en varios países de Europa.
En un mundo acelerado y saturado de imágenes estridentes, la pintura de Camilo propone lo contrario: pausa, calidez y belleza serena. Su obra no busca impactar desde el ruido, sino permanecer desde la emoción.
Esta pintura se encuadra en un estilo figurativo con tintes expresionistas y naíf, donde prima la síntesis de las formas y una paleta de colores saturados. Utilizando una técnica de pintura opaca (acrílico) con contornos definidos y pinceladas planas, el artista logra una composición de gran impacto visual y equilibrio simétrico. El uso del contraste complementario entre el naranja intenso de la puerta y los azules de los pájaros y la maceta genera una vibración óptica que dota de vida a la escena. El pintor desea transmitir una sensación de hospitalidad y misticismo cotidiano; la mirada directa del gato, casi humana, junto a la disposición de las plantas y las aves en pleno vuelo, sugiere que el hogar no es solo un refugio físico, sino un ecosistema vibrante donde la naturaleza y la domesticidad coexisten en perfecta armonía.
La obra de Camilo construye un territorio íntimo donde lo cotidiano se transforma en refugio emocional. Sus pinturas nos invitan a detener el tiempo y a habitar escenas domésticas cargadas de silencio, armonía y una serena contemplación de la vida.
Gatos que descansan junto a ventanas abiertas, mujeres que leen, esperan o sostienen flores, mesas con frutas, jarras y copas de vino: todos estos elementos conforman un universo costumbrista que no describe la realidad de forma literal, sino que la reinterpreta desde la memoria, la calma y la sensibilidad.
El color es uno de los grandes protagonistas de su lenguaje pictórico. Camilo trabaja con una paleta de clara influencia fauvista, donde los tonos intensos —rojos, amarillos, verdes y azules vibrantes— se liberan de la función descriptiva para convertirse en vehículos de emoción. El color no imita: expresa. No sombrea: late.
Formalmente, las figuras se presentan con una síntesis elegante, de contornos definidos y volúmenes simplificados, lo que refuerza la sensación de orden y equilibrio. Esta economía de formas, lejos de restar profundidad, potencia la expresividad del conjunto, permitiendo que cada escena respire y dialogue con el espectador desde la quietud.
Los gatos —presencias constantes en su obra— funcionan como símbolos de introspección, libertad y domesticidad compartida. No son simples animales: son guardianes del hogar, testigos silenciosos de una vida interior rica y apacible. Las figuras femeninas, por su parte, aparecen envueltas en una atmósfera de delicadeza y contemplación, integradas armónicamente al espacio que habitan.
Camilo es graduado de Instructor de Arte en la ciudad de Las Tunas, Cuba, formación que se percibe en el dominio técnico y la coherencia conceptual de su trabajo. Actualmente vive y trabaja entre La Habana y Rusia, experiencia que ha enriquecido su mirada y ampliado su diálogo cultural. Ha participado en diversas exposiciones colectivas en Cuba y en el extranjero, y sus obras forman parte de colecciones privadas en Rusia y en varios países de Europa.
En un mundo acelerado y saturado de imágenes estridentes, la pintura de Camilo propone lo contrario: pausa, calidez y belleza serena. Su obra no busca impactar desde el ruido, sino permanecer desde la emoción.
Esta pintura se encuadra en un estilo figurativo con tintes expresionistas y naíf, donde prima la síntesis de las formas y una paleta de colores saturados. Utilizando una técnica de pintura opaca (acrílico) con contornos definidos y pinceladas planas, el artista logra una composición de gran impacto visual y equilibrio simétrico. El uso del contraste complementario entre el naranja intenso de la puerta y los azules de los pájaros y la maceta genera una vibración óptica que dota de vida a la escena. El pintor desea transmitir una sensación de hospitalidad y misticismo cotidiano; la mirada directa del gato, casi humana, junto a la disposición de las plantas y las aves en pleno vuelo, sugiere que el hogar no es solo un refugio físico, sino un ecosistema vibrante donde la naturaleza y la domesticidad coexisten en perfecta armonía.

