MOHAMED ALI ZAMIT - Equilibrio Spezzato






Tiene una licenciatura en historia del arte y una maestría en gestión artística y cultural.
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Mohamed Ali Zamit presenta Equilibrio Spezzato, original de 2026 realizado en acrílico y técnica mixta, 75 × 55 cm, firmado a mano, en excelentes condiciones, procedente de Túnez en estilo Art Nouveau.
Descripción del vendedor
El arte acrílico según Mohamed Ali Zamit
El arte acrílico, para Mohamed Ali Zamit, no es solo una técnica: es un puente entre raíces antiguas y visiones contemporáneas. Su historia empieza en Sousse, en Túnez, cuando un primo pintor — figura luminosa y respetada en la ciudad — le abre la puerta del mundo creativo a través de la escritura árabe. Las curvas elegantes de las letras, la danza de los trazos, la disciplina del gesto: todo esto se convierte en el primer respiro de su sensibilidad artística.
Con el tiempo, sin embargo, algo cambia. Hace dos años, los abstractos en acrílico capturan su mirada como un llamado irresistible. Los colores vibran, chocan, se funden; las formas no piden ser comprendidas, sino sentidas. Es un lenguaje nuevo, libre, que no impone límites. Y Mohamed Ali responde a ese llamado con entusiasmo, comenzando a crear sus primeros cuadros.
En sus obras, el acrílico se convierte en materia viva:
- color que late, como una emoción recién nacida;
- texturas que emergen, como recuerdos que resurgen;
- movimientos fluidos, herencia de la caligrafía árabe que sigue fluyendo en sus manos;
- contrastes intensos, espejo de un viaje personal entre tradición y modernidad.
Cada cuadro es un diálogo entre lo que fue y lo que está convirtiéndose. El acrílico, con su rapidez, su fortaleza y su capacidad de transformarse, se vuelve el compañero ideal para un artista que ha elegido explorar lo abstracto como forma de libertad.
Así nace la pintura de Mohamed Ali Zamit: un encuentro entre la poesía de los orígenes y la audacia del presente, un camino que continúa creciendo, cuadro tras cuadro, gesto tras gesto.
En este cuadro, Mohamed Ali Zamit explora la complejidad del alma humana a través del rostro de una mujer dividido entre dos mundos. La mitad izquierda — luminosa, vibrante, atravesada por colores vivos — representa la belleza que nace de la vitalidad, de la esperanza y de la energía creativa. Los tonos intensos se entrelazan como emociones en movimiento, revelando un lado del rostro que respira libertad y deseo de expresarse.
La otra mitad, rodeada de colores oscuros y profundos, cuenta, en cambio, lo que a menudo permanece oculto: las sombras interiores, los miedos, las heridas que no siempre encuentran voz. No es oscuridad que anula, sino una presencia que completa. Es la parte silenciosa del ser humano, aquella que da peso, profundidad y verdad a la luz.
El contraste entre las dos mitades no es un choque, sino un equilibrio. La mujer del cuadro vive en la tensión entre lo que muestra y lo que retiene, entre la fuerza del color y el misterio de la sombra. En esta dualidad, el artista revela su sensibilidad: un diálogo continuo entre la luz y la oscuridad, entre el caos y la armonía, entre la fragilidad y la potencia.
El resultado es un rostro que no se limita a ser visto, sino que invita a ser interpretado. Un rostro que habla de todos nosotros.
El arte acrílico según Mohamed Ali Zamit
El arte acrílico, para Mohamed Ali Zamit, no es solo una técnica: es un puente entre raíces antiguas y visiones contemporáneas. Su historia empieza en Sousse, en Túnez, cuando un primo pintor — figura luminosa y respetada en la ciudad — le abre la puerta del mundo creativo a través de la escritura árabe. Las curvas elegantes de las letras, la danza de los trazos, la disciplina del gesto: todo esto se convierte en el primer respiro de su sensibilidad artística.
Con el tiempo, sin embargo, algo cambia. Hace dos años, los abstractos en acrílico capturan su mirada como un llamado irresistible. Los colores vibran, chocan, se funden; las formas no piden ser comprendidas, sino sentidas. Es un lenguaje nuevo, libre, que no impone límites. Y Mohamed Ali responde a ese llamado con entusiasmo, comenzando a crear sus primeros cuadros.
En sus obras, el acrílico se convierte en materia viva:
- color que late, como una emoción recién nacida;
- texturas que emergen, como recuerdos que resurgen;
- movimientos fluidos, herencia de la caligrafía árabe que sigue fluyendo en sus manos;
- contrastes intensos, espejo de un viaje personal entre tradición y modernidad.
Cada cuadro es un diálogo entre lo que fue y lo que está convirtiéndose. El acrílico, con su rapidez, su fortaleza y su capacidad de transformarse, se vuelve el compañero ideal para un artista que ha elegido explorar lo abstracto como forma de libertad.
Así nace la pintura de Mohamed Ali Zamit: un encuentro entre la poesía de los orígenes y la audacia del presente, un camino que continúa creciendo, cuadro tras cuadro, gesto tras gesto.
En este cuadro, Mohamed Ali Zamit explora la complejidad del alma humana a través del rostro de una mujer dividido entre dos mundos. La mitad izquierda — luminosa, vibrante, atravesada por colores vivos — representa la belleza que nace de la vitalidad, de la esperanza y de la energía creativa. Los tonos intensos se entrelazan como emociones en movimiento, revelando un lado del rostro que respira libertad y deseo de expresarse.
La otra mitad, rodeada de colores oscuros y profundos, cuenta, en cambio, lo que a menudo permanece oculto: las sombras interiores, los miedos, las heridas que no siempre encuentran voz. No es oscuridad que anula, sino una presencia que completa. Es la parte silenciosa del ser humano, aquella que da peso, profundidad y verdad a la luz.
El contraste entre las dos mitades no es un choque, sino un equilibrio. La mujer del cuadro vive en la tensión entre lo que muestra y lo que retiene, entre la fuerza del color y el misterio de la sombra. En esta dualidad, el artista revela su sensibilidad: un diálogo continuo entre la luz y la oscuridad, entre el caos y la armonía, entre la fragilidad y la potencia.
El resultado es un rostro que no se limita a ser visto, sino que invita a ser interpretado. Un rostro que habla de todos nosotros.
