TD - Tempero Diabetico [1985] - Fragmented Serenity
![TD - Tempero Diabetico [1985] - Fragmented Serenity #1.0](https://assets.catawiki.com/image/cw_ldp_l/plain/assets/catawiki/assets/2026/2/23/d/c/6/dc6099da-46c2-42a9-a914-91f271aacb15.jpg)
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![TD - Tempero Diabetico [1985] - Fragmented Serenity #2.1](https://assets.catawiki.com/image/cw_ldp_l/plain/assets/catawiki/assets/2026/2/23/5/8/7/5875ea28-72d7-44b7-88d1-d540e1156a33.jpg)
![TD - Tempero Diabetico [1985] - Fragmented Serenity #3.2](https://assets.catawiki.com/image/cw_ldp_l/plain/assets/catawiki/assets/2026/2/23/4/f/8/4f8fa759-9988-4944-bb26-67fd63150396.jpg)
![TD - Tempero Diabetico [1985] - Fragmented Serenity #4.3](https://assets.catawiki.com/image/cw_ldp_l/plain/assets/catawiki/assets/2026/2/23/b/f/d/bfdc1fa4-72df-4e64-b9f8-da2cc0e72a19.jpg)

Posee una maestría en Cine y Artes Visuales; curador, escritor e investigador con experiencia.
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Fragmented Serenity de TD - Tempero Diabético (1985) es una obra pintada a mano sobre lienzo de algodón en spray con detalles acrílicos, 161 × 96 cm, firmada a mano por la trasera, edición original de Portugal en excelente estado, año 2026, retrato en estilo abstracto, vendida directamente por el artista con certificado de autenticidad firmado a mano.
Descripción del vendedor
TD - Tempero Diabético de 1985, portugués y artista urbano desde 1999.
Fragmented Serenity es una obra pintada a mano en lienzo de algodón, con spray y algunos detalles con tinta acrílica de marcador, del año 2026, con un tamaño de imagen de 161 x 96 cm.
Firmada a mano por detrás con bolígrafo de tinta acrílica. Artículo de colección en perfectas condiciones, vendido directamente por el artista y acompañado con COA, certificado de autenticidad firmado a mano y sellado. Enviado enrollado en un tubo de cartón por la transportadora.
“Fragmented Serenity” Serenidad fragmentada en pinceladas inquietantes, que sugieren introspección e identidad dispersa
Soy artista de arte urbano, formado en la calle, en el error y en la insistencia. Desde 1999 el graffiti forma parte de mi cuerpo y de la forma en que percibo el mundo. Con el tiempo, ese lenguaje callejero crudo e intuitivo se volcó en el lienzo, manteniendo el spray como herramienta principal, no como técnica decorativa, sino como extensión directa del gesto, de la urgencia y de la imperfección asumida.
Convivo con TDAH, siendo el déficit de atención el rasgo más marcante de mi forma de funcionar. Durante muchos años vi eso como un obstáculo: la dificultad para mantener el foco, la atención errática, la mente siempre saltando de estímulo en estímulo. Pintar era una lucha constante contra mí mismo, un intento de disciplinar algo que, por naturaleza, se rehúsa a quedarse quieto. Mi atención, cuando estoy pintando, es aleatoria e intermitente, ora profundamente sumergida en la imagen, ora completamente ausente, como si ya estuviera en otro cuadro, en otra idea, en otro muro.
Con el tiempo, dejé de intentar corregir ese funcionamiento y empecé a escucharlo. Fue entonces cuando comprendí algo esencial: para mí, una pintura no se concluye al final tradicional del proceso. Existe un punto, entre el 60 y el 65%, en el que la obra alcanza su estado más honesto. Es en ese momento que la imagen aún respira, aún promete, aún se siente viva. Más allá de ese punto, el placer desaparece, y continuar sería solo cumplir una expectativa externa de acabado, no una necesidad interna.
Decidí entonces transformar aquello que durante años consideré una limitación en la base de mi proceso artístico. Mis lienzos pasan a asumirse como inacabados, no por descuido, sino por elección consciente. Lo inacabado es, para mí, un lugar de verdad. Es donde el gesto aún está vivo, donde el error aún no ha sido ocultado, donde la mirada del espectador está invitada a completar, imaginar y proyectar. Cuando miro una tela en ese punto intermedio, la veo como terminada: no le falta nada, no sobra nada.
Después de quince años luchando contra el déficit de atención, comprendí que él no es el enemigo de mi trabajo, sino su materia prima. La atención fragmentada da forma al ritmo, las interrupciones crean capas, y la incapacidad de permanecer demasiado tiempo en la misma imagen evita el exceso de control. La patología, antes vista como falla, se convirtió en una aliada creativa. Hoy, pinto aceptando mi propio flujo mental, dejando que él determine cuándo una obra empieza y, sobre todo, cuándo termina.
Mi trabajo vive en ese equilibrio inestable entre impulso y ausencia, entre lo que se dice y lo que queda por decir. No busco la perfección ni el acabado clásico. Busco el momento exacto en que la pintura aún está abierta, como yo siempre he estado: incompleta, en movimiento, y profundamente viva.
ENG
I am an urban artist, shaped by the streets, mistakes, and persistence. Since 1999, graffiti has been part of my body and the way I perceive the world. Over time, my raw, intuitive street language spilled onto canvas, with spray paint as my primary tool, not decorative, but a direct extension of gesture, urgency, and embraced imperfection.
I live with ADHD, and attention deficit has profoundly shaped my creative process. My focus is erratic and intermittent, my mind jumping between images and ideas. For years, I saw this as a limitation, but I now embrace it as a source of energy and inspiration.
My works reach their most honest state when they are only 60 to 65 percent complete. At this stage, the painting still breathes, still promises, still feels alive. Beyond that point, the pleasure disappears, and continuing would only satisfy external expectations. The unfinished has become a conscious choice, a space of truth where gestures remain alive, mistakes are visible, and the viewer is invited to imagine and complete.
After fifteen years of working with attention deficit, I understand it not as an obstacle, but as the raw material of my art. Fragmented attention shapes rhythm, interruptions create layers, and the inability to linger too long prevents overcontrol. My work lives in this unstable balance between impulse and absence, between what is said and what remains unsaid, incomplete, in motion, and deeply alive.
TD - Tempero Diabético de 1985, portugués y artista urbano desde 1999.
Fragmented Serenity es una obra pintada a mano en lienzo de algodón, con spray y algunos detalles con tinta acrílica de marcador, del año 2026, con un tamaño de imagen de 161 x 96 cm.
Firmada a mano por detrás con bolígrafo de tinta acrílica. Artículo de colección en perfectas condiciones, vendido directamente por el artista y acompañado con COA, certificado de autenticidad firmado a mano y sellado. Enviado enrollado en un tubo de cartón por la transportadora.
“Fragmented Serenity” Serenidad fragmentada en pinceladas inquietantes, que sugieren introspección e identidad dispersa
Soy artista de arte urbano, formado en la calle, en el error y en la insistencia. Desde 1999 el graffiti forma parte de mi cuerpo y de la forma en que percibo el mundo. Con el tiempo, ese lenguaje callejero crudo e intuitivo se volcó en el lienzo, manteniendo el spray como herramienta principal, no como técnica decorativa, sino como extensión directa del gesto, de la urgencia y de la imperfección asumida.
Convivo con TDAH, siendo el déficit de atención el rasgo más marcante de mi forma de funcionar. Durante muchos años vi eso como un obstáculo: la dificultad para mantener el foco, la atención errática, la mente siempre saltando de estímulo en estímulo. Pintar era una lucha constante contra mí mismo, un intento de disciplinar algo que, por naturaleza, se rehúsa a quedarse quieto. Mi atención, cuando estoy pintando, es aleatoria e intermitente, ora profundamente sumergida en la imagen, ora completamente ausente, como si ya estuviera en otro cuadro, en otra idea, en otro muro.
Con el tiempo, dejé de intentar corregir ese funcionamiento y empecé a escucharlo. Fue entonces cuando comprendí algo esencial: para mí, una pintura no se concluye al final tradicional del proceso. Existe un punto, entre el 60 y el 65%, en el que la obra alcanza su estado más honesto. Es en ese momento que la imagen aún respira, aún promete, aún se siente viva. Más allá de ese punto, el placer desaparece, y continuar sería solo cumplir una expectativa externa de acabado, no una necesidad interna.
Decidí entonces transformar aquello que durante años consideré una limitación en la base de mi proceso artístico. Mis lienzos pasan a asumirse como inacabados, no por descuido, sino por elección consciente. Lo inacabado es, para mí, un lugar de verdad. Es donde el gesto aún está vivo, donde el error aún no ha sido ocultado, donde la mirada del espectador está invitada a completar, imaginar y proyectar. Cuando miro una tela en ese punto intermedio, la veo como terminada: no le falta nada, no sobra nada.
Después de quince años luchando contra el déficit de atención, comprendí que él no es el enemigo de mi trabajo, sino su materia prima. La atención fragmentada da forma al ritmo, las interrupciones crean capas, y la incapacidad de permanecer demasiado tiempo en la misma imagen evita el exceso de control. La patología, antes vista como falla, se convirtió en una aliada creativa. Hoy, pinto aceptando mi propio flujo mental, dejando que él determine cuándo una obra empieza y, sobre todo, cuándo termina.
Mi trabajo vive en ese equilibrio inestable entre impulso y ausencia, entre lo que se dice y lo que queda por decir. No busco la perfección ni el acabado clásico. Busco el momento exacto en que la pintura aún está abierta, como yo siempre he estado: incompleta, en movimiento, y profundamente viva.
ENG
I am an urban artist, shaped by the streets, mistakes, and persistence. Since 1999, graffiti has been part of my body and the way I perceive the world. Over time, my raw, intuitive street language spilled onto canvas, with spray paint as my primary tool, not decorative, but a direct extension of gesture, urgency, and embraced imperfection.
I live with ADHD, and attention deficit has profoundly shaped my creative process. My focus is erratic and intermittent, my mind jumping between images and ideas. For years, I saw this as a limitation, but I now embrace it as a source of energy and inspiration.
My works reach their most honest state when they are only 60 to 65 percent complete. At this stage, the painting still breathes, still promises, still feels alive. Beyond that point, the pleasure disappears, and continuing would only satisfy external expectations. The unfinished has become a conscious choice, a space of truth where gestures remain alive, mistakes are visible, and the viewer is invited to imagine and complete.
After fifteen years of working with attention deficit, I understand it not as an obstacle, but as the raw material of my art. Fragmented attention shapes rhythm, interruptions create layers, and the inability to linger too long prevents overcontrol. My work lives in this unstable balance between impulse and absence, between what is said and what remains unsaid, incomplete, in motion, and deeply alive.
